Emilio Lara (Jaén, 1968) acude a la cita con una botella que encierra ‘Un mar de oro verde’ (Ariel), o al menos, medio litro de ese preciado líquido que baña su último libro. El aceite de oliva del coqueto frasco procede de su tierra y no solo trae a su memoria los olivares de su infancia y sus meriendas mojadas en pan. El escritor conoce bien la almazara donde se prensaron las aceitunas y enseguida pasa a contar la historia del lugar con el mismo apasionamiento con el que desgrana el pasado del sabroso ‘oleum’ a lo largo de 400 páginas, entrecruzando mil y un datos curiosos con menciones a películas, canciones o recuerdos personales. «Quería darle ese punto de emoción, que fuera una historia viviente , una historia de amor porque no se ama lo que no se conoce», explica este doctor en Antropología y profesor de Geografía e Historia de enseñanza secundaria, que se aparta de la novela histórica de ‘El relojero de la Puerta del Sol’ o ‘Venus en el espejo’ y de las utopías de ‘ Los colmillos del cielo ‘ para firmar su obra «más personal». De Homero a Miguel Hernández, de Augusto a Mao Tse Tung, de la civilización perdida en Pyrgos (Turquía) al Japón actual, en esta ‘Historia cultural del aceite de oliva’ el pasado y el presente se mezclan en un elixir tan milenario como actual. El aceite de oliva «fue el petróleo de la Antigüedad», asegura, el oro líquido que alimentó el Imperio romano, que aún unge a reyes y sigue inspirando a artistas. «El aceite es uno de los elementos fundamentales de la civilización mediterránea, que pervive hasta el día de hoy, y ha jugado un papel muchísimo más importante que el vino en la historia» sostiene el escritor. «Nos une muchísimo más», continúa, porque «tuvo una mayor importancia económica, geopolítica, cultural y simbólica» y «se extendió mucho más a otras civilizaciones que no tomaban vino». Noticia relacionada No No Crítica de ‘Los colmillos del cielo’, de Emilio Lara: 2.000 años de utopías y sueños rotos Manuel P. VillatoroCon el rigor del divulgador histórico, que ha dedicado más de un año a investigar el rastro del oro verde a lo largo de los siglos, y la prosa del novelista, que captura la atención del lector con sus palabras, Lara se remonta hasta el amanecer del olivo en el Creciente Fértil y a su enigma primigenio. «Cómo aparece el aceite en la historia de la humanidad es como un gran misterio », asegura, porque «está presente en Mesopotamia, pero incluso antes, en territorios del Israel actual, existían almazaras en el Paleolítico Superior».El Mare OleumSi la antigüedad del óleo con el que desayuna cada día le sorprendió cuando comenzó a indagar, su difusión por todo el Mediterráneo con los fenicios, los griegos y, sobre todo, los romanos, le fascinó. « Al Mare Nostrum también podríamos denominarlo el Mare Oleum », propone. El aceite «era el oro líquido de la Antigüedad» y llegó a convertirse en un elemento de la romanización «tan importante como el latín, el derecho o las obras públicas», asegura. En Hispania, el emperador Augusto cambiaría para siempre el paisaje de la Bética, convirtiendo la actual Andalucía en «el surtidor de aceite de todo el Imperio». Hoy, quienes han nacido entre olivos en Sevilla o Jaén, como Lara, se encuentran «extrañamente como en casa» cuando visitan otros países mediterráneos con olivares. El autor de ‘Un mar de oro verde’ define esta «geografía afectiva» en torno al denso líquido como una «patria transnacional» , que hermana a los habitantes de ambas orillas del Mare Nostrum. Y que incluso los une a los que viven en los « Mediterráneos distantes », como él denomina a las regiones de Estados Unidos, China, Japón, Australia, Chile o Argentina, donde actualmente se cultiva el olivo. «Esa civilización mediterránea exitosa en la Antigüedad es un estilo de vida mediterránea exitosa en la actualidad», valora Lara.