Desde que comenzó con siete años en el Orfeón Donostiarra y en la iglesia de su barrio, la carrera del tenor Xabier Anduaga (San Sebastián, 1995) no ha parado de crecer. Formado en las aulas de Musikene, perfeccionó su técnica junto a Elena Barbé, su maestra y pareja, además de recibir clases magistrales, entre otros, del célebre Alberto Zedda. Con 31 años y una década de trayectoria profesional consolidada internacionalmente, Anduaga es requerido en los escenarios operísticos más prestigiosos del mundo, donde cuenta con importantes premios y con hitos como su histórico aplauso de 18 minutos en Viena. Cuando aún tenemos en la retina su Alfredo Germont en «La traviata» junto a Nadine Sierra, Xabier Anduaga vuelve al Teatro Real el 4 de octubre para inaugurar el ciclo Voces del Real con un concierto que incluye en su programa arias de Verdi, Donizetti, Bellini, Bizet, Ravel, Charles Gounod y Jule Massenet, mezcla de belcanto y repertorio francés.
Un programa variado. ¿Cuál ha sido su criterio para elegir y qué destacaría del mismo?
Es una selección de las arias que me han acompañado siempre desde el principio de mi carrera, como «Una furtiva lágrima» o «Ah, mes amis, quel jour de féte!», hasta el repertorio en el que estoy entrando ahora, con tres obras que no he cantado nunca en público y en el Teatro Real va a ser la primera vez que lo haga: «La favorita», «Romeo y Julieta» y «Fausto». Al final es un recorrido de los 10 años que hago y metiendo una serie de arias nuevas que son una manera de decirle al público lo que viene a partir de ahora.
Usted ha cantado mucho belcanto. ¿Cree que ha encontrado su sitio con el repertorio que mejor le va?
La voz va evolucionando y tienes un mejor repertorio para cada momento de la vida, o espero que así sea. Creo que el que mejor va ahora mismo a mi voz es el belcanto y el repertorio romántico francés, que ha entrado en mí con fuerza con Werther y papeles que vendrán en breve, porque mi voz vive en las notas agudas, como es evidente, que es donde me siento cómodo. Y aunque está hecha para cantar belcanto, sin duda alguna, se puede combinar. A veces tendemos a categorizar en una sola cosa, sobre todo los tenores, pero hay repertorios completamente combinables y ahí es donde me siento ahora al cien por cien. Al final, todo es cuestión de edades, cuando empezaba canté mucho Rossini porque igual era lo que tocaba, pero me parece que estoy acercándome a lo que es mi zona de confort, digamos, y sin que suene mal.
¿Qué supone para usted un teatro como el Real?
Suena tópico, pero para mí es estar en casa. No solo por el teatro, sino porque siento una conexión especial con el público, con la orquesta, el coro y la gente que trabaja en él. Debuté en un concierto de ganadores del Viñas en 2017, y es uno de los teatros que más oportunidades me ha dado. Le debo mucho y se lo agradezco. Llevo casi dos años sin cantar una ópera aquí y para mí es volver a casa. En concierto puede ser incluso más divertido que una ópera, aunque ya hay planes de una nueva para el futuro.
Habiendo comenzado con siete años, ¿el escenario es ya algo orgánico y natural?
Sí, pero no. Creo que el escenario nunca deja de ser un sitio un poco hostil, donde ocurren y existen muchas cosas bonitas, pero también donde hay muchísima tensión para un tenor. Al final es el lugar donde creamos la música, pero donde está toda su tensión, son las dos cosas.
Una voz como la suya, ¿cuánto tiene de natural y cuánto de trabajo y técnica?
Pues no me gusta hablar de porcentajes, pero si hablamos con ellos, de natural habría un 15 por ciento o 20 por ciento de lo que viene así de serie, por la facilidad, por el color –que espero no cambiarlo nunca–, pero todo lo demás es trabajo. No existe otra fórmula. Nadie puede decir que es al revés el porcentaje, eso no existe.
Le he leído sobre su voz que para usted, el concepto «volar» es importante.
Completamente. Yo creo que la música sale del cuerpo, pero tiene que volar. Esto para mí quiere decir que el sonido no puede ser fijo, tiene que vibrar, tener armónicos, eso es el sentido de volar, aunque a veces es complicado de entender. Cuando tú estás sentado y sientes que vibra todo, ahí es donde para mí la voz está volando.
¿Y qué compositores le permiten que su voz «vuele»?
