“No queda ninguna duda de que efectivamente se ha producido un desplazamiento ideológico de los jóvenes hacia posiciones conservadoras”. Esta es la conclusión de Generación 15-M de Ignacio Urquizu (Alcañiz, 1976), un ensayo que ha cobrado inesperada actualidad. Tras la acampada en Sol (que se produce 15 años después de aquella a la que hace referencia el título del libro) y la convocatoria de elecciones generales, ahora llega la avalancha de los sondeos. En esta entrevista se analizan los cambios en profundidad que se deducen de los mejores datos disponibles. Ignacio Urquizu fue diputado por el PSOE y ha sido alcalde de su ciudad. Este profesor de sociología actualmente es el director de Metroscopia, empresa dedicada a investigar la opinión pública en España.
“No queda ninguna duda de que efectivamente se ha producido un desplazamiento ideológico de los jóvenes hacia posiciones conservadoras”. Esta es la conclusión de Generación 15-M de Ignacio Urquizu (Alcañiz, 1976), un ensayo que ha cobrado inesperada actualidad. Tras la acampada en Sol (que se produce 15 años después de aquella a la que hace referencia el título del libro) y la convocatoria de elecciones generales, ahora llega la avalancha de los sondeos. En esta entrevista se analizan los cambios en profundidad que se deducen de los mejores datos disponibles. Ignacio Urquizu fue diputado por el PSOE y ha sido alcalde de su ciudad. Este profesor de sociología actualmente es el director de Metroscopia, empresa dedicada a investigar la opinión pública en España. Seguir leyendo
“No queda ninguna duda de que efectivamente se ha producido un desplazamiento ideológico de los jóvenes hacia posiciones conservadoras”. Esta es la conclusión de Generación 15-M de Ignacio Urquizu (Alcañiz, 1976), un ensayo que ha cobrado inesperada actualidad. Tras la acampada en Sol (que se produce 15 años después de aquella a la que hace referencia el título del libro) y la convocatoria de elecciones generales, ahora llega la avalancha de los sondeos. En esta entrevista se analizan los cambios en profundidad que se deducen de los mejores datos disponibles. Ignacio Urquizu fue diputado por el PSOE y ha sido alcalde de su ciudad. Este profesor de sociología actualmente es el director de Metroscopia, empresa dedicada a investigar la opinión pública en España.
Kiko Llaneras. Publicas Generación 15-M, un libro no sobre la gente que estuvo en el 15-M, sino los jóvenes de hoy. Hablas de la gente de en torno a 18 y treinta y pico años, la generación que se crio al ruido del 15-M. El libro se acaba de publicar y te encuentras una nueva acampada en Sol y unas elecciones recién convocadas. Vaya timing.
Ignacio Urquizu: Sí, la verdad es que han sido muchas casualidades. Yo me paso la vida recopilando datos y hace un tiempo vi que con los jóvenes estaban cambiando las curvas, las tendencias, que tenían opiniones distintas a otras generaciones. Y además coincidía con una generación que había sido educada y socializada después del 15-M.
K. L.: Dices una cosa en el libro: queremos tener la sensación de que todo ocurre por primera vez. Pero si tienes una mirada histórica, casi nada es nuevo. Mi pregunta es qué crees que sí es nuevo.
I. U.: Lo que más me ha sorprendido, que es nuevo en nuestra democracia, es que tenemos una generación joven muy conservadora. Y eso no había sucedido antes en España. Seguramente sea la generación más conservadora, y además en la que más diferencias hay entre chicos y chicas, donde las chicas son más de izquierdas o más feministas. Incluso ellas son más feministas que sus madres y sus abuelas, mientras que los chicos son mucho más conservadores. Ahora hay jóvenes muy de derechas que están yendo a Sol a provocar o enfrentarse, y eso sí que es nuevo.
K. L.: Me llama la atención lo que dices sobre la percepción de los impuestos, sobre la pregunta de si es más importante tener muchos y buenos servicios o pagar menos impuestos. Ahí ha habido un vuelco.
I. U.: Es que ser de derechas es algo más, no es una etiqueta. Hay un elemento cultural y un conjunto de opiniones políticas detrás. El 38% de los menores de 35 años dicen que no quieren pagar impuestos. Es la cifra más alta que conocemos: sus abuelos son menos del 10%. Cuando preguntas sobre el Estado, más del 80% de los jóvenes dicen que el Estado no funciona, muy por encima del conjunto de la población y de otras generaciones. Cuando les preguntas por democracia frente a dictadura, más del 20% dicen que un sistema autoritario en algunas circunstancias no estaría mal. Y no son franquistas. De hecho, son más críticos con el franquismo que otras generaciones. Hay una pulsión autoritaria porque piden resultados a la democracia, son más pragmáticos.

