J Kbello (Cádiz, 28 años) casi muere al nacer. El cantante cogió una mononucleosis en la cuarentena y estuvo malísimo durante mucho tiempo. De sus primeros cinco años de vida solo se acuerda de las recaídas, las constantes visitas a los médicos y la preocupación de su madre. Pero un día se curó, empezó a bailar y ya no paró. “Me llamaban maricón porque me gustaba bailar. Me lo decían constantemente y a mí me daba igual”, recuerda de su infancia en la Barriada de la Paz, histórico barrio obrero gaditano. “En Andalucía se usa mucho el ‘maricona’ como insulto, pero para mí nunca ha sido algo despectivo. Nunca me ha parecido un insulto que me llamen maricón porque me crié en una familia muy abierta. No me lo decían con maldad, me lo decían porque era lo que oían en sus casas”.
El cantante no ha parado de trabajar desde su participación en el Benidorm Fest 2025. Ahora, es el favorito para ganar ‘Tu cara me suena’ y prepara el lanzamiento de su EP, ‘Anemoia’. “Tengo la suficiente voz y talento como para no depender de mi físico”, asegura
J Kbello (Cádiz, 28 años) casi muere al nacer. El cantante cogió una mononucleosis en la cuarentena y estuvo malísimo durante mucho tiempo. De sus primeros cinco años de vida solo se acuerda de las recaídas, las constantes visitas a los médicos y la preocupación de su madre. Pero un día se curó, empezó a bailar y ya no paró. “Me llamaban maricón porque me gustaba bailar. Me lo decían constantemente y a mí me daba igual”, recuerda de su infancia en la Barriada de la Paz, histórico barrio obrero gaditano. “En Andalucía se usa mucho el ‘maricona’ como insulto, pero para mí nunca ha sido algo despectivo. Nunca me ha parecido un insulto que me llamen maricón porque me crié en una familia muy abierta. No me lo decían con maldad, me lo decían porque era lo que oían en sus casas”.
Hijo de un camionero con un pasado como actor de teatro y de una ama de casa fascinada con las drag queensy los carnavales de Canarias, Jesús Cabello [ese su verdadero nombre] creció en un hogar de gente trabajadora y libre, una casa sin privilegios, pero llena de amor y referentes. “Tengo muchísima energía femenina porque me he criado con mujeres: mi madre, mi abuela, mi tía…”, explica. “Por eso visto como me da la gana, me muevo como me da la gana y bailo como me da la gana”.
El fin de semana pasado, actuó durante los festejos del Orgullo de Madrid y participó en la manifestación desfilando en la carroza de RTVE. “Reivindicar el Orgullo es responsabilidad de los que forman parte del colectivo y de los que no forman parte también”, apunta. Dice que el 90 o 95 por ciento de sus amigos son gais o bisexuales. “Llevo bailando toda la vida y en el mundo del baile hay muchas personas del colectivo. Están en mi vida desde pequeño”.
J Kbello sabe que gusta por igual a hombres y mujeres. “Y me gusta gustar. A todo el mundo le gusta, ¿no?”, reconoce. Cuida mucho su pelo, su forma de vestir y su cuerpo. “Si entreno es para dar el cien por cien de mí sobre un escenario. Mido un metro ochenta y peso entre noventa y noventa y cinco kilos. Soy ancho y necesito estar en forma para que el cuerpo aguante. Pero tengo la suficiente voz y talento como para no depender de mi físico. Mi aspecto, mi ropa y mis tatuajes son formas de expresión, pero no dependo de ello”.

Hubo un momento en su adolescencia en que tuvo dudas sobre su vocación de bailarín. No era fácil querer ser artista en la Barriada de la Paz. “Nunca he sido un chico malo, aunque reconozco que tuve malas compañías, malas influencias. Me metía en mil líos y estaba constantemente castigado por mi madre. En un barrio como el mío tenías que saber dónde ibas, con quién y con quién no. Ahí entiendes realmente el lenguaje de la calle, que es el del respeto. En mi barrio, si respetabas a los demás, no te pasaba nada malo”.
Dejó de bailar durante un tiempo y empezó a jugar al fútbol. Su familia también le aconsejó que se sacara un título, así que hizo un curso de soldador y otro de entrenador personal. Trabajó además como montador de muebles, conductor, repartidor de paquetes, camarero y animador infantil. “Pero el baile era lo que más me llenaba. En el fondo siempre supe que donde mejor me siento es sobre un escenario”, explica.
Al final, volvió a bailar. Con 16 años se puso a trabajar como profesor de danza mientras cursaba el bachillerato de Artes Escénicas. Tenía buena conducta en el instituto, pero sacaba malas notas. Su prioridad era trabajar, ganar pasta. “Yo tenía necesidad de no pedirle dinero a mis padres, que curraban muy duro”. Los chavales que antes se metían con él y lo llamaban maricón empezaron a pedirle consejos para ligar en la pista de las discotecas.
Más o menos a esa edad, también descubrió que podía cantar. Se dio cuenta participando en una obra benéfica en Cádiz, en una versión del musical Chicago. “Éramos como treinta en el elenco, pero el protagonista no sabía cantar. El único que más o menos entonaba era yo”. Así es como empezó a actuar con orquestas. Ganaba poco dinero, pero suficiente para poder independizarse. “Siempre he podido malvivir de lo que me gusta”.
