Hay una canción de Morat que dice: “No importa que se vaya el primer beso, si aún nos queda una vida”. Antes de tocarla, en su concierto de LOS40 Básico en Madrid, Juan Pablo Villamil, uno de los compositores de la banda, cuenta que le recuerda a la historia que ellos tienen con la capital española. Porque muchas de sus Primeras veces, como se llama la canción, las tuvieron en Madrid. En 2016, este cuarteto colombiano pasó ocho meses aquí, viviendo los logros más inesperados para una banda nueva: una canción con Paulina Rubio, aparecer en Gran Hermano y llegar al número 1 en la radio. Hoy Morat es una de las bandas más exitosas de América Latina, con 14 millones de oyentes mensuales en Spotify y siete millones de suscriptores en Youtube.
La banda colombiana reúne a mil personas en un concierto íntimo en el Teatro Eslava
Hay una canción de Morat que dice: “No importa que se vaya el primer beso, si aún nos queda una vida”. Antes de tocarla, en su concierto de LOS40 Básico en Madrid, Juan Pablo Villamil, uno de los compositores de la banda, cuenta que le recuerda a la historia que ellos tienen con la capital española. Porque muchas de sus Primeras veces, como se llama la canción, las tuvieron en Madrid. En 2016, este cuarteto colombiano pasó ocho meses aquí, viviendo los logros más inesperados para una banda nueva: una canción con Paulina Rubio, aparecer en Gran Hermano y llegar al número 1 en la radio. Hoy Morat es una de las bandas más exitosas de América Latina, con 14 millones de oyentes mensuales en Spotify y siete millones de suscriptores en Youtube.
Pero son unos nostálgicos de sus inicios. Su más reciente disco, Ya es mañana (2025), está cargado de canciones que anhelan lo vivido. “Creo que miramos al pasado para ver cómo hacemos que las siguientes decisiones las podamos enderezar hacia donde queremos ir, pero no dándonos látigo de qué pudimos haber hecho mejor”, decía Juan Pablo Isaza antes de subirse al escenario. Podría decirse que él es el frontman, aunque en esta banda todos cantan. “De pronto, en retrospectiva, hubiésemos hecho cosas distintas. Pero yo creo que cada error y cada acierto nos trajeron a donde estamos ahora”, sugiere.
Y donde están sigue siendo un lugar muy dulce. Mil fans los reciben en el teatro Eslava con una devoción sosegada, pero devoción, al fin y al cabo. Es un encuentro íntimo en comparación con los cuatro conciertos que tuvieron en el Movistar Arena la semana pasada, donde los vieron cerca de 15.000 personas cada noche. Aquí, ellos podían distinguir a todo el mundo, hasta a los que estaban en el tercer piso. “Qué locura conocer tantas caras”, dijo Isaza nada más arrancar el concierto, y no se refería a que estuviesen allí sus amigos, sino a que puede reconocer a sus fanáticos.
Como a Alyson Escoto, de 31 años. Ella los ha visto varias veces en directo, la primera en Honduras, su país natal. Otra, en el festival Río Babel en 2023, donde conoció a Mayra Caro, de 29, con quien ha venido esta noche. Llevan varios carteles y uno pone: “Gracias por ser la banda sonora de nuestra amistad”.
Al público le toma tres canciones animarse del todo. Cuando suena Aprender a quererte, de su disco debut Sobre el amor y sus efectos secundarios (2016), parece que la gente se despierta. La mitad de los asistentes saca el móvil para filmarlos. La otra mitad grita y salta. Le sigue Segundos platos, del disco Si ayer fuera hoy (2022), y luego una versión de Tu cárcel, original de Los Bukis, que la gente corea, aunque no sepan quién es Marco Antonio Solís.
Hay algo electrizante en el estilo de Morat que es innegable. Casi todas las canciones empiezan a una sola voz, a la que luego se le van uniendo dos, tres, hasta que los cuatro integrantes acaban dándolo todo en el coro, armonizando frases sencillas o monosílabos. “Sus oh, oh, oh son muy reconocibles”, dice Paula González, otra de las fanáticas que ha venido esta noche. Su novio, Bryan Valderrama, la trajo por sorpresa, pues los dos son seguidores de la banda. Él casi más que ella. “Me iba poniendo las canciones y me ganaron el corazón por partida doble”, admite ella con pudor, mientras él no duda en mostrar que se ha tatuado el logo de la banda en el brazo. “Me gusta que todos canten, que toquen varios instrumentos. Son músicos de verdad”, dice él. Y agrega: “Ahora que hay tanta música hecha con inteligencia artificial, la de ellos es real”.
El “oh, oh, oh” más popular es, sin duda, el de Cómo te atreves (2016). Aparece hacia la mitad del concierto y no queda nadie sin gritarlo. Un hombre alto y musculoso, con pinta de leñador, levanta el brazo con pasión mientras canta: Contigo yo me acostumbré a perder, mi corazón funciona sin latidos. Y no es el único hombre que aprovecha para dejarse ir.
“Sus coros son épicos”, concuerda Tony Aguilar, locutor de LOS40 y maestro de ceremonias esta noche. Él los ha entrevistado al menos 20 veces, admite, y cuenta que han tenido seis canciones en el top de su programa Del 40 al 1: “No tenía dudas de que iban a convertirse en una de las bandas más grandes de América Latina”. Y si no son la más grande, sin duda están trabajando para ello. Después de Madrid, irán a México, Estados Unidos y Canadá. “El plan es que la gira dure tanto como pueda y llevarla a lugares donde no hemos ido”, cuenta con ilusión Martín Vargas, el baterista del grupo. “Estamos en proceso de terminar nuestro siguiente disco, que justo expandirá el universo de Ya es mañana, así que creo que esta es la gira que hay que llevar a Asia, o a Australia, a Brasil”, aventura.
El concierto termina con Vuelvo a ti, uno de los sencillos del último disco. Simón Vargas, el bajista y hermano mayor de Martín, se suelta su larga melena y bate la cabeza con fuerza. Con 33 años, es el mayor de los cuatro, el único que ha publicado un libro (A la orilla de la luz, 2020) y también es fotógrafo. Su interés por la cultura, e incluso por la política, es llamativo. Y es rápido en opinar cuando se le pregunta sobre el nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, que en octubre retiró más de 30 piezas de una exposición permanente del Museo Nacional: “Desde el lado de los artistas, sin duda tenemos un sentimiento de prevención”, asegura, “no ha habido señales que muestren que estamos jugando en el mismo equipo”.
A ninguno le gusta que se censure el arte, pero no entran a discutir sobre su postura ideológica. Tampoco en el escenario hacen ningún llamado al respecto; ahí solo tienen agradecimientos. “A ustedes, el público, por estar aquí. Y a LOS40 por organizar esto tan bonito”, reconoce Isaza, “porque han estado ahí desde el principio. Cuando no era obvio apostar por nosotros, ahí estaban ellos. Así que, gracias”.
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