«El aceite de oliva se ha utilizado desde antiguo en perfumes, fármacos, lámparas o para masajes, así como en rituales religiosos y para ungir a reyes»Además de su saludable uso gastronómico, hoy demostrado en múltiples estudios académicos, el aceite de oliva se ha utilizado desde antiguo en perfumes, fármacos, lámparas o para masajes, así como en rituales religiosos y para ungir a reyes. La antigua tradición, que se remonta a los monarcas de Israel, aún se mantiene en el Reino Unido. Hace apenas tres años, Carlos III de Inglaterra fue ungido en su coronación con aceite procedente del Monte de los Olivos de Jerusalén. En España también perduran otras antiguas costumbres, como la de ‘bautizar’ las campanas de las iglesias con aceite litúrgico, como se hacía en la Edad Media, cuando se creía que con el toque ‘de tentenublo’ se ahuyentaban las tormentas. También el aceite de oliva atravesó periodos de tragos amargos. Según relata Lara, en los inicios de la Inquisición, los cristianos viejos gateaban por los tejados para comprobar si las chimeneas desprendían olor a aceite. «Se asociaba a judíos y a musulmanes que evitaban la manteca de cerdo con la que cocinaban los cristianos, y quienes atufaban a fritanga de aceite de oliva eran vistos con malos ojos».Los andalusíes recogieron la herencia romana del aceite y, con el tiempo, el jabón de Castilla lavó a toda Europa durante la Edad Moderna. «Fue una de las grandes exportaciones de España a finales de la Edad Media y la Edad Moderna, junto con la lana merina», asegura el escritor. De tal forma se identificó con el Imperio español que, según recuerda el escritor, Oliver Cromwell prohibió la importación de jabón de Castilla en Inglaterra por considerarlo papista y católico.En su libro, Emilio Lara se sirve de continuas encrucijadas para viajar al pasado y rápidamente volver al presente para «ver cómo la historia vive en nosotros». Sus referencias a los olivos del Getsemaní bíblico, al jardín botánico de Carlos III o a los olivares que cultivaron los franciscanos españoles en California se entremezclan así en ‘Un mar de oro verde’ con reflexiones sobre películas y canciones populares, sobre los actuales spas o sobre las propiedades benéficas del aceite de oliva. «Es lo más parecido que hay en la naturaleza al elixir de la eterna juventud », resalta. Ya sea dorado, o del color verde que otorga otro tipo de aceituna y que tanto le gusta a Lara. «Los buenos aceites son manjares saludables que también deberían venderse en farmacia», sostiene el novelista, que acostumbra a regalar una botella de aceite de oliva virgen extra como una especie de presente diplomático. Salud e historia en «una ricura de botica». Emilio Lara (Jaén, 1968) acude a la cita con una botella que encierra ‘Un mar de oro verde’ (Ariel), o al menos, medio litro de ese preciado líquido que baña su último libro. El aceite de oliva del coqueto frasco procede de su tierra y no solo trae a su memoria los olivares de su infancia y sus meriendas mojadas en pan. El escritor conoce bien la almazara donde se prensaron las aceitunas y enseguida pasa a contar la historia del lugar con el mismo apasionamiento con el que desgrana el pasado del sabroso ‘oleum’ a lo largo de 400 páginas, entrecruzando mil y un datos curiosos con menciones a películas, canciones o recuerdos personales. «Quería darle ese punto de emoción, que fuera una historia viviente , una historia de amor porque no se ama lo que no se conoce», explica este doctor en Antropología y profesor de Geografía e Historia de enseñanza secundaria, que se aparta de la novela histórica de ‘El relojero de la Puerta del Sol’ o ‘Venus en el espejo’ y de las utopías de ‘ Los colmillos del cielo ‘ para firmar su obra «más personal». De Homero a Miguel Hernández, de Augusto a Mao Tse Tung, de la civilización perdida en Pyrgos (Turquía) al Japón actual, en esta ‘Historia