Evelio es un gran amigo de Jacinto Antón. Vaya esto por delante. Y es el antihéroe necesario que aparece, con toda confianza, en algunas de las aventuras que cuenta Antón en sus crónicas publicadas en EL PAÍS y seleccionadas en Sirenas, leones y otros encuentros inesperados (Salamandra), tercera entrega (“continuará”, asegura el autor) después de Pilotos, caimanes y otras aventuras (2009) y Héroes aventureros y cobardes (2013): “Soy el afortunado poseedor de dos libros más, sí”. “Muchos de los otros personajes que aparecen en los artículos están muertos”, apuntó Antón ayer, en la divertida presentación del libro en la librería Altaïr (¿en cuál si no?) de Barcelona, “así que hemos tirado a la baja y me acompaña Evelio Puig, amigo de Viladrau, con quien tengo una educación sentimental en común”. Evelio tenía una interesantísima retahíla de preguntas para hacer al autor, suministradas descaradamente… por el autor. Evelio encajó con ironía todos los zascas que le lanzó cariñosamente Jacinto a lo largo del acto: “De los amigos de entonces nos hemos hecho famosos todos… menos tú, ¿verdad?”, y así sucesivamente.
El escritor habla de su libro ‘Sirenas, leones y otros encuentros inesperados’, una selección de crónicas publicadas en EL PAÍS, en una divertida presentación en Barcelona
Evelio es un gran amigo de Jacinto Antón. Vaya esto por delante. Y es el antihéroe necesario que aparece, con toda confianza, en algunas de las aventuras que cuenta Antón en sus crónicas publicadas en EL PAÍS y seleccionadas en Sirenas, leones y otros encuentros inesperados (Salamandra), tercera entrega (“continuará”, asegura el autor) después de Pilotos, caimanes y otras aventuras (2009) y Héroes aventureros y cobardes (2013): “Soy el afortunado poseedor de dos libros más, sí”. “Muchos de los otros personajes que aparecen en los artículos están muertos”, apuntó Antón ayer, en la divertida presentación del libro en la librería Altaïr (¿en cuál si no?) de Barcelona, “así que hemos tirado a la baja y me acompaña Evelio Puig, amigo de Viladrau, con quien tengo una educación sentimental en común”. Evelio tenía una interesantísima retahíla de preguntas para hacer al autor, suministradas descaradamente… por el autor. Evelio encajó con ironía todos los zascas que le lanzó cariñosamente Jacinto a lo largo del acto: “De los amigos de entonces nos hemos hecho famosos todos… menos tú, ¿verdad?”, y así sucesivamente.
Equipados con un casco alemán el autor e inglés el sparring, Antón destripó las interioridades de esas aventuras vividas, contadas y ahora recopiladas: “Me sorprendo a mí mismo de haber estado en ciertos lugares”, reconoció. Esos lugares van desde un portaviones estadounidense en el Golfo Pérsico durante una operación contra el ISIS, a la isla de Moby Dick, al Congreso de los Diputados un 23 de febrero (el de 1981), o al lanzamiento de un cohete espacial en la Guyana francesa. “Uno se va metiendo en líos…”.

Este tercer libro, “más sentimental, con menos músculo, quizás”, que los anteriores, igual que estos tiene mucho de verdad. “Todo es verdad, esto es periodismo, no lo olvidemos”, matiza el autor, primer Premio Nacional de Periodismo Cultural, en 2009. Él no tiene la culpa de que la realidad de “esos líos” en los que se ha visto envuelto superen a menudo la ficción más asombrosa. Lo que sorprende es que, después de haber aterrizado en un portaviones y de haber sido pasajero en un patín a vela hasta perder la costa de vista, Jacinto Antón conserve todavía cierto miedo a volar y le asuste el mar. De verdad.
Una de las profundas preguntas de Evelio es a qué se debe la poderosa presencia de nazis en la obra antoniana. “A la maldad”, responde, ahora algo serio, el autor. “Creo que no se han alcanzado los niveles de maldad de los nazis. Aunque vamos por buen camino, me temo”. A los nazis puede culpar por haber delinquido en algunos pasajes vividos: “Me ofrecieron una ametralladora alemana de la II Guerra Mundial que fui a adquirir a Madrid, de donde tuve que regresar con ella a Barcelona: en el avión o en el tren puedes colar, si me apuras, un poco más de champú, pero una ametralladora de verdad…”
Todas las historias fascinantes (ese viaje en globo), íntimas (lo de la chica de COU, definitivamente, marcó a Jacinto…), de animales (más de leopardos que de los leones del título) o de aventureros (esa taza del Fram, el buque de Amundsen, que regaló a Evelio) se solapaban ayer en el goloso discurso del protagonista. Su abuelo fue oficial en el Dédalo, el primer portaviones español, y su madre tuvo de mascota una serpiente venenosa. De casta le viene al galgo…
“No me has preguntado quién me habría gustado ser”, recrimina Antón a Evelio. “¿Quién te habría gustado ser?”, responde y pregunta, diligente, el amigo del alma. “Vaya, es imposible que se te haya ocurrido a ti esta pregunta”. Zasca. Pero la respuesta no vale: Lafayette, Miguel Strogoff, el conde Almásy, Jan Morris, el último mohicano… ¡Hay tanto donde elegir!
EL PAÍS
