Casi cuatro siglos y más de 1.200 kilómetros los separan. Uno, italiano (toscano para más señas), genio del Renacimiento. Conocido como ‘el divino’, era arquitecto, escultor, pintor, poeta… Para muchos, un héroe, un dios. El otro, francés, padre de la escultura moderna. Cuenta con un museo propio en París, su ciudad natal. Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) y Auguste Rodin (1840-1917) fueron dos maestros indiscutibles de la escultura occidental. Padre e hijo artísticos, hermanos espirituales, almas gemelas…, están unidos por un hilo invisible. Hay en ellos una ambición compartida: visibilizar la energía interior del cuerpo, concebido como envoltura y piel del alma. Este ‘tour de force’ sobre el cuerpo humano podrá verse en el hall Napoleón del Louvre hasta el 20 de julioEl Louvre los confronta , a través de dos centenares de piezas (mármoles, bronces, yesos, esculturas de terracota, moldes, dibujos y obra gráfica), en una espléndida exposición, ‘Miguel Ángel-Rodin. Cuerpos vivos’ , un ‘tour de force’ sobre el cuerpo humano, tema que ambos llegaron a dominar a la perfección, bien esbozado en dibujos o modelado en esculturas. La muestra, que podrá visitarse hasta el 20 de julio en el hall Napoleón del museo, desvela la profunda huella de Miguel Ángel en Rodin, su heredero natural. El arranque de la exposición es antológico: una rotonda de muchos quilates , en la que conviven cinco obras maestras, desnudos masculinos dotados de emoción, energía y vitalidad: dos de Miguel Ángel (el ‘Esclavo moribundo’ y el ‘Esclavo rebelde’, joyas de la colección del Louvre) y tres de Rodin, ‘La Edad de Bronce’, que tiene muchas reminiscencias de ‘El esclavo moribundo’; ‘Jean d’Aire’ y ‘Adán’, del Museo Rodin de París. Se estructura la muestra en torno a cinco secciones que presentan a los dos maestros, sus fuentes de inspiración, su relación con los materiales de creación y sus temas predilectos. Les acompañan artistas coetáneos y seguidores de varias generaciones.Noticia relacionada general No No Investigan si Miguel Ángel quemó sus obras antes de morir Javier Martínez-BrocalLas personalidades de estos gigantes del arte eran bien distintas. De Buonarroti, esbozan sus biógrafos el retrato de un genio no tan ‘divino’ como lo pintan : asocial, arisco, violento, sobrio (siempre vestía de negro), impetuoso, furioso, huraño, irascible, tosco, burdo, solitario, avaro, usurero, codicioso, con un gran ego, arrogante, capaz de enfadar a los siete Papas con los que trabajó. Tenía una nariz chata, deformada a causa del puñetazo que le propinó Pietro Torrigiano. Tuvo una vida de novela: peleas y pleitos familiares, intrigas papales y palaciegas , envidias entre colegas, que llegaban a espiarse para robar sus ideas; engaños a sus mecenas… El amor de su vida fue el aristócrata romano Tommaso de Cavalieri, cuarenta años más joven que él, a quien regalaba poemas y dibujos, y por el que sentía devoción. Fueron tantos sus enemigos como sus admiradores. Destacan también los historiadores del arte su frenesí creativo. Un artista entregado de lleno a su trabajo, abrumado por la fatiga y el sufrimiento, que apenas comía ni dormía… Murió a los 89 años en Roma. Está enterrado en la Santa Croce de Florencia. De arriba abajo, copia del ‘Moisés’ de Miguel Ángel, obra de Felice Adriani, junto a dos obras de Rodin, ‘Soy bella’ y ‘Monumento a Balzac’; ‘Gran sombra’, de Rodin y ‘Apolo vencedor de la serpiente Pitón’, atribuido a Giovanni Francesco Rustici, y ‘Cristo crucificado’, de Miguel Ángel, préstamo de la Casa Buonarroti de Florencia. Afp, Efe y ReutersRodin, por su parte, es retratado como un moderno Miguel Ángel. Dijeron de él: «Es Miguel Ángel con tres siglos más de miseria». Intentó sin éxito ingresar en la Escuela de Bellas Artes: suspendió tres veces el examen de admisión. Nadie es perfecto. «Al principio ansiaba fervientemente ser pintor. ¡Pero, ay!, no tenía suficiente dinero para comprar lienzos y tubos de pintura. Para copiar las Antigüedades, en cambio, solo necesitaba papel y lápices. Pronto desarrollé tal pasión por la escultura que no pensé en otra cosa», explicaba Rodin. Visitante asiduo del Louvre, en sus salas admiraba, y copiaba, las estatuas antiguas y los ‘Esclavos’ de Miguel Ángel. Al igual que éste, era muy temperamental y tenía muy mal carácter. La bailarina Isadora Duncan contó cómo la acosaba Rodin: «Comenzó a amasar mi cuerpo como si fuera arcilla» Era un mujeriego. La bailarina Isadora Duncan fue muy elocuente: «Se acercó. Recorrió mi cuello, mi pecho, acarició mis brazos, deslizó sus dedos por mis caderas, mis piernas desnudas, mis pies descalzos. Comenzó a amasar mi cuerpo como si fuera arcilla». Mantuvo una relación apasionada con Camille Claudel , su discípula y amante. Pero fue Rose Beuret -modelo, amante y madre de sus hijos- la mujer de su vida. En 2018, Rodin ya se midió con Fidias y los frisos del Partenón en una inolvidable exposición en el British Museum. Salió airoso. Y eso que los mármoles de Elgin son un Miura de armas tomar. Falleció en 1917, a los 77 años, en Meudon. Esta muestra es una colaboración entre el Louvre