En una tarde inolvidable, de toreo desmayado, puro y natural, con el sello del clasicismo sevillano por bandera que tanto llega al corazón de los tendidos, Pablo Aguado descerrajó la Puerta del Príncipe tras desorejar al primero de su lote y cortarle un apéndice al que hacía sexto. «No me cambio por nadie. Si el sueño de todo torero es abrirla una vez, abrirla otra parece imposible. Pero, más allá de la Puerta del Príncipe o de las orejas, lo que me llevo son las sensaciones que he tenido delante del toro. Es por esto que uno se pone delante de un animal que te puede quitar de en medio», comentaba el sevillano a Canal Sur al término del festejo. «No puedo hablar de la afición porque me emociono», se sinceraba Aguado antes de recibir la tercera oreja y de ser izado en volandas para cruzar en medio de la multitud la Puerta del Príncipe. Con el primero de su lote, el que hizo tercero, compuso una obra cumbre. «Lo he sentido mucho por dentro y me he emocionado. Hay que darle su mérito a otro gran toro de Jandilla. Su embestida me ha dejado expresarme como lo siento. Con las ganaderías buenas es más fácil», señalaba el sevillano, que ya cruzó la Puerta del Príncipe en 2019 ante astados de la divisa extremeña. «Que te embista un toro como lo sientes en Sevilla es lo más cercano a la felicidad plena», confesaba. «Con este tipo de embestidas en esta plaza, te encuentras a gusto en el sitio y te olvidas de dónde estás. Fluye y, cuando te das cuentas, todo ha acabado», reflexionaba Aguado tras la faena al primero de su lote. Emilio de Justo se marchó de Sevilla con una oreja en su esportón y con un gran susto al recibir al abreplaza de Jandilla junto a tablas. «Un poco dolorido de la espalda por el golpe. Me he escapado, gracias a Dios», señalaba el extremeño. «Ha sido muy agradecido pero había que estar siempre serio con él y muy asentado, convencido de lo que se hacía», analizaba. Con el cuarto tuvo menos posibilidades tras perder mucho fuelle el toro en el último tercio. «Uno siempre viene con la ilusión de abrir la Puerta Grande, pero ha sido una tarde seria con una oreja de enorme peso. Se ha venido abajo con la izquierda. Ha sido una tarde bonita, con cosas importantes, y la afición me ha tratado con mucho respeto, cariño y admiración. Me voy muy agradecido con el público de Sevilla». En una tarde inolvidable, de toreo desmayado, puro y natural, con el sello del clasicismo sevillano por bandera que tanto llega al corazón de los tendidos, Pablo Aguado descerrajó la Puerta del Príncipe tras desorejar al primero de su lote y cortarle un apéndice al que hacía sexto. «No me cambio por nadie. Si el sueño de todo torero es abrirla una vez, abrirla otra parece imposible. Pero, más allá de la Puerta del Príncipe o de las orejas, lo que me llevo son las sensaciones que he tenido delante del toro. Es por esto que uno se pone delante de un animal que te puede quitar de en medio», comentaba el sevillano a Canal Sur al término del festejo. «No puedo hablar de la afición porque me emociono», se sinceraba Aguado antes de recibir la tercera oreja y de ser izado en volandas para cruzar en medio de la multitud la Puerta del Príncipe. Con el primero de su lote, el que hizo tercero, compuso una obra cumbre. «Lo he sentido mucho por dentro y me he emocionado. Hay que darle su mérito a otro gran toro de Jandilla. Su embestida me ha dejado expresarme como lo siento. Con las ganaderías buenas es más fácil», señalaba el sevillano, que ya cruzó la Puerta del Príncipe en 2019 ante astados de la divisa extremeña. «Que te embista un toro como lo sientes en Sevilla es lo más cercano a la felicidad plena», confesaba. «Con este tipo de embestidas en esta plaza, te encuentras a gusto en el sitio y te olvidas de dónde estás. Fluye y, cuando te das cuentas, todo ha acabado», reflexionaba Aguado tras la faena al primero de su lote. Emilio de Justo se marchó de Sevilla con una oreja en su esportón y con un gran susto al recibir al abreplaza de Jandilla junto a tablas. «Un poco dolorido de la espalda por el golpe. Me he escapado, gracias a Dios», señalaba el extremeño. «Ha sido muy agradecido pero había que estar siempre serio con él y muy asentado, convencido de lo que se hacía», analizaba. Con el cuarto tuvo menos posibilidades tras perder mucho fuelle el toro en el último tercio. «Uno siempre viene con la ilusión de abrir la Puerta Grande, pero ha sido una tarde seria con una oreja de enorme peso. Se ha venido abajo con la izquierda. Ha sido una tarde bonita, con cosas importantes, y la afición me ha tratado con mucho respeto, cariño y admiración. Me voy muy agradecido con el público de Sevilla».
En una tarde inolvidable, de toreo desmayado, puro y natural, con el sello del clasicismo sevillano por bandera que tanto llega al corazón de los tendidos, Pablo Aguado descerrajó la Puerta del Príncipe tras desorejar al primero de su lote y cortarle un apéndice al … que hacía sexto. «No me cambio por nadie. Si el sueño de todo torero es abrirla una vez, abrirla otra parece imposible. Pero, más allá de la Puerta del Príncipe o de las orejas, lo que me llevo son las sensaciones que he tenido delante del toro. Es por esto que uno se pone delante de un animal que te puede quitar de en medio», comentaba el sevillano a Canal Sur al término del festejo.
«No puedo hablar de la afición porque me emociono», se sinceraba Aguado antes de recibir la tercera oreja y de ser izado en volandas para cruzar en medio de la multitud la Puerta del Príncipe. Con el primero de su lote, el que hizo tercero, compuso una obra cumbre. «Lo he sentido mucho por dentro y me he emocionado. Hay que darle su mérito a otro gran toro de Jandilla. Su embestida me ha dejado expresarme como lo siento. Con las ganaderías buenas es más fácil», señalaba el sevillano, que ya cruzó la Puerta del Príncipe en 2019 ante astados de la divisa extremeña.
«Que te embista un toro como lo sientes en Sevilla es lo más cercano a la felicidad plena», confesaba. «Con este tipo de embestidas en esta plaza, te encuentras a gusto en el sitio y te olvidas de dónde estás. Fluye y, cuando te das cuentas, todo ha acabado», reflexionaba Aguado tras la faena al primero de su lote.
Emilio de Justo se marchó de Sevilla con una oreja en su esportón y con un gran susto al recibir al abreplaza de Jandilla junto a tablas. «Un poco dolorido de la espalda por el golpe. Me he escapado, gracias a Dios», señalaba el extremeño. «Ha sido muy agradecido pero había que estar siempre serio con él y muy asentado, convencido de lo que se hacía», analizaba.
Con el cuarto tuvo menos posibilidades tras perder mucho fuelle el toro en el último tercio. «Uno siempre viene con la ilusión de abrir la Puerta Grande, pero ha sido una tarde seria con una oreja de enorme peso. Se ha venido abajo con la izquierda. Ha sido una tarde bonita, con cosas importantes, y la afición me ha tratado con mucho respeto, cariño y admiración. Me voy muy agradecido con el público de Sevilla».
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