«¡Dejen libre, dejen libre!», gritaron en el callejón mientras Jordi Pérez, conocido como el Niño de las Monjas , abandonaba la plaza de toros de Huallanca tras sufrir una dramática cornada en el cuello. Horrible la escena, con el torero valenciano sangrando mientras le taponaban la herida. La preocupación era palpable. Ya en la calle, era trasladado en una camilla hasta un portón blanco que golpeaban fuertemente mientras el torero comenzaba a perder las consciencia. «¡Abre, abre, es grave!». Conmovía la voz temblorosa de una mujer: «Pobrecito…», con el verbo añadido de aquello que se temía, de aquello que nunca se quiere pronunciar, de la muerte que rondaba. «Ha podido ser mortal». El pitón había calado en una zona tremendamente peligrosa durante un festejo celebrado en un pueblecito del bello y acogedor Perú, donde las condiciones sanitarias no son siempre las más favorables y que abre el eterno debate sobre la necesidad imperiosa de tener enfermerías debidamente equipadas en todos los sitios donde un torero se juega la vida. Aquella puerta blanca era la del centro de salud, «cerrado lamentablemente», según indican desde la página de Identidad Huallanquina. Enfundado en su vestido verde y oro, El Niño de las Monjas toreaba con el capote cuando el toro lo prendió en esa placita peruana rodeada de sierra en el departamento de Áncash. Las primeras noticias que llegaban de madrugada eran a cuentagotas y contradictorias, aunque con un mensaje esperanzador de Marco Honores en el perfil de ONG Cultural Joselito el Gallo: «La situación del torero es que ha sido estabilizado, el doctor César Baltazar, especialista en cornadas y ángel de los toreros en Perú, tuvo comunicación con las personas que atendieron al torero en el centro de salud de Huallanca, por videollamada, para que puedan controlar la situación, para que luego pueda ser trasladado a la ciudad de Huaraz, donde se verán más a detalle los procedimientos médicos en adelante. Las imágenes nos hicieron pensar en lo peor. Pero gracias a Dios ya pudieron estabilizar al torero». La distancia de Huallanca a Huaraz es de 168 kilómetros, unas tres horas en las carreteras peruanas.Allí se encuentra en estos momentos el torero de Carlet, que creció en el Hogar de San José de la Montaña rodeado del amor de sus madres, las monjitas que lo cuidaron. Tremendamente preocupadas están por Jordi: «Nos dicen que no había vendas, que le pusieron una toalla. Salió de pie de la plaza pero luego perdió el conocimiento y el centro de salud del pueblo estaba cerrado. Horrible. Él está muy débil». Vía móvil, a través de mensajes de texto, su familia ha podido ponerse en contacto con el torero, a la espera de que le realicen un TAC. «Era festivo y no había quién pudiera hacerlo. Cuando se lo hagan, decidirán la intervención». La noticia tranquilizadora es que «parece que no tiene arterias ni venas importantes afectadas, pero no sabemos casi nada y estamos tan lejos, y él está allí tan solo». Conmueven las palabras de quien siempre lo cuidó como a un hijo, conmueven las palabras de la madre Elisa. «Madre, Dios me ha dado otra oportunidad», le ha escrito Jordi por whatsapp, dolorido, sin apenas poder mover el brazo. Aunque cuentan que está fuera de peligro, las monjitas están tremendamente preocupadas. «Hemos hablado con el doctor Carbonell, el cirujano de Valencia, que está en contacto con otro cirujano de allí, que está siguiendo el caso a través de videollamada».Palabras del médicoSe refiere al doctor Baltazar, que habló para ‘Toros en el Mundo’: «Nos comenta que la cornada sufrida por el matador no afectó arterias, venas ni vasos sanguíneos de importancia, y tampoco comprometió la tráquea. La lesión ha sido calificada como grave, aunque se encuentra controlada y su evolución no ha presentado complicaciones mayores hasta el momento. Asimismo, se informó que el diestro no necesita asistencia con tubo para respirar, debido a que la cornada comprometió únicamente tejido muscular. El sangrado fue de intensidad moderada y permanece bajo observación médica para seguir de cerca su evolución».Una de las noticias alentadoras es que Jordi Pérez se encuentra estable, traga saliva y respira bien, lo que hace pensar «que la tráquea no está comprometida». Tras realizarle una tomografía será operado en el centro hospitalario de Huaraz y, si todo evoluciona bien, podría ser trasladado en avión hasta Lima, donde se pondría en manos del cirujano de la plaza de Acho, el doctor Baltazar. Pese a la diferencia horaria, desde la madrugada fueron muchos los que mostraron su preocupación por el estado de Jordi Pérez, el niño que llegó con once años a la Congregación Madres de Desamparados y al que las religiosas apuntaron a la Escuela taurina. Intentaron frenar su vocación taurina con el rugby, pero no hubo manera. Y un día aquel niño de Carlet apareció en el ruedo de Valencia de la mano de una monja, ante la sorpresa de los maestros, como Juan Carlos Vera, sobrino del protagonista de aquel filme rodado en 1958 en el que un bebé era abandonado en un convento. «Buscamos información, llamé a la Escuela y me presenté con un educador. Me dijeron que nada malo iba a aprender, que tendría una disciplina y buena educación», explicaba la madre Elisa, su segunda madre. La que reza por él para que pronto pueda abrazar a su bebé, Martín. El Niño de las Monjas ha sido padre recientemente y viajó hasta el Perú con el sueño de casarse a la vuelta y para ganarse la vida, la que ha estado a punto de