y el Museo Rodin. No es nueva la comparación entre ambos maestros. El primero en hacerla fue el crítico Octave Mirbeau. Stendhal deseaba que naciera un nuevo Miguel Ángel. Y Mirbeau creía haberlo encontrado en Rodin. Los comisarios de la exposición, Chloé Ariot y Marc Bormand, explican que los cuerpos creados por Miguel Ángel y Rodin «están vivos porque rebosan energía». Tres esculturas de Rodin, expuestas en el Louvre: ‘Fugit amor’, ‘Ugolino’ y ‘El pensador’. Afp y EfeEl núcleo de la exposición se centra en lo que parece conectar más profundamente a ambos artistas: la práctica del ‘non finito’ , de lo inacabado , metáfora del acto mismo de la creación. Estética emblemática de las obras de Miguel Ángel, fue reapropiada por Rodin. Buonarroti se negó a restaurar y completar el ‘Torso Belvedere’, reconociendo la plenitud estética del fragmento de una escultura. Rodin fue el primer artista en concebir los torsos como obras en sí mismas, estableciendo así uno de los temas principales de la modernidad en la escultura. Coleccionaba antigüedades, muchas incompletas. Es célebre la concepción que Miguel Ángel tenía de la escultura: pensaba que la obra estaba dentro del bloque de mármol y que él solo debía rescatarla. Se aprecia perfectamente en los ‘Esclavos’ de la Galería de la Academia de Florencia, que parecen esforzarse por liberarse del mármol que los aprisiona. Entre las afinidades de ambos, la obsesión por el cuerpo, una fascinación por Dante, la estética de lo inacabado…No son pocas las afinidades artísticas que la crítica ha destacado entre ambos: la inspiración en la Antigüedad, la capacidad para capturar el movimiento y la expresividad del cuerpo humano, la fascinación compartida por Dante , la estética de lo inacabado… Compartieron inquietudes artísticas, cada uno con sus propias soluciones estilísticas. Los dos tuvieron una larga trayectoria, fueron perseverantes, independientes y con una enorme capacidad de trabajo. Así se aprecia en las historias cruzadas que vemos durante el recorrido de la exposición. Cuerpos cincelados en espléndidas esculturas, pero también esbozados en maravillosos dibujos anatómicos de rostros, escorzos, fragmentos de cuerpos… Es el caso de ‘Cabeza de fauno’, ‘Cabeza de una mujer de perfil’ y ‘Estudio para el drapeado de la Sibila Eritrea’, los tres de Miguel Ángel. Ambos miraron a Dante. Buonarroti pintó ‘El Juicio Final’ -acaba de ser restaurado- en una pared de la Capilla Sixtina, que se sumó al techo de la creación. Rodin esculpió la ‘Puerta del Infierno’. Se muestra una maqueta. Pero también hay otras muchas cosas que los separan. El italiano practicaba, o al menos asistía, a sesiones de disección de cadáveres. El francés solía trabajar con modelos que posaban en largas sesiones. A Miguel Ángel se le conoce como el escultor del mármol. A Rodin, del bronce. Al primero le gustaba la talla directa y liberar la figura del bloque de mármol. El segundo, en cambio, prefería la plasticidad del material maleable, la mano que da forma en lugar del cincel que sustrae. Miguel Ángel persiguió el ideal de belleza humana (creó un nuevo canon que permitió la invención de proporciones y figuras); Rodin expresó los tormentos y las pasiones del alma . Aunque influido por Buonarroti, creó su propio lenguaje artístico, dotando a la escultura de la vida interior del ser humano.Tres dibujos de Miguel Ángel: fragmento de ‘Cabeza de mujer de perfil’, fragmento de ‘Cabeza de fauno’ y ‘Adán y Eva expulsados del Jardín del Edén’. Museo del Louvre, París/British Museum, LondresAmbos protagonizaron polémicas y escándalos . En el caso de Miguel Ángel, en su conmovedora ‘Piedad’, realizada con apenas 20 años, la Virgen fue vista por algunos contemporáneos demasiado joven para ser la madre de Cristo adulto, lo cual suscitaba reservas teológicas, a lo que el artista respondió que la pureza preserva la juventud. Sobre el monumental ‘David’, muchos florentinos encontraron la desnudez del héroe demasiado explícita para una obra expuesta en una plaza pública (durante un tiempo sus genitales fueron tapados con una hoja de higuera; pasó de la Piazza della Signoria a la Galería de la Academia). Para Buonarroti, pintar la Capilla Sixtina fue un calvario. Tuvo sus más y sus menos con Julio II. Ciertos teólogos se conmocionaron por la presencia de cuerpos desnudos en esta capilla. Lo consideran una obscenidad . «No es una obra para la capilla de un papa, sino para los baños públicos», dijo el cardenal y maestro de ceremonias Biagio da Cesena. Miguel Ángel se vengó caricaturizándolo en la Sixtina por criticar los desnudos de sus pinturas. La presencia de figuras de la mitología pagana fue objeto de controversia y también hubo críticas por la figura imberbe de Cristo. Obras de Miguel Ángel y Rodin protagonizaron en vida polémicas y escándalos Rodin tampoco se salvó del escándalo. Expuso ‘La Edad de Bronce’ en el Salón de París de 1877. El realismo de la obra es tal que sus detractores le acusaron de haber modelado la obra sobre el cuerpo del joven soldado. ‘El beso’, representación de dos amantes desnudos y abrazados, fue considerada demasiado