Que Morante de la Puebla es un genio es algo que nadie en su sano juicio discute, como nadie pone en cuestión que es un torero diferente, con conceptos artísticos diferentes, con una mentalidad diferente y con diferentes maneras de convertir el toreo, su toreo, en puro duende. Tan grande y excelso, que su tauromaquia, cincelada a golpe de inspiración, no tiene más regla fija que el sentimiento . Morante hace arte sin bocetos ni planteamientos técnicos previos, con el alma henchida y el corazón en carne viva. Por eso es capaz de lograr lo que nadie en los ruedos y fuera de ellos . Capaz, sí, de volver sin haberse ido, su último milagro, de superar en días una gravísima cogida en Sevilla, de colgar el cartel de no hay billetes en Granada ocho años después, de reinventarse cada tarde, de conjugar arte y valor a la vez y de concitar en torno a su figura devociones juveniles que han cambiado la faz del toreo y de la propia fiesta de los toros. Y todo ello, además, cuando de vuelta de mil batallas y con más de treinta años en la profesión, nada tenía que demostrar y tal vez pensaba que su carrera vivía un ocaso dorado y estaba ya amortizado como figura grande. Hago esta torpe reflexión después de sentir y visualizar en la Monumental de Frascuelo los efluvios morantistas, toda esa pasión que despierta la sola presencia de un artista sublime elevado a los altares del toreo por su capacidad para convertir un lance, un adorno o un simple gesto en todo un suceso. O para parar el tiempo cuando, capote o muleta en mano, saca de sus entrañas el prodigio del temple y el compás del duende. Este sábado Morante no fue el de las tardes históricas de Sevilla o Madrid, ni el de algunas faenas memorables en Granada, pero fue fiel a sí mismo y toreó como sólo él sabe hacerlo . «No se vaya nunca, maestro», le oí decir a un aficionado. «Quédese, aunque sólo sea para hacer el paseíllo», dijo otro. Voces, sí, desde el corazón. Porque el diestro sevillano va más allá de la sugestión o el fanatismo. Con Morante el runrún de la plaza tiene otros acentos y el ambiente es otro , como otra es la ilusión que se respira en los tendidos. Y basta, sí, con un pequeño detalle del maestro, para que se desate la locura y el universo mágico del toreo se impregne de un aroma especial.Morante dio muestras de su toreo clásico de otro tiempo. Javier MartínCon el toro que abrió plaza, justo de fuerzas, Morante de la Puebla se mostró sobrado. Tenía el de Álvaro Núñez nobleza, pero le faltaba entrega . Algunos lances tuvieron el sabor de lo añejo y varios muletazos el sello de lo diferencial, pero la faena no pasó de ser una más del maestro sevillano, que paseó la primera oreja de la tarde tras matar de estocada entera.Con el cuarto, manso, Morante construyó una faena basada en detalles, muchos de ellos con aroma de otros tiempos, aunque regaló a los aficionados una serie al natural sencillamente antológica. Quiso matar recibiendo y pinchó dos veces antes de colocar la media que acabó con la vida de su oponente. De la estética a la épicaLa tauromaquia de David Fandila no entiende tanto de sutilezas, aunque esconde otros valores que en el toreo también son esenciales . Su duende no nace de las musas, pero tiene las raíces de la raza. Y la magia, que es parte consustancial de todos los estilos del toreo si se ejecutan con verdad, se manifiesta esplendorosa en esa perfecta comunión que David mantiene con Granada y su gente, binomio que alcanza tintes históricos en la Monumental de Frascuelo. Una relación que se hizo presente desde el mismo momento que el ídolo local recetó una larga de recibo al primero de su lote y que se transformó en clamor cuando siguió con los lances a la verónica, las chicuelinas, el quite por lopecinas y, sobre todo, cuando tomó los palos para superarse en un tercio de