Sobre todo, el repertorio agudo, como «Lucia di Lammermoor» o «La sonámbula», con el que estoy cómodo y donde llego a volar. Pero también lo estoy consiguiendo ahora con un repertorio algo más más grave, como un «Werther» o «Romeo». Parece que, porque tiene más densidad o es más grave que lo cantado hasta ahora, hay que hacerlo de manera diferente y eso para mí es un error, hay que cantarlo exactamente igual, con el mismo apoyo, sin empujar, para mí nada cambia, sigue siendo la misma manera de pensar, de cantar sobre el «fiato» y volando.
¿Los directores de escena tienen alguna influencia en esto?
Influyen si te hacen hacer ciertas cosas, evidentemente a veces ayudan y otras no tanto. De forma directa o indirectamente, buscada o sin buscar, pero sí que influyen, porque lo que tienes que hacer o te piden a nivel gestual te ayuda o te incomoda para cambiar.
¿Han dejado por fin de llamarlo «joven promesa», o siguen con el término?
Sí, parece que ya lo dejaron, pero igual es porque ya no prometo, no por otra cosa (risas). En vez de prometer intento a ofrecer hechos y una carrera internacional de diez años creo que está suficientemente consolidada. Ahora ya me hace gracia cuando leo «joven promesa». Digo, será que todavía soy joven.
¿Cómo lleva que lo comparen con otros tenores, como Kraus, por ejemplo?
Es algo que me aburre un poco. Nos pasamos la vida comparando todo, el nuevo Messi, el nuevo Ronaldo, una grabación de hace 100 años con una actuación en directo de 2026, al nuevo siempre lo comparamos con el anterior y no lo entiendo. ¿Por qué? A veces aburre y enfada un poco porque no tiene sentido, es cuestión de gustos, las comparaciones son odiosas e innecesarias, y compararme con Kraus o Carreras me parece un poco ridículo. Al teatro se va a disfrutar y a criticar también, pero a comparar, ni lo entiendo ni tiene sentido.
Siempre se dice que la ópera es elitista, ¿Piensa que las redes sociales pueden servir para atraer gente hacia ella?
Completamente. Las redes son peligrosas para mí, creo que tienen cosas buenas y muchas malas, en ellas todo es muy rápido, volátil, y muchas veces mentira. Pero también acercan un público que quizá no nos conocería si no es por ellas, y eso es bueno. Yo estoy agradecido con Instagram, donde pongo un vídeo y tiene 180.000 visualizaciones porque a la gente le parece algo diferente, fuera de lo normal, y empiezan a seguirte. Hay un porcentaje, aunque sea bajo, de personas que le entra la curiosidad y acaba viniendo al teatro, que al final se trata un poco de eso.
¿Y cómo lleva eso de vivir siempre con la maleta en la mano, sobre todo ahora, con la paternidad?
Cuesta. Y ahora más, pero tengo la suerte de que hasta ahora no he tenido que despedirme mucho de mi mujer ni de mi hijo porque vienen conmigo a todo lo que pueden y es mucho. En ese sentido estoy muy contento y tranquilo. Normalmente, cuando llegas a casa estás pensando cuántos días te quedan para irte y tratas de organizarte con lo que quieres y puedes hacer y esto es un poco estresante para mí. Pero, al final, si no viajásemos y no tuvieras la maleta en la mano todo el tiempo, no estaríamos donde estamos. Así que una cosa por la otra.
He leído que de niño dedicaba las mismas horas a cantar que a jugar al fútbol ¿Perdió un futbolista la Real o ganó un tenor la ópera?
Pues, gracias a Dios, ganó un tenor la ópera, creo. La Real, ¡uhh! Además, era más de dar patadas a la gente que al balón, o sea, que no (risas). Pero bueno, evidentemente el fútbol es un hobby que mantengo y mantendré siempre, pero ahora lo veo por la televisión.
¿Además del fútbol, qué hace para desconectar del ajetreo de la vida?
Lo que me hace bajar un poco a la tierra es estar con la familia y mis amigos, con la gente de toda la vida con la que hablo de las mismas tonterías de siempre sin plantearme ni dónde estoy ni con quién. Aunque parezca tópico, lo primero que busco para salir un poco de ese mundo es estar con ellos y cocinar, porque me gusta mucho la cocina.
