Como todos, fui a ver ‘ La bola negra ‘, la famosa película de los Javis sobre Rafael Rodríguez Rapún y Sebastián, uno de sus captores, con García Lorca de fondo y algún que otro salto al presente. Aclaro, para que no me mate nadie, que me parece una obra estupenda, con la que el tiempo pasa volando y que hace sentir y pensar. Ahora, confieso que me gustó un pelín menos de lo que me esperaba: son las cosas del ‘hype’.Sí, ya se sabe que de palabras modernas la que entiende es mi joven colega Carmen Burné , en parte porque uno empieza ya a peinar canas (en la barba). En todo caso, uno de los mayores peligros de la escena cultural es la sensación de entusiasmo, de grandes expectativas, de hipérbole (de donde viene el palabro) que a veces acompaña a tal o cual artista, libro o lo que sea. La ecuación es muy sencilla: si la experiencia no está a la altura, el bajón es peor que la caída de Prometeo.Por eso, más que con los ‘spoilers’ hay que tener cuidado con el ‘hype’, porque no toda obra puede ser una ‘opera magna’ ni una gran revolución en el arte que sea, más cuando se habla de una cuestión que tiene mucho de subjetividad. Y de gustos no se discute.Eso sí, para poder opinar con criterio hace falta conocer, leer, ver. No todos podemos ser como Pierre Bayard y su forma de hablar de libros que no ha leído o de lugares que no ha visitado, según plantea en dos ensayos muy interesantes. En este sentido, el ‘hype’ también puede ser positivo, ya que vale como brújula inicial: si no de calidad, sí de interés general. Y toda obra que logra un triunfo duradero merece atención y más todavía si entra en el imaginario colectivo. Un ejemplo que todos conocen: el ‘Don Juan Tenorio’ está repleto de ripios y durante un par de siglos se ha representado cada Noche de Difuntos, del mismo modo que gracias a ‘La bola negra’ hay más Lorca por todas partes. Por eso, acabo rompiendo una lanza por el ‘hype’, aunque tenga que gestionarse siempre con un poco de razonable prudencia. Como todos, fui a ver ‘ La bola negra ‘, la famosa película de los Javis sobre Rafael Rodríguez Rapún y Sebastián, uno de sus captores, con García Lorca de fondo y algún que otro salto al presente. Aclaro, para que no me mate nadie, que me parece una obra estupenda, con la que el tiempo pasa volando y que hace sentir y pensar. Ahora, confieso que me gustó un pelín menos de lo que me esperaba: son las cosas del ‘hype’.Sí, ya se sabe que de palabras modernas la que entiende es mi joven colega Carmen Burné , en parte porque uno empieza ya a peinar canas (en la barba). En todo caso, uno de los mayores peligros de la escena cultural es la sensación de entusiasmo, de grandes expectativas, de hipérbole (de donde viene el palabro) que a veces acompaña a tal o cual artista, libro o lo que sea. La ecuación es muy sencilla: si la experiencia no está a la altura, el bajón es peor que la caída de Prometeo.Por eso, más que con los ‘spoilers’ hay que tener cuidado con el ‘hype’, porque no toda obra puede ser una ‘opera magna’ ni una gran revolución en el arte que sea, más cuando se habla de una cuestión que tiene mucho de subjetividad. Y de gustos no se discute.Eso sí, para poder opinar con criterio hace falta conocer, leer, ver. No todos podemos ser como Pierre Bayard y su forma de hablar de libros que no ha leído o de lugares que no ha visitado, según plantea en dos ensayos muy interesantes. En este sentido, el ‘hype’ también puede ser positivo, ya que vale como brújula inicial: si no de calidad, sí de interés general. Y toda obra que logra un triunfo duradero merece atención y más todavía si entra en el imaginario colectivo. Un ejemplo que todos conocen: el ‘Don Juan Tenorio’ está repleto de ripios y durante un par de siglos se ha representado cada Noche de Difuntos, del mismo modo que gracias a ‘La bola negra’ hay más Lorca por todas partes. Por eso, acabo rompiendo una lanza por el ‘hype’, aunque tenga que gestionarse siempre con un poco de razonable prudencia.
Como todos, fui a ver ‘La bola negra‘, la famosa película de los Javis sobre Rafael Rodríguez Rapún y Sebastián, uno de sus captores, con García Lorca de fondo y algún que otro salto al presente. Aclaro, para que no me mate nadie, que … me parece una obra estupenda, con la que el tiempo pasa volando y que hace sentir y pensar. Ahora, confieso que me gustó un pelín menos de lo que me esperaba: son las cosas del ‘hype’.
Sí, ya se sabe que de palabras modernas la que entiende es mi joven colega Carmen Burné, en parte porque uno empieza ya a peinar canas (en la barba). En todo caso, uno de los mayores peligros de la escena cultural es la sensación de entusiasmo, de grandes expectativas, de hipérbole (de donde viene el palabro) que a veces acompaña a tal o cual artista, libro o lo que sea. La ecuación es muy sencilla: si la experiencia no está a la altura, el bajón es peor que la caída de Prometeo.
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Berta González de Vega
Por eso, más que con los ‘spoilers’ hay que tener cuidado con el ‘hype’, porque no toda obra puede ser una ‘opera magna’ ni una gran revolución en el arte que sea, más cuando se habla de una cuestión que tiene mucho de subjetividad. Y de gustos no se discute.
Eso sí, para poder opinar con criterio hace falta conocer, leer, ver. No todos podemos ser como Pierre Bayard y su forma de hablar de libros que no ha leído o de lugares que no ha visitado, según plantea en dos ensayos muy interesantes. En este sentido, el ‘hype’ también puede ser positivo, ya que vale como brújula inicial: si no de calidad, sí de interés general. Y toda obra que logra un triunfo duradero merece atención y más todavía si entra en el imaginario colectivo. Un ejemplo que todos conocen: el ‘Don Juan Tenorio’ está repleto de ripios y durante un par de siglos se ha representado cada Noche de Difuntos, del mismo modo que gracias a ‘La bola negra’ hay más Lorca por todas partes. Por eso, acabo rompiendo una lanza por el ‘hype’, aunque tenga que gestionarse siempre con un poco de razonable prudencia.
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