‘Resurrection’ es el cuarto largometraje del cineasta chino Bi Gan, una obra que consolidó su estatus como uno de los autores más radicales y visionarios del cine actual. Tras ganar el Premio Especial del Jurado en Cannes 2025, la película se convirtió inmediatamente en un fenómeno entre los que la aclamaban como una «obra maestra» o los que la calificaban de «confusa» y «pretenciosa». Este viernes por fin se estrena en cines en España para que cada espectador haga su juicio. Bi Gan, que visitó Madrid el pasado mes de noviembre, explicó a ABC que la idea surgió de una pregunta: ¿qué pasaría si perdiéramos nuestra capacidad de soñar? Esta premisa distópica funciona en realidad como una metáfora de la pérdida de asombro en la sociedad contemporánea. La película se convierte en un esfuerzo por «resucitar la inocencia» de la primera mirada. «Hoy vivimos rodeados de ilusiones, pero no de sueños», cuenta Bi Gan: «Estamos perdiendo la capacidad de comprometernos con el mundo, y eso es lo que más me preocupa». Para él, no se trata de una fantasía distópica, sino de una advertencia. «Vivimos rodeados de ilusiones, pero no de sueños. Esperamos el amanecer no por su belleza, sino porque deseamos que nos transforme. Y lo que se desvanece, casi sin ruido, es nuestra capacidad de comprometernos con el mundo». Bi Gan celebra que la «complejidad» de su película sea parte de la experiencia que propone al espectador. «Es como cuando estamos soñando: tenemos muchas imágenes en la cabeza, muchos mensajes, muchos sonidos; pero el momento más fantástico de un sueño es cuando uno se despierta. Lo que quiero es entregar esa sensación al público: que, después de verla, puedan sentir lo mismo que al despertar». La película está dividida en seis capítulos que, según Bi Gan, funcionan como «estaciones sensoriales» de un viaje interior que expone al cuerpo, correspondientes a los cinco sentidos más la mente. Del cine mudo al ahoraEsta estructura transforma la narrativa en un tributo cronológico y temático a la historia del cine, convirtiendo cada capítulo en un microcosmos sensorial que refleja la evolución de la experiencia cinematográfica. El viaje comienza con el cine mudo, evocando el nacimiento del medio y un homenaje explícito al expresionismo alemán. Aquí, la gestualidad, la iluminación dramática y los escenarios distorsionados comunican emociones y conflictos sin la necesidad de que haya palabras de por medio. Sin embargo, en este primer acto, la ausencia de sonido enfatiza la potencia de la imagen como lenguaje universal; Bi Gan recuerda que el cine nació como un arte visual puro, capaz de transmitir humanidad y tragedia a través del movimiento y la composición. En ‘Resurrection’, el sonido deja de ser un mero acompañamiento y se convierte en vehículo de la narrativa y la psicología de los personajes.A medida que el filme avanza, los sentidos se vuelven más abstractos. El olfato se vincula con la memoria pura, con la capacidad de evocar fragmentos de la infancia, aromas familiares y los ecos de seres amados. . Por su parte, el gusto se convierte en lo que para Bi Gan se podría llamar el «sentido común artístico»: una emoción compartida y resonancia estética que une al público con un pasado emocional colectivo, donde cada bocado o sabor narrativo remite a sentimientos universales de nostalgia, deseo o pérdida.En el centro de esta estructura sensorial se encuentra el protagonista, el hombre/monstruo, (Jackson Yee), quien encarna al último soñador de la humanidad. Sus visiones son formas fílmicas que la humanidad debe recuperar: fragmentos de memoria, estilo y emoción que recuerdan la riqueza perdida de la experiencia humana. En él se concentra la tensión entre la decadencia de la percepción sensorial colectiva y la posibilidad de reencuentro con los orígenes del arte, como si sus sueños fueran la llave para reconectar con un pasado que, aunque fragmentado, sigue vivo en la forma pura del cine. Noticia Relacionada estandar No Mia Hansen-Løve y Luis Callejo, Espigas de Honor de la 70 Seminci ABC La Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM) y la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ESCAC)», reconocidas también en una edición que renueva su «mirada humanista»Los problemas de los sentidos«En el tercer capítulo empezamos a tener