Romeo y Julieta , los dos enamorados por antonomasia, se han quedado en el Teatro Real. Después de bailar en el Real Ballet de Suecia , ahora se encarnan en los protagonistas de la ópera que el francés Charles Gounod estrenó en París en 1867 sobre la tragedia que William Shakespeare escribió casi tres siglos antes. Es, probablemente, la más celebrada probablemente de la veintena larga de adaptaciones líricas que existen. En el Metropolitan neoyorquino se interpretaba tan frecuente que a este teatro se lo conocía como el ‘Faustpiel House’ (un juego de palabras con el alemán Faustpiel Haus, Casa de festivales).La producción que presenta el coliseo madrileño entre el 27 de mayo y el 13 de junio cuenta con el atractivo de la presencia de dos de las grandes estrellas de la ópera de nuestros días: la soprano estadounidense Nadine Sierra y el tenor mexicano Javier Camarena . Ellos encarnan a los enamorados en uno de los repartos (Vannina Santoni y Julia Muzychenko-Greenhalgh se alternarán como Julieta e Ismael Jordi lo hará como Romeo), a las órdenes de Carlo Rizzi , veterano y experto director de orquesta italiano, y Thomas Jolly , director de escena francés que presenta en su currículum, entre otras cosas, la ceremonia de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París en 2024 .El reparto se completa con, entre otros, Roberto Tagliavini, Jean Teitgen, Benjamin Appl, Carles Pachon, Héloïse Mas, Carmen Artaza, Maciej Kwasnikowski, David Alegret, Sonia Ganassi, David Lagares, Tomeu Bibiloni, Josep-Ramón Olivé, Pablo Martínez, Javier Castañeda, Laura Suárez, Legipsy Álvarez, Elena Castresana, Tina Silc, Bartomeu Guiscafré y Alexander González. Las funciones se dedicarán a la memoria del llorado tenor canario Alfredo Kraus, uno de los más ilustres intérpretes de esta ópera, que cantó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid hace cuarenta años, en 1987. Noticia relacionada No No Nadine Sierra y Xabier Anduaga ‘La traviata’ reúne a las dos mayores estrellas jóvenes de la ópera Julio BravoLa deslumbrante escalinata del Palais Garnier de la capital francesa (la tradicional Ópera de París) ocupa el centro del escenario en la producción de Jolly, que considera que cree que el público quiere ver una y otra vez la historia de Romeo y Julieta y se emociona con ella «porque es una historia de lucha, una historia de dos almas que intentan encontrar su lugar en un mundo que no está hecho para ellas. En primer lugar por sus familias, claro, enfrentadas entre sí, pero también por la atmósfera de enfermedad y muerte que hay en Verona a causa de la peste, y que hace que la carta de Fray Lorenzo no le llegue a tiempo a Romeo. El amor y la muerte, el día y la noche, el odio y el amor, están constantemente presentes; siempre tenemos estas fuerzas opuestas, y lo que verdaderamente interesa es cómo Romeo y Julieta luchan contra ellas, lamentablemente sin éxito».«El texto de Shakespeare -añade Joan Matabosch , director artístico del Teatro Real, que subraya que esta obra no sube a su escenario desde hace 115 años- tiene una relevante dimensión política que la transposición operística de Charles Gounod tiende a convertir en un telón de fondo, aunque no deje de estar ahí. Porque lo que le interesa a Gounod es, sobre todo, la tensión sentimental y la esfera interior y privada de los dos protagonistas. Por eso los encuentros entre Romeo y Julieta invaden la ópera, mucho más que el texto teatral, y por eso acaba componiendo Gounod nada menos que cuatro dúos de amor, algo sin precedentes en la ópera francesa e italiana de la epoca. No es solo que la ópera se convierta, casi, en una sucesión de dúos de amor, sino que cada uno de ellos es un punto culminante de lo mas refinado del arte del compositor».Charles Gounod, añade el director musical, Carlo Rizzi, mezcló en su partitura diversos estilos musicales con la intención de expresar las distintas temperaturas dramáticas. Y pone distintos ejemplos: «El coro inicial que, como en el prólogo de Shakespeare, presenta la obra, y en el que todas las voces siguen el mismo ritmo, precisamente porque no se trata de un momento musical, sino dramático». Los dúos de amor entre Romeo y Julieta a los que se refería Matabosch van desde el clasicismo del encuentro en el baile hasta un romanticismo, tanto orquestal como vocal, en el cuarto acto. Cuando tras uno de estos dúos aparece el padre de Julieta, la música retrocede, dice, cincuenta o cien años y se transforma en algo más barroco; «con ello quería describir, en cierto sentido, el entorno social de su padre, que era mucho más rígido. Gounod