cultural del aceite de oliva’ el pasado y el presente se mezclan en un elixir tan milenario como actual. El aceite de oliva «fue el petróleo de la Antigüedad», asegura, el oro líquido que alimentó el Imperio romano, que aún unge a reyes y sigue inspirando a artistas. «El aceite es uno de los elementos fundamentales de la civilización mediterránea, que pervive hasta el día de hoy, y ha jugado un papel muchísimo más importante que el vino en la historia» sostiene el escritor. «Nos une muchísimo más», continúa, porque «tuvo una mayor importancia económica, geopolítica, cultural y simbólica» y «se extendió mucho más a otras civilizaciones que no tomaban vino». Noticia relacionada No No Crítica de ‘Los colmillos del cielo’, de Emilio Lara: 2.000 años de utopías y sueños rotos Manuel P. VillatoroCon el rigor del divulgador histórico, que ha dedicado más de un año a investigar el rastro del oro verde a lo largo de los siglos, y la prosa del novelista, que captura la atención del lector con sus palabras, Lara se remonta hasta el amanecer del olivo en el Creciente Fértil y a su enigma primigenio. «Cómo aparece el aceite en la historia de la humanidad es como un gran misterio », asegura, porque «está presente en Mesopotamia, pero incluso antes, en territorios del Israel actual, existían almazaras en el Paleolítico Superior».El Mare OleumSi la antigüedad del óleo con el que desayuna cada día le sorprendió cuando comenzó a indagar, su difusión por todo el Mediterráneo con los fenicios, los griegos y, sobre todo, los romanos, le fascinó. « Al Mare Nostrum también podríamos denominarlo el Mare Oleum », propone. El aceite «era el oro líquido de la Antigüedad» y llegó a convertirse en un elemento de la romanización «tan importante como el latín, el derecho o las obras públicas», asegura. En Hispania, el emperador Augusto cambiaría para siempre el paisaje de la Bética, convirtiendo la actual Andalucía en «el surtidor de aceite de todo el Imperio». Hoy, quienes han nacido entre olivos en Sevilla o Jaén, como Lara, se encuentran «extrañamente como en casa» cuando visitan otros países mediterráneos con olivares. El autor de ‘Un mar de oro verde’ define esta «geografía afectiva» en torno al denso líquido como una «patria transnacional» , que hermana a los habitantes de ambas orillas del Mare Nostrum. Y que incluso los une a los que viven en los « Mediterráneos distantes », como él denomina a las regiones de Estados Unidos, China, Japón, Australia, Chile o Argentina, donde actualmente se cultiva el olivo. «Esa civilización mediterránea exitosa en la Antigüedad es un estilo de vida mediterránea exitosa en la actualidad», valora Lara.«El aceite de oliva se ha utilizado desde antiguo en perfumes, fármacos, lámparas o para masajes, así como en rituales religiosos y para ungir a reyes»Además de su saludable uso gastronómico, hoy demostrado en múltiples estudios académicos, el aceite de oliva se ha utilizado desde antiguo en perfumes, fármacos, lámparas o para masajes, así como en rituales religiosos y para ungir a reyes. La antigua tradición, que se remonta a los monarcas de Israel, aún se mantiene en el Reino Unido. Hace apenas tres años, Carlos III de Inglaterra fue ungido en su coronación con aceite procedente del Monte de los Olivos de Jerusalén. En España también perduran otras antiguas costumbres, como la de ‘bautizar’ las campanas de las iglesias con aceite litúrgico, como se hacía en la Edad Media, cuando se creía que con el toque ‘de tentenublo’ se ahuyentaban las tormentas. También el aceite de oliva atravesó periodos de tragos amargos. Según relata Lara, en los inicios de la Inquisición, los cristianos viejos gateaban por los tejados para comprobar si las chimeneas desprendían olor a aceite. «Se asociaba a judíos y a musulmanes que evitaban la manteca de cerdo con la que cocinaban los cristianos, y quienes atufaban a