En 2016, el bajista Willy Vijande llevaba más de veinte años desconectado de Ilegales . Después de ser expulsado dos veces del grupo y habiéndose reciclado como uno de los técnicos de sonido más solicitados del circuito de rock español, no pensaba ni por asomo en volver. Pero la inesperada muerte de quien lo sustituyó al bajo en 1993, Alejandro ‘Espina’ Blanco, precipitó una llamada de Jorge Martínez para retomar su puesto y, tras analizar la situación, decidió decir que sí. En ese momento los Ilegales volvían a estar fuertes tras algunos lustros de zozobra y, además, era vox populi que él siempre había sido el mejor bajista de la historia de la banda.La primera etapa de Vijande con Ilegales arrancó a la altura de su segundo trabajo, ‘Agotados de esperar el fin’ (1984), en cuya contraportada Jorge escribió un pequeño texto presentando al nuevo miembro como «un tipo que sólo responde a instintos primarios, como ‘Willy comida’ o ‘Willy putas’». Aquel álbum tuvo un sonido que no gustó nada a Jorge por mucho que lo hubiese producido él mismo («por supuesto, le echó la culpa a otros», ríe Vijande), y su intención fue que el siguiente reflejase la verdadera crudeza rockera de la banda.Ese disco fue el quintaesencial ‘Todos están muertos’ , que ahora se reedita remasterizado incluyendo cuatro temas que quedaron fuera del repertorio original y grabaciones en directo realizadas entre 1985 y 1986, respetando todas las decisiones que Jorge tomó antes de caer enfermo. «El sonido de ese álbum es completamente falso, como el de todos los de Ilegales», se arranca Willy al teléfono dejándonos de piedra. «En ninguna grabación conseguimos acercarnos ni a la mitad de la fuerza que teníamos en los conciertos, también porque nosotros mismos no lo intentamos. Experimentábamos mucho en el estudio por diversión. Para sonar fieles a lo que éramos ya estaba el directo». En 1989 Jorge lo echó del grupo «por todo tipo de desencuentros que hicieron que no estuviésemos de acuerdo en nada», confiesa el bajista, que poco después regresó momentáneamente a la formación para «comprobar que la relación entre nosotros no había cambiado gran cosa» y volver a ser despedido en 1993, tras lo cual se convirtió en técnico de sonido de El Sol , «esa sala infame, que me decepcionó a nivel fiscal, a nivel de trato y a nivel de todo, pero que al menos me sirvió para conseguir mucho trabajo con bandas que pasaban por allí», cuenta Vijande. «Yo era el responsable del sonido, pero eso no significaba que tuviera que estar allí, así que lo que hacía era buscar a alguien que se encargara de eso cuando yo no estaba. Entonces, yo me pasaba todo el año de gira con grupos como Los Ronaldos, cuando se volvieron a juntar; Lagartija Nick, Juan Perro… Me salió muchísimo trabajo. Pero hubo un momento en que ya me harté, porque tenía un hijo que vivía en Asturias y me cansé de estar en Madrid. Además, había hablado con unos amigos para trabajar en un estudio en Avilés, y Alejandro ‘Espina’ había montado una empresa de sonido y la idea era que yo también me encargara de ella».A los diez días de llegar a Avilés, ‘Espina’ falleció repentinamente por un infarto . Y fue entonces cuando le propusieron volver otra vez al grupo. «Aunque no tenía muchas ganas fue la solución perfecta, porque de pronto estaba sin trabajo», cuenta Vijande. «Fue una pena, porque yo quería mucho a Alejandro, de hecho fui yo quien le presentó a la banda, pero así fueron las cosas».Antes de nada, Willy tuvo una conversación con Jorge para limar asperezas y prometerse mutuamente no volver a las andadas. Y lo cumplieron. «Dejé muy claro que quería volver, pero que no estaba dispuesto a aguantar tonterías. Y él demostró que quería lo mismo. A partir de ahí vivimos los diez mejores años del grupo, por mucho que a los fans les parezca mucho más mágica la primera época, la de los ochenta».El varapalo que lo truncó todoLa noticia del cáncer de Jorge fue doblemente dolorosa precisamente por eso. Ilegales estaban sacando discos formidables y en directo sonaban como un cañón, era como si algo les hubiese inyectado una energía extra para rematar la carrera del grupo. A pesar de la gravedad del diagnóstico, todos confiaban en la fortaleza física y la fuerza de voluntad de un Jorge que además estaba tremendamente ilusionado con el estado de forma de su banda, pero la enfermedad se lo llevó en menos de tres meses. «A mí me costó mucho tiempo digerirlo», confiesa Willy. «Después del último ensayo que hicimos, en