banderillas imponente, rematado con el dos en uno. El Fandi, además, esgrimió todo su arsenal de recursos técnicos y artísticos en el último tercio , con un toreo de entrega total, intenso, variado y por momentos hondo y profundo, que caló en los tendidos y puso en sus manos una oreja de su primer oponente tras rematar la faena con una monumental estocada. Y con el quinto, un gran toro, la apoteosis del granadino, que f irmó una faena de gran calado y con una sucesión de episodios que convirtieron los tendidos en un loquero y puso en las manos de David el doble trofeo. El Fandi no se dejó nada en su empeño por corresponder al cariño de su público, que coreó en más de una ocasión su nombre y compartió con él las emociones de una tarde para el recuerdo, tarde que tuvo como añadido extra, a modo de guinda, un tercio de banderillas compartido por los tres toreros, con los tendidos enfervorizados.Aguado, el herederoLo mejor que se puede decir de Pablo Aguado es que son muchos los que piensan que tiene muchos puntos en común con Morante , su gran referente, y que está llamado a ser uno de sus herederos naturales. Y quien esto firma suscribe esa opinión. Porque el joven sevillano no sólo maneja el capote con gusto y suprema elegancia, sino que interpreta el toreo con personalidad y exquisita naturalidad. Aguado no vende nada y, como el maestro de La Puebla, hace lo que sabe y siente apelando siempre al temple y la despaciosidad. Ayer deleitó con el toreo de capa en sus dos toros y con la muleta demostró que lo sencillo y fácil puede ser también grandioso. Cuarta corrida de la Feria del Corpus de Granada Monumental de Frascuelo. Granada, 6 de junio de 2027. Cuarto festejo del abono de la Feria del Corpus. Lleno de ‘no hay billetes’. Ganadería.Toros de Álvaro Núñez, bien presentados y de gran juego en conjunto. Destacó el excelente quinto. Pesaron por orden de lidia 510, 530, 550, 535, 542 y 500 kilos. Morante de la Puebla, de negro y oro. Oreja con petición de la segunda y ovación tras aviso. David Fandila ‘El Fandi’, de malva y plata. Oreja con fuerte petición de la segunda y dos orejas con fuerte petición de rabo tras aviso. Pablo Aguado, De frambuesa y oro. Oreja y oreja. Al término del festejo, David Fandila ‘El Fandi’ y Pablo Aguado salieron a hombros.Pablo Aguado, además, pasa por un momento dulce. Su claridad de ideas es proporcional a la transparencia de su tauromaquia, sustanciada en la estética, el arte y el sentimiento. Lo demostró sobradamente en sus dos faenas, diferentes en cuanto a formas, pero idénticas en el fondo. Más que justas las dos orejas , una de cada toro, que le permitieron compartir Puerta Grande con el ídolo local. Que Morante de la Puebla es un genio es algo que nadie en su sano juicio discute, como nadie pone en cuestión que es un torero diferente, con conceptos artísticos diferentes, con una mentalidad diferente y con diferentes maneras de convertir el toreo, su toreo, en puro duende. Tan grande y excelso, que su tauromaquia, cincelada a golpe de inspiración, no tiene más regla fija que el sentimiento . Morante hace arte sin bocetos ni planteamientos técnicos previos, con el alma henchida y el corazón en carne viva. Por eso es capaz de lograr lo que nadie en los ruedos y fuera de ellos . Capaz, sí, de volver sin haberse ido, su último milagro, de superar en días una gravísima cogida en Sevilla, de colgar el cartel de no hay billetes en Granada ocho años después, de reinventarse cada tarde, de conjugar arte y valor a la vez y de concitar en torno a su figura devociones juveniles que han cambiado la faz del toreo y de la propia fiesta de los toros. Y todo ello, además, cuando de vuelta de mil batallas y con más de treinta años en la profesión, nada tenía que demostrar y tal vez pensaba que su carrera vivía un ocaso dorado y estaba