perder. «¡Dejen libre, dejen libre!», gritaron en el callejón mientras Jordi Pérez, conocido como el Niño de las Monjas , abandonaba la plaza de toros de Huallanca tras sufrir una dramática cornada en el cuello. Horrible la escena, con el torero valenciano sangrando mientras le taponaban la herida. La preocupación era palpable. Ya en la calle, era trasladado en una camilla hasta un portón blanco que golpeaban fuertemente mientras el torero comenzaba a perder las consciencia. «¡Abre, abre, es grave!». Conmovía la voz temblorosa de una mujer: «Pobrecito…», con el verbo añadido de aquello que se temía, de aquello que nunca se quiere pronunciar, de la muerte que rondaba. «Ha podido ser mortal». El pitón había calado en una zona tremendamente peligrosa durante un festejo celebrado en un pueblecito del bello y acogedor Perú, donde las condiciones sanitarias no son siempre las más favorables y que abre el eterno debate sobre la necesidad imperiosa de tener enfermerías debidamente equipadas en todos los sitios donde un torero se juega la vida. Aquella puerta blanca era la del centro de salud, «cerrado lamentablemente», según indican desde la página de Identidad Huallanquina. Enfundado en su vestido verde y oro, El Niño de las Monjas toreaba con el capote cuando el toro lo prendió en esa placita peruana rodeada de sierra en el departamento de Áncash. Las primeras noticias que llegaban de madrugada eran a cuentagotas y contradictorias, aunque con un mensaje esperanzador de Marco Honores en el perfil de ONG Cultural Joselito el Gallo: «La situación del torero es que ha sido estabilizado, el doctor César Baltazar, especialista en cornadas y ángel de los toreros en Perú, tuvo comunicación con las personas que atendieron al torero en el centro de salud de Huallanca, por videollamada, para que puedan controlar la situación, para que luego pueda ser trasladado a la ciudad de Huaraz, donde se verán más a detalle los procedimientos médicos en adelante. Las imágenes nos hicieron pensar en lo peor. Pero gracias a Dios ya pudieron estabilizar al torero». La distancia de Huallanca a Huaraz es de 168 kilómetros, unas tres horas en las carreteras peruanas.Allí se encuentra en estos momentos el torero de Carlet, que creció en el Hogar de San José de la Montaña rodeado del amor de sus madres, las monjitas que lo cuidaron. Tremendamente preocupadas están por Jordi: «Nos dicen que no había vendas, que le pusieron una toalla. Salió de pie de la plaza pero luego perdió el conocimiento y el centro de salud del pueblo estaba cerrado. Horrible. Él está muy débil». Vía móvil, a través de mensajes de texto, su familia ha podido ponerse en contacto con el torero, a la espera de que le realicen un TAC. «Era festivo y no había quién pudiera hacerlo. Cuando se lo hagan, decidirán la intervención». La noticia tranquilizadora es que «parece que no tiene arterias ni venas importantes afectadas, pero no sabemos casi nada y estamos tan lejos, y él está allí tan solo». Conmueven las palabras de quien siempre lo cuidó como a un hijo, conmueven las palabras de la madre Elisa. «Madre, Dios me ha dado otra oportunidad», le ha escrito Jordi por whatsapp, dolorido, sin apenas poder mover el brazo. Aunque cuentan que está fuera de peligro, las monjitas están tremendamente preocupadas. «Hemos hablado con el doctor Carbonell, el cirujano de Valencia, que está en contacto con otro cirujano de allí, que está siguiendo el caso a través de videollamada».Palabras del médicoSe refiere al doctor Baltazar, que habló para ‘Toros en el Mundo’: «Nos comenta que la cornada sufrida por el matador no afectó arterias, venas ni vasos sanguíneos de importancia, y tampoco comprometió la tráquea. La lesión ha sido calificada como grave, aunque se encuentra controlada y su evolución no ha presentado complicaciones mayores hasta el momento. Asimismo, se informó que el diestro no necesita asistencia con tubo para respirar, debido a que la cornada comprometió únicamente tejido muscular. El sangrado fue de intensidad moderada y permanece bajo observación médica para seguir de cerca su evolución».Una de las noticias alentadoras es que Jordi Pérez se encuentra estable, traga saliva y respira bien, lo que hace pensar «que la tráquea no está comprometida». Tras realizarle una tomografía será operado en el centro hospitalario de Huaraz y, si todo evoluciona bien, podría ser trasladado en avión hasta Lima, donde se pondría en manos del cirujano de la plaza de Acho, el doctor Baltazar. Pese a la diferencia horaria, desde la madrugada fueron muchos los que mostraron su preocupación por el estado de Jordi Pérez, el niño que llegó con once años a la Congregación Madres de Desamparados y al que las religiosas apuntaron a la Escuela taurina. Intentaron frenar su vocación taurina con el rugby, pero no hubo manera. Y un día aquel niño de Carlet apareció en el ruedo de Valencia de la mano de una monja, ante la sorpresa de los maestros, como Juan Carlos Vera, sobrino del protagonista de aquel filme rodado en 1958 en el que un bebé era abandonado en un convento. «Buscamos información, llamé a la Escuela y me presenté con un educador. Me dijeron que nada malo iba a aprender, que tendría una disciplina y buena educación», explicaba la madre Elisa, su segunda madre. La que reza por él para que pronto pueda abrazar a su bebé, Martín. El Niño de las Monjas ha sido padre recientemente y viajó hasta el Perú con el sueño de casarse a la vuelta y para ganarse la vida, la que ha estado a punto de perder.
