En su ensayo El hombre y lo divino, María Zambrano nos recuerda que solo desde muy recientemente “el hombre cuenta su historia, examina su presente y proyecta su futuro sin contar con los dioses”, hasta el punto de extender esa actitud y proyectar la nueva mirada incluso hasta los tiempos en que lo divino formaba también parte de la vida humana, engendrando “vivencias” cuyo eco encontramos en las artes y en la poesía, y cuya réplica —“tal vez”, aventura con prudencia— inspiró el pensamiento filosófico y la especulación científica. “Solo los arriesgados novelistas o los ambiguos pensadores se han adentrado, imaginándola desde su particular perspectiva, en aquella vida vivida bajo la luz y la sombra de dioses ya idos”, añade Zambrano.
En su ensayo El hombre y lo divino, María Zambrano nos recuerda que solo desde muy recientemente “el hombre cuenta su historia, examina su presente y proyecta su futuro sin contar con los dioses”, hasta el punto de extender esa actitud y proyectar la nueva mirada incluso hasta los tiempos en que lo divino formaba también parte de la vida humana, engendrando “vivencias” cuyo eco encontramos en las artes y en la poesía, y cuya réplica —“tal vez”, aventura con prudencia— inspiró el pensamiento filosófico y la especulación científica. “Solo los arriesgados novelistas o los ambiguos pensadores se han adentrado, imaginándola desde su particular perspectiva, en aquella vida vivida bajo la luz y la sombra de dioses ya idos”, añade Zambrano. Seguir leyendo
En su ensayo El hombre y lo divino, María Zambrano nos recuerda que solo desde muy recientemente “el hombre cuenta su historia, examina su presente y proyecta su futuro sin contar con los dioses”, hasta el punto de extender esa actitud y proyectar la nueva mirada incluso hasta los tiempos en que lo divino formaba también parte de la vida humana, engendrando “vivencias” cuyo eco encontramos en las artes y en la poesía, y cuya réplica —“tal vez”, aventura con prudencia— inspiró el pensamiento filosófico y la especulación científica. “Solo los arriesgados novelistas o los ambiguos pensadores se han adentrado, imaginándola desde su particular perspectiva, en aquella vida vivida bajo la luz y la sombra de dioses ya idos”, añade Zambrano.
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