Cuando aparece en la pantalla Roberto Saviano (Nápoles, 1979), la impresión es la de un hombre castigado, pero no derrotado. «¿Cómo estás?», saluda. Él está «bien», responde. «Resisto». Habla desde una sala poco iluminada, vestido con una camisa negra. Ya son veinte años los que lleva escondiéndose de la mafia, desde que en 2006 publicara ‘Gomorra’, el libro en el que contó cómo la Camorra se había convertido en una enorme organización empresarial. El libro fue un éxito mundial, pero el precio fueron unas amenazas de muerte que todavía lo obligan a vivir bajo escolta. Ahora publica ‘Mi amor no muere’ (Alfaguara), una novela de no ficción en la que cuenta la historia de amor entre Rossella Casini y un joven vinculado por su familia a un clan mafioso. —¿Por qué Rossella Casini? —Porque es una historia casi imposible de inventar. Es una joven que se enamora de un chico calabrés y que posee un valor y una ingenuidad sin límites. Para un escritor es extraño encontrarse con alguien así. Por primera vez, una historia real me permite mostrar cómo el amor es el principal instrumento de resistencia frente al poder mafioso. En una época en la que nadie hablaba de la ‘Ndrangheta, ella y su novio estaban convencidos de que solo la verdad podía proteger su amor, y por eso colaboraron con la Policía. Cuando él se retracta y vuelve a Calabria, ella lo sigue. No la movía la lucha sindical, ni la lucha antimafia, ni la militancia. La movía el amor, la voluntad de ser feliz. Esa obstinación casi shakespeariana hace que sea la historia de amor más increíble que he conocido.’Mi amor no muere’ Autor Roberto Saviano Traducción Carlos Gumpert Editorial Alfaguara Páginas 344 Precio 21,90 euros—¿La mujer es la parte más débil en el ecosistema de la mafia? —No. Las mujeres ocupan una posición central dentro de la mafia. Son quienes transmiten los códigos, las reglas y los valores del grupo. De hecho, fue la hermana de Francesco quien quiso que mataran a Rossella. Sin las mujeres, las mafias no existirían. Por eso una mujer que se rebela resulta mucho más peligrosa para el sistema que un hombre. Un hombre que se rebela es un traidor; una mujer rebelde lo subvierte todo. Por eso Rossella fue castigada con una violencia extrema. La violaron, algo prohibido por los códigos mafiosos. La descuartizaron, le arrancaron los brazos y las piernas, la decapitaron y arrojaron su cuerpo al mar. Fue una auténtica carnicería destinada a borrar su existencia. —¿El caso de Francesco Piscina demuestra que el destino de quienes nacen dentro de la mafia está marcado? —En cierto modo sí. Existe la posibilidad de alejarse, y Francesco la tuvo, pero es muy difícil porque significa, antes que nada, romper con la propia familia. Además, en Italia la frontera entre lo legal y lo ilegal en el mundo empresarial prácticamente no existe. Ni siquiera hay una verdadera posibilidad de pasarse al lado del Estado; la mafia forma parte del Estado.«Sin las mujeres, las mafias no existirían. Por eso una mujer que se rebela resulta mucho más peligrosa para el sistema que un hombre»—¿Sigue siendo hoy la mafia tan peligrosa como en los años 70-80? —Es aún más peligrosa, porque hoy es más invisible. En aquellos años su presencia era visible: había cadáveres en las calles. Ahora ha sustituido esa violencia por la infiltración económica y social. Al no haber cadáveres en las calles, ha desaparecido la presión de la opinión pública. Hoy la inseguridad se atribuye a los inmigrantes y no al crimen organizado. Se culpa a quienes venden la droga y no a los grandes cárteles que la distribuyen. —¿Por qué sigue avanzando el crimen organizado? —La primera razón es la demanda. La vida cada vez es más dura. Quizá nunca el ser humano había sufrido tanto psicológicamente. Mucha gente siente que no puede seguir adelante sin las drogas. En 2025 se produjo la mayor producción de cocaína de la historia de la humanidad, según la ONU. Existe una demanda infinita. No solo hablamos de cocaína, también de heroína, metanfetaminas, éxtasis, hachís o marihuana. Es imposible detener este tráfico por las enormes cantidades de dinero que mueve. Para que se haga una idea: con el dinero asociado a una sola incautación de cocaína realizada hace años en Roma, se