fritanga de aceite de oliva eran vistos con malos ojos».Los andalusíes recogieron la herencia romana del aceite y, con el tiempo, el jabón de Castilla lavó a toda Europa durante la Edad Moderna. «Fue una de las grandes exportaciones de España a finales de la Edad Media y la Edad Moderna, junto con la lana merina», asegura el escritor. De tal forma se identificó con el Imperio español que, según recuerda el escritor, Oliver Cromwell prohibió la importación de jabón de Castilla en Inglaterra por considerarlo papista y católico.En su libro, Emilio Lara se sirve de continuas encrucijadas para viajar al pasado y rápidamente volver al presente para «ver cómo la historia vive en nosotros». Sus referencias a los olivos del Getsemaní bíblico, al jardín botánico de Carlos III o a los olivares que cultivaron los franciscanos españoles en California se entremezclan así en ‘Un mar de oro verde’ con reflexiones sobre películas y canciones populares, sobre los actuales spas o sobre las propiedades benéficas del aceite de oliva. «Es lo más parecido que hay en la naturaleza al elixir de la eterna juventud », resalta. Ya sea dorado, o del color verde que otorga otro tipo de aceituna y que tanto le gusta a Lara. «Los buenos aceites son manjares saludables que también deberían venderse en farmacia», sostiene el novelista, que acostumbra a regalar una botella de aceite de oliva virgen extra como una especie de presente diplomático. Salud e historia en «una ricura de botica».
Emilio Lara (Jaén, 1968) acude a la cita con una botella que encierra ‘Un mar de oro verde’ (Ariel), o al menos, medio litro de ese preciado líquido que baña su último libro. El aceite de oliva del coqueto frasco procede de su tierra … y no solo trae a su memoria los olivares de su infancia y sus meriendas mojadas en pan. El escritor conoce bien la almazara donde se prensaron las aceitunas y enseguida pasa a contar la historia del lugar con el mismo apasionamiento con el que desgrana el pasado del sabroso ‘oleum’ a lo largo de 400 páginas, entrecruzando mil y un datos curiosos con menciones a películas, canciones o recuerdos personales.
«Quería darle ese punto de emoción, que fuera una historia viviente, una historia de amor porque no se ama lo que no se conoce», explica este doctor en Antropología y profesor de Geografía e Historia de enseñanza secundaria, que se aparta de la novela histórica de ‘El relojero de la Puerta del Sol’ o ‘Venus en el espejo’ y de las utopías de ‘Los colmillos del cielo‘ para firmar su obra «más personal».
De Homero a Miguel Hernández, de Augusto a Mao Tse Tung, de la civilización perdida en Pyrgos (Turquía) al Japón actual, en esta ‘Historia cultural del aceite de oliva’ el pasado y el presente se mezclan en un elixir tan milenario como actual. El aceite de oliva «fue el petróleo de la Antigüedad», asegura, el oro líquido que alimentó el Imperio romano, que aún unge a reyes y sigue inspirando a artistas. «El aceite es uno de los elementos fundamentales de la civilización mediterránea, que pervive hasta el día de hoy, y ha jugado un papel muchísimo más importante que el vino en la historia» sostiene el escritor. «Nos une muchísimo más», continúa, porque «tuvo una mayor importancia económica, geopolítica, cultural y simbólica» y «se extendió mucho más a otras civilizaciones que no tomaban vino».
Con el rigor del divulgador histórico, que ha dedicado más de un año a investigar el rastro del oro verde a lo largo de los siglos, y la prosa del novelista, que captura la atención del lector con sus palabras, Lara se remonta hasta el amanecer del olivo en el Creciente Fértil y a su enigma primigenio. «Cómo aparece el aceite en la historia de la humanidad es como un gran misterio», asegura, porque «está presente en Mesopotamia, pero incluso antes, en territorios del Israel actual, existían almazaras en el Paleolítico Superior».