K. L.: Mencionas que hay una especie de sentir antisistema. De alguna manera, el hecho de que no guste el sistema empuja a una parte de los jóvenes a sentirse de derechas.
I. U.: Sí. Es una mezcla de varios factores, pero el primero es el resultado de su experiencia. El 15-M produce dos generaciones, los que lo protagonizan y los que crecen siendo niños en este periodo. Los que lo protagonizan están decepcionados, se generan unas expectativas y ellos están defraudados. Son los que tienen entre 35 y 50 años. Luego están los que eran unos niños y han ido creciendo este tiempo. Se dan cuenta de que ellos esperan cosas que no se producen, y que en el fondo parte de la culpa es de que el país se ha paralizado. Hemos ido al multipartidismo, con gobiernos de coalición sin mayoría parlamentaria, y hay que tomar decisiones que no se toman respecto a la vivienda o la educación. No se puede gobernar porque no hay unas mayorías claras y porque además hay intereses muy contrapuestos, incluso entre gente del mismo espacio ideológico. Y esa parálisis genera en los jóvenes una suspicacia. A eso se une un segundo elemento: desde hace 20 años, la primera etiqueta ideológica fuera de la escala de uno a diez es liberal. Los jóvenes se sienten liberales desde hace 20 años. Pero claro, ¿liberal en qué sentido? A lo mejor como oposición a izquierda y derecha, pero también liberal en el sentido americano libertario.
“Se asocia a la izquierda con el sistema. Y si tienes ideas antisistema, tienes que ser antiizquierda”
K. L.: Vox aparece en muchas encuestas como la primera fuerza entre los veinteañeros hombres, con un 35% de los votos. Con las mujeres jóvenes hay más división. Vemos que la derechización es menor, pero también la vemos. En 2023, Vox logró el 10% del voto femenino joven, y ahora los datos dicen que va a llegar al 20%.
I. U.: En las mujeres en conjunto, sin entrar si son mayores o jóvenes, aumenta el voto a Vox. En los datos que tenemos de las series que hemos ido analizando en Metroscopia, en el CIS se produce un punto de inflexión con los audios de Koldo y Ábalos sobre la prostitución, donde muchas mujeres comienzan a votar a Vox. Yo creo que no porque se hayan hecho de extrema derecha, sino porque se empiezan a enfadar con unos dirigentes políticos que decían que eran feministas y parece ser que no lo eran tanto.
K. L.: No es tanto derechización de programa como cabreo, rechazo, insatisfacción.
I. U.: Eso es. Lo que se produce es un voto a Vox por parte de las mujeres como enfado, que también se observa en las chicas jóvenes. En cambio, en los chicos jóvenes sí que hay una diferencia, porque ellos lo que tienen es una crisis de masculinidad. Tú vas a cualquier centro educativo y te das cuenta de que los chicos están bastante más perdidos que las chicas. Hay un porcentaje muy elevado de jóvenes, incluso de 16 años, que creen que nos hemos pasado con esto del feminismo y en cierta forma se sienten agredidos.
K. L.: Con la derechización me surge una duda: quieren llevar el país en esa dirección, pero sin comprar un argumentario de derecha de 1990. Tengo la sensación de que, si encuestáramos a un joven sobre qué le parece el divorcio o la homosexualidad o la libertad sexual, no tendría ideas de los noventa. Esta derechización coincide con datos como que, cuando preguntas sobre la identidad sexual, más jóvenes que nunca se declaran bisexuales. O sea, que la aceptación de la sexualidad de cada uno no me parece que haya retrocedido.
I. U.: No, no. De hecho, si preguntas, los que más consumen aplicaciones de citas son los de los extremos: los de Sumar y los de Vox, porque hay muchos jóvenes allí. Hay elementos que ellos ya no asocian con la derecha, como la libertad sexual o el divorcio. Creo que [la derechización] tiene más que ver con elementos económicos y de convivencia, de democracia. La democracia no produce los resultados de bienestar que ellos esperarían, algo que se ve ahora en la vivienda o en los salarios.