erótica para estar expuesta en un espacio público. Y su ‘Monumento a Balzac’, encargado por la Sociedad de Hombres de Letras a iniciativa de Zola, provocó una gran polémica. Considerada irrealista y grotesca, la entregó siete años más tarde de lo acordado.Miguel Ángel no es simplemente una referencia estética para los artistas, sino un símbolo, una figura admirada con fervor casi religioso. El maestro participó activamente en la creación de su mito, convirtiendo su figura en una obra de arte en sí misma. Si en vida fue un héroe, una vez muerto se tornó en un mito. Rodin descubrió a Miguel Ángel durante su viaje a Italia en 1876: visitó en Florencia el Museo del Bargello y las tumbas de los Médici en la Sacristía Nueva de la basílica de San Lorenzo. En una carta a su pareja, Rose Beuret, le cuenta Rodin: «Todas las fotografías de moldes de yeso que he visto no dan idea de la Sacristía de San Lorenzo. Hay que ver estas tumbas de perfil, en vista de tres cuartos. He estado estudiando a Miguel Ángel desde la primera hora que llegué a Florencia y creo que este gran mago me está revelando algunos de sus secretos . Sin embargo, ninguno de sus alumnos, ni sus maestros, hacen lo que él hace. Solo en él reside el secreto». Hizo rápidos estudios de esas obras. Algunos están presentes en la muestra.Estrellas del Ballet de la Ópera de París actuaron dos noches bajo la Pirámide del Louvre, coincidiendo con la inauguración de la muestra. EfePudo ver los bocetos de Miguel Ángel de desnudos viriles conservados en la Casa Buonarroti y en la Galería de la Academia. De la primera se exhibe un precioso ‘Cristo crucificado’, tallado en madera y de pequeñas dimensiones. Ver las esculturas del ‘divino’ in situ, y no a través de fotografías o moldes de yeso, fue para Rodin una epifanía. Una copia del ‘Moisés’ de Miguel Ángel (el original se halla en la iglesia de San Pietro in Vincoli de Roma) se mide con el monumental ‘Balzac’ modelado por Rodin. A unos metros, el estudio de su bata, piel simbólica de su creador. Estrellas del Ballet de la Ópera de París actuaron dos días bajo la Pirámide del Louvre Los dos gozaron en vida de fama y ambos contribuyeron a la construcción de sus propios mitos a través de obras maestras absolutas como el ‘David’, el ‘Moisés’, la ‘Piedad’… (Miguel Ángel) y ‘La puerta del infierno’, ‘El beso’, ‘El pensador’, ‘Los burgueses de Calais’, ‘Balzac’, ‘La mano de Dios’… (Rodin). «¡El deseo! ¡Qué formidable estímulo!» , exclamaba Auguste Rodin. Apasionado de la danza, muchas de sus esculturas presentan equilibrios y desequilibrios, posturas inestables, imposibles, eróticas… El erotismo es una de las representaciones más evidentes de la vitalidad de los cuerpos. Y el artista francés hace gala de él en piezas como ‘Iris’, ‘Las metamorfosis’, ‘Fugit amor’, ‘Galatea’. ‘Dánae’, ‘Ugolino’… Estrellas del Ballet de la Ópera de París actuaron dos días bajo la Pirámide del Louvre. Cuerpos perfectos en acción, como los que cincelaron Buonarroti y Rodin. «Los bailarines son esculturas que cobran vida», advertía a los medios José Carlos Martínez, director de la compañía. Al final de la exposición, ‘Walking a Line’, un vídeo en 3D de Bruce Nauman , en el que el artista camina descalzo a lo largo de una línea, de frente y de espaldas. Su cuerpo se fragmenta. Cada mitad de su cuerpo se mueve independientemente, de forma desincronizada. Junto a él, Joseph Beuys, Giuseppe Penone y Jana Sterbak, ecos contemporáneos del legado de Miguel Ángel y de Rodin, dos genios inmortales. Casi cuatro siglos y más de 1.200 kilómetros los separan. Uno, italiano (toscano para más señas), genio del Renacimiento. Conocido como ‘el divino’, era arquitecto, escultor, pintor, poeta… Para muchos, un héroe, un dios. El otro, francés, padre de la escultura moderna. Cuenta con un museo propio en París, su ciudad natal. Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) y Auguste Rodin (1840-1917) fueron dos maestros indiscutibles de la escultura occidental. Padre e hijo artísticos, hermanos espirituales, almas gemelas…, están unidos por un hilo invisible. Hay en ellos una ambición compartida: visibilizar la energía interior del cuerpo, concebido como envoltura y piel del alma. Este ‘tour de force’ sobre el cuerpo humano podrá verse en el hall Napoleón del Louvre hasta el 20 de julioEl Louvre los confronta , a través de dos centenares de piezas (mármoles, bronces, yesos, esculturas de terracota, moldes, dibujos y obra gráfica), en una espléndida exposición, ‘Miguel Ángel-Rodin. Cuerpos vivos’ , un ‘tour de force’ sobre el cuerpo humano, tema que ambos llegaron a dominar a la perfección, bien esbozado en dibujos o modelado en esculturas. La muestra, que podrá visitarse hasta el 20 de julio en el hall Napoleón del museo, desvela la profunda huella de Miguel Ángel en Rodin, su heredero natural. El arranque de la exposición es antológico: una rotonda de muchos quilates , en la que conviven cinco obras maestras, desnudos masculinos dotados de emoción, energía y vitalidad: dos de Miguel Ángel (el ‘Esclavo moribundo’ y el ‘Esclavo rebelde’, joyas de la colección del Louvre) y