La tarde nació torcida desde que se confirmó que la ganadería titular, Garcigrande, no tenía una corrida acorde por los problemas en los pitones que lleva arrastrando esta temporada. No era fácil encontrar a estas alturas un encierro de la talla de Morante, pero el milagro del campo escondía un conjunto del Vellosino, esa divisa de la que hace unos años se sacó un cantar imitando el ritmo del anillo de Jennifer Lopez. «¿Y el Vellosino pa cuándo?» Pues para el 11 de septiembre, con una escalera que estrenó Gitano, idóneo para la industria cárnica y muy aparente para la dominical de rejones. Para colmo, aquel zambombo no podía ni con la penca del rabo. Suelto y huido, no ayudó la lidia ni el mitin en banderillas. Todo hacía indicar que el de La Puebla abreviaría, pero obsequió unos zurdazos de quietud, con el magisterio de su técnica, alzando las telas en la despedida para que no se desplomara. Pero con semejante material nada tenía sentido. Y eso que José Antonio es capaz de alegrar por torerías faenas sin toros. No pudo ser esta vez. Ni tampoco con el siguiente. Otra vez sorteó el peor lote, como si la diosa Fortuna se empeñase en llevarse el título a mala aficionada. Más ilusión que realidad en las verónicas al suelto y destartalado cuarto, aunque reverdeció un trébol con ese nosequé de la hondura, de la cadencia y de la espera, con Lombardo frenándose. Ahí quedó una media de categoría y ese inicio para paladear con los ayudados, la trincherilla, el de pecho… «Dale sin miedo, que ese no te coge», dijo la voz de la tontuna. Y Morante movió los dedos y pareció hacer el gesto del ‘baja tú’. Y siguió a lo suyo, que era torear. Más de lo que merecía el justísimo vellosino ofreció. Vaya asco de animal, tan rebrincado, tan asperote, tan deslucido… Y, ojo, que podía echárselo a los lomos. O pegaba un tornillazo o se paraba. Desde este viernes, Lombardo ya aparece en el diccionario como ejemplo de falta de raza. Qué mala aficionada es la diosa Fortuna. Qué mala. El capote de Morante, el birndis de Emilio de Justo a Mario Navas y la izquierda de Miranda Tauroemoción-Sergio MorenoPorque dentro de que no hubo un torazo de bandera, sí los hubo para triunfar. Fue el quinto el de más carbón, el de más fondo para torear. Español II se llamaba el único cinqueño -«¡Ceuta es española!», gritaron- y sacó más fiereza que sus hermanos. Emilio de Justo andaba con la hierba en la boca y lo saludó en la puerta de chiqueros para coser otra larga de rodillas en el tercio. Y de esa guisa arrancó con un afarolado a un animal que demandaba otro inicio de más gobierno. Porque cuando le bajó las telas, Español respondió. No terminó de reducir la velocidad del vellosino en su variada faena, más apasionada que pausada, con cautivadores pases de pecho a la hombrera contraria y con un torero broche por abajo. Caló con ímpetu su labor y paseó el doble trofeo. Otro más había sumado del segundo (se llevó el lote más aparente), con el que se inspiró largamente a una mano. Pese a su escarbadora tendencia, traía otra alegría, y eso que estrellarse contra el burladero no fue la mejor medicina. Tuvo el gesto de brindar a Mario Navas, al que la vida le ha arrebatado este cartel y la confirmación otoñal, pero tiempo habrá: a veces, Dios escribe con renglones torcidos en caminos rectos. En el bolsillo se metió el de Torrejoncillo al público con Celeste, un toro de la Purísima que iba y venía. Aprovechó su inercia en la distancia larga, en series cortitas, sin exigencias, de más acompañar que torear. Lo oxigenó y con esa listeza de no apretarlo logró mantener al noble sabueso en una obra de extenso metraje.Feria de Valladolid Coso del Paseo de Zorrilla Viernes, 11 de septiembre de 2026. Tercera corrida. Lleno. Toros del Vellosino y la Purísima -2º- (sustitutos de los titulares de Garcigrande), desiguales de presencia -muy justos algunos- y juego. Morante de la Puebla, de caldera e hilo blanco: tres pinchazos y estocada desprendida (silencio); estocada (saludos). Emilio de Justo, de blanco y oro: estocada trasera tendida (oreja tras aviso); estocada muy trasera (dos orejas). David de Miranda, de nazareno y oro: estocada desprendida (oreja con fuerte petición de otra); estocada desprendida y tres descabellos (saludos tras aviso).Impecable David de Miranda con el indigno tercero. Era su debut de matador, pero más bien parecía su presentación con caballos. Claro que el sustituto de Navas -al que brindó- nada tuvo que ver en la corridita elegida. Se topó con el tal Panderito y con él presentó sus armas. Despacito parió la verónica y mayestáticas las saltilleras, esperando una eternidad antes de desplegar el capote. Pura entrega, se clavó de rodillas aguantando en un nutrido prólogo. Qué bien le funcionó la cabeza para coser la embestida en redondo y para improvisar una arrucina cuando el del Vellosino se desentendía. Un guiño al litrazo antes de presentar la zurda con el torito repitiendo con buena condición, aunque canino de empuje y poder. Cuando acortó el viaje, el onubense achicó terrenos y agrandó su valor, que es igual con el toro de Pucela que con el de Pamplona. El arrimón, las bernadinas y la estocada desataron una abultada pañolada, pero el palco lo dejó en una solitaria oreja. Tras un tremendo arrimón, el descabello frenó su salida a hombros en el manso y descastado sexto. En volandas se llevaron a De Justo, que mantuvo su romance con Valladolid. La tarde nació torcida desde que se confirmó que la ganadería titular, Garcigrande, no tenía una corrida acorde por los problemas en los pitones que lleva arrastrando esta temporada. No era fácil encontrar a estas alturas un encierro de la talla de Morante, pero el milagro del campo escondía un conjunto del Vellosino, esa divisa de la que hace unos años se sacó un cantar imitando el ritmo del anillo de Jennifer Lopez. «¿Y el Vellosino pa cuándo?» Pues para el 11 de septiembre, con una escalera que estrenó Gitano, idóneo para la industria cárnica y muy aparente para la dominical de rejones. Para colmo, aquel zambombo no podía ni con la penca del rabo. Suelto y huido, no ayudó la lidia ni el mitin en banderillas. Todo hacía indicar que el de La Puebla abreviaría, pero obsequió unos zurdazos de quietud, con el magisterio de su técnica, alzando las telas en la despedida para que no se desplomara. Pero con semejante material nada tenía sentido. Y eso que José Antonio es capaz de alegrar por torerías faenas sin toros. No pudo ser esta vez. Ni tampoco con el siguiente. Otra vez sorteó el peor lote, como si la diosa Fortuna se empeñase en llevarse el título a mala aficionada. Más ilusión que realidad en las verónicas al suelto y destartalado cuarto, aunque reverdeció un trébol con ese nosequé de la hondura, de la cadencia y de la espera, con Lombardo frenándose. Ahí quedó una media de categoría y ese inicio para paladear con los ayudados, la trincherilla, el de pecho… «Dale sin miedo, que ese no te coge», dijo la voz de la tontuna. Y Morante movió los dedos y pareció hacer el gesto del ‘baja tú’. Y siguió a lo suyo, que era torear. Más de lo que merecía el justísimo vellosino ofreció. Vaya asco de animal, tan rebrincado, tan asperote, tan deslucido… Y, ojo, que podía echárselo a los lomos. O pegaba un tornillazo o se paraba. Desde este viernes, Lombardo ya aparece en el diccionario como ejemplo de falta de raza. Qué mala aficionada es la diosa Fortuna. Qué mala. El capote de Morante, el birndis de Emilio de Justo a Mario Navas y la izquierda de Miranda Tauroemoción-Sergio MorenoPorque dentro de que no hubo un torazo de bandera, sí los hubo para triunfar. Fue el quinto el de más carbón, el de más fondo para torear. Español II se llamaba el único cinqueño -«¡Ceuta es española!», gritaron- y sacó más fiereza que sus hermanos. Emilio de Justo andaba con la hierba en la boca y lo saludó en la puerta de chiqueros para coser otra larga de rodillas en el tercio. Y de esa guisa arrancó con un