Con 17 años se fue de la casa de sus padres para vivir con su novia. Con 19, fue padre. “Ese fue un punto de inflexión. La madre de mi hijo y yo dijimos: ‘Vamos para adelante’. Siempre fui muy maduro”, recuerda. Su hijo, Mateo, nació un 31 de diciembre. Esa tarde, J Kbello estaba haciendo una función tributo a La bella y la bestia, así que entró en el paritorio disfrazado de Gastón: “Maquillado y con la coleta puesta. Tendrías que haber visto las caras de los médicos. Fue bastante increíble”.
Cuando tuvo a Mateo en sus brazos por primera vez, lo invadió un miedo terrible. Pero también dice que sintió una enorme responsabilidad. “Desde entonces, mi hijo es mi prioridad. Yo tengo que ser un ejemplo para él. Gracias a él tengo lo que tengo. Si no lo hubiera tenido con 20 años, yo creo que no habría acabado bien. No estaría aquí. Lo pienso muchas veces: a saber dónde estaría ahora si él no hubiera nacido”.
Hace unos años se separó de la madre de su hijo. Aclara que tienen “buen rollo” y que ella lo ayuda a conciliar la paternidad con su carrera de artista. Su primera gran oportunidad profesional llegó con el programa musical Cover Night de La 1, en 2023. Pero el gran vuelco en su carrera ocurrió hace poco más de un año, con el Benidorm Fest 2025. “Me dieron un adelanto, que no era mucho dinero, y dejé mi trabajo en la orquesta. Yo me la jugué”.
Llegó hasta la final del festival y quedó en tercer puesto con V.I.P., un tema originalmente compuesto para Blas Cantó. Reconoce que valió la pena. No ha parado de trabajar desde su participación en el Benidorm. Ahora es una de las revelaciones de la última edición de Tu cara me suena, el exitoso talent show de imitaciones de Antena 3 que marca un 20% de share los viernes por la noche. Acaba de pasar a la final —que se celebrará el próximo viernes 17 de julio— y es el favorito para ganar el concurso. Sus imitaciones de Lady Gaga, Elvis Presley o Imagine Dragons se han viralizado en las redes sociales.
“La gente es muy fan del trabajo que hago en Tu cara me suena, pero yo tengo mi propio proyecto y tengo que trabajar duro para darlo a conocer”, reconoce. Acaba de lanzar el sencillo Shoke, un tema veraniego y bailable en el que habla del momento personal que está atravesando: no buscaba una relación ni esperaba nada y de repente ha conocido a una persona. La canción es un adelanto de su próximo EP, titulado Anemoia, que publicará después del verano con el sello discográfico de Blas Cantó.
“Estaba a punto de dejar la música por una mala experiencia con una discográfica que me había engañado. Lo estaba pasando muy mal. Incluso tuve que pedir unos préstamos para pagar cosas que yo no había hecho mal. Y entonces apareció Blas”, recuerda. “Me ofreció fichar por el sello que ha fundado. Me leyó el contrato de principio a fin en la mesa de su casa y desde entonces, desde hace un año y pico, estamos trabajando juntos. Estoy feliz, no quiero trabajar con nadie más”.
Le está yendo tan bien que se está comprando su primera casa con su novia. “Ella es enfermera y tiene un sueldo fijo y yo soy artista, así que a veces pienso: ‘¿Llegará el momento en el que no pueda pagar esto?’ Todos los que somos artistas siempre tenemos esa duda. Este es un trabajo sin ningún tipo de seguridad. No trabajamos para el Estado ni para una empresa, no tenemos un sueldo fijo. Vivimos de lo que ganamos cantando. Mi producto soy yo y tengo que invertir en mí, en mis cuidados vocales, en mis cuidados físicos y en mi imagen”.
No quiere quejarse porque sabe que no hay muchos chavales de 28 años con su suerte. “A mis amigos y primos les cuesta pagar el alquiler. ¿Quién se puede permitir un alquiler hoy ganando 1.300 euros? Los precios en Cádiz ya son como en Madrid, pero los sueldos no son como aquí. La gente trabajadora ya no puede pagar un piso en Cádiz y se está yendo fuera. Yo, sin ir más lejos, vivo en un pueblito. No puedo comprarme un pisito en el centro”.
Lo del pisito en el centro tampoco le importa demasiado. Se contenta con vivir de su música, pagar la hipoteca de su casa y pasar tiempo de calidad con su hijo y su novia, que ha venido con él a la entrevista. “Lo que más le llamó la atención de mí cuando nos conocimos fue mi libertad. No tengo miedo a expresarme y ella no estaba acostumbrada a salir con un hombre así. No entiendo cómo la gente no es libre, si mañana nos podemos morir”. Él, que recién nacido estuvo a punto de perder la vida, lo sabe mejor que nadie: “Hay que disfrutar y ser uno mismo porque solo tenemos una vida. Me estoy poniendo un poco intenso, ¿no? Es que es una pena vivir pensando en lo que opinan los demás”.
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