ya amortizado como figura grande. Hago esta torpe reflexión después de sentir y visualizar en la Monumental de Frascuelo los efluvios morantistas, toda esa pasión que despierta la sola presencia de un artista sublime elevado a los altares del toreo por su capacidad para convertir un lance, un adorno o un simple gesto en todo un suceso. O para parar el tiempo cuando, capote o muleta en mano, saca de sus entrañas el prodigio del temple y el compás del duende. Este sábado Morante no fue el de las tardes históricas de Sevilla o Madrid, ni el de algunas faenas memorables en Granada, pero fue fiel a sí mismo y toreó como sólo él sabe hacerlo . «No se vaya nunca, maestro», le oí decir a un aficionado. «Quédese, aunque sólo sea para hacer el paseíllo», dijo otro. Voces, sí, desde el corazón. Porque el diestro sevillano va más allá de la sugestión o el fanatismo. Con Morante el runrún de la plaza tiene otros acentos y el ambiente es otro , como otra es la ilusión que se respira en los tendidos. Y basta, sí, con un pequeño detalle del maestro, para que se desate la locura y el universo mágico del toreo se impregne de un aroma especial.Morante dio muestras de su toreo clásico de otro tiempo. Javier MartínCon el toro que abrió plaza, justo de fuerzas, Morante de la Puebla se mostró sobrado. Tenía el de Álvaro Núñez nobleza, pero le faltaba entrega . Algunos lances tuvieron el sabor de lo añejo y varios muletazos el sello de lo diferencial, pero la faena no pasó de ser una más del maestro sevillano, que paseó la primera oreja de la tarde tras matar de estocada entera.Con el cuarto, manso, Morante construyó una faena basada en detalles, muchos de ellos con aroma de otros tiempos, aunque regaló a los aficionados una serie al natural sencillamente antológica. Quiso matar recibiendo y pinchó dos veces antes de colocar la media que acabó con la vida de su oponente. De la estética a la épicaLa tauromaquia de David Fandila no entiende tanto de sutilezas, aunque esconde otros valores que en el toreo también son esenciales . Su duende no nace de las musas, pero tiene las raíces de la raza. Y la magia, que es parte consustancial de todos los estilos del toreo si se ejecutan con verdad, se manifiesta esplendorosa en esa perfecta comunión que David mantiene con Granada y su gente, binomio que alcanza tintes históricos en la Monumental de Frascuelo. Una relación que se hizo presente desde el mismo momento que el ídolo local recetó una larga de recibo al primero de su lote y que se transformó en clamor cuando siguió con los lances a la verónica, las chicuelinas, el quite por lopecinas y, sobre todo, cuando tomó los palos para superarse en un tercio de banderillas imponente, rematado con el dos en uno. El Fandi, además, esgrimió todo su arsenal de recursos técnicos y artísticos en el último tercio , con un toreo de entrega total, intenso, variado y por momentos hondo y profundo, que caló en los tendidos y puso en sus manos una oreja de su primer oponente tras rematar la faena con una monumental estocada. Y con el quinto, un gran toro, la apoteosis del granadino, que f irmó una faena de gran calado y con una sucesión de episodios que convirtieron los tendidos en un loquero y puso en las manos de David el doble trofeo. El Fandi no se dejó nada en su empeño por corresponder al cariño de su público, que coreó en más de una ocasión su nombre y compartió con él las emociones de una tarde para el recuerdo, tarde que tuvo como añadido extra, a modo de guinda, un tercio de banderillas compartido por los tres toreros, con los tendidos enfervorizados.Aguado, el herederoLo mejor que se puede decir de Pablo Aguado es que son muchos los que piensan que tiene muchos puntos en común con Morante , su gran referente, y que está llamado a ser uno de sus herederos naturales. Y quien esto firma