tres de Rodin, ‘La Edad de Bronce’, que tiene muchas reminiscencias de ‘El esclavo moribundo’; ‘Jean d’Aire’ y ‘Adán’, del Museo Rodin de París. Se estructura la muestra en torno a cinco secciones que presentan a los dos maestros, sus fuentes de inspiración, su relación con los materiales de creación y sus temas predilectos. Les acompañan artistas coetáneos y seguidores de varias generaciones.Noticia relacionada general No No Investigan si Miguel Ángel quemó sus obras antes de morir Javier Martínez-BrocalLas personalidades de estos gigantes del arte eran bien distintas. De Buonarroti, esbozan sus biógrafos el retrato de un genio no tan ‘divino’ como lo pintan : asocial, arisco, violento, sobrio (siempre vestía de negro), impetuoso, furioso, huraño, irascible, tosco, burdo, solitario, avaro, usurero, codicioso, con un gran ego, arrogante, capaz de enfadar a los siete Papas con los que trabajó. Tenía una nariz chata, deformada a causa del puñetazo que le propinó Pietro Torrigiano. Tuvo una vida de novela: peleas y pleitos familiares, intrigas papales y palaciegas , envidias entre colegas, que llegaban a espiarse para robar sus ideas; engaños a sus mecenas… El amor de su vida fue el aristócrata romano Tommaso de Cavalieri, cuarenta años más joven que él, a quien regalaba poemas y dibujos, y por el que sentía devoción. Fueron tantos sus enemigos como sus admiradores. Destacan también los historiadores del arte su frenesí creativo. Un artista entregado de lleno a su trabajo, abrumado por la fatiga y el sufrimiento, que apenas comía ni dormía… Murió a los 89 años en Roma. Está enterrado en la Santa Croce de Florencia. De arriba abajo, copia del ‘Moisés’ de Miguel Ángel, obra de Felice Adriani, junto a dos obras de Rodin, ‘Soy bella’ y ‘Monumento a Balzac’; ‘Gran sombra’, de Rodin y ‘Apolo vencedor de la serpiente Pitón’, atribuido a Giovanni Francesco Rustici, y ‘Cristo crucificado’, de Miguel Ángel, préstamo de la Casa Buonarroti de Florencia. Afp, Efe y ReutersRodin, por su parte, es retratado como un moderno Miguel Ángel. Dijeron de él: «Es Miguel Ángel con tres siglos más de miseria». Intentó sin éxito ingresar en la Escuela de Bellas Artes: suspendió tres veces el examen de admisión. Nadie es perfecto. «Al principio ansiaba fervientemente ser pintor. ¡Pero, ay!, no tenía suficiente dinero para comprar lienzos y tubos de pintura. Para copiar las Antigüedades, en cambio, solo necesitaba papel y lápices. Pronto desarrollé tal pasión por la escultura que no pensé en otra cosa», explicaba Rodin. Visitante asiduo del Louvre, en sus salas admiraba, y copiaba, las estatuas antiguas y los ‘Esclavos’ de Miguel Ángel. Al igual que éste, era muy temperamental y tenía muy mal carácter. La bailarina Isadora Duncan contó cómo la acosaba Rodin: «Comenzó a amasar mi cuerpo como si fuera arcilla» Era un mujeriego. La bailarina Isadora Duncan fue muy elocuente: «Se acercó. Recorrió mi cuello, mi pecho, acarició mis brazos, deslizó sus dedos por mis caderas, mis piernas desnudas, mis pies descalzos. Comenzó a amasar mi cuerpo como si fuera arcilla». Mantuvo una relación apasionada con Camille Claudel , su discípula y amante. Pero fue Rose Beuret -modelo, amante y madre de sus hijos- la mujer de su vida. En 2018, Rodin ya se midió con Fidias y los frisos del Partenón en una inolvidable exposición en el British Museum. Salió airoso. Y eso que los mármoles de Elgin son un Miura de armas tomar. Falleció en 1917, a los 77 años, en Meudon. Esta muestra es una colaboración entre el Louvre y el Museo Rodin. No es nueva la comparación entre ambos maestros. El primero en hacerla fue el crítico Octave Mirbeau. Stendhal deseaba que naciera un nuevo Miguel Ángel. Y Mirbeau creía haberlo encontrado en Rodin. Los comisarios de la exposición, Chloé Ariot y Marc Bormand, explican que los cuerpos creados por Miguel Ángel y Rodin «están vivos porque rebosan energía». Tres esculturas de Rodin, expuestas en el Louvre: ‘Fugit amor’, ‘Ugolino’ y ‘El pensador’. Afp y EfeEl núcleo de la exposición se centra en lo que parece conectar más profundamente a ambos artistas: la práctica del ‘non finito’ , de lo inacabado , metáfora del acto mismo de la creación. Estética emblemática de las obras de Miguel Ángel, fue reapropiada por Rodin. Buonarroti se negó a restaurar y completar el ‘Torso Belvedere’, reconociendo la plenitud estética del fragmento de una escultura. Rodin fue el primer artista en concebir los torsos como obras en sí mismas, estableciendo así uno de los temas principales de la modernidad en la escultura. Coleccionaba antigüedades, muchas incompletas. Es célebre la concepción que Miguel Ángel tenía de la escultura: pensaba que la obra estaba dentro del bloque de mármol y que él solo debía rescatarla. Se aprecia perfectamente en los ‘Esclavos’ de la Galería de la Academia de Florencia, que parecen esforzarse por liberarse del mármol que los aprisiona. Entre las afinidades de ambos, la obsesión por el cuerpo, una fascinación por Dante, la estética de lo inacabado…No son pocas las afinidades artísticas que la crítica ha destacado entre ambos: la inspiración en la