habría podido comprar el equipo de fútbol de la Juventus. —¿Tantas series y películas sobre la mafia han contribuido a banalizar el fenómeno? —Claro que ocurre, pero el problema no es el tema en sí. Hay producciones sobre el crimen organizado que son insoportables y patéticas, y otras que son auténticas obras maestras. Lo que sí ha ocurrido es que el estilo mafioso se ha convertido en el modelo del empresario de éxito. Las organizaciones mafiosas prosperan en ese terreno que hay entre cumplir la ley y las reglas reales del poder. La ley te dice cómo ganar una licitación pública; la regla te dice que debes pagar un porcentaje al político adecuado o contratar trabajadores en negro para reducir costes. Lo mismo ocurre en todos los ámbitos. La ley te explica cómo conseguir una plaza universitaria; la regla te dice que debes pactar con el profesor adecuado. Así es como las mafias conquistan el mundo: ellas conocen las reglas mientras el resto habla de las leyes.«Yo me he destruido la vida. Durante un tiempo creí que podía cambiar el curso de las cosas»—Después de veinte años escribiendo sobre esto, ¿sigue creyendo que se puede combatir a la mafia desde el periodismo? —Me temo que tendría que dar una respuesta poco sincera. Para sus lectores debería decir que sí, pero no sería sincero. ¿Quiere la respuesta sincera o la respuesta correcta? —Adelante. —No. No creo que quede mucho por hacer. Han ganado. Lo único que puede hacerse es intentar comprender cómo funciona. Yo me he destruido la vida. Durante un tiempo creí que podía cambiar el curso de las cosas. Pero después de dieciocho años de procesos judiciales sigo sin cerrar una causa contra el jefe mafioso y el abogado que me amenazaron. En el plano económico no tienen límites. ¿Sabe cuál es la capital mundial del dinero mafioso? Londres, no Nápoles ni Ciudad de México. Londres es el gran centro del lavado de dinero. No porque la mafia controle directamente a los ministros o porque la policía sea corrupta, sino porque existen mecanismos que facilitan la llegada y circulación de capitales opacos a través de distintos territorios vinculados a la Commonwealth. El dinero entra por Malta, Chipre, Barbados, Gibraltar o Jersey. Por eso los expertos en blanqueo la llaman la Isla del Tesoro. —¿El Estado ha fallado con usted? —Sería demasiado egocéntrico pensar que el Estado ha fallado conmigo. El problema es que el Estado italiano está hecho pedazos. La crisis económica lo ha devastado y la lucha antimafia ya no es una prioridad. Con este Gobierno, he sido llevado a los tribunales por el primer ministro (Meloni), el viceprimer ministro (Salvini) y el ministro de Cultura. La fuerza política de Meloni reside también en haber ocultado los problemas del crimen organizado y haber desviado toda la atención hacia la inmigración. Ese es el gran truco ¿De quién procede toda la droga que venden en la calle los inmigrantes desesperados? De los traficantes italianos, españoles, de las grandes organizaciones que luego reinvierten el dinero en la construcción, en restaurantes y en hoteles. El inmigrante es solo la parte más visible. La astucia de las políticas populistas consiste en señalar con el dedo la parte visible y ocultar todo lo demás. —Han pasado veinte años desde la publicación de ‘Gomorra’. ¿Ha merecido la pena el sacrificio? —No, en absoluto. Sigo adelante porque es mi trabajo, porque se ha convertido en una forma de existir, casi en un patrón psicológico. Si pudiera volver atrás, no lo volvería a hacer bajo ningún concepto. No reniego de ello, pero me ha destrozado la vida. Siento desprecio hacia mí mismo porque no soy capaz de mandar todo esto al diablo y dejarlo atrás. Continúo escribiendo y dedicándome a esto casi como una forma de venganza. Quizá lo hago porque no consigo encontrar otra versión de mí mismo. Abordar estos temas es como tocar cables de alta tensión. Tal vez esa sea precisamente la razón por la que sigo escribiendo y concediendo entrevistas: toda esa tensión ha pasado por mi cuerpo. Quienes leen mis libros pueden acercarse a estas verdades sin electrocutarse, como me electrocuté yo. Sigo adelante porque, sencillamente, no sé hacer otra cosa. «Sigo adelante porque quiero vengarme. Pero la venganza no te