puso su música al servicio del drama, de ahí la variedad de estilos».Amor y esperanzaNadine Sierra cantó por vez primera el papel de Julieta en la Ópera de San Francisco en 2019, y fue ella, casualmente, la que dio la alternativo a Javier Camarena, que debutó con el papel de Romeo en octubre de 2023 al lado de la soprano estadounidense (la pareja repitió en Nápoles en febrero). Coinciden ambos en llamarse amigos más que colegas, y lo mucho que esto ayuda cuando se está en el escenario. Al hablar de su personaje, Nadine Sierra subraya que la palabra que más repite es ‘Dios’. Y reflexiona: «Creo que en este mundo lleno de caos y de negatividad -especialmente entre los jóvenes, que me parece una verdadera lástima- espero que los que asistan a las representaciones se lleven no necesariamente la creencia en Dios, sino la creencia en algo bueno, en algo que traiga más esperanza a sus vidas, especialmente hoy en día, y no solo la historia de amor».Noticia relacionada general No No CRÍTICA DE ÓPERA ‘El sueño de una noche de verano’ Alberto González LapuenteLa coda la pone Javier Camarena. «Siempre se dice que la música es el idioma universal , y esta ópera es un ejemplo perfecto. Es la obra literaria de un inglés hablando de una familia italiana, sobre la que se ha basado un compositor francés para crear una ópera que se representa en todo el mundo; ahora mismo en España, con un mexicano y una estadounidense cantando los papeles de Romeo y Julieta, con un director de escena francés y un director musical italiano, y un reparto que incluye muchas nacionalidades. La música nos une, y en esta ocasión celebrando el amor y el perdón». Romeo y Julieta , los dos enamorados por antonomasia, se han quedado en el Teatro Real. Después de bailar en el Real Ballet de Suecia , ahora se encarnan en los protagonistas de la ópera que el francés Charles Gounod estrenó en París en 1867 sobre la tragedia que William Shakespeare escribió casi tres siglos antes. Es, probablemente, la más celebrada probablemente de la veintena larga de adaptaciones líricas que existen. En el Metropolitan neoyorquino se interpretaba tan frecuente que a este teatro se lo conocía como el ‘Faustpiel House’ (un juego de palabras con el alemán Faustpiel Haus, Casa de festivales).La producción que presenta el coliseo madrileño entre el 27 de mayo y el 13 de junio cuenta con el atractivo de la presencia de dos de las grandes estrellas de la ópera de nuestros días: la soprano estadounidense Nadine Sierra y el tenor mexicano Javier Camarena . Ellos encarnan a los enamorados en uno de los repartos (Vannina Santoni y Julia Muzychenko-Greenhalgh se alternarán como Julieta e Ismael Jordi lo hará como Romeo), a las órdenes de Carlo Rizzi , veterano y experto director de orquesta italiano, y Thomas Jolly , director de escena francés que presenta en su currículum, entre otras cosas, la ceremonia de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París en 2024 .El reparto se completa con, entre otros, Roberto Tagliavini, Jean Teitgen, Benjamin Appl, Carles Pachon, Héloïse Mas, Carmen Artaza, Maciej Kwasnikowski, David Alegret, Sonia Ganassi, David Lagares, Tomeu Bibiloni, Josep-Ramón Olivé, Pablo Martínez, Javier Castañeda, Laura Suárez, Legipsy Álvarez, Elena Castresana, Tina Silc, Bartomeu Guiscafré y Alexander González. Las funciones se dedicarán a la memoria del llorado tenor canario Alfredo Kraus, uno de los más ilustres intérpretes de esta ópera, que cantó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid hace cuarenta años, en 1987. Noticia relacionada No No Nadine Sierra y Xabier Anduaga ‘La traviata’ reúne a las dos mayores estrellas jóvenes de la ópera Julio BravoLa deslumbrante escalinata del Palais Garnier de la capital francesa (la tradicional Ópera de París) ocupa el centro del escenario en la producción de Jolly, que considera que cree que el público quiere ver una y otra vez la historia de Romeo y Julieta y se emociona con ella «porque es una historia de lucha, una historia de dos almas que intentan encontrar su lugar en un mundo que no está hecho para ellas. En primer lugar por sus familias, claro, enfrentadas entre sí, pero también por la atmósfera de enfermedad y muerte que hay en Verona a causa de la peste, y que hace que la carta de Fray Lorenzo no le llegue a tiempo a Romeo. El amor y la muerte, el día y la noche, el odio y el amor, están constantemente presentes; siempre tenemos estas fuerzas opuestas, y lo que verdaderamente interesa es cómo Romeo y Julieta luchan contra ellas, lamentablemente sin éxito».