afarolado a un animal que demandaba otro inicio de más gobierno. Porque cuando le bajó las telas, Español respondió. No terminó de reducir la velocidad del vellosino en su variada faena, más apasionada que pausada, con cautivadores pases de pecho a la hombrera contraria y con un torero broche por abajo. Caló con ímpetu su labor y paseó el doble trofeo. Otro más había sumado del segundo (se llevó el lote más aparente), con el que se inspiró largamente a una mano. Pese a su escarbadora tendencia, traía otra alegría, y eso que estrellarse contra el burladero no fue la mejor medicina. Tuvo el gesto de brindar a Mario Navas, al que la vida le ha arrebatado este cartel y la confirmación otoñal, pero tiempo habrá: a veces, Dios escribe con renglones torcidos en caminos rectos. En el bolsillo se metió el de Torrejoncillo al público con Celeste, un toro de la Purísima que iba y venía. Aprovechó su inercia en la distancia larga, en series cortitas, sin exigencias, de más acompañar que torear. Lo oxigenó y con esa listeza de no apretarlo logró mantener al noble sabueso en una obra de extenso metraje.Feria de Valladolid Coso del Paseo de Zorrilla Viernes, 11 de septiembre de 2026. Tercera corrida. Lleno. Toros del Vellosino y la Purísima -2º- (sustitutos de los titulares de Garcigrande), desiguales de presencia -muy justos algunos- y juego. Morante de la Puebla, de caldera e hilo blanco: tres pinchazos y estocada desprendida (silencio); estocada (saludos). Emilio de Justo, de blanco y oro: estocada trasera tendida (oreja tras aviso); estocada muy trasera (dos orejas). David de Miranda, de nazareno y oro: estocada desprendida (oreja con fuerte petición de otra); estocada desprendida y tres descabellos (saludos tras aviso).Impecable David de Miranda con el indigno tercero. Era su debut de matador, pero más bien parecía su presentación con caballos. Claro que el sustituto de Navas -al que brindó- nada tuvo que ver en la corridita elegida. Se topó con el tal Panderito y con él presentó sus armas. Despacito parió la verónica y mayestáticas las saltilleras, esperando una eternidad antes de desplegar el capote. Pura entrega, se clavó de rodillas aguantando en un nutrido prólogo. Qué bien le funcionó la cabeza para coser la embestida en redondo y para improvisar una arrucina cuando el del Vellosino se desentendía. Un guiño al litrazo antes de presentar la zurda con el torito repitiendo con buena condición, aunque canino de empuje y poder. Cuando acortó el viaje, el onubense achicó terrenos y agrandó su valor, que es igual con el toro de Pucela que con el de Pamplona. El arrimón, las bernadinas y la estocada desataron una abultada pañolada, pero el palco lo dejó en una solitaria oreja. Tras un tremendo arrimón, el descabello frenó su salida a hombros en el manso y descastado sexto. En volandas se llevaron a De Justo, que mantuvo su romance con Valladolid.
La tarde nació torcida desde que se confirmó que la ganadería titular, Garcigrande, no tenía una corrida acorde por los problemas en los pitones que lleva arrastrando esta temporada. No era fácil encontrar a estas alturas un encierro de la talla de Morante, pero el … milagro del campo escondía un conjunto del Vellosino, esa divisa de la que hace unos años se sacó un cantar imitando el ritmo del anillo de Jennifer Lopez. «¿Y el Vellosino pa cuándo?» Pues para el 11 de septiembre, con una escalera que estrenó Gitano, idóneo para la industria cárnica y muy aparente para la dominical de rejones. Para colmo, aquel zambombo no podía ni con la penca del rabo. Suelto y huido, no ayudó la lidia ni el mitin en banderillas. Todo hacía indicar que el de La Puebla abreviaría, pero obsequió unos zurdazos de quietud, con el magisterio de su técnica, alzando las telas en la despedida para que no se desplomara. Pero con semejante material nada tenía sentido. Y eso que José Antonio es capaz de alegrar por torerías faenas sin toros. No pudo ser esta vez. Ni tampoco con el siguiente.