problemas», confiesa con una sonrisa. «Es muy difícil hacer que el público sienta el gusto. Pero en el arte tenemos algo fantástico: el sentido común. A través de una historia o de un lenguaje cinematográfico podemos compartir una sensación relacionada con un padre, con un hijo. Eso es lo que une todo». En este universo el olfato no es un mero sentido físico, sino un hilo espiritual: «Lo que puedo oler es muy diferente. Por eso hay que darle un poder sobrenatural. Lo que uno huele no solo es un olor, sino una emoción parecida al padre». Y entonces llega la escena del amanecer, que Bi Gan describe con un brillo en los ojos: «Esperar el amanecer necesita tiempo. Es una experiencia compartida, llena de alegría. Pero el amanecer dura solo un momento. Esa sensación es como el primer beso. Cuando el plano termina y los personajes se besan, ahí podemos sentir el último sentido: el tacto. Es como esperar el amanecer».El estilo de Bi Gan no busca la explicación, sino la convocación de sensaciones. En lugar de una historia tradicional, ofrece un «artefacto cultural» y una experiencia sensorial total potenciada por la fotografía apabullante de Dong Jingsong y la banda sonora electrónica de M83. La ambición se materializa en el uso recurrente del plano-secuencia virtuoso, llegando a extensiones de 40 minutos. Fotogramas de ‘Resurrection’, de Bi GanAl mantener la cámara en un movimiento continuo y coreografiado, Bi Gan logra desdibujar las fronteras entre el sueño y la vigilia, forzando al espectador a experimentar el tiempo como una materia elástica e inestable, característica esencial de la mente onírica. «Cuando filmamos, estamos hablando con algo que no pertenece solo al presente», explica. «Es una conversación con el tiempo, con la historia, con la memoria del universo. El cine se convierte en un juego, sí, pero en el sentido de que nos permite sentir junto con el arte, con la existencia. Es una forma de convocar la sensación del público: cómo sienten sobre el arte, sobre el cine».Bi Gan aborda su proceso creativo con una dualidad fascinante. Aunque acepta la noción de que el cine es un «juego» -un experimento con las reglas de la luz y el movimiento-, amplía esta idea a una esfera metafísica: «El cine no solo es un juego. Es una conversación con la supercivilización». Esta perspectiva eleva la creación cinematográfica a un diálogo con «algo más grande que nosotros,» quizás la memoria del universo. El título de la película, ‘Resurrection’ apunta a un renacimiento interior. Bi Gan habla de una resurrección más silenciosa, más humana. «Lo que quiero resucitar -dice- es el ingenio que siempre ha tenido la humanidad, y la inocencia. Esa inocencia nos permite contemplar una película, recordar la infancia, reconocer la sencillez de los lazos entre las personas. Quiero devolver eso: una relación simple en el corazón. Lo más puro, lo más profundo», remata. ‘Resurrection’ es el cuarto largometraje del cineasta chino Bi Gan, una obra que consolidó su estatus como uno de los autores más radicales y visionarios del cine actual. Tras ganar el Premio Especial del Jurado en Cannes 2025, la película se convirtió inmediatamente en un fenómeno entre los que la aclamaban como una «obra maestra» o los que la calificaban de «confusa» y «pretenciosa». Este viernes por fin se estrena en cines en España para que cada espectador haga su juicio. Bi Gan, que visitó Madrid el pasado mes de noviembre, explicó a ABC que la idea surgió de una pregunta: ¿qué pasaría si perdiéramos nuestra capacidad de soñar? Esta premisa distópica funciona en realidad como una metáfora de la pérdida de asombro en la sociedad contemporánea. La película se convierte en un esfuerzo por «resucitar la inocencia» de la primera mirada. «Hoy vivimos rodeados de ilusiones, pero no de sueños», cuenta Bi Gan: «Estamos perdiendo la capacidad de comprometernos con el mundo, y eso es lo que más me preocupa». Para él, no se trata de una fantasía distópica, sino de una advertencia. «Vivimos rodeados de ilusiones, pero no de sueños. Esperamos el amanecer no por su belleza, sino porque deseamos que nos transforme. Y lo que se desvanece, casi sin ruido, es nuestra capacidad de comprometernos con el mundo». Bi Gan celebra que la «complejidad» de su película sea parte de la experiencia que propone al espectador. «Es