Antigüedad, la capacidad para capturar el movimiento y la expresividad del cuerpo humano, la fascinación compartida por Dante , la estética de lo inacabado… Compartieron inquietudes artísticas, cada uno con sus propias soluciones estilísticas. Los dos tuvieron una larga trayectoria, fueron perseverantes, independientes y con una enorme capacidad de trabajo. Así se aprecia en las historias cruzadas que vemos durante el recorrido de la exposición. Cuerpos cincelados en espléndidas esculturas, pero también esbozados en maravillosos dibujos anatómicos de rostros, escorzos, fragmentos de cuerpos… Es el caso de ‘Cabeza de fauno’, ‘Cabeza de una mujer de perfil’ y ‘Estudio para el drapeado de la Sibila Eritrea’, los tres de Miguel Ángel. Ambos miraron a Dante. Buonarroti pintó ‘El Juicio Final’ -acaba de ser restaurado- en una pared de la Capilla Sixtina, que se sumó al techo de la creación. Rodin esculpió la ‘Puerta del Infierno’. Se muestra una maqueta. Pero también hay otras muchas cosas que los separan. El italiano practicaba, o al menos asistía, a sesiones de disección de cadáveres. El francés solía trabajar con modelos que posaban en largas sesiones. A Miguel Ángel se le conoce como el escultor del mármol. A Rodin, del bronce. Al primero le gustaba la talla directa y liberar la figura del bloque de mármol. El segundo, en cambio, prefería la plasticidad del material maleable, la mano que da forma en lugar del cincel que sustrae. Miguel Ángel persiguió el ideal de belleza humana (creó un nuevo canon que permitió la invención de proporciones y figuras); Rodin expresó los tormentos y las pasiones del alma . Aunque influido por Buonarroti, creó su propio lenguaje artístico, dotando a la escultura de la vida interior del ser humano.Tres dibujos de Miguel Ángel: fragmento de ‘Cabeza de mujer de perfil’, fragmento de ‘Cabeza de fauno’ y ‘Adán y Eva expulsados del Jardín del Edén’. Museo del Louvre, París/British Museum, LondresAmbos protagonizaron polémicas y escándalos . En el caso de Miguel Ángel, en su conmovedora ‘Piedad’, realizada con apenas 20 años, la Virgen fue vista por algunos contemporáneos demasiado joven para ser la madre de Cristo adulto, lo cual suscitaba reservas teológicas, a lo que el artista respondió que la pureza preserva la juventud. Sobre el monumental ‘David’, muchos florentinos encontraron la desnudez del héroe demasiado explícita para una obra expuesta en una plaza pública (durante un tiempo sus genitales fueron tapados con una hoja de higuera; pasó de la Piazza della Signoria a la Galería de la Academia). Para Buonarroti, pintar la Capilla Sixtina fue un calvario. Tuvo sus más y sus menos con Julio II. Ciertos teólogos se conmocionaron por la presencia de cuerpos desnudos en esta capilla. Lo consideran una obscenidad . «No es una obra para la capilla de un papa, sino para los baños públicos», dijo el cardenal y maestro de ceremonias Biagio da Cesena. Miguel Ángel se vengó caricaturizándolo en la Sixtina por criticar los desnudos de sus pinturas. La presencia de figuras de la mitología pagana fue objeto de controversia y también hubo críticas por la figura imberbe de Cristo. Obras de Miguel Ángel y Rodin protagonizaron en vida polémicas y escándalos Rodin tampoco se salvó del escándalo. Expuso ‘La Edad de Bronce’ en el Salón de París de 1877. El realismo de la obra es tal que sus detractores le acusaron de haber modelado la obra sobre el cuerpo del joven soldado. ‘El beso’, representación de dos amantes desnudos y abrazados, fue considerada demasiado erótica para estar expuesta en un espacio público. Y su ‘Monumento a Balzac’, encargado por la Sociedad de Hombres de Letras a iniciativa de Zola, provocó una gran polémica. Considerada irrealista y grotesca, la entregó siete años más tarde de lo acordado.Miguel Ángel no es simplemente una referencia estética para los artistas, sino un símbolo, una figura admirada con fervor casi religioso. El maestro participó activamente en la creación de su mito, convirtiendo su figura en una obra de arte en sí misma. Si en vida fue un héroe, una vez muerto se tornó en un mito. Rodin descubrió a Miguel Ángel durante su viaje a Italia en 1876: visitó en Florencia el Museo del Bargello y las tumbas de los Médici en la Sacristía Nueva de la basílica de San Lorenzo. En una carta a su pareja, Rose Beuret, le cuenta Rodin: «Todas las fotografías de moldes de yeso que he visto no dan idea de la Sacristía de San Lorenzo. Hay que ver estas tumbas de perfil, en vista de tres cuartos. He estado estudiando a Miguel Ángel desde la primera hora que llegué a Florencia y creo que este gran mago me está revelando algunos de sus secretos . Sin embargo, ninguno de sus alumnos, ni sus maestros, hacen lo que él hace. Solo en él reside el secreto». Hizo rápidos estudios de esas obras. Algunos están presentes en la muestra.Estrellas del Ballet de la Ópera de París actuaron dos noches bajo la Pirámide del Louvre, coincidiendo con la inauguración de la muestra. EfePudo ver los bocetos de Miguel Ángel de desnudos viriles conservados en la Casa Buonarroti y en la Galería de la Academia. De la primera se exhibe