«El texto de Shakespeare -añade Joan Matabosch , director artístico del Teatro Real, que subraya que esta obra no sube a su escenario desde hace 115 años- tiene una relevante dimensión política que la transposición operística de Charles Gounod tiende a convertir en un telón de fondo, aunque no deje de estar ahí. Porque lo que le interesa a Gounod es, sobre todo, la tensión sentimental y la esfera interior y privada de los dos protagonistas. Por eso los encuentros entre Romeo y Julieta invaden la ópera, mucho más que el texto teatral, y por eso acaba componiendo Gounod nada menos que cuatro dúos de amor, algo sin precedentes en la ópera francesa e italiana de la epoca. No es solo que la ópera se convierta, casi, en una sucesión de dúos de amor, sino que cada uno de ellos es un punto culminante de lo mas refinado del arte del compositor».Charles Gounod, añade el director musical, Carlo Rizzi, mezcló en su partitura diversos estilos musicales con la intención de expresar las distintas temperaturas dramáticas. Y pone distintos ejemplos: «El coro inicial que, como en el prólogo de Shakespeare, presenta la obra, y en el que todas las voces siguen el mismo ritmo, precisamente porque no se trata de un momento musical, sino dramático». Los dúos de amor entre Romeo y Julieta a los que se refería Matabosch van desde el clasicismo del encuentro en el baile hasta un romanticismo, tanto orquestal como vocal, en el cuarto acto. Cuando tras uno de estos dúos aparece el padre de Julieta, la música retrocede, dice, cincuenta o cien años y se transforma en algo más barroco; «con ello quería describir, en cierto sentido, el entorno social de su padre, que era mucho más rígido. Gounod puso su música al servicio del drama, de ahí la variedad de estilos».Amor y esperanzaNadine Sierra cantó por vez primera el papel de Julieta en la Ópera de San Francisco en 2019, y fue ella, casualmente, la que dio la alternativo a Javier Camarena, que debutó con el papel de Romeo en octubre de 2023 al lado de la soprano estadounidense (la pareja repitió en Nápoles en febrero). Coinciden ambos en llamarse amigos más que colegas, y lo mucho que esto ayuda cuando se está en el escenario. Al hablar de su personaje, Nadine Sierra subraya que la palabra que más repite es ‘Dios’. Y reflexiona: «Creo que en este mundo lleno de caos y de negatividad -especialmente entre los jóvenes, que me parece una verdadera lástima- espero que los que asistan a las representaciones se lleven no necesariamente la creencia en Dios, sino la creencia en algo bueno, en algo que traiga más esperanza a sus vidas, especialmente hoy en día, y no solo la historia de amor».Noticia relacionada general No No CRÍTICA DE ÓPERA ‘El sueño de una noche de verano’ Alberto González LapuenteLa coda la pone Javier Camarena. «Siempre se dice que la música es el idioma universal , y esta ópera es un ejemplo perfecto. Es la obra literaria de un inglés hablando de una familia italiana, sobre la que se ha basado un compositor francés para crear una ópera que se representa en todo el mundo; ahora mismo en España, con un mexicano y una estadounidense cantando los papeles de Romeo y Julieta, con un director de escena francés y un director musical italiano, y un reparto que incluye muchas nacionalidades. La música nos une, y en esta ocasión celebrando el amor y el perdón».
Romeo y Julieta, los dos enamorados por antonomasia, se han quedado en el Teatro Real. Después de bailar en el Real Ballet de Suecia, ahora se encarnan en los protagonistas de la ópera que el francés Charles Gounod estrenó en París en … 1867 sobre la tragedia que William Shakespeare escribió casi tres siglos antes. Es, probablemente, la más celebrada probablemente de la veintena larga de adaptaciones líricas que existen. En el Metropolitan neoyorquino se interpretaba tan frecuente que a este teatro se lo conocía como el ‘Faustpiel House’ (un juego de palabras con el alemán Faustpiel Haus, Casa de festivales).
La producción que presenta el coliseo madrileño entre el 27 de mayo y el 13 de junio cuenta con el atractivo de la presencia de dos de las grandes estrellas de la ópera de nuestros días: la soprano estadounidense Nadine Sierra y el tenor mexicano Javier Camarena. Ellos encarnan a los enamorados en uno de los repartos (Vannina Santoni y Julia Muzychenko-Greenhalgh se alternarán como Julieta e Ismael Jordi lo hará como Romeo), a las órdenes de Carlo Rizzi, veterano y experto director de orquesta italiano, y Thomas Jolly, director de escena francés que presenta en su currículum, entre otras cosas, la ceremonia de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París en 2024.