El donostiarra vuelve el 4 de octubre al Teatro Real, esta vez en concierto, con una selección de arias mezcla de belcanto y repertorio francés reflejo de su trayectoria profesional
Desde que comenzó con siete años en el Orfeón Donostiarra y en la iglesia de su barrio, la carrera del tenor Xabier Anduaga (San Sebastián, 1995) no ha parado de crecer. Formado en las aulas de Musikene, perfeccionó su técnica junto a Elena Barbé, su maestra y pareja, además de recibir clases magistrales, entre otros, del célebre Alberto Zedda. Con 31 años y una década de trayectoria profesional consolidada internacionalmente, Anduaga es requerido en los escenarios operísticos más prestigiosos del mundo, donde cuenta con importantes premios y con hitos como su histórico aplauso de 18 minutos en Viena. Cuando aún tenemos en la retina su Alfredo Germont en «La traviata» junto a Nadine Sierra, Xabier Anduaga vuelve al Teatro Real el 4 de octubre para inaugurar el ciclo Voces del Real con un concierto que incluye en su programa arias de Verdi, Donizetti, Bellini, Bizet, Ravel, Charles Gounod y Jule Massenet, mezcla de belcanto y repertorio francés.
Un programa variado. ¿Cuál ha sido su criterio para elegir y qué destacaría del mismo?
Es una selección de las arias que me han acompañado siempre desde el principio de mi carrera, como «Una furtiva lágrima» o «Ah, mes amis, quel jour de féte!», hasta el repertorio en el que estoy entrando ahora, con tres obras que no he cantado nunca en público y en el Teatro Real va a ser la primera vez que lo haga: «La favorita», «Romeo y Julieta» y «Fausto». Al final es un recorrido de los 10 años que hago y metiendo una serie de arias nuevas que son una manera de decirle al público lo que viene a partir de ahora.
Usted ha cantado mucho belcanto. ¿Cree que ha encontrado su sitio con el repertorio que mejor le va?
La voz va evolucionando y tienes un mejor repertorio para cada momento de la vida, o espero que así sea. Creo que el que mejor va ahora mismo a mi voz es el belcanto y el repertorio romántico francés, que ha entrado en mí con fuerza con Werther y papeles que vendrán en breve, porque mi voz vive en las notas agudas, como es evidente, que es donde me siento cómodo. Y aunque está hecha para cantar belcanto, sin duda alguna, se puede combinar. A veces tendemos a categorizar en una sola cosa, sobre todo los tenores, pero hay repertorios completamente combinables y ahí es donde me siento ahora al cien por cien. Al final, todo es cuestión de edades, cuando empezaba canté mucho Rossini porque igual era lo que tocaba, pero me parece que estoy acercándome a lo que es mi zona de confort, digamos, y sin que suene mal.
¿Qué supone para usted un teatro como el Real?
Suena tópico, pero para mí es estar en casa. No solo por el teatro, sino porque siento una conexión especial con el público, con la orquesta, el coro y la gente que trabaja en él. Debuté en un concierto de ganadores del Viñas en 2017, y es uno de los teatros que más oportunidades me ha dado. Le debo mucho y se lo agradezco. Llevo casi dos años sin cantar una ópera aquí y para mí es volver a casa. En concierto puede ser incluso más divertido que una ópera, aunque ya hay planes de una nueva para el futuro.
Habiendo comenzado con siete años, ¿el escenario es ya algo orgánico y natural?
Sí, pero no. Creo que el escenario nunca deja de ser un sitio un poco hostil, donde ocurren y existen muchas cosas bonitas, pero también donde hay muchísima tensión para un tenor. Al final es el lugar donde creamos la música, pero donde está toda su tensión, son las dos cosas.
Una voz como la suya, ¿cuánto tiene de natural y cuánto de trabajo y técnica?
Pues no me gusta hablar de porcentajes, pero si hablamos con ellos, de natural habría un 15 por ciento o 20 por ciento de lo que viene así de serie, por la facilidad, por el color –que espero no cambiarlo nunca–, pero todo lo demás es trabajo. No existe otra fórmula. Nadie puede decir que es al revés el porcentaje, eso no existe.
Le he leído sobre su voz que para usted, el concepto «volar» es importante.
Completamente. Yo creo que la música sale del cuerpo, pero tiene que volar. Esto para mí quiere decir que el sonido no puede ser fijo, tiene que vibrar, tener armónicos, eso es el sentido de volar, aunque a veces es complicado de entender. Cuando tú estás sentado y sientes que vibra todo, ahí es donde para mí la voz está volando.