Otra vez sorteó el peor lote, como si la diosa Fortuna se empeñase en llevarse el título a mala aficionada. Más ilusión que realidad en las verónicas al suelto y destartalado cuarto, aunque reverdeció un trébol con ese nosequé de la hondura, de la cadencia y de la espera, con Lombardo frenándose. Ahí quedó una media de categoría y ese inicio para paladear con los ayudados, la trincherilla, el de pecho… «Dale sin miedo, que ese no te coge», dijo la voz de la tontuna. Y Morante movió los dedos y pareció hacer el gesto del ‘baja tú’. Y siguió a lo suyo, que era torear. Más de lo que merecía el justísimo vellosino ofreció. Vaya asco de animal, tan rebrincado, tan asperote, tan deslucido… Y, ojo, que podía echárselo a los lomos. O pegaba un tornillazo o se paraba. Desde este viernes, Lombardo ya aparece en el diccionario como ejemplo de falta de raza. Qué mala aficionada es la diosa Fortuna. Qué mala.
(Tauroemoción-Sergio Moreno)
Porque dentro de que no hubo un torazo de bandera, sí los hubo para triunfar. Fue el quinto el de más carbón, el de más fondo para torear. Español II se llamaba el único cinqueño -«¡Ceuta es española!», gritaron- y sacó más fiereza que sus hermanos. Emilio de Justo andaba con la hierba en la boca y lo saludó en la puerta de chiqueros para coser otra larga de rodillas en el tercio. Y de esa guisa arrancó con un afarolado a un animal que demandaba otro inicio de más gobierno. Porque cuando le bajó las telas, Español respondió. No terminó de reducir la velocidad del vellosino en su variada faena, más apasionada que pausada, con cautivadores pases de pecho a la hombrera contraria y con un torero broche por abajo. Caló con ímpetu su labor y paseó el doble trofeo.
Otro más había sumado del segundo (se llevó el lote más aparente), con el que se inspiró largamente a una mano. Pese a su escarbadora tendencia, traía otra alegría, y eso que estrellarse contra el burladero no fue la mejor medicina. Tuvo el gesto de brindar a Mario Navas, al que la vida le ha arrebatado este cartel y la confirmación otoñal, pero tiempo habrá: a veces, Dios escribe con renglones torcidos en caminos rectos. En el bolsillo se metió el de Torrejoncillo al público con Celeste, un toro de la Purísima que iba y venía. Aprovechó su inercia en la distancia larga, en series cortitas, sin exigencias, de más acompañar que torear. Lo oxigenó y con esa listeza de no apretarlo logró mantener al noble sabueso en una obra de extenso metraje.
Feria de Valladolid
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Coso del Paseo de Zorrilla
Viernes, 11 de septiembre de 2026. Tercera corrida. Lleno. Toros del Vellosino y la Purísima -2º- (sustitutos de los titulares de Garcigrande), desiguales de presencia -muy justos algunos- y juego.
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Morante de la Puebla,
de caldera e hilo blanco: tres pinchazos y estocada desprendida (silencio); estocada (saludos). -
Emilio de Justo,
de blanco y oro: estocada trasera tendida (oreja tras aviso); estocada muy trasera (dos orejas). -
David de Miranda,
de nazareno y oro: estocada desprendida (oreja con fuerte petición de otra); estocada desprendida y tres descabellos (saludos tras aviso).
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Impecable David de Miranda con el indigno tercero. Era su debut de matador, pero más bien parecía su presentación con caballos. Claro que el sustituto de Navas -al que brindó- nada tuvo que ver en la corridita elegida. Se topó con el tal Panderito y con él presentó sus armas. Despacito parió la verónica y mayestáticas las saltilleras, esperando una eternidad antes de desplegar el capote. Pura entrega, se clavó de rodillas aguantando en un nutrido prólogo. Qué bien le funcionó la cabeza para coser la embestida en redondo y para improvisar una arrucina cuando el del Vellosino se desentendía. Un guiño al litrazo antes de presentar la zurda con el torito repitiendo con buena condición, aunque canino de empuje y poder. Cuando acortó el viaje, el onubense achicó terrenos y agrandó su valor, que es igual con el toro de Pucela que con el de Pamplona. El arrimón, las bernadinas y la estocada desataron una abultada pañolada, pero el palco lo dejó en una solitaria oreja. Tras un tremendo arrimón, el descabello frenó su salida a hombros en el manso y descastado sexto. En volandas se llevaron a De Justo, que mantuvo su romance con Valladolid.
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