suscribe esa opinión. Porque el joven sevillano no sólo maneja el capote con gusto y suprema elegancia, sino que interpreta el toreo con personalidad y exquisita naturalidad. Aguado no vende nada y, como el maestro de La Puebla, hace lo que sabe y siente apelando siempre al temple y la despaciosidad. Ayer deleitó con el toreo de capa en sus dos toros y con la muleta demostró que lo sencillo y fácil puede ser también grandioso. Cuarta corrida de la Feria del Corpus de Granada Monumental de Frascuelo. Granada, 6 de junio de 2027. Cuarto festejo del abono de la Feria del Corpus. Lleno de ‘no hay billetes’. Ganadería.Toros de Álvaro Núñez, bien presentados y de gran juego en conjunto. Destacó el excelente quinto. Pesaron por orden de lidia 510, 530, 550, 535, 542 y 500 kilos. Morante de la Puebla, de negro y oro. Oreja con petición de la segunda y ovación tras aviso. David Fandila ‘El Fandi’, de malva y plata. Oreja con fuerte petición de la segunda y dos orejas con fuerte petición de rabo tras aviso. Pablo Aguado, De frambuesa y oro. Oreja y oreja. Al término del festejo, David Fandila ‘El Fandi’ y Pablo Aguado salieron a hombros.Pablo Aguado, además, pasa por un momento dulce. Su claridad de ideas es proporcional a la transparencia de su tauromaquia, sustanciada en la estética, el arte y el sentimiento. Lo demostró sobradamente en sus dos faenas, diferentes en cuanto a formas, pero idénticas en el fondo. Más que justas las dos orejas , una de cada toro, que le permitieron compartir Puerta Grande con el ídolo local.
Que Morante de la Puebla es un genio es algo que nadie en su sano juicio discute, como nadie pone en cuestión que es un torero diferente, con conceptos artísticos diferentes, con una mentalidad diferente y con diferentes maneras de convertir el toreo, su … toreo, en puro duende. Tan grande y excelso, que su tauromaquia, cincelada a golpe de inspiración, no tiene más regla fija que el sentimiento. Morante hace arte sin bocetos ni planteamientos técnicos previos, con el alma henchida y el corazón en carne viva. Por eso es capaz de lograr lo que nadie en los ruedos y fuera de ellos. Capaz, sí, de volver sin haberse ido, su último milagro, de superar en días una gravísima cogida en Sevilla, de colgar el cartel de no hay billetes en Granada ocho años después, de reinventarse cada tarde, de conjugar arte y valor a la vez y de concitar en torno a su figura devociones juveniles que han cambiado la faz del toreo y de la propia fiesta de los toros. Y todo ello, además, cuando de vuelta de mil batallas y con más de treinta años en la profesión, nada tenía que demostrar y tal vez pensaba que su carrera vivía un ocaso dorado y estaba ya amortizado como figura grande.
Hago esta torpe reflexión después de sentir y visualizar en la Monumental de Frascuelo los efluvios morantistas, toda esa pasión que despierta la sola presencia de un artista sublime elevado a los altares del toreo por su capacidad para convertir un lance, un adorno o un simple gesto en todo un suceso. O para parar el tiempo cuando, capote o muleta en mano, saca de sus entrañas el prodigio del temple y el compás del duende.
Este sábado Morante no fue el de las tardes históricas de Sevilla o Madrid, ni el de algunas faenas memorables en Granada, pero fue fiel a sí mismo y toreó como sólo él sabe hacerlo. «No se vaya nunca, maestro», le oí decir a un aficionado. «Quédese, aunque sólo sea para hacer el paseíllo», dijo otro. Voces, sí, desde el corazón. Porque el diestro sevillano va más allá de la sugestión o el fanatismo. Con Morante el runrún de la plaza tiene otros acentos y el ambiente es otro, como otra es la ilusión que se respira en los tendidos. Y basta, sí, con un pequeño detalle del maestro, para que se desate la locura y el universo mágico del toreo se impregne de un aroma especial.