libera. Te ata todavía más a la injusticia que has sufrido»—Publicó ‘Gomorra’ con solo 26 años. ¿Se imaginaba todo lo que iba a ocurrir después? —No. De hecho es peor de lo que imaginaba. Hubo un momento en que pensé: seguiré adelante y, tarde o temprano, me matarán. Y ya está. Sin embargo, me he quedado a medio camino. Ni vivo ni muerto. Es lo que significa ser un superviviente, como un soldado que va a la guerra y piensa que volverá vivo o muerto. Pero puede regresar herido, traumatizado y destrozado. Eso es lo que me ha sucedido a mí. Me han dejado a medias, en una situación de enorme fragilidad. —¿Sueña con ser libre algún día? —Depende de mí. La verdad es que ya no depende de nadie más. El Estado ya ha dado lo peor de sí mismo. Todo depende de mí. Tengo que encontrar la fuerza para desaparecer. Tengo que encontrar la fuerza para reinventar mi vida. Y sigo adelante porque quiero vengarme. Pero la venganza, y esa es la infinita sabiduría del Evangelio, no te libera. Te ata todavía más a la injusticia que has sufrido. Ahora mismo estoy lleno de venganza y necesito liberarme de ella. Para mí, escribir es una forma de vengarme de toda esta basura. Y también quiero dejar una huella. Hoy el capitalismo es mafioso. No es que la mafia se haya vuelto capitalista, sino que el capitalismo ha adoptado reglas mafiosas. Cuando aparece en la pantalla Roberto Saviano (Nápoles, 1979), la impresión es la de un hombre castigado, pero no derrotado. «¿Cómo estás?», saluda. Él está «bien», responde. «Resisto». Habla desde una sala poco iluminada, vestido con una camisa negra. Ya son veinte años los que lleva escondiéndose de la mafia, desde que en 2006 publicara ‘Gomorra’, el libro en el que contó cómo la Camorra se había convertido en una enorme organización empresarial. El libro fue un éxito mundial, pero el precio fueron unas amenazas de muerte que todavía lo obligan a vivir bajo escolta. Ahora publica ‘Mi amor no muere’ (Alfaguara), una novela de no ficción en la que cuenta la historia de amor entre Rossella Casini y un joven vinculado por su familia a un clan mafioso. —¿Por qué Rossella Casini? —Porque es una historia casi imposible de inventar. Es una joven que se enamora de un chico calabrés y que posee un valor y una ingenuidad sin límites. Para un escritor es extraño encontrarse con alguien así. Por primera vez, una historia real me permite mostrar cómo el amor es el principal instrumento de resistencia frente al poder mafioso. En una época en la que nadie hablaba de la ‘Ndrangheta, ella y su novio estaban convencidos de que solo la verdad podía proteger su amor, y por eso colaboraron con la Policía. Cuando él se retracta y vuelve a Calabria, ella lo sigue. No la movía la lucha sindical, ni la lucha antimafia, ni la militancia. La movía el amor, la voluntad de ser feliz. Esa obstinación casi shakespeariana hace que sea la historia de amor más increíble que he conocido.’Mi amor no muere’ Autor Roberto Saviano Traducción Carlos Gumpert Editorial Alfaguara Páginas 344 Precio 21,90 euros—¿La mujer es la parte más débil en el ecosistema de la mafia? —No. Las mujeres ocupan una posición central dentro de la mafia. Son quienes transmiten los códigos, las reglas y los valores del grupo. De hecho, fue la hermana de Francesco quien quiso que mataran a Rossella. Sin las mujeres, las mafias no existirían. Por eso una mujer que se rebela resulta mucho más peligrosa para el sistema que un hombre. Un hombre que se rebela es un traidor; una mujer rebelde lo subvierte todo. Por eso Rossella fue castigada con una violencia extrema. La violaron, algo prohibido por los códigos mafiosos. La descuartizaron, le arrancaron los brazos y las piernas, la decapitaron y arrojaron su cuerpo al mar. Fue una auténtica carnicería destinada a borrar su existencia. —¿El caso de Francesco Piscina demuestra que el destino de quienes nacen dentro de la mafia está marcado? —En cierto modo sí. Existe la posibilidad de alejarse, y Francesco la tuvo, pero es muy difícil porque significa, antes que nada, romper con la propia familia. Además, en Italia la frontera entre lo legal y lo ilegal en el mundo empresarial prácticamente no existe. Ni siquiera hay una verdadera posibilidad de pasarse al lado del Estado; la mafia forma parte del Estado.