un precioso ‘Cristo crucificado’, tallado en madera y de pequeñas dimensiones. Ver las esculturas del ‘divino’ in situ, y no a través de fotografías o moldes de yeso, fue para Rodin una epifanía. Una copia del ‘Moisés’ de Miguel Ángel (el original se halla en la iglesia de San Pietro in Vincoli de Roma) se mide con el monumental ‘Balzac’ modelado por Rodin. A unos metros, el estudio de su bata, piel simbólica de su creador. Estrellas del Ballet de la Ópera de París actuaron dos días bajo la Pirámide del Louvre Los dos gozaron en vida de fama y ambos contribuyeron a la construcción de sus propios mitos a través de obras maestras absolutas como el ‘David’, el ‘Moisés’, la ‘Piedad’… (Miguel Ángel) y ‘La puerta del infierno’, ‘El beso’, ‘El pensador’, ‘Los burgueses de Calais’, ‘Balzac’, ‘La mano de Dios’… (Rodin). «¡El deseo! ¡Qué formidable estímulo!» , exclamaba Auguste Rodin. Apasionado de la danza, muchas de sus esculturas presentan equilibrios y desequilibrios, posturas inestables, imposibles, eróticas… El erotismo es una de las representaciones más evidentes de la vitalidad de los cuerpos. Y el artista francés hace gala de él en piezas como ‘Iris’, ‘Las metamorfosis’, ‘Fugit amor’, ‘Galatea’. ‘Dánae’, ‘Ugolino’… Estrellas del Ballet de la Ópera de París actuaron dos días bajo la Pirámide del Louvre. Cuerpos perfectos en acción, como los que cincelaron Buonarroti y Rodin. «Los bailarines son esculturas que cobran vida», advertía a los medios José Carlos Martínez, director de la compañía. Al final de la exposición, ‘Walking a Line’, un vídeo en 3D de Bruce Nauman , en el que el artista camina descalzo a lo largo de una línea, de frente y de espaldas. Su cuerpo se fragmenta. Cada mitad de su cuerpo se mueve independientemente, de forma desincronizada. Junto a él, Joseph Beuys, Giuseppe Penone y Jana Sterbak, ecos contemporáneos del legado de Miguel Ángel y de Rodin, dos genios inmortales.
Casi cuatro siglos y más de 1.200 kilómetros los separan. Uno, italiano (toscano para más señas), genio del Renacimiento. Conocido como ‘el divino’, era arquitecto, escultor, pintor, poeta… Para muchos, un héroe, un dios. El otro, francés, padre de la escultura moderna. Cuenta con … un museo propio en París, su ciudad natal. Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) y Auguste Rodin (1840-1917) fueron dos maestros indiscutibles de la escultura occidental. Padre e hijo artísticos, hermanos espirituales, almas gemelas…, están unidos por un hilo invisible. Hay en ellos una ambición compartida: visibilizar la energía interior del cuerpo, concebido como envoltura y piel del alma.
Este ‘tour de force’ sobre el cuerpo humano podrá verse en el hall Napoleón del Louvre hasta el 20 de julio
El Louvre los confronta, a través de dos centenares de piezas (mármoles, bronces, yesos, esculturas de terracota, moldes, dibujos y obra gráfica), en una espléndida exposición, ‘Miguel Ángel-Rodin. Cuerpos vivos’, un ‘tour de force’ sobre el cuerpo humano, tema que ambos llegaron a dominar a la perfección, bien esbozado en dibujos o modelado en esculturas. La muestra, que podrá visitarse hasta el 20 de julio en el hall Napoleón del museo, desvela la profunda huella de Miguel Ángel en Rodin, su heredero natural.
El arranque de la exposición es antológico: una rotonda de muchos quilates, en la que conviven cinco obras maestras, desnudos masculinos dotados de emoción, energía y vitalidad: dos de Miguel Ángel (el ‘Esclavo moribundo’ y el ‘Esclavo rebelde’, joyas de la colección del Louvre) y tres de Rodin, ‘La Edad de Bronce’, que tiene muchas reminiscencias de ‘El esclavo moribundo’; ‘Jean d’Aire’ y ‘Adán’, del Museo Rodin de París. Se estructura la muestra en torno a cinco secciones que presentan a los dos maestros, sus fuentes de inspiración, su relación con los materiales de creación y sus temas predilectos. Les acompañan artistas coetáneos y seguidores de varias generaciones.
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Javier Martínez-Brocal
Las personalidades de estos gigantes del arte eran bien distintas. De Buonarroti, esbozan sus biógrafos el retrato de un genio no tan ‘divino’ como lo pintan: asocial, arisco, violento, sobrio (siempre vestía de negro), impetuoso, furioso, huraño, irascible, tosco, burdo, solitario, avaro, usurero, codicioso, con un gran ego, arrogante, capaz de enfadar a los siete Papas con los que trabajó. Tenía una nariz chata, deformada a causa del puñetazo que le propinó Pietro Torrigiano.
Tuvo una vida de novela: peleas y pleitos familiares, intrigas papales y palaciegas, envidias entre colegas, que llegaban a espiarse para robar sus ideas; engaños a sus mecenas… El amor de su vida fue el aristócrata romano Tommaso de Cavalieri, cuarenta años más joven que él, a quien regalaba poemas y dibujos, y por el que sentía devoción. Fueron tantos sus enemigos como sus admiradores. Destacan también los historiadores del arte su frenesí creativo. Un artista entregado de lleno a su trabajo, abrumado por la fatiga y el sufrimiento, que apenas comía ni dormía… Murió a los 89 años en Roma. Está enterrado en la Santa Croce de Florencia.
