Este verano puse la tele y en la pantalla apareció Ion Aramendi en Telecinco. Estaba conectando con un reportero que nos hablaba de las bondades del madrileño barrio de Valdebebas, lugar donde se había comprado una casa Julia Janeiro, hija mayor de Jesulín de Ubrique y María José Campanario. El reportero, vecino también de la zona, aprovechó para ejercer como agente inmobiliario y nos glosó con la cantidad de hostelería, comercios y vecinos ilustres de la zona para justificar la compra, porque no sé si saben que Madrid está más de moda que nunca. Mientras eso pasaba, la cara de Ion Aramendi oscilaba entre la incredulidad y la risa, pero siempre con tendencia a la guasa. Porque entre enfadarse y la ligereza, Aramendi siempre escoge lo segundo.
El presentador se lo pasa bien y una intuye que es de los que piensan que, al final, lo que importa es dormir bien, tener la nevera llena y el corazón contento. Que no es poco
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El presentador se lo pasa bien y una intuye que es de los que piensan que, al final, lo que importa es dormir bien, tener la nevera llena y el corazón contento. Que no es poco


Este verano puse la tele y en la pantalla apareció Ion Aramendi en Telecinco. Estaba conectando con un reportero que nos hablaba de las bondades del madrileño barrio de Valdebebas, lugar donde se había comprado una casa Julia Janeiro, hija mayor de Jesulín de Ubrique y María José Campanario. El reportero, vecino también de la zona, aprovechó para ejercer como agente inmobiliario y nos glosó con la cantidad de hostelería, comercios y vecinos ilustres de la zona para justificar la compra, porque no sé si saben que Madrid está más de moda que nunca. Mientras eso pasaba, la cara de Ion Aramendi oscilaba entre la incredulidad y la risa, pero siempre con tendencia a la guasa. Porque entre enfadarse y la ligereza, Aramendi siempre escoge lo segundo.
Aramendi es ese tipo de periodista que parece darle al oficio el peso que merece. Ha hecho guardia como reportero esperando que el famoso de turno le diera un buen total, siempre dando a entender que, si aquella tarde no había suerte, siempre habría una oportunidad al día siguiente. No se ha convertido en ese tipo de personas que acaban siendo portavoces del personaje de moda, tampoco en el justiciero. Aramendi se lo pasa bien y una intuye que es de los que piensan que, al final, lo que importa es dormir bien, tener la nevera llena y el corazón contento. Que no es poco.
En una parrilla televisiva como la actual, repletita de personas enfadadas e hirientes, Aramendi sale cada tarde a gozárselo en Telecinco. En el programa de este miércoles puso cara de boniato cuando dio paso a unas declaraciones del actor Álex González hablando de “crononutrición” y de cómo es mejor comerse una palmera de chocolate que una merluza para cenar porque no sé qué de la luz del sol. Cuando tuvo que hablar de una muchacha a la que Victoria’s Secret ha decidido apear de su desfile de este año, y ante las dificultades de pronunciar su nombre, aclaró: “Romee Strijd, sabéis como yo que no sabemos quién es porque nadie la conoce por su nombre”. Y le escuchas y llegas a la conclusión de que para él es otra tarde en la oficina y que mañana habrá otra escaleta así de variada. ¿Qué le toca hablar de un supuesto amor de Rocío Jurado con un comandante de Iberia? Pues le pregunta al reportero: “Darío del Alcázar, do you remember piloto?”. Y se escuchan las risas del público porque Aramendi se lo pasa bien. Y las tardes pesan menos.
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