(Javier Martín)
Con el toro que abrió plaza, justo de fuerzas, Morante de la Puebla se mostró sobrado. Tenía el de Álvaro Núñez nobleza, pero le faltaba entrega. Algunos lances tuvieron el sabor de lo añejo y varios muletazos el sello de lo diferencial, pero la faena no pasó de ser una más del maestro sevillano, que paseó la primera oreja de la tarde tras matar de estocada entera.
Con el cuarto, manso, Morante construyó una faena basada en detalles, muchos de ellos con aroma de otros tiempos, aunque regaló a los aficionados una serie al natural sencillamente antológica. Quiso matar recibiendo y pinchó dos veces antes de colocar la media que acabó con la vida de su oponente.
De la estética a la épica
La tauromaquia de David Fandila no entiende tanto de sutilezas, aunque esconde otros valores que en el toreo también son esenciales. Su duende no nace de las musas, pero tiene las raíces de la raza. Y la magia, que es parte consustancial de todos los estilos del toreo si se ejecutan con verdad, se manifiesta esplendorosa en esa perfecta comunión que David mantiene con Granada y su gente, binomio que alcanza tintes históricos en la Monumental de Frascuelo. Una relación que se hizo presente desde el mismo momento que el ídolo local recetó una larga de recibo al primero de su lote y que se transformó en clamor cuando siguió con los lances a la verónica, las chicuelinas, el quite por lopecinas y, sobre todo, cuando tomó los palos para superarse en un tercio de banderillas imponente, rematado con el dos en uno. El Fandi, además, esgrimió todo su arsenal de recursos técnicos y artísticos en el último tercio, con un toreo de entrega total, intenso, variado y por momentos hondo y profundo, que caló en los tendidos y puso en sus manos una oreja de su primer oponente tras rematar la faena con una monumental estocada.
Y con el quinto, un gran toro, la apoteosis del granadino, que firmó una faena de gran calado y con una sucesión de episodios que convirtieron los tendidos en un loquero y puso en las manos de David el doble trofeo. El Fandi no se dejó nada en su empeño por corresponder al cariño de su público, que coreó en más de una ocasión su nombre y compartió con él las emociones de una tarde para el recuerdo, tarde que tuvo como añadido extra, a modo de guinda, un tercio de banderillas compartido por los tres toreros, con los tendidos enfervorizados.
Aguado, el heredero
Lo mejor que se puede decir de Pablo Aguado es que son muchos los que piensan que tiene muchos puntos en común con Morante, su gran referente, y que está llamado a ser uno de sus herederos naturales. Y quien esto firma suscribe esa opinión. Porque el joven sevillano no sólo maneja el capote con gusto y suprema elegancia, sino que interpreta el toreo con personalidad y exquisita naturalidad. Aguado no vende nada y, como el maestro de La Puebla, hace lo que sabe y siente apelando siempre al temple y la despaciosidad. Ayer deleitó con el toreo de capa en sus dos toros y con la muleta demostró que lo sencillo y fácil puede ser también grandioso.
Cuarta corrida de la Feria del Corpus de Granada
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Monumental de Frascuelo.
Granada, 6 de junio de 2027. Cuarto festejo del abono de la Feria del Corpus. Lleno de ‘no hay billetes’. Ganadería.Toros de Álvaro Núñez, bien presentados y de gran juego en conjunto. Destacó el excelente quinto.
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Morante de la Puebla,
de negro y oro. Oreja con petición de la segunda y ovación tras aviso. -
David Fandila ‘El Fandi’,
de malva y plata. Oreja con fuerte petición de la segunda y dos orejas con fuerte petición de rabo tras aviso. -
Pablo Aguado,
De frambuesa y oro. Oreja y oreja.
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Pablo Aguado, además, pasa por un momento dulce. Su claridad de ideas es proporcional a la transparencia de su tauromaquia, sustanciada en la estética, el arte y el sentimiento. Lo demostró sobradamente en sus dos faenas, diferentes en cuanto a formas, pero idénticas en el fondo. Más que justas las dos orejas, una de cada toro, que le permitieron compartir Puerta Grande con el ídolo local.
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