K. L.: Hablas de una generación que prácticamente ha vivido siempre bajo un gobierno de izquierdas. ¿Cuánto crees que tiene que ver con este movimiento de los jóvenes el hecho de que se hayan criado bajo un gobierno de izquierdas?
I. U.: Hay bastante componente. En el fondo, se asocia a la izquierda con el sistema: sois el partido de la Transición, el partido del régimen del 78. Ha habido un discurso desde muchos espacios donde se ha asociado a una parte de la izquierda con el régimen y con el sistema. Y si tú tienes ideas antisistema, tienes que ser antiizquierda. Y luego ha habido otra cosa que hemos visto mucho en los focus group: que entre los jóvenes que votan a Vox hay una mucha decepción con el PP. Están muy decepcionados con la época de Rajoy porque les pareció una especie de socialdemócrata. Y también hay mucha decepción con Feijóo, porque creen que va a ser igual. Muchos jóvenes de Vox dicen: si el PP lo liderara X, a lo mejor volvería al PP.
“Los jóvenes de derechas quieren un modelo social y económico liberal, más promercado y anti Estado”
K. L.: ¿Ves a los jóvenes más conservadores o más reaccionarios?
I. U.: Los veo más libertarios en el sentido norteamericano. No quieren conservar nada y tampoco están en las posiciones de esa derecha clásica de volver hacia el pasado. Son más críticos con el franquismo que los demás. Lo que quieren es un modelo económico y social mucho más liberal o más libertario del que tenemos en España. Sus apuestas son más promercado y más anti Estado que otras generaciones. Vox bebe de varias fuentes. No es un conservadurismo a lo Cánovas en el siglo XIX. Tampoco es franquista, aunque se les dice que lo son. Puede que haya una parte de ellos que incluso lo añoran, pero también hay otra parte del partido a la que le gustan mucho los movimientos que hay en Estados Unidos o Milei.

K. L.: El asterisco que hay que poner es que los jóvenes, como cualquier grupo, votan de todo. ¿Los jóvenes de izquierdas se han movido de alguna manera?
I. U.: En el libro no entro mucho a hablar de ellos porque me llama mucho más la atención todo ese movimiento hacia la derecha, pero tampoco se ven cosas distintas. Votan como ha votado siempre la gente de izquierdas, no se distinguen mucho de los de los momentos anteriores. Los que veo distintos son los de derechas. Yo creo que el descontento es una clave. Creo que la otra clave es una cuestión material. Cuando se habla del conflicto generacional, a veces se plantea qué generación ha vivido mejor o qué generación ha hecho más sacrificios. Como una especie de competición que me parece muy miope. Creo que, en general, cada generación ha encontrado un país mejor en términos de salud, esperanza de vida, oportunidades, capacidad de viajar, tener acceso al mundo global. Creo que hay muchas grandes corrientes históricas que hacen que cada generación haya tenido ventajas materiales, pero donde creo que los jóvenes tienen muy buenos argumentos es en cómo ha sido el reparto en la última década. Ahí los jóvenes tienen argumentos convincentes para decir que hay un desequilibrio en cómo nuestra sociedad, y en concreto las administraciones, gestionan la riqueza de un país. Argumentos del tipo: los jóvenes tienen ahora menos ingresos que la gente de más de 65 años, o los salarios no han crecido. Y el símbolo de todo esto es la vivienda.
“Hace 15 años, el 60% pensaba que no era de derechas ni de izquierdas. Hoy es el 30%, la mitad”
K. L.: Hay cuestiones de las que hablamos menos que están teniendo consecuencias para los jóvenes. La herencia es una forma de oportunidad. Antes la gente vivía hasta los 65 años y eso significa que alguien heredaba a los 30. Hoy en día la gente vive hasta los 85, lo que significa que se hereda a los 60 o a los 55. Pero hay algunos que van a poder heredar antes que los demás, aquellos cuyos padres tienen dinero y les pueden dar una entrada para comprar un piso o echarles una mano. Entonces, la desigualdadvaa aumentar, porque va a haber gente que va a heredar antes que los demás y otra gente que cuando hereden ya no lo van a necesitar, porque ya tendrán la vida hecha con 60 años. Y esas diferencias de renta se van a ensanchar entre generaciones.