«¡Dejen libre!», gritaron en el callejón mientras Jordi Pérez, conocido como el Niño de las Monjas, abandonaba la plaza de toros de Huallanca tras sufrir una dramática cornada en el cuello. Horrible la escena, con el torero valenciano sangrando mientras le taponaban la herida. … La preocupación era palpable. Ya en la calle, era trasladado en una camilla hasta un portón blanco que golpeaban fuertemente. «¡Abre, abre, es grave!». Conmovía la voz temblorosa de una mujer: «Pobrecito…», con el verbo añadido de aquello que se temía. El pitón había calado en una zona tremendamente peligrosa y en un pueblecito del bello y acogedor Perú, donde las condiciones sanitarias no son siempre las más favorables y que abre el eterno debate sobre la necesidad de tener enfermerías debidamente equipadas en todos los sitios donde un torero se juega la vida. Aquella puerta blanca era la del centro de salud, «cerrado lamentablemente», según indican desde la página de Identidad Huallanquina.
Enfundado en su vestido verde y oro, El Niño de las Monjas toreaba con el capote cuando el toro lo prendió en esa placita peruana rodeada de sierra en el departamento de Áncash.
Las primeras noticias que llegaban de madrugada eran a cuentagotas y contradictorias, aunque con un mensaje esperanzador de Marco Honores en el perfil de ONG Cultural Joselito el Gallo: «La situación del torero es que ha sido estabilizado, el doctor César Baltazar, especialista en cornadas y ángel de los toreros en Perú, tuvo comunicación con las personas que atendieron al torero en el centro de salud de Huallanca, por videollamada, para que puedan controlar la situación, para que luego pueda ser trasladado a la ciudad de Huaraz, donde se verán más a detalle los procedimientos médicos en adelante. Las imágenes nos hicieron pensar en lo peor. Pero gracias a Dios ya pudieron estabilizar al torero». La distancia de Huallanca a Huaraz es de 168 kilómetros, unas tres horas en las carreteras peruanas.
A las siete de la mañana, en ‘Toros en el Mundo’ informaban sobre su conversación mantenida con el cirujano. «El doctor Baltazar nos comenta lo siguiente: la cornada sufrida por el matador no afectó arterias, venas ni vasos sanguíneos de importancia, y tampoco comprometió la tráquea. La lesión ha sido calificada como grave, aunque se encuentra controlada y su evolución no ha presentado complicaciones mayores hasta el momento. Asimismo, se informó que el diestro no necesita asistencia con tubo para respirar, debido a que la cornada comprometió únicamente tejido muscular. El sangrado fue de intensidad moderada y permanece bajo observación médica para seguir de cerca su evolución».
Pese a la diferencia horaria, son muchos los que han mostrado su preocupación por el estado de Jordi Pérez, el niño que llegó con once años a la Congregación Madres de Desamparados y al que las religiosas apuntaron a la Escuela taurina. Intentaron frenar su vocación taurina con el rugby, pero no hubo manera.
Y un día aquel niño de Caret apareció en el ruedo de Valencia de la mano de una monja, ante la sorpresa de los maestros, como Juan Carlos Vera, sobrino del protagonista de aquel filme rodado en 1958 en el que un bebé era abandonado en un convento. «Buscamos información, llamé a la Escuela y me presenté con un educador. Me dijeron que nada malo iba a aprender, que tendría una disciplina y buena educación», explicaba la madre Elisa, su segunda madre. La que reza por él.
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