agosto, volví a casa preocupado porque vi a Jorge fatal. Le pregunté qué le pasaba y me dijo: ‘Llevo varios días saliendo y ya sabes, la jodienda no tiene enmienda’. Lo típico de siempre. Pero yo le había visto muchas veces con resaca, y esto me parecía diferente . Aun así le hice caso. Pero a los tres o cuatro días nos llamaron de la oficina del mánager, y luego él personalmente, para contarnos que estaba enfermo. Desde ahí hasta su muerte lo vi tres veces, porque él tampoco tenía muchas ganas, no le gustaba que lo vieran así». A nadie que haya conocido a Jorge le extrañará saber que confió en superarlo hasta el último momento, «de hecho, la última vez que lo vi en el hospital, tres días antes de morir, me habló de que iba a operarse de cataratas», cuenta Willy. «Yo pensé: ‘Menos mal que se lo está tomando así’. Pero por otro lado me preguntaba si realmente se estaba dando cuenta de la gravedad de su enfermedad».MÁS INFORMACIÓN Opinión Ilegales: «España es un país muy suicida»No ha habido homenajes a Jorge Ilegal, «ni se plantearon, porque en esos eventos la gente va a lucirse y al final el último homenajeado es el que no está, no son más que un dechado de sensiblerías que generan pasta para algún listo», afirma Willy. «Para nosotros Ilegales era una fuerza de la naturaleza que sin Jorge no existe. Salieron titulares interesados diciendo ‘el bajista de Ilegales se niega a hacer un homenaje’, pero a mí ya me da todo igual. Vivo feliz apartado de todo en un pueblecito y nunca he estado tan a gusto como ahora. Solo me queda la espinita de no haberle dicho a Jorge alguna vez: ‘Jorge, no corras tanto hombre, no corras tanto’». En 2016, el bajista Willy Vijande llevaba más de veinte años desconectado de Ilegales . Después de ser expulsado dos veces del grupo y habiéndose reciclado como uno de los técnicos de sonido más solicitados del circuito de rock español, no pensaba ni por asomo en volver. Pero la inesperada muerte de quien lo sustituyó al bajo en 1993, Alejandro ‘Espina’ Blanco, precipitó una llamada de Jorge Martínez para retomar su puesto y, tras analizar la situación, decidió decir que sí. En ese momento los Ilegales volvían a estar fuertes tras algunos lustros de zozobra y, además, era vox populi que él siempre había sido el mejor bajista de la historia de la banda.La primera etapa de Vijande con Ilegales arrancó a la altura de su segundo trabajo, ‘Agotados de esperar el fin’ (1984), en cuya contraportada Jorge escribió un pequeño texto presentando al nuevo miembro como «un tipo que sólo responde a instintos primarios, como ‘Willy comida’ o ‘Willy putas’». Aquel álbum tuvo un sonido que no gustó nada a Jorge por mucho que lo hubiese producido él mismo («por supuesto, le echó la culpa a otros», ríe Vijande), y su intención fue que el siguiente reflejase la verdadera crudeza rockera de la banda.Ese disco fue el quintaesencial ‘Todos están muertos’ , que ahora se reedita remasterizado incluyendo cuatro temas que quedaron fuera del repertorio original y grabaciones en directo realizadas entre 1985 y 1986, respetando todas las decisiones que Jorge tomó antes de caer enfermo. «El sonido de ese álbum es completamente falso, como el de todos los de Ilegales», se arranca Willy al teléfono dejándonos de piedra. «En ninguna grabación conseguimos acercarnos ni a la mitad de la fuerza que teníamos en los conciertos, también porque nosotros mismos no lo intentamos. Experimentábamos mucho en el estudio por diversión. Para sonar fieles a lo que éramos ya estaba el directo». En 1989 Jorge lo echó del grupo «por todo tipo de desencuentros que hicieron que no estuviésemos de acuerdo en nada», confiesa el bajista, que poco después regresó momentáneamente a la formación para «comprobar que la relación entre nosotros no había cambiado gran cosa» y volver a ser despedido en 1993, tras lo cual se convirtió en técnico de sonido de El Sol , «esa sala infame, que me decepcionó a nivel fiscal, a nivel de trato y a nivel de todo, pero que al menos me sirvió para conseguir mucho trabajo con bandas que pasaban por allí», cuenta Vijande. «Yo era el responsable del sonido, pero eso no significaba que tuviera que estar allí, así que lo que hacía era buscar a alguien que se encargara de eso cuando yo no estaba. Entonces, yo me pasaba todo el año de gira con grupos como Los Ronaldos, cuando se volvieron a juntar; Lagartija Nick, Juan Perro… Me salió muchísimo trabajo. Pero hubo un momento en que ya me harté, porque tenía un hijo que vivía en