(Afp, Efe y Reuters)
Rodin, por su parte, es retratado como un moderno Miguel Ángel. Dijeron de él: «Es Miguel Ángel con tres siglos más de miseria». Intentó sin éxito ingresar en la Escuela de Bellas Artes: suspendió tres veces el examen de admisión. Nadie es perfecto. «Al principio ansiaba fervientemente ser pintor. ¡Pero, ay!, no tenía suficiente dinero para comprar lienzos y tubos de pintura. Para copiar las Antigüedades, en cambio, solo necesitaba papel y lápices. Pronto desarrollé tal pasión por la escultura que no pensé en otra cosa», explicaba Rodin. Visitante asiduo del Louvre, en sus salas admiraba, y copiaba, las estatuas antiguas y los ‘Esclavos’ de Miguel Ángel. Al igual que éste, era muy temperamental y tenía muy mal carácter.
La bailarina Isadora Duncan contó cómo la acosaba Rodin: «Comenzó a amasar mi cuerpo como si fuera arcilla»
Era un mujeriego. La bailarina Isadora Duncan fue muy elocuente: «Se acercó. Recorrió mi cuello, mi pecho, acarició mis brazos, deslizó sus dedos por mis caderas, mis piernas desnudas, mis pies descalzos. Comenzó a amasar mi cuerpo como si fuera arcilla». Mantuvo una relación apasionada con Camille Claudel, su discípula y amante. Pero fue Rose Beuret -modelo, amante y madre de sus hijos- la mujer de su vida. En 2018, Rodin ya se midió con Fidias y los frisos del Partenón en una inolvidable exposición en el British Museum. Salió airoso. Y eso que los mármoles de Elgin son un Miura de armas tomar. Falleció en 1917, a los 77 años, en Meudon.
Esta muestra es una colaboración entre el Louvre y el Museo Rodin. No es nueva la comparación entre ambos maestros. El primero en hacerla fue el crítico Octave Mirbeau. Stendhal deseaba que naciera un nuevo Miguel Ángel. Y Mirbeau creía haberlo encontrado en Rodin. Los comisarios de la exposición, Chloé Ariot y Marc Bormand, explican que los cuerpos creados por Miguel Ángel y Rodin «están vivos porque rebosan energía».
(Afp y Efe)
El núcleo de la exposición se centra en lo que parece conectar más profundamente a ambos artistas: la práctica del ‘non finito’, de lo inacabado, metáfora del acto mismo de la creación. Estética emblemática de las obras de Miguel Ángel, fue reapropiada por Rodin. Buonarroti se negó a restaurar y completar el ‘Torso Belvedere’, reconociendo la plenitud estética del fragmento de una escultura. Rodin fue el primer artista en concebir los torsos como obras en sí mismas, estableciendo así uno de los temas principales de la modernidad en la escultura. Coleccionaba antigüedades, muchas incompletas. Es célebre la concepción que Miguel Ángel tenía de la escultura: pensaba que la obra estaba dentro del bloque de mármol y que él solo debía rescatarla. Se aprecia perfectamente en los ‘Esclavos’ de la Galería de la Academia de Florencia, que parecen esforzarse por liberarse del mármol que los aprisiona.
Entre las afinidades de ambos, la obsesión por el cuerpo, una fascinación por Dante, la estética de lo inacabado…
No son pocas las afinidades artísticas que la crítica ha destacado entre ambos: la inspiración en la Antigüedad, la capacidad para capturar el movimiento y la expresividad del cuerpo humano, la fascinación compartida por Dante, la estética de lo inacabado… Compartieron inquietudes artísticas, cada uno con sus propias soluciones estilísticas. Los dos tuvieron una larga trayectoria, fueron perseverantes, independientes y con una enorme capacidad de trabajo. Así se aprecia en las historias cruzadas que vemos durante el recorrido de la exposición. Cuerpos cincelados en espléndidas esculturas, pero también esbozados en maravillosos dibujos anatómicos de rostros, escorzos, fragmentos de cuerpos… Es el caso de ‘Cabeza de fauno’, ‘Cabeza de una mujer de perfil’ y ‘Estudio para el drapeado de la Sibila Eritrea’, los tres de Miguel Ángel. Ambos miraron a Dante. Buonarroti pintó ‘El Juicio Final’ -acaba de ser restaurado- en una pared de la Capilla Sixtina, que se sumó al techo de la creación. Rodin esculpió la ‘Puerta del Infierno’. Se muestra una maqueta.
Pero también hay otras muchas cosas que los separan. El italiano practicaba, o al menos asistía, a sesiones de disección de cadáveres. El francés solía trabajar con modelos que posaban en largas sesiones. A Miguel Ángel se le conoce como el escultor del mármol. A Rodin, del bronce. Al primero le gustaba la talla directa y liberar la figura del bloque de mármol. El segundo, en cambio, prefería la plasticidad del material maleable, la mano que da forma en lugar del cincel que sustrae. Miguel Ángel persiguió el ideal de belleza humana (creó un nuevo canon que permitió la invención de proporciones y figuras); Rodin expresó los tormentos y las pasiones del alma. Aunque influido por Buonarroti, creó su propio lenguaje artístico, dotando a la escultura de la vida interior del ser humano.
