Este libro atestado de alcohol se bebe, irónicamente, como agua fresca. Se trata de una memoria familiar en la que la autora decide arañar en las esquinas polvorientas de la biografía paterna para intentar comprender qué llevó a su progenitor a deprimirse y alcoholizarse, a hacer daño a su esposa e hijas, a cargar sobre sí la herencia de unos genes adictos, a pedir el perdón por sus vicios a través de la cocina, y a convertir el cuerpo propio y los de su descendencia en un cúmulo de inseguridades que son las que pueblan el texto de anécdotas y capítulos más o menos entrañables.
Este libro atestado de alcohol se bebe, irónicamente, como agua fresca. Se trata de una memoria familiar en la que la autora decide arañar en las esquinas polvorientas de la biografía paterna para intentar comprender qué llevó a su progenitor a deprimirse y alcoholizarse, a hacer daño a su esposa e hijas, a cargar sobre sí la herencia de unos genes adictos, a pedir el perdón por sus vicios a través de la cocina, y a convertir el cuerpo propio y los de su descendencia en un cúmulo de inseguridades que son las que pueblan el texto de anécdotas y capítulos más o menos entrañables. Seguir leyendo
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
Con un tono en ocasiones demasiado plano, ‘Cosas en todas partes’, de Helen Longstreth, escarba en su pasado familiar para intentar perdonar la adicción de su padre
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Este libro atestado de alcohol se bebe, irónicamente, como agua fresca. Se trata de una memoria familiar en la que la autora decide arañar en las esquinas polvorientas de la biografía paterna para intentar comprender qué llevó a su progenitor a deprimirse y alcoholizarse, a hacer daño a su esposa e hijas, a cargar sobre sí la herencia de unos genes adictos, a pedir el perdón por sus vicios a través de la cocina, y a convertir el cuerpo propio y los de su descendencia en un cúmulo de inseguridades que son las que pueblan el texto de anécdotas y capítulos más o menos entrañables.
Cosas en todas partes es el título que Helen Longstreth elige para aunar este compendio de escenas narradas en un tono más bien monótono, que a menudo quitan peso a la tensión que muchas de sus escenas podrían generar en nuestras entrañas. Si bien la premisa es deliciosa: hija retrata a padre en busca del perdón; su ejecución se me antoja insípida en algunos momentos clave. No haré spoiler al contar que la resolución de Longstreth pasa por descubrir que sólo a través de la lectura, de la empatía, de la atención y del intento desesperado por comprender los pecados ajenos será como lograremos perdonar a quienes nos hicieron daño. Una pequeña teoría de la reparación en la que, por el camino, vemos muchas latas de cerveza abriéndose, muchas promesas rotas, muchas preguntas sobre qué significa migrar o estar lejos de la tierra en la que crecimos, y mucho empeño por mostrar y por lucir las pocas cosas bellas que nos dejó un ser querido al marcharse.
La enseñanza oculta en las páginas de Cosas en todas partes podría ser, entonces, que el odio se cura creando. Gestando. No tanto una vida nueva como una literatura propia, un relato sanador. El odio, la pena, el resquemor de Longstreth hacia los dolorosos recuerdos paternos se apaciguan cuando ella genera literatura al mirarlos. El problema, sin embargo, de estos textos, es que resultan desiguales, quizá repetitivos; alcohol en todas partes, sí, pero con una claridad como la del agua. Aunque se leen veloz y gustosamente, la importancia de lo que se cuenta es mayor que la del cómo se cuenta. Hay algo plano en su voz, como si su atrevimiento estuviera sólo en los temas elegidos y no en el trabajo del tono, la forma —a veces parecida a un entretenido post de Substack— o el riesgo del estilo. Sobre esto último, se me ocurre que a veces un duelo drena nuestras fuerzas para imaginar, pero eso no significa que el trabajo de nuestras formas compungidas no pueda generar por sí mismo un estilo brillante. Pienso en duelos y perdones muy recientes en nuestras letras; duelos que transgredieron y ampliaron lo que entendemos como literaturas del adiós, y que llevaron las escrituras del yo —y las del tú— a otro nivel: Aura García-Junco en Dios fulmine a la que escriba sobre mí; Marcos Augusto en Te hice dios; Yiyun Li en En la naturaleza las cosas crecen…
El libro de Li, por cierto, como el de Helen Longstreth, forma parte del catálogo de Chai Editora, un sello que apuesta por esos textos personales, esas memorias y auto-bio-bibliografías que celebran la radicalidad de lo experiencial. Celia Paul, Peter Orner o Donald Antrim podrían ser otros de los nombres que completen esa línea editorial sobre la que desfila Longstreth, porque lo cierto es que, leído como parte de un gran catálogo tan consciente con el yo, el trago de Cosas en todas partes ya sabe un poco mejor.

Cosas en todas partes
Helen Longstreth
Traducción de Virginia Higa
Chai Editora, 2026
232 páginas. 20,90 euros
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