Asturias y me cansé de estar en Madrid. Además, había hablado con unos amigos para trabajar en un estudio en Avilés, y Alejandro ‘Espina’ había montado una empresa de sonido y la idea era que yo también me encargara de ella».A los diez días de llegar a Avilés, ‘Espina’ falleció repentinamente por un infarto . Y fue entonces cuando le propusieron volver otra vez al grupo. «Aunque no tenía muchas ganas fue la solución perfecta, porque de pronto estaba sin trabajo», cuenta Vijande. «Fue una pena, porque yo quería mucho a Alejandro, de hecho fui yo quien le presentó a la banda, pero así fueron las cosas».Antes de nada, Willy tuvo una conversación con Jorge para limar asperezas y prometerse mutuamente no volver a las andadas. Y lo cumplieron. «Dejé muy claro que quería volver, pero que no estaba dispuesto a aguantar tonterías. Y él demostró que quería lo mismo. A partir de ahí vivimos los diez mejores años del grupo, por mucho que a los fans les parezca mucho más mágica la primera época, la de los ochenta».El varapalo que lo truncó todoLa noticia del cáncer de Jorge fue doblemente dolorosa precisamente por eso. Ilegales estaban sacando discos formidables y en directo sonaban como un cañón, era como si algo les hubiese inyectado una energía extra para rematar la carrera del grupo. A pesar de la gravedad del diagnóstico, todos confiaban en la fortaleza física y la fuerza de voluntad de un Jorge que además estaba tremendamente ilusionado con el estado de forma de su banda, pero la enfermedad se lo llevó en menos de tres meses. «A mí me costó mucho tiempo digerirlo», confiesa Willy. «Después del último ensayo que hicimos, en agosto, volví a casa preocupado porque vi a Jorge fatal. Le pregunté qué le pasaba y me dijo: ‘Llevo varios días saliendo y ya sabes, la jodienda no tiene enmienda’. Lo típico de siempre. Pero yo le había visto muchas veces con resaca, y esto me parecía diferente . Aun así le hice caso. Pero a los tres o cuatro días nos llamaron de la oficina del mánager, y luego él personalmente, para contarnos que estaba enfermo. Desde ahí hasta su muerte lo vi tres veces, porque él tampoco tenía muchas ganas, no le gustaba que lo vieran así». A nadie que haya conocido a Jorge le extrañará saber que confió en superarlo hasta el último momento, «de hecho, la última vez que lo vi en el hospital, tres días antes de morir, me habló de que iba a operarse de cataratas», cuenta Willy. «Yo pensé: ‘Menos mal que se lo está tomando así’. Pero por otro lado me preguntaba si realmente se estaba dando cuenta de la gravedad de su enfermedad».MÁS INFORMACIÓN Opinión Ilegales: «España es un país muy suicida»No ha habido homenajes a Jorge Ilegal, «ni se plantearon, porque en esos eventos la gente va a lucirse y al final el último homenajeado es el que no está, no son más que un dechado de sensiblerías que generan pasta para algún listo», afirma Willy. «Para nosotros Ilegales era una fuerza de la naturaleza que sin Jorge no existe. Salieron titulares interesados diciendo ‘el bajista de Ilegales se niega a hacer un homenaje’, pero a mí ya me da todo igual. Vivo feliz apartado de todo en un pueblecito y nunca he estado tan a gusto como ahora. Solo me queda la espinita de no haberle dicho a Jorge alguna vez: ‘Jorge, no corras tanto hombre, no corras tanto’».
En 2016, el bajista Willy Vijande llevaba más de veinte años desconectado de Ilegales. Después de ser expulsado dos veces del grupo y habiéndose reciclado como uno de los técnicos de sonido más solicitados del circuito de rock español, no pensaba ni por asomo … en volver. Pero la inesperada muerte de quien lo sustituyó al bajo en 1993, Alejandro ‘Espina’ Blanco, precipitó una llamada de Jorge Martínez para retomar su puesto y, tras analizar la situación, decidió decir que sí. En ese momento los Ilegales volvían a estar fuertes tras algunos lustros de zozobra y, además, era vox populi que él siempre había sido el mejor bajista de la historia de la banda.
La primera etapa de Vijande con Ilegales arrancó a la altura de su segundo trabajo, ‘Agotados de esperar el fin’ (1984), en cuya contraportada Jorge escribió un pequeño texto presentando al nuevo miembro como «un tipo que sólo responde a instintos primarios, como ‘Willy comida’ o ‘Willy putas’». Aquel álbum tuvo un sonido que no gustó nada a Jorge por mucho que lo hubiese producido él mismo («por supuesto, le echó la culpa a otros», ríe Vijande), y su intención fue que el siguiente reflejase la verdadera crudeza rockera de la banda.
