El profesor de literatura española y ensayista Jordi Gracia (Barcelona, 1965), crítico en Babelia y que dirigió las páginas de opinión de EL PAÍS, presenta La izquierda ante el tecnofascismo (Anagrama). Lo define como “un panfleto”. En sus páginas reflexiona sobre los peligros que representan las corporaciones tecnológicas sobre la sociedad y la política.
El profesor de literatura española y ensayista Jordi Gracia (Barcelona, 1965), crítico en Babelia y que dirigió las páginas de opinión de EL PAÍS, presenta La izquierda ante el tecnofascismo (Anagrama). Lo define como “un panfleto”. En sus páginas reflexiona sobre los peligros que representan las corporaciones tecnológicas sobre la sociedad y la política. Seguir leyendo
El profesor de literatura española y ensayista presenta ‘La izquierda ante el tecnofascismo’, donde reflexiona sobre los peligros que representan las corporaciones tecnológicas

El profesor de literatura española y ensayista Jordi Gracia (Barcelona, 1965), crítico en Babelia y que dirigió las páginas de opinión de EL PAÍS, presenta La izquierda ante el tecnofascismo (Anagrama). Lo define como “un panfleto”. En sus páginas reflexiona sobre los peligros que representan las corporaciones tecnológicas sobre la sociedad y la política.
¿Hasta qué punto condiciona nuestras vidas el algoritmo? Más de lo que la prepotencia que gastamos tiende a hacernos creer.
¿Ante problemas nuevos como el tecnofascismo, sirven las soluciones de siempre? Ante la revolución gigantesca que estamos viviendo es como poco improbable.
Si la izquierda tiene el deber de actuar ante esta situación, ¿cuál ha de ser el papel de la derecha? Aceptar que la exigencia de desregulación de los gigantes tecnológicos, apoyada por las derechas, corroe invisiblemente los poderes democráticos.
¿Qué libro le convirtió en lector? Ni idea, pero digo uno: Crimen y castigo, de Dostoievski.
¿Y en escritor? Aspirar a ser legible y dejar de escribir en arameo, como decía mi padre.
¿Cuál es la mejor crítica que ha recibido? Que nadie se lo crea, pero que me dijeran ante un ensayo que se leía como una novela (cuando tantas de ellas son latazos insufribles).
¿Y la peor? Me aburro.
¿Qué libro tiene ahora mismo en su mesilla de noche? Ninguno, nunca, pero en la tableta varios y en la mesa del comedor unos tres o cuatro empezados.
¿Uno que no lograra terminar? Los Diarios de Arcadi Espada: quizá eran fake también, como el artículo de marras.
¿Cuál es la librería más bonita del mundo? Livraria Lello, en Oporto.
¿Qué canción usaría como autorretrato? Soy incapaz de retener canciones.
¿Cuál suena en bucle en su cabeza? Ups, solo me vienen la dulzanorrería insultante de Put Your Head On My Shoulders (glups, ¡por Paul Anka!), alternada con Serrat cantando: “Ooooooh, la saeeeta el cantaaaaar”.
¿La película que más veces ha visto? Imposible saberlo: mentiría más que en las otras respuestas.
¿Un estreno reciente que le encantara? Viva, de Aina Clotet.
¿Cuál fue la última serie que vio del tirón? No las veo nunca del tirón, aunque casi vi así Vida perfecta, de Leticia Dolera.
¿En qué museo se quedaría a vivir? Al menos para una temporada, en el taller de Miquel Barceló.
¿Tiene algún placer culpable en materia cultural? Cantar con mi hijo Guillem a todo trapo en el coche Bailar pegados, de Sergio Dalma.
¿Qué trabajo no aceptaría jamás? La inmensa mayoría de los que existen.
¿Cuál es su acontecimiento histórico favorito? Sin la proclamación de la Segunda República en 1931, el último medio siglo de España lo hubiera tenido cánigan.
¿Qué está socialmente sobrevalorado? El esfuerzo como excusa y la abnegación como virtud.
De haberse dedicado a otra cosa, le habría gustado ser… Mi primera fantasía profesional fue la arquitectura, pero desistí casi desde la primera ecuación (fallida).
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