La última producción en la que ha aparecido, aunque quizá no por mucho tiempo, ha sido la película de Netflix Mensajes de voz para Isabelle: una dramedia romántica protagonizada por Jill, una aspirante a chef que envía audios en los que cuenta su vida a su hermana, fallecida después de una vida recluida en casa por la fibrosis quística. Ambas compartían una canción preferida que emociona a Jill cada vez que suena: Dancing on My Own, de Robyn. Pero antes de eso, el tema ha aparecido en la banda sonora en muchas obras audiovisuales desde que se publicó en 2010 y ha logrado que algunas escenas sean de las más recordadas de estos títulos.
La última producción en la que ha aparecido, aunque quizá no por mucho tiempo, ha sido la película de Netflix Mensajes de voz para Isabelle: una dramedia romántica protagonizada por Jill, una aspirante a chef que envía audios en los que cuenta su vida a su hermana, fallecida después de una vida recluida en casa por la fibrosis quística. Ambas compartían una canción preferida que emociona a Jill cada vez que suena: Dancing on My Own, de Robyn. Pero antes de eso, el tema ha aparecido en la banda sonora en muchas obras audiovisuales desde que se publicó en 2010 y ha logrado que algunas escenas sean de las más recordadas de estos títulos. Seguir leyendo
La última producción en la que ha aparecido, aunque quizá no por mucho tiempo, ha sido la película de Netflix Mensajes de voz para Isabelle: una dramedia romántica protagonizada por Jill, una aspirante a chef que envía audios en los que cuenta su vida a su hermana, fallecida después de una vida recluida en casa por la fibrosis quística. Ambas compartían una canción preferida que emociona a Jill cada vez que suena: Dancing on My Own, de Robyn. Pero antes de eso, el tema ha aparecido en la banda sonora en muchas obras audiovisuales desde que se publicó en 2010 y ha logrado que algunas escenas sean de las más recordadas de estos títulos.
Uno de los ejemplos más claros es el de la serie Girls, que acumula muchas secuencias memorables como el baile de Hannah (Lena Dunham) en su cuarto (¿quién no se ha dejado llevar por la música en la intimidad de su habitación?) al ritmo de esta pieza musical. En ese momento, aparece su compañera de piso/amiga Marnie (Allison Williams) y la ‘bailarina’ le dice que su exnovio es gay, con una actitud entre divertida y un pelín desquiciada. Su colega se une a ella y se cierra el capítulo All Adventurous Women Do, que ya es un clásico de la televisión.
Le ocurre a esta canción con la serie de Dunham lo mismo que a Dreams de The Cranberries con Derry Girls, pero es fácil que muchas espectadoras les remita a otras ficciones.
Dancing on My Own suena en episodios clave de Orange Is The New Black, Gossip Girl (la original), en una versión sinfónica para un baile de salón en The Bridgerton o Yo nunca. También en momentos álgidos de películas como Babygirl, The People We Hate at the Wedding o Teen Spirit, donde la actriz Elle Fanning la interpreta llena de sentimiento. Y, por supuesto, la mencionada Mensajes de voz para Isabelle, cuyo éxito ha provocado que el ya considerado himno sea tendencia en redes sociales como TikTok y las búsquedas en Google se han disparado en un 400% en comparación con el mes pasado.
“No sé qué tiene pero me vuelve loca esa canción. Para mí es por la sensación de ser la chica en la esquina viendo como el chico que quieres está con otra. Creo que cuando la escuché la primera vez me sentía demasiadas veces así. Me parece un sentimiento superuniversal que poca gente verbaliza”, explica Belén, una fan de Robyn que conocidó la canción precisamente gracias a Girls.
Su teoría coincide con la explicación que ofrecía el crítico cultural Hanif Abdurraqib en el New York Times, en un artículo titulado La deliciosa penuria de una ‘sad banger’. Este anglicismo designa a las canciones tristes que se pueden bailar y que misteriosamente reconfortan el alma. “Son canciones que trascienden las emociones binarias y abren la puerta a una plenitud de múltiples capas que puede implicar, según la canción, bailar, llorar, añorar y salir tambaleándote de un bar de mala muerte en mitad del tema para escribirle o llamar a esa persona a la que, probablemente, no deberías contactar. Puedes medir el éxito de una canción por la amplitud de emociones e impulsos que es capaz de despertar en alguien. Y Dancing on My Own, de Robyn, quizá sea el sad banger definitivo. Sin duda, un clásico dentro del canon del género. Toma sus claves emocionales y sonoras de una larga tradición de himnos disco melancólicos y éxitos del new wave (la propia Robyn ha citado a artistas como Donna Summer y Sylvester, así como canciones como Dancing With Tears in My Eyes, de Ultravox). Este tipo de canciones juegan con odas luminosas, electrónicas y de ritmo acelerado a las particularidades del desamor, interpretadas con una especie de inmediatez, de urgencia: como si alguien acabara de salir de las ruinas de un naufragio emocional y necesitara dar parte de los daños mientras el recuerdo aún sigue fresco», explicaba el crítico.