Ese disco fue el quintaesencial ‘Todos están muertos’, que ahora se reedita remasterizado incluyendo cuatro temas que quedaron fuera del repertorio original y grabaciones en directo realizadas entre 1985 y 1986, respetando todas las decisiones que Jorge tomó antes de caer enfermo. «El sonido de ese álbum es completamente falso, como el de todos los de Ilegales», se arranca Willy al teléfono dejándonos de piedra. «En ninguna grabación conseguimos acercarnos ni a la mitad de la fuerza que teníamos en los conciertos, también porque nosotros mismos no lo intentamos. Experimentábamos mucho en el estudio por diversión. Para sonar fieles a lo que éramos ya estaba el directo».
En 1989 Jorge lo echó del grupo «por todo tipo de desencuentros que hicieron que no estuviésemos de acuerdo en nada», confiesa el bajista, que poco después regresó momentáneamente a la formación para «comprobar que la relación entre nosotros no había cambiado gran cosa» y volver a ser despedido en 1993, tras lo cual se convirtió en técnico de sonido de El Sol, «esa sala infame, que me decepcionó a nivel fiscal, a nivel de trato y a nivel de todo, pero que al menos me sirvió para conseguir mucho trabajo con bandas que pasaban por allí», cuenta Vijande. «Yo era el responsable del sonido, pero eso no significaba que tuviera que estar allí, así que lo que hacía era buscar a alguien que se encargara de eso cuando yo no estaba. Entonces, yo me pasaba todo el año de gira con grupos como Los Ronaldos, cuando se volvieron a juntar; Lagartija Nick, Juan Perro… Me salió muchísimo trabajo. Pero hubo un momento en que ya me harté, porque tenía un hijo que vivía en Asturias y me cansé de estar en Madrid. Además, había hablado con unos amigos para trabajar en un estudio en Avilés, y Alejandro ‘Espina’ había montado una empresa de sonido y la idea era que yo también me encargara de ella».
A los diez días de llegar a Avilés, ‘Espina’ falleció repentinamente por un infarto. Y fue entonces cuando le propusieron volver otra vez al grupo. «Aunque no tenía muchas ganas fue la solución perfecta, porque de pronto estaba sin trabajo», cuenta Vijande. «Fue una pena, porque yo quería mucho a Alejandro, de hecho fui yo quien le presentó a la banda, pero así fueron las cosas».
Antes de nada, Willy tuvo una conversación con Jorge para limar asperezas y prometerse mutuamente no volver a las andadas. Y lo cumplieron. «Dejé muy claro que quería volver, pero que no estaba dispuesto a aguantar tonterías. Y él demostró que quería lo mismo. A partir de ahí vivimos los diez mejores años del grupo, por mucho que a los fans les parezca mucho más mágica la primera época, la de los ochenta».
El varapalo que lo truncó todo
La noticia del cáncer de Jorge fue doblemente dolorosa precisamente por eso. Ilegales estaban sacando discos formidables y en directo sonaban como un cañón, era como si algo les hubiese inyectado una energía extra para rematar la carrera del grupo. A pesar de la gravedad del diagnóstico, todos confiaban en la fortaleza física y la fuerza de voluntad de un Jorge que además estaba tremendamente ilusionado con el estado de forma de su banda, pero la enfermedad se lo llevó en menos de tres meses.
«A mí me costó mucho tiempo digerirlo», confiesa Willy. «Después del último ensayo que hicimos, en agosto, volví a casa preocupado porque vi a Jorge fatal. Le pregunté qué le pasaba y me dijo: ‘Llevo varios días saliendo y ya sabes, la jodienda no tiene enmienda’. Lo típico de siempre. Pero yo le había visto muchas veces con resaca, y esto me parecía diferente. Aun así le hice caso. Pero a los tres o cuatro días nos llamaron de la oficina del mánager, y luego él personalmente, para contarnos que estaba enfermo. Desde ahí hasta su muerte lo vi tres veces, porque él tampoco tenía muchas ganas, no le gustaba que lo vieran así».
A nadie que haya conocido a Jorge le extrañará saber que confió en superarlo hasta el último momento, «de hecho, la última vez que lo vi en el hospital, tres días antes de morir, me habló de que iba a operarse de cataratas», cuenta Willy. «Yo pensé: ‘Menos mal que se lo está tomando así’. Pero por otro lado me preguntaba si realmente se estaba dando cuenta de la gravedad de su enfermedad».
No ha habido homenajes a Jorge Ilegal, «ni se plantearon, porque en esos eventos la gente va a lucirse y al final el último homenajeado es el que no está, no son más que un dechado de sensiblerías que generan pasta para algún listo», afirma Willy. «Para nosotros Ilegales era una fuerza de la naturaleza que sin Jorge no existe. Salieron titulares interesados diciendo ‘el bajista de Ilegales se niega a hacer un homenaje’, pero a mí ya me da todo igual. Vivo feliz apartado de todo en un pueblecito y nunca he estado tan a gusto como ahora. Solo me queda la espinita de no haberle dicho a Jorge alguna vez: ‘Jorge, no corras tanto hombre, no corras tanto’».
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