como cuando estamos soñando: tenemos muchas imágenes en la cabeza, muchos mensajes, muchos sonidos; pero el momento más fantástico de un sueño es cuando uno se despierta. Lo que quiero es entregar esa sensación al público: que, después de verla, puedan sentir lo mismo que al despertar». La película está dividida en seis capítulos que, según Bi Gan, funcionan como «estaciones sensoriales» de un viaje interior que expone al cuerpo, correspondientes a los cinco sentidos más la mente. Del cine mudo al ahoraEsta estructura transforma la narrativa en un tributo cronológico y temático a la historia del cine, convirtiendo cada capítulo en un microcosmos sensorial que refleja la evolución de la experiencia cinematográfica. El viaje comienza con el cine mudo, evocando el nacimiento del medio y un homenaje explícito al expresionismo alemán. Aquí, la gestualidad, la iluminación dramática y los escenarios distorsionados comunican emociones y conflictos sin la necesidad de que haya palabras de por medio. Sin embargo, en este primer acto, la ausencia de sonido enfatiza la potencia de la imagen como lenguaje universal; Bi Gan recuerda que el cine nació como un arte visual puro, capaz de transmitir humanidad y tragedia a través del movimiento y la composición. En ‘Resurrection’, el sonido deja de ser un mero acompañamiento y se convierte en vehículo de la narrativa y la psicología de los personajes.A medida que el filme avanza, los sentidos se vuelven más abstractos. El olfato se vincula con la memoria pura, con la capacidad de evocar fragmentos de la infancia, aromas familiares y los ecos de seres amados. . Por su parte, el gusto se convierte en lo que para Bi Gan se podría llamar el «sentido común artístico»: una emoción compartida y resonancia estética que une al público con un pasado emocional colectivo, donde cada bocado o sabor narrativo remite a sentimientos universales de nostalgia, deseo o pérdida.En el centro de esta estructura sensorial se encuentra el protagonista, el hombre/monstruo, (Jackson Yee), quien encarna al último soñador de la humanidad. Sus visiones son formas fílmicas que la humanidad debe recuperar: fragmentos de memoria, estilo y emoción que recuerdan la riqueza perdida de la experiencia humana. En él se concentra la tensión entre la decadencia de la percepción sensorial colectiva y la posibilidad de reencuentro con los orígenes del arte, como si sus sueños fueran la llave para reconectar con un pasado que, aunque fragmentado, sigue vivo en la forma pura del cine. Noticia Relacionada estandar No Mia Hansen-Løve y Luis Callejo, Espigas de Honor de la 70 Seminci ABC La Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM) y la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ESCAC)», reconocidas también en una edición que renueva su «mirada humanista»Los problemas de los sentidos«En el tercer capítulo empezamos a tener problemas», confiesa con una sonrisa. «Es muy difícil hacer que el público sienta el gusto. Pero en el arte tenemos algo fantástico: el sentido común. A través de una historia o de un lenguaje cinematográfico podemos compartir una sensación relacionada con un padre, con un hijo. Eso es lo que une todo». En este universo el olfato no es un mero sentido físico, sino un hilo espiritual: «Lo que puedo oler es muy diferente. Por eso hay que darle un poder sobrenatural. Lo que uno huele no solo es un olor, sino una emoción parecida al padre». Y entonces llega la escena del amanecer, que Bi Gan describe con un brillo en los ojos: «Esperar el amanecer necesita tiempo. Es una experiencia compartida, llena de alegría. Pero el amanecer dura solo un momento. Esa sensación es como el primer beso. Cuando el plano termina y los personajes se besan, ahí podemos sentir el último sentido: el tacto. Es como esperar el amanecer».El estilo de Bi Gan no busca la explicación, sino la convocación de sensaciones. En lugar de una historia tradicional, ofrece un «artefacto cultural» y una experiencia sensorial total potenciada por la fotografía apabullante de Dong Jingsong y la banda sonora electrónica de M83. La ambición se materializa en el uso recurrente del plano-secuencia virtuoso, llegando a extensiones de 40 minutos. Fotogramas de ‘Resurrection’, de Bi GanAl mantener la cámara en un movimiento continuo y coreografiado, Bi