«Sin las mujeres, las mafias no existirían. Por eso una mujer que se rebela resulta mucho más peligrosa para el sistema que un hombre»—¿Sigue siendo hoy la mafia tan peligrosa como en los años 70-80? —Es aún más peligrosa, porque hoy es más invisible. En aquellos años su presencia era visible: había cadáveres en las calles. Ahora ha sustituido esa violencia por la infiltración económica y social. Al no haber cadáveres en las calles, ha desaparecido la presión de la opinión pública. Hoy la inseguridad se atribuye a los inmigrantes y no al crimen organizado. Se culpa a quienes venden la droga y no a los grandes cárteles que la distribuyen. —¿Por qué sigue avanzando el crimen organizado? —La primera razón es la demanda. La vida cada vez es más dura. Quizá nunca el ser humano había sufrido tanto psicológicamente. Mucha gente siente que no puede seguir adelante sin las drogas. En 2025 se produjo la mayor producción de cocaína de la historia de la humanidad, según la ONU. Existe una demanda infinita. No solo hablamos de cocaína, también de heroína, metanfetaminas, éxtasis, hachís o marihuana. Es imposible detener este tráfico por las enormes cantidades de dinero que mueve. Para que se haga una idea: con el dinero asociado a una sola incautación de cocaína realizada hace años en Roma, se habría podido comprar el equipo de fútbol de la Juventus. —¿Tantas series y películas sobre la mafia han contribuido a banalizar el fenómeno? —Claro que ocurre, pero el problema no es el tema en sí. Hay producciones sobre el crimen organizado que son insoportables y patéticas, y otras que son auténticas obras maestras. Lo que sí ha ocurrido es que el estilo mafioso se ha convertido en el modelo del empresario de éxito. Las organizaciones mafiosas prosperan en ese terreno que hay entre cumplir la ley y las reglas reales del poder. La ley te dice cómo ganar una licitación pública; la regla te dice que debes pagar un porcentaje al político adecuado o contratar trabajadores en negro para reducir costes. Lo mismo ocurre en todos los ámbitos. La ley te explica cómo conseguir una plaza universitaria; la regla te dice que debes pactar con el profesor adecuado. Así es como las mafias conquistan el mundo: ellas conocen las reglas mientras el resto habla de las leyes.«Yo me he destruido la vida. Durante un tiempo creí que podía cambiar el curso de las cosas»—Después de veinte años escribiendo sobre esto, ¿sigue creyendo que se puede combatir a la mafia desde el periodismo? —Me temo que tendría que dar una respuesta poco sincera. Para sus lectores debería decir que sí, pero no sería sincero. ¿Quiere la respuesta sincera o la respuesta correcta? —Adelante. —No. No creo que quede mucho por hacer. Han ganado. Lo único que puede hacerse es intentar comprender cómo funciona. Yo me he destruido la vida. Durante un tiempo creí que podía cambiar el curso de las cosas. Pero después de dieciocho años de procesos judiciales sigo sin cerrar una causa contra el jefe mafioso y el abogado que me amenazaron. En el plano económico no tienen límites. ¿Sabe cuál es la capital mundial del dinero mafioso? Londres, no Nápoles ni Ciudad de México. Londres es el gran centro del lavado de dinero. No porque la mafia controle directamente a los ministros o porque la policía sea corrupta, sino porque existen mecanismos que facilitan la llegada y circulación de capitales opacos a través de distintos territorios vinculados a la Commonwealth. El dinero entra por Malta, Chipre, Barbados, Gibraltar o Jersey. Por eso los expertos en blanqueo la llaman la Isla del Tesoro. —¿El Estado ha fallado con usted? —Sería demasiado egocéntrico pensar que el Estado ha fallado conmigo. El problema es que el Estado italiano está hecho pedazos. La crisis económica lo ha devastado y la lucha antimafia ya no es una prioridad. Con este Gobierno, he sido llevado a los tribunales por el primer ministro (Meloni), el viceprimer ministro (Salvini) y el ministro de Cultura. La fuerza política de Meloni reside también en haber ocultado los problemas del crimen organizado y haber desviado toda la atención hacia la inmigración. Ese es el gran truco ¿De quién procede toda la droga que venden en la calle los inmigrantes desesperados? De