¿Y qué compositores le permiten que su voz «vuele»?
Sobre todo, el repertorio agudo, como «Lucia di Lammermoor» o «La sonámbula», con el que estoy cómodo y donde llego a volar. Pero también lo estoy consiguiendo ahora con un repertorio algo más más grave, como un «Werther» o «Romeo». Parece que, porque tiene más densidad o es más grave que lo cantado hasta ahora, hay que hacerlo de manera diferente y eso para mí es un error, hay que cantarlo exactamente igual, con el mismo apoyo, sin empujar, para mí nada cambia, sigue siendo la misma manera de pensar, de cantar sobre el «fiato» y volando.
¿Los directores de escena tienen alguna influencia en esto?
Influyen si te hacen hacer ciertas cosas, evidentemente a veces ayudan y otras no tanto. De forma directa o indirectamente, buscada o sin buscar, pero sí que influyen, porque lo que tienes que hacer o te piden a nivel gestual te ayuda o te incomoda para cambiar.
¿Han dejado por fin de llamarlo «joven promesa», o siguen con el término?
Sí, parece que ya lo dejaron, pero igual es porque ya no prometo, no por otra cosa (risas). En vez de prometer intento a ofrecer hechos y una carrera internacional de diez años creo que está suficientemente consolidada. Ahora ya me hace gracia cuando leo «joven promesa». Digo, será que todavía soy joven.
¿Cómo lleva que lo comparen con otros tenores, como Kraus, por ejemplo?
Es algo que me aburre un poco. Nos pasamos la vida comparando todo, el nuevo Messi, el nuevo Ronaldo, una grabación de hace 100 años con una actuación en directo de 2026, al nuevo siempre lo comparamos con el anterior y no lo entiendo. ¿Por qué? A veces aburre y enfada un poco porque no tiene sentido, es cuestión de gustos, las comparaciones son odiosas e innecesarias, y compararme con Kraus o Carreras me parece un poco ridículo. Al teatro se va a disfrutar y a criticar también, pero a comparar, ni lo entiendo ni tiene sentido.
Siempre se dice que la ópera es elitista, ¿Piensa que las redes sociales pueden servir para atraer gente hacia ella?
Completamente. Las redes son peligrosas para mí, creo que tienen cosas buenas y muchas malas, en ellas todo es muy rápido, volátil, y muchas veces mentira. Pero también acercan un público que quizá no nos conocería si no es por ellas, y eso es bueno. Yo estoy agradecido con Instagram, donde pongo un vídeo y tiene 180.000 visualizaciones porque a la gente le parece algo diferente, fuera de lo normal, y empiezan a seguirte. Hay un porcentaje, aunque sea bajo, de personas que le entra la curiosidad y acaba viniendo al teatro, que al final se trata un poco de eso.
¿Y cómo lleva eso de vivir siempre con la maleta en la mano, sobre todo ahora, con la paternidad?
Cuesta. Y ahora más, pero tengo la suerte de que hasta ahora no he tenido que despedirme mucho de mi mujer ni de mi hijo porque vienen conmigo a todo lo que pueden y es mucho. En ese sentido estoy muy contento y tranquilo. Normalmente, cuando llegas a casa estás pensando cuántos días te quedan para irte y tratas de organizarte con lo que quieres y puedes hacer y esto es un poco estresante para mí. Pero, al final, si no viajásemos y no tuvieras la maleta en la mano todo el tiempo, no estaríamos donde estamos. Así que una cosa por la otra.
He leído que de niño dedicaba las mismas horas a cantar que a jugar al fútbol ¿Perdió un futbolista la Real o ganó un tenor la ópera?
Pues, gracias a Dios, ganó un tenor la ópera, creo. La Real, ¡uhh! Además, era más de dar patadas a la gente que al balón, o sea, que no (risas). Pero bueno, evidentemente el fútbol es un hobby que mantengo y mantendré siempre, pero ahora lo veo por la televisión.
¿Además del fútbol, qué hace para desconectar del ajetreo de la vida?
Lo que me hace bajar un poco a la tierra es estar con la familia y mis amigos, con la gente de toda la vida con la que hablo de las mismas tonterías de siempre sin plantearme ni dónde estoy ni con quién. Aunque parezca tópico, lo primero que busco para salir un poco de ese mundo es estar con ellos y cocinar, porque me gusta mucho la cocina.
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