En esta categoría entrarían también I Will Survive de Gloria Gaynor, Dancing With Tears In My Eyes de Ultravox, Vampire de Olivia Rodrigo o Last Dance de Donna Summer, por ejemplo.
Un recorrido ascendente
Dancing on My Own se lanzó en abril de 2010 como el primer sencillo del miniálbum Body Talk Pt. 1 de Robyn. La canción alcanzó el número uno en Suecia, su país de origen, el número ocho en Reino Unido pero no llegó al Top 40 de los Estados Unidos. Su popularidad a nivel internacional creció progresivamente gracias a impulsos como el de la serie Girls o la versión (tranquila, poco apta para la pista de baile pero igual de emocionante para muchas personas) de Calum Scott en el programa Britain’s Got Talent en el año 2015. Actualmente, el tema ocupa el puesto número 20 de la lista de Rolling Stone de las 500 mejores canciones de todos los tiempos, por delante de Heroes de David Bowie, Born To Run de Bruce Springsteen, Be My Baby de The Ronettes o (Sittin’ On) the Dock of the Bay de Otis Redding.
En 2015, la cantante y compositora Lorde afirmó que, para ella, es la canción perfecta. “El otro día estaba en el estudio con unos amigos nuevos y les pregunté qué canción enviarían al espacio para que viviera eternamente, si tuvieran que hacerlo”, escribió la artista en su Tumblr, “Lo medité un rato, pensé en Talking Heads, Fleetwood Mac y Nina Simone, pero la canción que me salió fue Dancing on My Own de Robyn”. Tiempo después, ella misma alcanzó el éxito internacional e incluso entró en la misma selección de Rolling Stone, aunque unos puestos más abajo.
Por supuesto, diversos expertos han intentado desentrañar el secreto del triunfo de la composición de la intérprete sueca. Como recogió The Guardian el año pasado, con motivo del decimoquinto aniversario del lanzamiento de la canción, el podcaster estadounidense Sam Sanders considera que la sencillez de la letra tiene mucho peso: en cuanto alguien la escucha un par de veces, ya se queda con el estribillo y puede cantarlo a gritos en donde sea. Sanders habló con un musicólogo que le desgranó que sus 117 pulsaciones por minuto (BPM) coinciden prácticamente con la velocidad media de una persona al caminar. “Robyn la interpreta a un ritmo muy cercano al latido del corazón humano”, apuntó el periodista, “está programada para calar hondo en tus huesos, para meterse en tu cuerpo y hacerte mover. Es ineludible”. Wildest Dreams de Taylor Swift, Lady Godiva’s Operation de The Velvet Underground o Teardrop de Massive Attack también comparten ese ritmo.
El pasado mes de febrero, Robyn declaró en una entrevista concedida a la revista The Cut que la letra está basada en su ruptura con un exnovio del que había estado enamorada durante años, aunque ambos tenían otras relaciones. Pero también puntualizó que: “En realidad, hubo muchos hombres que inspiraron esa canción en diferentes ocasiones durante una época loca de mi vida”. Asimismo, reconoció que es su tema preferido para interpretar en el escenario, porque la atrapa tanto a ella como a su público: “Ya no siento que sea mía. Es la canción de mis fans”. Si se escarba en internet se pueden encontrar vídeos que demuestran el fervor de su público, como los de las fiestas ‘post-concierto’ en el metro de Nueva York, con un montón de personas coreando el tema en el andén.
Precisamente, una de las escenas más recordadas de Mensajes de voz para Isabelle comparte esa sensación catártica de los fans cantando a voz en grito la letra de Robyn. La protagonista está en un parque de San Francisco tranquila pero cuando empieza a sonar el tema se pone a bailar y contagia a quienes la rodean. Dancing on My Own ya es un clásico infalible.
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