La historia parece de telenovela, pero ocurrió en Vigo. Una pareja tenía listo el divorcio, solo faltaban las firmas. Por un giro del destino —o del guion—, la mujer y su esposo empezaron a ver La reina del flow, una serie que mezcla el melodrama de los culebrones con el reguetón. Esto los “volvió a unir”. O eso contó la fan a algunos de los protagonistas de esta producción colombiana que Netflix llevó a hogares de todo el mundo. Ahora, dicen ellos, han “atravesado los píxeles de la pantalla y la resolución HD”. Han “saltado al escenario” con una gira por España que abarrota algunos de los principales recintos del país y ya supera 120.000 entradas vendidas. Una historia que, esta vez, sí salió de la televisión.
La historia parece de telenovela, pero ocurrió en Vigo. Una pareja tenía listo el divorcio, solo faltaban las firmas. Por un giro del destino —o del guion—, la mujer y su esposo empezaron a ver La reina del flow, una serie que mezcla el melodrama de los culebrones con el reguetón. Esto los “volvió a unir”. O eso contó la fan a algunos de los protagonistas de esta producción colombiana que Netflix llevó a hogares de todo el mundo. Ahora, dicen ellos, han “atravesado los píxeles de la pantalla y la resolución HD”. Han “saltado al escenario” con una gira por España que abarrota algunos de los principales recintos del país y ya supera 120.000 entradas vendidas. Una historia que, esta vez, sí salió de la televisión. Seguir leyendo
La historia parece de telenovela, pero ocurrió en Vigo. Una pareja tenía listo el divorcio, solo faltaban las firmas. Por un giro del destino —o del guion—, la mujer y su esposo empezaron a ver La reina del flow, una serie que mezcla el melodrama de los culebrones con el reguetón. Esto los “volvió a unir”. O eso contó la fan a algunos de los protagonistas de esta producción colombiana que Netflix llevó a hogares de todo el mundo. Ahora, dicen ellos, han “atravesado los píxeles de la pantalla y la resolución HD”. Han “saltado al escenario” con una gira por España que abarrota algunos de los principales recintos del país y ya supera 120.000 entradas vendidas. Una historia que, esta vez, sí salió de la televisión.
El paso de la pantalla al escenario se tradujo en el grito de unas 17.000 personas —de todas las edades— con solo proyectar algunas secuencias de la serie en el Movistar Arena de Madrid. La cita del 2 de julio, una de las 11 fechas de la gira en España, convirtió el recinto en un punto de encuentro entre concierto y ficción televisiva. Algo más cercano a un capítulo en directo de La reina del flow. “Es una ilusión para el público ver a los personajes y nosotros estamos de una u otra manera interpretándolos”, cuentan a EL PAÍS un día antes de agotar las entradas en la capital española. Antes, el espectáculo pasó por ciudades como A Coruña, Sevilla. Y tras su paso por la capital, la gira continuó por Tenerife, Valencia y Gran Canaria, y encara sus últimas fechas en Barcelona este sábado y Cádiz (17).

“Es algo mágico que tanto nosotros como el público vivimos de manera indescriptible”, cuenta el elenco en un hotel céntrico de Madrid. Afuera, decenas de fans se asoman probando suerte de ver a uno o al reparto: Juan Manuel Restrepo (Pez Koi), Kevin Bury (Cris Vega), Jay Torres (Yoni Trejos), María José Vargas (Yeimy Montoya), Juan Palau, liderados por Carlos Torres (Charly Flow). Para todos, “fue una sorpresa” que La reina del flow llegara tan lejos desde la primera temporada. “Nadie le apostaba en ese momento al reguetón en una telenovela”, explican, “porque hace nueve años, en Colombia, la televisión era muy tradicional”.
Era un proyecto más, dicen, “tan normal como ir a trabajar y volver a casa”. Antes de convertirse en un triunfo internacional, La reina del flow se emitió en la cadena colombiana que la desarrolló, Caracol Televisión. Después llegó Netflix con el lanzamiento de una segunda temporada y “¡pum!, el hit mundial, brother”. La telenovela terminó por convertirse en un éxito de audiencia de la plataforma de streaming, que en los países de habla hispana llegó a rivalizar —en cuanto a número de espectadores— con producciones como The Witcher, Lupin, Gambito de dama, The Crown o Dark. “Es una locura lo que pasa con esta serie y sigue sorprendiéndonos a diario”, expresan.

La serie reúne los ingredientes clásicos de las telenovelas —ya sean coreanas, latinoamericanas, españolas o tan a la orden del día como las turcas—: pasiones hipertrofiadas, venganzas y ambiciones de los personajes con giros inverosímiles al final de cada episodio. Sin embargo, “no hay una fórmula” como tal, explican los protagonistas. En La reina del flow hablan “de sueños, de barrio, de Medellín [donde ocurre la mayor parte de la trama] y de música”. Elementos que, según cuentan, conectan con el espectador porque “se pueden sentir identificados con cada personaje desde sus vivencias”. “Todos tienen un tema de superación personal”, dicen, y “el reguetón es algo que mueve demasiado”.
Las decenas de canciones originales suman millones de reproducciones en plataformas de streaming como Spotify y artistas como Sebastian Yatra, Karol G, Nicky Jam, Joey Montana o Manuel Turizo han hecho cameos o interpretado temas para la telenovela. Pero la hazaña de exportar la banda sonora de una serie a los escenarios mundiales no es nueva. La reina del flow sigue un camino ya abierto por fenómenos latinoamericanos como RBD (de Rebelde) o Chica Vampiro —también la producción estadounidense Hannah Montana, que despegó la carrera musical de Miley Cyrus—. “Esto no ocurre de la noche a la mañana”, cuentan, “es un proceso que se logra con paciencia y disciplina”.
Pero más allá de la música, “lo que enganchó tanto a la gente es la historia detrás”, explican. Esa idea funciona sobre el escenario como un repaso de la telenovela. Y no es poca cosa: son más de 200 episodios —de 50 minutos cada uno— de la historia de Yeimy Montoya, La reina del flow (interpretada por María José Vargas) y de Charly Flow (Carlos Torres). En las dos horas en directo, en Madrid, los fans corearon a todo pulmón los éxitos de esta serie. “El amor, el perdón y la redención del antagonista” son el centro de canciones como Reflejoy Mi destino.
Conocer estas historias o la reacción de la gente resulta inalcanzable a través de la pantalla. “Si hay algo que envidiamos de los cantantes es eso: tener al público presente. Como actores no tenemos ese privilegio”, confiesan. “Aquí”, continúan, “las personas están eufóricas, se siente la emoción todo el tiempo”. La puesta en escena —una mezcla de fuego, atuendos brillantes y coreografías acompañadas de bailarinas y cinco músicos— tiene poco que envidiar a los conciertos de artistas consagrados del género urbano. “Te vas recargado de energía, incluso cuesta dormir”, admiten: “sales feliz y emocionado”.

Sin embargo, este “complemento” de moverse en la frontera entre ficción y realidad no les resulta tan demandante. Aunque eso signifique seguir en constante personaje. “Es un privilegio porque no suele pasar que un actor tenga la oportunidad de irse de gira mundial”, cuenta Carlos Torres, que dedica cerca de dos horas y media a la elaboración de tatuajes de su rol de Charly Flow, ya sea para la serie, para cada presentación o incluso para esta entrevista. “Pero detrás de esos personajes”, detalla, “está la felicidad de nosotros, el agradecimiento y el corazón”.
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