los traficantes italianos, españoles, de las grandes organizaciones que luego reinvierten el dinero en la construcción, en restaurantes y en hoteles. El inmigrante es solo la parte más visible. La astucia de las políticas populistas consiste en señalar con el dedo la parte visible y ocultar todo lo demás. —Han pasado veinte años desde la publicación de ‘Gomorra’. ¿Ha merecido la pena el sacrificio? —No, en absoluto. Sigo adelante porque es mi trabajo, porque se ha convertido en una forma de existir, casi en un patrón psicológico. Si pudiera volver atrás, no lo volvería a hacer bajo ningún concepto. No reniego de ello, pero me ha destrozado la vida. Siento desprecio hacia mí mismo porque no soy capaz de mandar todo esto al diablo y dejarlo atrás. Continúo escribiendo y dedicándome a esto casi como una forma de venganza. Quizá lo hago porque no consigo encontrar otra versión de mí mismo. Abordar estos temas es como tocar cables de alta tensión. Tal vez esa sea precisamente la razón por la que sigo escribiendo y concediendo entrevistas: toda esa tensión ha pasado por mi cuerpo. Quienes leen mis libros pueden acercarse a estas verdades sin electrocutarse, como me electrocuté yo. Sigo adelante porque, sencillamente, no sé hacer otra cosa. «Sigo adelante porque quiero vengarme. Pero la venganza no te libera. Te ata todavía más a la injusticia que has sufrido»—Publicó ‘Gomorra’ con solo 26 años. ¿Se imaginaba todo lo que iba a ocurrir después? —No. De hecho es peor de lo que imaginaba. Hubo un momento en que pensé: seguiré adelante y, tarde o temprano, me matarán. Y ya está. Sin embargo, me he quedado a medio camino. Ni vivo ni muerto. Es lo que significa ser un superviviente, como un soldado que va a la guerra y piensa que volverá vivo o muerto. Pero puede regresar herido, traumatizado y destrozado. Eso es lo que me ha sucedido a mí. Me han dejado a medias, en una situación de enorme fragilidad. —¿Sueña con ser libre algún día? —Depende de mí. La verdad es que ya no depende de nadie más. El Estado ya ha dado lo peor de sí mismo. Todo depende de mí. Tengo que encontrar la fuerza para desaparecer. Tengo que encontrar la fuerza para reinventar mi vida. Y sigo adelante porque quiero vengarme. Pero la venganza, y esa es la infinita sabiduría del Evangelio, no te libera. Te ata todavía más a la injusticia que has sufrido. Ahora mismo estoy lleno de venganza y necesito liberarme de ella. Para mí, escribir es una forma de vengarme de toda esta basura. Y también quiero dejar una huella. Hoy el capitalismo es mafioso. No es que la mafia se haya vuelto capitalista, sino que el capitalismo ha adoptado reglas mafiosas.
Cuando aparece en la pantalla Roberto Saviano (Nápoles, 1979), la impresión es la de un hombre castigado, pero no derrotado. «¿Cómo estás?», saluda. Él está «bien», responde. «Resisto». Habla desde una sala poco iluminada, vestido con una camisa negra. Ya son veinte años los … que lleva escondiéndose de la mafia, desde que en 2006 publicara ‘Gomorra’, el libro en el que contó cómo la Camorra se había convertido en una enorme organización empresarial. El libro fue un éxito mundial, pero el precio fueron unas amenazas de muerte que todavía lo obligan a vivir bajo escolta. Ahora publica ‘Mi amor no muere’ (Alfaguara), una novela de no ficción en la que cuenta la historia de amor entre Rossella Casini y un joven vinculado por su familia a un clan mafioso.
—¿Por qué Rossella Casini?
—Porque es una historia casi imposible de inventar. Es una joven que se enamora de un chico calabrés y que posee un valor y una ingenuidad sin límites. Para un escritor es extraño encontrarse con alguien así. Por primera vez, una historia real me permite mostrar cómo el amor es el principal instrumento de resistencia frente al poder mafioso. En una época en la que nadie hablaba de la ‘Ndrangheta, ella y su novio estaban convencidos de que solo la verdad podía proteger su amor, y por eso colaboraron con la Policía. Cuando él se retracta y vuelve a Calabria, ella lo sigue. No la movía la lucha sindical, ni la lucha antimafia, ni la militancia. La movía el amor, la voluntad de ser feliz. Esa obstinación casi shakespeariana hace que sea la historia de amor más increíble que he conocido.