Gan logra desdibujar las fronteras entre el sueño y la vigilia, forzando al espectador a experimentar el tiempo como una materia elástica e inestable, característica esencial de la mente onírica. «Cuando filmamos, estamos hablando con algo que no pertenece solo al presente», explica. «Es una conversación con el tiempo, con la historia, con la memoria del universo. El cine se convierte en un juego, sí, pero en el sentido de que nos permite sentir junto con el arte, con la existencia. Es una forma de convocar la sensación del público: cómo sienten sobre el arte, sobre el cine».Bi Gan aborda su proceso creativo con una dualidad fascinante. Aunque acepta la noción de que el cine es un «juego» -un experimento con las reglas de la luz y el movimiento-, amplía esta idea a una esfera metafísica: «El cine no solo es un juego. Es una conversación con la supercivilización». Esta perspectiva eleva la creación cinematográfica a un diálogo con «algo más grande que nosotros,» quizás la memoria del universo. El título de la película, ‘Resurrection’ apunta a un renacimiento interior. Bi Gan habla de una resurrección más silenciosa, más humana. «Lo que quiero resucitar -dice- es el ingenio que siempre ha tenido la humanidad, y la inocencia. Esa inocencia nos permite contemplar una película, recordar la infancia, reconocer la sencillez de los lazos entre las personas. Quiero devolver eso: una relación simple en el corazón. Lo más puro, lo más profundo», remata.
Carmen Burné
‘Resurrection’ es el cuarto largometraje del cineasta chino Bi Gan, una obra que consolidó su estatus como uno de los autores más radicales y visionarios del cine actual. Tras ganar el Premio Especial del Jurado en Cannes 2025, la película se convirtió inmediatamente en un fenómeno entre los que la aclamaban como una «obra maestra» o los que la calificaban de «confusa» y «pretenciosa». Este viernes por fin se estrena en cines en España para que cada espectador haga su juicio.
Bi Gan, que visitó Madrid el pasado mes de noviembre, explicó a ABC que la idea surgió de una pregunta: ¿qué pasaría si perdiéramos nuestra capacidad de soñar? Esta premisa distópica funciona en realidad como una metáfora de la pérdida de asombro en la sociedad contemporánea. La película se convierte en un esfuerzo por «resucitar la inocencia» de la primera mirada. «Hoy vivimos rodeados de ilusiones, pero no de sueños», cuenta Bi Gan: «Estamos perdiendo la capacidad de comprometernos con el mundo, y eso es lo que más me preocupa».
Para él, no se trata de una fantasía distópica, sino de una advertencia. «Vivimos rodeados de ilusiones, pero no de sueños. Esperamos el amanecer no por su belleza, sino porque deseamos que nos transforme. Y lo que se desvanece, casi sin ruido, es nuestra capacidad de comprometernos con el mundo». Bi Gan celebra que la «complejidad» de su película sea parte de la experiencia que propone al espectador. «Es como cuando estamos soñando: tenemos muchas imágenes en la cabeza, muchos mensajes, muchos sonidos; pero el momento más fantástico de un sueño es cuando uno se despierta. Lo que quiero es entregar esa sensación al público: que, después de verla, puedan sentir lo mismo que al despertar».
La película está dividida en seis capítulos que, según Bi Gan, funcionan como «estaciones sensoriales» de un viaje interior que expone al cuerpo, correspondientes a los cinco sentidos más la mente.
Del cine mudo al ahora
Esta estructura transforma la narrativa en un tributo cronológico y temático a la historia del cine, convirtiendo cada capítulo en un microcosmos sensorial que refleja la evolución de la experiencia cinematográfica. El viaje comienza con el cine mudo, evocando el nacimiento del medio y un homenaje explícito al expresionismo alemán. Aquí, la gestualidad, la iluminación dramática y los escenarios distorsionados comunican emociones y conflictos sin la necesidad de que haya palabras de por medio. Sin embargo, en este primer acto, la ausencia de sonido enfatiza la potencia de la imagen como lenguaje universal; Bi Gan recuerda que el cine nació como un arte visual puro, capaz de transmitir humanidad y tragedia a través del movimiento y la composición. En ‘Resurrection’, el sonido deja de ser un mero acompañamiento y se convierte en vehículo de la narrativa y la psicología de los personajes.