El reparto se completa con, entre otros, Roberto Tagliavini, Jean Teitgen, Benjamin Appl, Carles Pachon, Héloïse Mas, Carmen Artaza, Maciej Kwasnikowski, David Alegret, Sonia Ganassi, David Lagares, Tomeu Bibiloni, Josep-Ramón Olivé, Pablo Martínez, Javier Castañeda, Laura Suárez, Legipsy Álvarez, Elena Castresana, Tina Silc, Bartomeu Guiscafré y Alexander González. Las funciones se dedicarán a la memoria del llorado tenor canario Alfredo Kraus, uno de los más ilustres intérpretes de esta ópera, que cantó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid hace cuarenta años, en 1987.
La deslumbrante escalinata del Palais Garnier de la capital francesa (la tradicional Ópera de París) ocupa el centro del escenario en la producción de Jolly, que considera que cree que el público quiere ver una y otra vez la historia de Romeo y Julieta y se emociona con ella «porque es una historia de lucha, una historia de dos almas que intentan encontrar su lugar en un mundo que no está hecho para ellas. En primer lugar por sus familias, claro, enfrentadas entre sí, pero también por la atmósfera de enfermedad y muerte que hay en Verona a causa de la peste, y que hace que la carta de Fray Lorenzo no le llegue a tiempo a Romeo. El amor y la muerte, el día y la noche, el odio y el amor, están constantemente presentes; siempre tenemos estas fuerzas opuestas, y lo que verdaderamente interesa es cómo Romeo y Julieta luchan contra ellas, lamentablemente sin éxito».
«El texto de Shakespeare -añade Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, que subraya que esta obra no sube a su escenario desde hace 115 años- tiene una relevante dimensión política que la transposición operística de Charles Gounod tiende a convertir en un telón de fondo, aunque no deje de estar ahí. Porque lo que le interesa a Gounod es, sobre todo, la tensión sentimental y la esfera interior y privada de los dos protagonistas. Por eso los encuentros entre Romeo y Julieta invaden la ópera, mucho más que el texto teatral, y por eso acaba componiendo Gounod nada menos que cuatro dúos de amor, algo sin precedentes en la ópera francesa e italiana de la epoca. No es solo que la ópera se convierta, casi, en una sucesión de dúos de amor, sino que cada uno de ellos es un punto culminante de lo mas refinado del arte del compositor».
Charles Gounod, añade el director musical, Carlo Rizzi, mezcló en su partitura diversos estilos musicales con la intención de expresar las distintas temperaturas dramáticas. Y pone distintos ejemplos: «El coro inicial que, como en el prólogo de Shakespeare, presenta la obra, y en el que todas las voces siguen el mismo ritmo, precisamente porque no se trata de un momento musical, sino dramático». Los dúos de amor entre Romeo y Julieta a los que se refería Matabosch van desde el clasicismo del encuentro en el baile hasta un romanticismo, tanto orquestal como vocal, en el cuarto acto. Cuando tras uno de estos dúos aparece el padre de Julieta, la música retrocede, dice, cincuenta o cien años y se transforma en algo más barroco; «con ello quería describir, en cierto sentido, el entorno social de su padre, que era mucho más rígido. Gounod puso su música al servicio del drama, de ahí la variedad de estilos».
Amor y esperanza
Nadine Sierra cantó por vez primera el papel de Julieta en la Ópera de San Francisco en 2019, y fue ella, casualmente, la que dio la alternativo a Javier Camarena, que debutó con el papel de Romeo en octubre de 2023 al lado de la soprano estadounidense (la pareja repitió en Nápoles en febrero). Coinciden ambos en llamarse amigos más que colegas, y lo mucho que esto ayuda cuando se está en el escenario. Al hablar de su personaje, Nadine Sierra subraya que la palabra que más repite es ‘Dios’. Y reflexiona: «Creo que en este mundo lleno de caos y de negatividad -especialmente entre los jóvenes, que me parece una verdadera lástima- espero que los que asistan a las representaciones se lleven no necesariamente la creencia en Dios, sino la creencia en algo bueno, en algo que traiga más esperanza a sus vidas, especialmente hoy en día, y no solo la historia de amor».
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La coda la pone Javier Camarena. «Siempre se dice que la música es el idioma universal, y esta ópera es un ejemplo perfecto. Es la obra literaria de un inglés hablando de una familia italiana, sobre la que se ha basado un compositor francés para crear una ópera que se representa en todo el mundo; ahora mismo en España, con un mexicano y una estadounidense cantando los papeles de Romeo y Julieta, con un director de escena francés y un director musical italiano, y un reparto que incluye muchas nacionalidades. La música nos une, y en esta ocasión celebrando el amor y el perdón».
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