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‘Mi amor no muere’

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Autor
Roberto Saviano -
Traducción
Carlos Gumpert -
Editorial
Alfaguara -
Páginas
344 -
Precio
21,90 euros
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—¿La mujer es la parte más débil en el ecosistema de la mafia?
—No. Las mujeres ocupan una posición central dentro de la mafia. Son quienes transmiten los códigos, las reglas y los valores del grupo. De hecho, fue la hermana de Francesco quien quiso que mataran a Rossella. Sin las mujeres, las mafias no existirían. Por eso una mujer que se rebela resulta mucho más peligrosa para el sistema que un hombre. Un hombre que se rebela es un traidor; una mujer rebelde lo subvierte todo. Por eso Rossella fue castigada con una violencia extrema. La violaron, algo prohibido por los códigos mafiosos. La descuartizaron, le arrancaron los brazos y las piernas, la decapitaron y arrojaron su cuerpo al mar. Fue una auténtica carnicería destinada a borrar su existencia.
—¿El caso de Francesco Piscina demuestra que el destino de quienes nacen dentro de la mafia está marcado?
—En cierto modo sí. Existe la posibilidad de alejarse, y Francesco la tuvo, pero es muy difícil porque significa, antes que nada, romper con la propia familia. Además, en Italia la frontera entre lo legal y lo ilegal en el mundo empresarial prácticamente no existe. Ni siquiera hay una verdadera posibilidad de pasarse al lado del Estado; la mafia forma parte del Estado.
«Sin las mujeres, las mafias no existirían. Por eso una mujer que se rebela resulta mucho más peligrosa para el sistema que un hombre»
—¿Sigue siendo hoy la mafia tan peligrosa como en los años 70-80?
—Es aún más peligrosa, porque hoy es más invisible. En aquellos años su presencia era visible: había cadáveres en las calles. Ahora ha sustituido esa violencia por la infiltración económica y social. Al no haber cadáveres en las calles, ha desaparecido la presión de la opinión pública. Hoy la inseguridad se atribuye a los inmigrantes y no al crimen organizado. Se culpa a quienes venden la droga y no a los grandes cárteles que la distribuyen.
—¿Por qué sigue avanzando el crimen organizado?
—La primera razón es la demanda. La vida cada vez es más dura. Quizá nunca el ser humano había sufrido tanto psicológicamente. Mucha gente siente que no puede seguir adelante sin las drogas. En 2025 se produjo la mayor producción de cocaína de la historia de la humanidad, según la ONU. Existe una demanda infinita. No solo hablamos de cocaína, también de heroína, metanfetaminas, éxtasis, hachís o marihuana. Es imposible detener este tráfico por las enormes cantidades de dinero que mueve. Para que se haga una idea: con el dinero asociado a una sola incautación de cocaína realizada hace años en Roma, se habría podido comprar el equipo de fútbol de la Juventus.
—¿Tantas series y películas sobre la mafia han contribuido a banalizar el fenómeno?
—Claro que ocurre, pero el problema no es el tema en sí. Hay producciones sobre el crimen organizado que son insoportables y patéticas, y otras que son auténticas obras maestras. Lo que sí ha ocurrido es que el estilo mafioso se ha convertido en el modelo del empresario de éxito. Las organizaciones mafiosas prosperan en ese terreno que hay entre cumplir la ley y las reglas reales del poder. La ley te dice cómo ganar una licitación pública; la regla te dice que debes pagar un porcentaje al político adecuado o contratar trabajadores en negro para reducir costes. Lo mismo ocurre en todos los ámbitos. La ley te explica cómo conseguir una plaza universitaria; la regla te dice que debes pactar con el profesor adecuado. Así es como las mafias conquistan el mundo: ellas conocen las reglas mientras el resto habla de las leyes.
«Yo me he destruido la vida. Durante un tiempo creí que podía cambiar el curso de las cosas»
—Después de veinte años escribiendo sobre esto, ¿sigue creyendo que se puede combatir a la mafia desde el periodismo?
—Me temo que tendría que dar una respuesta poco sincera. Para sus lectores debería decir que sí, pero no sería sincero. ¿Quiere la respuesta sincera o la respuesta correcta?
—Adelante.