A medida que el filme avanza, los sentidos se vuelven más abstractos. El olfato se vincula con la memoria pura, con la capacidad de evocar fragmentos de la infancia, aromas familiares y los ecos de seres amados. . Por su parte, el gusto se convierte en lo que para Bi Gan se podría llamar el «sentido común artístico»: una emoción compartida y resonancia estética que une al público con un pasado emocional colectivo, donde cada bocado o sabor narrativo remite a sentimientos universales de nostalgia, deseo o pérdida.
En el centro de esta estructura sensorial se encuentra el protagonista, el hombre/monstruo, (Jackson Yee), quien encarna al último soñador de la humanidad. Sus visiones son formas fílmicas que la humanidad debe recuperar: fragmentos de memoria, estilo y emoción que recuerdan la riqueza perdida de la experiencia humana. En él se concentra la tensión entre la decadencia de la percepción sensorial colectiva y la posibilidad de reencuentro con los orígenes del arte, como si sus sueños fueran la llave para reconectar con un pasado que, aunque fragmentado, sigue vivo en la forma pura del cine.
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Los problemas de los sentidos
«En el tercer capítulo empezamos a tener problemas», confiesa con una sonrisa. «Es muy difícil hacer que el público sienta el gusto. Pero en el arte tenemos algo fantástico: el sentido común. A través de una historia o de un lenguaje cinematográfico podemos compartir una sensación relacionada con un padre, con un hijo. Eso es lo que une todo». En este universo el olfato no es un mero sentido físico, sino un hilo espiritual: «Lo que puedo oler es muy diferente. Por eso hay que darle un poder sobrenatural. Lo que uno huele no solo es un olor, sino una emoción parecida al padre». Y entonces llega la escena del amanecer, que Bi Gan describe con un brillo en los ojos: «Esperar el amanecer necesita tiempo. Es una experiencia compartida, llena de alegría. Pero el amanecer dura solo un momento. Esa sensación es como el primer beso. Cuando el plano termina y los personajes se besan, ahí podemos sentir el último sentido: el tacto. Es como esperar el amanecer».
El estilo de Bi Gan no busca la explicación, sino la convocación de sensaciones. En lugar de una historia tradicional, ofrece un «artefacto cultural» y una experiencia sensorial total potenciada por la fotografía apabullante de Dong Jingsong y la banda sonora electrónica de M83. La ambición se materializa en el uso recurrente del plano-secuencia virtuoso, llegando a extensiones de 40 minutos.
Al mantener la cámara en un movimiento continuo y coreografiado, Bi Gan logra desdibujar las fronteras entre el sueño y la vigilia, forzando al espectador a experimentar el tiempo como una materia elástica e inestable, característica esencial de la mente onírica. «Cuando filmamos, estamos hablando con algo que no pertenece solo al presente», explica. «Es una conversación con el tiempo, con la historia, con la memoria del universo. El cine se convierte en un juego, sí, pero en el sentido de que nos permite sentir junto con el arte, con la existencia. Es una forma de convocar la sensación del público: cómo sienten sobre el arte, sobre el cine».
Bi Gan aborda su proceso creativo con una dualidad fascinante. Aunque acepta la noción de que el cine es un «juego» -un experimento con las reglas de la luz y el movimiento-, amplía esta idea a una esfera metafísica: «El cine no solo es un juego. Es una conversación con la supercivilización». Esta perspectiva eleva la creación cinematográfica a un diálogo con «algo más grande que nosotros,» quizás la memoria del universo.
El título de la película, ‘Resurrection’ apunta a un renacimiento interior. Bi Gan habla de una resurrección más silenciosa, más humana. «Lo que quiero resucitar -dice- es el ingenio que siempre ha tenido la humanidad, y la inocencia. Esa inocencia nos permite contemplar una película, recordar la infancia, reconocer la sencillez de los lazos entre las personas. Quiero devolver eso: una relación simple en el corazón. Lo más puro, lo más profundo», remata.
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