Considerada como una de las obras más vanguardistas y difíciles de entender del teatro español del siglo XX, «El público» fue escrita por Federico García Lorca durante su viaje a Nueva York y Cuba, entre 1929 y 1930. Atravesando en esos años una crisis personal, profesional y sentimental, y molesto por el encasillamiento que algunos le recriminaban tras la publicación de su «Romancero gitano», el autor granadino decide entonces separarse radicalmente de los paradigmas estéticos y literarios de su época con el objetivo de indagar en las verdades supuestamente más profundas e inconscientes del ser humano. El resultado es una obra que él mismo sabía “irrepresentable” por las connotaciones homosexuales en su trasfondo, por su estructura fragmentaria y por la ausencia de una clara ilación argumental. No fue hasta 1977, un año después de su publicación, cuando se representó por primera vez, bajo la dirección de Antonio Morales en el ámbito universitario de Murcia. Desde entonces se han sucedido los montajes y ha habido algunas aproximaciones muy recordadas como la de Lluís Pasqual (en 1986) o, más recientemente, la de Àlex Rigola (en 2015).
Ahora es el dramaturgo y director Alfonso Zurro quien se ha embarcado en la compleja aventura de llevar al espectador de la mano por el intrincado imaginario lorquiano. “Es una obra difícil -confirma el veterano creador andaluz- porque el autor no hace ninguna concesión al espectador. En ‘El público’, Lorca nos lleva a un mundo en el que se mezclan muchas cosas: los planos narrativos de tiempo y de espacio, el teatro dentro del teatro, la realidad, el sueño, los recuerdos, los deseos… Y como espectadores solo podemos intentar seguir el camino que traza el poeta, dejarnos arrastrar, sentir, viajar, emocionar… con unos personajes desesperados en busca de amor, de un amor verdadero y sin límites”.
Dirigiendo una vez más a la compañía Teatro Clásico de Sevilla, Zurro ha configurado un elenco de diez actores para tratar de contar una historia que se asienta, según él, en “cuatro patas”: “Una es la vida en la que vivimos y nos movemos con nuestras máscaras; otra es el amor, el amor puro; otra pata es el propio teatro; y otra última sería la muerte”.
Juan Motilla, Lorena Ávila, Luis Alberto Domínguez, Santi Rivera, Raquel de Sola, Iñigo Núñez, Piermario Salerno, Gonzalo Validiez, José María del Castillo y Silvia Beaterio son los intérpretes que conforman el reparto, en palabras de Zurro, de “un poema dramático que nos enfrenta a nosotros mismos, nos convulsiona y nos hace dudar de esos lugares comunes desde donde observamos habitualmente el teatro; en este sentido, Lorca nos obliga a asomarnos a la barandilla de nuestro propio abismo. Por eso, el público, el público real que acuda a la sala, tiene que enfrentarse a lo que está viendo sin miedo, simplemente dejándose llevar. Y probablemente saldrá de allí convulsionado”.
La obra, para la que el director no escatima elogios, podrá verse en el Teatro Fernán Gómez hasta el 18 de octubre: “Es vanguardia, es atrevimiento, es novedad, es poesía, es transgresión… La libertad creadora de Lorca llega aquí a las más altas cotas”.
El director Alfonso Zurro dirige a la compañía Teatro Clásico de Sevilla, embarcándose en la compleja aventura de llevar al espectador hacia el imaginario lorquiano
Considerada como una de las obras más vanguardistas y difíciles de entender del teatro español del siglo XX, «El público» fue escrita por Federico García Lorca durante su viaje a Nueva York y Cuba, entre 1929 y 1930. Atravesando en esos años una crisis personal, profesional y sentimental, y molesto por el encasillamiento que algunos le recriminaban tras la publicación de su «Romancero gitano», el autor granadino decide entonces separarse radicalmente de los paradigmas estéticos y literarios de su época con el objetivo de indagar en las verdades supuestamente más profundas e inconscientes del ser humano. El resultado es una obra que él mismo sabía “irrepresentable” por las connotaciones homosexuales en su trasfondo, por su estructura fragmentaria y por la ausencia de una clara ilación argumental. No fue hasta 1977, un año después de su publicación, cuando se representó por primera vez, bajo la dirección de Antonio Morales en el ámbito universitario de Murcia. Desde entonces se han sucedido los montajes y ha habido algunas aproximaciones muy recordadas como la de Lluís Pasqual (en 1986) o, más recientemente, la de Àlex Rigola (en 2015).
Ahora es el dramaturgo y director Alfonso Zurro quien se ha embarcado en la compleja aventura de llevar al espectador de la mano por el intrincado imaginario lorquiano. “Es una obra difícil -confirma el veterano creador andaluz- porque el autor no hace ninguna concesión al espectador. En ‘El público’, Lorca nos lleva a un mundo en el que se mezclan muchas cosas: los planos narrativos de tiempo y de espacio, el teatro dentro del teatro, la realidad, el sueño, los recuerdos, los deseos… Y como espectadores solo podemos intentar seguir el camino que traza el poeta, dejarnos arrastrar, sentir, viajar, emocionar… con unos personajes desesperados en busca de amor, de un amor verdadero y sin límites”.
Dirigiendo una vez más a la compañía Teatro Clásico de Sevilla, Zurro ha configurado un elenco de diez actores para tratar de contar una historia que se asienta, según él, en “cuatro patas”: “Una es la vida en la que vivimos y nos movemos con nuestras máscaras; otra es el amor, el amor puro; otra pata es el propio teatro; y otra última sería la muerte”.
Juan Motilla, Lorena Ávila, Luis Alberto Domínguez, Santi Rivera, Raquel de Sola, Iñigo Núñez, Piermario Salerno, Gonzalo Validiez, José María del Castillo y Silvia Beaterio son los intérpretes que conforman el reparto, en palabras de Zurro, de “un poema dramático que nos enfrenta a nosotros mismos, nos convulsiona y nos hace dudar de esos lugares comunes desde donde observamos habitualmente el teatro; en este sentido, Lorca nos obliga a asomarnos a la barandilla de nuestro propio abismo. Por eso, el público, el público real que acuda a la sala, tiene que enfrentarse a lo que está viendo sin miedo, simplemente dejándose llevar. Y probablemente saldrá de allí convulsionado”.
La obra, para la que el director no escatima elogios, podrá verse en el Teatro Fernán Gómez hasta el 18 de octubre: “Es vanguardia, es atrevimiento, es novedad, es poesía, es transgresión… La libertad creadora de Lorca llega aquí a las más altas cotas”.
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