—No. No creo que quede mucho por hacer. Han ganado. Lo único que puede hacerse es intentar comprender cómo funciona. Yo me he destruido la vida. Durante un tiempo creí que podía cambiar el curso de las cosas. Pero después de dieciocho años de procesos judiciales sigo sin cerrar una causa contra el jefe mafioso y el abogado que me amenazaron. En el plano económico no tienen límites. ¿Sabe cuál es la capital mundial del dinero mafioso? Londres, no Nápoles ni Ciudad de México. Londres es el gran centro del lavado de dinero. No porque la mafia controle directamente a los ministros o porque la policía sea corrupta, sino porque existen mecanismos que facilitan la llegada y circulación de capitales opacos a través de distintos territorios vinculados a la Commonwealth. El dinero entra por Malta, Chipre, Barbados, Gibraltar o Jersey. Por eso los expertos en blanqueo la llaman la Isla del Tesoro.
—¿El Estado ha fallado con usted?
—Sería demasiado egocéntrico pensar que el Estado ha fallado conmigo. El problema es que el Estado italiano está hecho pedazos. La crisis económica lo ha devastado y la lucha antimafia ya no es una prioridad. Con este Gobierno, he sido llevado a los tribunales por el primer ministro (Meloni), el viceprimer ministro (Salvini) y el ministro de Cultura. La fuerza política de Meloni reside también en haber ocultado los problemas del crimen organizado y haber desviado toda la atención hacia la inmigración. Ese es el gran truco ¿De quién procede toda la droga que venden en la calle los inmigrantes desesperados? De los traficantes italianos, españoles, de las grandes organizaciones que luego reinvierten el dinero en la construcción, en restaurantes y en hoteles. El inmigrante es solo la parte más visible. La astucia de las políticas populistas consiste en señalar con el dedo la parte visible y ocultar todo lo demás.
—Han pasado veinte años desde la publicación de ‘Gomorra’. ¿Ha merecido la pena el sacrificio?
—No, en absoluto. Sigo adelante porque es mi trabajo, porque se ha convertido en una forma de existir, casi en un patrón psicológico. Si pudiera volver atrás, no lo volvería a hacer bajo ningún concepto. No reniego de ello, pero me ha destrozado la vida. Siento desprecio hacia mí mismo porque no soy capaz de mandar todo esto al diablo y dejarlo atrás. Continúo escribiendo y dedicándome a esto casi como una forma de venganza. Quizá lo hago porque no consigo encontrar otra versión de mí mismo. Abordar estos temas es como tocar cables de alta tensión. Tal vez esa sea precisamente la razón por la que sigo escribiendo y concediendo entrevistas: toda esa tensión ha pasado por mi cuerpo. Quienes leen mis libros pueden acercarse a estas verdades sin electrocutarse, como me electrocuté yo. Sigo adelante porque, sencillamente, no sé hacer otra cosa.
«Sigo adelante porque quiero vengarme. Pero la venganza no te libera. Te ata todavía más a la injusticia que has sufrido»
—Publicó ‘Gomorra’ con solo 26 años. ¿Se imaginaba todo lo que iba a ocurrir después?
—No. De hecho es peor de lo que imaginaba. Hubo un momento en que pensé: seguiré adelante y, tarde o temprano, me matarán. Y ya está. Sin embargo, me he quedado a medio camino. Ni vivo ni muerto. Es lo que significa ser un superviviente, como un soldado que va a la guerra y piensa que volverá vivo o muerto. Pero puede regresar herido, traumatizado y destrozado. Eso es lo que me ha sucedido a mí. Me han dejado a medias, en una situación de enorme fragilidad.
—¿Sueña con ser libre algún día?
—Depende de mí. La verdad es que ya no depende de nadie más. El Estado ya ha dado lo peor de sí mismo. Todo depende de mí. Tengo que encontrar la fuerza para desaparecer. Tengo que encontrar la fuerza para reinventar mi vida. Y sigo adelante porque quiero vengarme. Pero la venganza, y esa es la infinita sabiduría del Evangelio, no te libera. Te ata todavía más a la injusticia que has sufrido. Ahora mismo estoy lleno de venganza y necesito liberarme de ella. Para mí, escribir es una forma de vengarme de toda esta basura. Y también quiero dejar una huella. Hoy el capitalismo es mafioso. No es que la mafia se haya vuelto capitalista, sino que el capitalismo ha adoptado reglas mafiosas.
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