Con 21 años, Kany García (Toa Baja, Puerto Rico, 43 años) tuvo un gravísimo accidente de tráfico. Se salvó de milagro, pero tuvo que pasar 16 semanas postrada en una cama. “Acababa de empezar a concursar en un talent show muy conocido en mi país y no pude seguir. Duré un día en el programa”, recuerda. Aquello fue un palo, pero está agradecida porque la experiencia le enseñó a tener paciencia. Aprendió a esperar.
La cantante puertorriqueña actuará en el Orgullo de Madrid y presentará su último álbum, ‘Puerta abierta’, en el Movistar Arena de la capital. “El reguetón es una sombra que me ha perseguido toda mi vida”, asegura la cantautora
Con 21 años, Kany García (Toa Baja, Puerto Rico, 43 años) tuvo un gravísimo accidente de tráfico. Se salvó de milagro, pero tuvo que pasar 16 semanas postrada en una cama. “Acababa de empezar a concursar en un talent show muy conocido en mi país y no pude seguir. Duré un día en el programa”, recuerda. Aquello fue un palo, pero está agradecida porque la experiencia le enseñó a tener paciencia. Aprendió a esperar.
Dos décadas después, es una estrella del pop latino en América y lo empieza a ser en España, donde acaba de llenar el Palau Sant Jordi en Barcelona. También es un referente para el colectivo LGTBIQ+. El 1 de julio actuará en el pregón del Orgullo de Madrid y el 5 presentará su último álbum, Puerta abierta, en el Movistar Arena. España ya es su segunda casa. Kany se ha comprado un piso en el barrio madrileño de La Latina. “Cuando lo compré, tenía muy presente a mi papá y lo que significaría para él”, explica. Piensa mucho en su padre, un excura español que emigró a Puerto Rico, se enamoró de una boricua y colgó la sotana para casarse. “Vengo de una familia trabajadora que recogía patatas en Murcia, así que imagínate lo que significa para mí haber llegado hasta aquí”.
Pregunta. ¿El fenómeno del reguetón está eclipsando otros sonidos puertorriqueños?
Respuesta. Definitivamente. Hasta la música pop se ha visto eclipsada por el reguetón. Todos nos hemos visto afectados por el fenómeno.
P. ¿Cómo le ha afectado a usted?
R. Cuando empecé, hace 18 años, me preguntaban: “¿Eres puertorriqueña y no haces reguetón?”. Me costó mucho salir con mi guitarra, construir una carrera de cantautora y hacer música desde otro ángulo. El reguetón es una sombra que me ha perseguido toda mi vida.
P. Su música tiene mucha influencia española. ¿Quiénes fueron sus referentes?
R. Cuando era pequeña, en mi casa se oía todo el tiempo a Rocío Dúrcal, Isabel Pantoja y Rocío Jurado. Todas esas folclóricas, todas esas mujeres dramáticas, me marcaron. Algo de eso me queda en lo que hago. Soy puertorriqueña, pero cuando canto siempre vuelvo a mis raíces españolas.
P. Su padre era español y excura. ¿Usted es creyente?
R. Es imposible sacarme eso de mi sistema porque me crie ahí. Aunque mi papá abandonó los hábitos, siempre fue muy activo en la iglesia. Soy creyente, pero no soy de ir a misa. Tengo tantas peleas internas por lo que soy y lo que siento hacia la Iglesia. Tengo muchas discusiones conmigo misma. Pero hay una parte espiritual demasiado arraigada a mi ser. Es imposible desatarme de ello. A mí papá le habría gustado volver a la iglesia como un sacerdote casado. No sé si algún día veremos eso. Hay demasiadas expectativas con el nuevo Papa. A ver qué posturas toma sobre muchos temas. La Iglesia ha fallado mucho y la gente tiene necesidad de que asuma sus errores.
P. Por el momento, la homosexualidad sigue siendo un pecado.
R. Así es. Pero yo con mi papá tuve la oportunidad de conocer la mirada de un Dios misericordioso y amoroso, muy distinto a ese Dios del Antiguo Testamento del que muchos hablan en la Iglesia. Cuando le conté a mi papá que me había enamorado de una mujer, vi la bondad de Dios en sus ojos. A mi abuela le costó mucho aceptar que mi papá se había enamorado de una mujer. Le costó asumir que iba a dejar el celibato y se iba a casar y que esa era su naturaleza como hombre. A él le habría gustado un abrazo de su madre y no lo tuvo. Mi papá, en cambio, sí me abrazó. Me encanta que la vida me diera esa oportunidad.
P. Actuará durante del Orgullo de Madrid. ¿Qué se siente ser un referente para el colectivo?
R. Estoy cagada por lo del pregón, pero estoy muy orgullosa. Hay que seguir incomodando y visibilizando. En este colectivo todavía hay privilegios. No es lo mismo ser gay, lesbiana o trans. Todavía no somos todos iguales y hay que seguir luchando para que nadie se quede en el camino. Tengo compañeros y compañeras que me gustaría que hablaran más, pero con los años he aprendido que el camino que uno hace con el activismo es muy personal. En mi caso, cuando mi mujer y yo hicimos pública nuestra relación, no tenía idea de en qué me estaba metiendo. Pensaba que era una cosa mía y de ella, pero empecé a recibir cartas de desconocidos que me contaban lo que nosotras representábamos. Nos daban las gracias por normalizar y visibilizar nuestra relación. Desde entonces, caminamos por nosotras y por mucha más gente.
P. Estados Unidos está retrocediendo en materia de derechos del colectivo.
R. Yo vivía en Miami y he regresado a mi casa en Puerto Rico.
P. ¿Por el repunte de la homofobia o por la persecución a los inmigrantes?
R. Por todo. Somos varios los que nos estamos mudando por estas razones. Yo me fui a Estados Unidos para crecer profesionalmente, para estar cerca de la discográfica, pero también por un motivo personal: en Puerto Rico no había salido del armario, ya estaba con mi novia y tenía miedo de ir con ella a un restaurante o de cogerla de la mano. Durante mucho tiempo me sentí muy bien en Estados Unidos. Pero hasta la chica que nos ayuda con la limpieza en la casa de Miami empezó a tener miedo de venir a trabajar. Entonces me dije: “No puedo seguir aquí”. Miami y Florida están gobernadas por gente de superderechas, que están en contra del colectivo y en contra de la inmigración. Ahora vivo entre Puerto Rico y mi piso en Madrid y ya veré qué hago con la casa de Miami. Aquí me siento a gusto y cerca de mi familia.
P. ¿Cómo la trata su familia murciana?
R. Algunos no saben bien lo que hago y me encanta.La primera vez que fui a Murcia con Jocelyn, mi mujer, tenía un poco de miedo. No sabía cómo nos iban a recibir. Fue tan maravilloso, tan lindo. Nos hicieron una paella murciana de conejo y pusieron nuestros nombres en los pimientos. Nos sentimos muy a gusto. Mi familia es muy musical, así que cantamos y tocamos la guitarra. Hace un año, invité a mi tía, la hermana de mi papá, a un concierto en Valencia. Cuando terminé el show, le pregunté qué le había parecido. Mi primo me dijo que estaba sorda y no había oído nada. Me encantó. Para ellos sigo siendo la Kany de siempre.
P. ¿Su padre llegó a ver su éxito en España?
R. No, pero sí llegó a verme triunfar en Puerto Rico, Colombia y otros países de Latinoamérica. Tres días antes de que falleciera, me vio cantar ante 75.000 personas. Fue un regalo para él, pero también para mí. Otro milagro.
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