(Museo del Louvre, París/British Museum, Londres)
Ambos protagonizaron polémicas y escándalos. En el caso de Miguel Ángel, en su conmovedora ‘Piedad’, realizada con apenas 20 años, la Virgen fue vista por algunos contemporáneos demasiado joven para ser la madre de Cristo adulto, lo cual suscitaba reservas teológicas, a lo que el artista respondió que la pureza preserva la juventud. Sobre el monumental ‘David’, muchos florentinos encontraron la desnudez del héroe demasiado explícita para una obra expuesta en una plaza pública (durante un tiempo sus genitales fueron tapados con una hoja de higuera; pasó de la Piazza della Signoria a la Galería de la Academia). Para Buonarroti, pintar la Capilla Sixtina fue un calvario. Tuvo sus más y sus menos con Julio II. Ciertos teólogos se conmocionaron por la presencia de cuerpos desnudos en esta capilla. Lo consideran una obscenidad. «No es una obra para la capilla de un papa, sino para los baños públicos», dijo el cardenal y maestro de ceremonias Biagio da Cesena. Miguel Ángel se vengó caricaturizándolo en la Sixtina por criticar los desnudos de sus pinturas. La presencia de figuras de la mitología pagana fue objeto de controversia y también hubo críticas por la figura imberbe de Cristo.
Obras de Miguel Ángel y Rodin protagonizaron en vida polémicas y escándalos
Rodin tampoco se salvó del escándalo. Expuso ‘La Edad de Bronce’ en el Salón de París de 1877. El realismo de la obra es tal que sus detractores le acusaron de haber modelado la obra sobre el cuerpo del joven soldado. ‘El beso’, representación de dos amantes desnudos y abrazados, fue considerada demasiado erótica para estar expuesta en un espacio público. Y su ‘Monumento a Balzac’, encargado por la Sociedad de Hombres de Letras a iniciativa de Zola, provocó una gran polémica. Considerada irrealista y grotesca, la entregó siete años más tarde de lo acordado.
Miguel Ángel no es simplemente una referencia estética para los artistas, sino un símbolo, una figura admirada con fervor casi religioso. El maestro participó activamente en la creación de su mito, convirtiendo su figura en una obra de arte en sí misma. Si en vida fue un héroe, una vez muerto se tornó en un mito. Rodin descubrió a Miguel Ángel durante su viaje a Italia en 1876: visitó en Florencia el Museo del Bargello y las tumbas de los Médici en la Sacristía Nueva de la basílica de San Lorenzo. En una carta a su pareja, Rose Beuret, le cuenta Rodin: «Todas las fotografías de moldes de yeso que he visto no dan idea de la Sacristía de San Lorenzo. Hay que ver estas tumbas de perfil, en vista de tres cuartos. He estado estudiando a Miguel Ángel desde la primera hora que llegué a Florencia y creo que este gran mago me está revelando algunos de sus secretos. Sin embargo, ninguno de sus alumnos, ni sus maestros, hacen lo que él hace. Solo en él reside el secreto». Hizo rápidos estudios de esas obras. Algunos están presentes en la muestra.
(Efe)
Pudo ver los bocetos de Miguel Ángel de desnudos viriles conservados en la Casa Buonarroti y en la Galería de la Academia. De la primera se exhibe un precioso ‘Cristo crucificado’, tallado en madera y de pequeñas dimensiones. Ver las esculturas del ‘divino’ in situ, y no a través de fotografías o moldes de yeso, fue para Rodin una epifanía. Una copia del ‘Moisés’ de Miguel Ángel (el original se halla en la iglesia de San Pietro in Vincoli de Roma) se mide con el monumental ‘Balzac’ modelado por Rodin. A unos metros, el estudio de su bata, piel simbólica de su creador.
Estrellas del Ballet de la Ópera de París actuaron dos días bajo la Pirámide del Louvre
Los dos gozaron en vida de fama y ambos contribuyeron a la construcción de sus propios mitos a través de obras maestras absolutas como el ‘David’, el ‘Moisés’, la ‘Piedad’… (Miguel Ángel) y ‘La puerta del infierno’, ‘El beso’, ‘El pensador’, ‘Los burgueses de Calais’, ‘Balzac’, ‘La mano de Dios’… (Rodin). «¡El deseo! ¡Qué formidable estímulo!», exclamaba Auguste Rodin. Apasionado de la danza, muchas de sus esculturas presentan equilibrios y desequilibrios, posturas inestables, imposibles, eróticas… El erotismo es una de las representaciones más evidentes de la vitalidad de los cuerpos. Y el artista francés hace gala de él en piezas como ‘Iris’, ‘Las metamorfosis’, ‘Fugit amor’, ‘Galatea’. ‘Dánae’, ‘Ugolino’… Estrellas del Ballet de la Ópera de París actuaron dos días bajo la Pirámide del Louvre. Cuerpos perfectos en acción, como los que cincelaron Buonarroti y Rodin. «Los bailarines son esculturas que cobran vida», advertía a los medios José Carlos Martínez, director de la compañía.
Al final de la exposición, ‘Walking a Line’, un vídeo en 3D de Bruce Nauman, en el que el artista camina descalzo a lo largo de una línea, de frente y de espaldas. Su cuerpo se fragmenta. Cada mitad de su cuerpo se mueve independientemente, de forma desincronizada. Junto a él, Joseph Beuys, Giuseppe Penone y Jana Sterbak, ecos contemporáneos del legado de Miguel Ángel y de Rodin, dos genios inmortales.
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