El Mare Oleum
Si la antigüedad del óleo con el que desayuna cada día le sorprendió cuando comenzó a indagar, su difusión por todo el Mediterráneo con los fenicios, los griegos y, sobre todo, los romanos, le fascinó. «Al Mare Nostrum también podríamos denominarlo el Mare Oleum», propone. El aceite «era el oro líquido de la Antigüedad» y llegó a convertirse en un elemento de la romanización «tan importante como el latín, el derecho o las obras públicas», asegura.
En Hispania, el emperador Augusto cambiaría para siempre el paisaje de la Bética, convirtiendo la actual Andalucía en «el surtidor de aceite de todo el Imperio». Hoy, quienes han nacido entre olivos en Sevilla o Jaén, como Lara, se encuentran «extrañamente como en casa» cuando visitan otros países mediterráneos con olivares. El autor de ‘Un mar de oro verde’ define esta «geografía afectiva» en torno al denso líquido como una «patria transnacional», que hermana a los habitantes de ambas orillas del Mare Nostrum. Y que incluso los une a los que viven en los «Mediterráneos distantes», como él denomina a las regiones de Estados Unidos, China, Japón, Australia, Chile o Argentina, donde actualmente se cultiva el olivo. «Esa civilización mediterránea exitosa en la Antigüedad es un estilo de vida mediterránea exitosa en la actualidad», valora Lara.
«El aceite de oliva se ha utilizado desde antiguo en perfumes, fármacos, lámparas o para masajes, así como en rituales religiosos y para ungir a reyes»
Además de su saludable uso gastronómico, hoy demostrado en múltiples estudios académicos, el aceite de oliva se ha utilizado desde antiguo en perfumes, fármacos, lámparas o para masajes, así como en rituales religiosos y para ungir a reyes. La antigua tradición, que se remonta a los monarcas de Israel, aún se mantiene en el Reino Unido. Hace apenas tres años, Carlos III de Inglaterra fue ungido en su coronación con aceite procedente del Monte de los Olivos de Jerusalén. En España también perduran otras antiguas costumbres, como la de ‘bautizar’ las campanas de las iglesias con aceite litúrgico, como se hacía en la Edad Media, cuando se creía que con el toque ‘de tentenublo’ se ahuyentaban las tormentas.
También el aceite de oliva atravesó periodos de tragos amargos. Según relata Lara, en los inicios de la Inquisición, los cristianos viejos gateaban por los tejados para comprobar si las chimeneas desprendían olor a aceite. «Se asociaba a judíos y a musulmanes que evitaban la manteca de cerdo con la que cocinaban los cristianos, y quienes atufaban a fritanga de aceite de oliva eran vistos con malos ojos».
Los andalusíes recogieron la herencia romana del aceite y, con el tiempo, el jabón de Castilla lavó a toda Europa durante la Edad Moderna. «Fue una de las grandes exportaciones de España a finales de la Edad Media y la Edad Moderna, junto con la lana merina», asegura el escritor. De tal forma se identificó con el Imperio español que, según recuerda el escritor, Oliver Cromwell prohibió la importación de jabón de Castilla en Inglaterra por considerarlo papista y católico.
En su libro, Emilio Lara se sirve de continuas encrucijadas para viajar al pasado y rápidamente volver al presente para «ver cómo la historia vive en nosotros». Sus referencias a los olivos del Getsemaní bíblico, al jardín botánico de Carlos III o a los olivares que cultivaron los franciscanos españoles en California se entremezclan así en ‘Un mar de oro verde’ con reflexiones sobre películas y canciones populares, sobre los actuales spas o sobre las propiedades benéficas del aceite de oliva. «Es lo más parecido que hay en la naturaleza al elixir de la eterna juventud», resalta. Ya sea dorado, o del color verde que otorga otro tipo de aceituna y que tanto le gusta a Lara. «Los buenos aceites son manjares saludables que también deberían venderse en farmacia», sostiene el novelista, que acostumbra a regalar una botella de aceite de oliva virgen extra como una especie de presente diplomático. Salud e historia en «una ricura de botica».
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