I. U.: Hay varios datos ahí. Uno es que la desigualdad patrimonial aumenta, por ejemplo, en cosas tan mecánicas como que la diferencia entre el valor de una vivienda en Zaragoza, en Toledo o en Madrid es hoy bastante más grande que hace 25 años. Tú antes heredabas una casa y era una casa. Ahora se ha concentrado mucho el valor incluso dentro de Madrid, dentro de la M-30 la diferencia es sustancial. Y eso es una forma de desigualdad. La otra es que hay menos hijos. El mismo patrimonio se reparte entre menos hermanos. Mi sensación es que hay muchos elementos, casi mecánicos, que van camino de una mayor desigualdad.
K. L.: Yendo a la actualidad, hay elecciones en pocas semanas. ¿Crees que la acampada en Sol ha movido votos? ¿Qué votos ha movido?
I. U.: Los primeros datos que tenemos después de haber metido el termómetro esta semana es que apenas se ha movido el voto, o se ha movido para todos. La movilización está aumentando, pero está aumentando en la derecha y en la izquierda, de tal forma que la foto de hace dos semanas es muy similar a la de ahora. Lo que hemos hecho estas semanas en Metroscopia es volver a preguntar lo que preguntábamos hace 15 años para ver cómo ha cambiado la opinión pública. En aquel entonces, más del 60% estaba de acuerdo con los acampados. Hoy los que están de acuerdo con los acampados son el 46% de la población. Son 20 puntos de diferencia. Lo que está sucediendo es que lo de ahora se ha politizado y la perspectiva de la opinión pública es que se trata de gente de izquierdas que están en la calle durmiendo, mientras que hace 15 años eran gente de todas las ideologías que estaban allí protestando. De hecho, entonces más del 60% de españoles pensaba que no eran de izquierdas ni de derechas, cuando hoy eso lo piensa el 30%, la mitad.

K. L.: A mí me ha sorprendido esta primera batida de sondeos. Yo pensaba que, como la izquierda estaba tan desmovilizada, esa movilización transversal les daría un empujón.
I. U.: Todavía están esos dos millones de indecisos en la izquierda. Hay un 20% de votantes del PSOE y un 18% de votantes de Sumar que aún no han decidido su voto. Por lo tanto, sigue habiendo miles de personas que, en el momento en que lo decidan, pueden estrechar mucho las diferencias. No sé hasta qué punto, porque se tienen que producir varias cosas. Primero, que se estreche la diferencia y dos, que el bloque de la derecha en algún punto muestre debilidad.
K. L.: La foto que sale de los sondeos es una mayoría PP-Vox como escenario central salvo que ocurra esta confluencia de factores.
I. U.: Claro, se tienen que producir varias cosas al mismo tiempo: la izquierda se moviliza y la derecha se resquebraja de alguna manera, tanto en la España interior como en Cataluña. Porque lo que suceda en Cataluña también va a determinar, se van a jugar bastantes escaños allí. Y lo que vemos también en las encuestas es que, por ejemplo, preguntamos si la gente ve las elecciones con simpatía o con preocupación. La mayoría de españoles, más del 50%, las ven muy preocupantes. Los de derechas están muy preocupados y eso significa que están muy alerta, que no han bajado la guardia. Nosotros miramos el voto, pero hay que ir mirando muchos más factores, porque al final el voto es una combinación de ideología y estado de ánimo. Son los dos elementos.
K. L.: La generación de más de 65 años en España son los hijos de la Transición. Es una generación que ha sido más de izquierdas que la gente más mayor, la de 80 años, y más que la gente de 45. ¿Crees que la generación que retratas en el libro, la que se ha derechizado, va a ser así siempre?
I. U.: La generación de la Transición es más de izquierdas que de derechas y es bipartidista, mientras que la generación más joven es más de derechas que de izquierdas y además es multipartidista. Yo creo que esos elementos se van a solidificar bastante. Es difícil que la gente cambie de ideas a lo largo de la vida. Puede suceder, pero es muy complicado. Y además añadiría una cosa más, y es que ellos van a educar a sus hijos en esos valores. Entonces, creo que es una cosa que tenemos que estudiar con perspectiva. Ha sido un punto de fractura en la sociedad española y en el sistema político español de más profundidad del que creemos. España sigue siendo más de izquierdas que de derechas de media en su conjunto, pero la derecha ha dado un empujón respecto a hace 40 o 50 años. En los ochenta, la derecha en las encuestas llegaba al 18%, luego se situó en torno al 20% más o menos. Ahora está por encima del 30%. Ha crecido más de diez puntos el bloque ideológico de los ochenta, mientras que la izquierda sigue entre el 40% y el 45%, muy estable.

Ignacio Urquizu
Debate, 2026
112 páginas. 13,90 euros
EL PAÍS
