Pocas alegrías televisivas hay mayores que dar por hecho que una serie ha terminado y descubrir, un buen día, que no era verdad. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con ‘Ted Lasso’. El entrenador más optimista, campechano y probablemente menos preparado para ejercer que haya pisado nunca un banquillo regresa a Apple TV con una cuarta temporada, y lo hace después de que su despedida pareciera definitiva. Al final de la tercera temporada, Ted regresaba a Kansas para estar junto a su hijo, Henry, mientras AFC Richmond continuaba su camino en Inglaterra. Había dejado atrás el equipo, pero no exactamente su legado: Roy Kent asumía el puesto de entrenador, Nate recuperaba su lugar en el cuerpo técnico…. Había llegado a Inglaterra huyendo de una vida que se había roto y terminaba aceptando que no podía ganar ningún partido si para hacerlo tenía que perderse la infancia de su hijo. Su última imagen en aquella temporada era precisamente junto a Henry, viendo un partido y recordándole aquello de ‘Be a goldfish’, olvidar rápidamente el error y seguir adelante. Parecía un final bastante perfecto. Hasta que alguien, tres años después, volvió a abrir la puerta del vestuario.El final no era ninguna estrategia de marketing porque ‘Ted Lasso’ estaba concebida desde el principio como una historia de tres temporada. Jason Sudeikis, creador, protagonista y alma del proyecto, explicó ya en 2021 que tenía en mente un arco de tres temporadas y que esa era la historia que quería contar. Un año después, Brett Goldstein, guionista además de intérprete de Roy Kent, insistía en que la serie había sido planteada desde el principio como una historia de tres actos.Su vuelta, decían sus creadores, no era tanto una forma de resucitar una serie porque funciona, algo que es frecuente en la televisión, sino más bien preguntarse qué puede contar todavía un personaje cuyo arco ya había terminado. Y la respuesta ha sido cambiar el terreno de juego, literalmente. La cuarta temporada devuelve a Ted a Richmond, pero no al antiguo equipo masculino: ahora se enfrenta al reto de entrenar a las Lady Greyhounds, un nuevo conjunto femenino de segunda división. La serie además conserva a figuras como Rebecca, Keeley, Roy, Beard y Higgins, pero incorpora también una nueva generación de personajes alrededor del equipo.La nueva temporada parte precisamente de esa contradicción. Ted había descubierto que su sitio estaba en Kansas, junto a Henry, pero tampoco parece capaz de dejar definitivamente atrás aquello que aprendió en Richmond. Después de tres años en Estados Unidos, vuelve a Inglaterra para hacerse cargo de un equipo que, sobre el papel, parece una nueva versión de aquella misión imposible que ya conocemos: un grupo de personas que necesita mucho más que instrucciones tácticas. La diferencia es que ahora Ted no tiene que demostrar que sabe de fútbol, algo que nunca fue exactamente su fuerte, sino enfrentarse a una pregunta bastante más incómoda: si puede volver a ser entrenador sin volver a convertirse en el hombre que se marchó de casa. Vuelve el entrenador, pero no vuelve exactamente la misma persona.El arte de dar vida a la publicidadHacer que un personaje que nació como una broma publicitaria terminara teniendo una vida propia es un arte, y si no, que se lo digan a Jason Sudeikis. Porque Ted Lasso apareció originalmente en unos anuncios de NBC Sports para promocionar la Premier League. Sudeikis y Brendan Hunt habían empezado a imaginar al personaje años antes, cuando trabajaban con la compañía de improvisación Boom Chicago en Ámsterdam y se aficionaron al FIFA después de descubrir el fútbol a través del videojuego. El primer Ted, de hecho, era bastante más antipático, no era más que una caricatura del estadounidense que llega a Inglaterra convencido de saberlo todo. Para la serie, Sudeikis decidió darle la vuelta. En lugar de hacer de la ignorancia una forma de arrogancia, convirtió al personaje en alguien cuya verdadera inteligencia consiste en escuchar, preguntar y conseguir que los demás crean que pueden ser mejores de lo que creen. Sudeikis pasó de interpretar a un personaje que podría haber resultado insoportable a convertirlo en alguien que millones de espectadores quieren tener cerca. Además, en una televisión de plataformas donde algunas series pueden acumular excelentes críticas sin salir nunca demasiado de su propia burbuja, Ted Lasso consiguió convertirse en un fenómeno reconocible incluso para quienes no tenían demasiado interés en el deporte.Esa ha sido también su otra victoria, conseguir que el fútbol importara incluso a quienes no tenían ninguna intención de interesarse por él. Los aficionados encontraron en vestuarios, rivalidades, tácticas, egos, supersticiones, prensa, hinchadas y una mezcla muy británica que hace de un partido de fútbol en una cuestión de Estado. Y los que jamás han sabido distinguir un fuera de juego de una alineación encontraron personajes a los que querer y un entrenador que parece haber confundido un banquillo de la Premier League con una sesión de terapia. El fútbol era un escenario, no necesariamente el tema y el punto era encontrar un equilibrio entre una serie que respetaba el espíritu del deporte, pero donde la historia hablaba, sobre todo, de personas. Y por eso Ted Lasso vuelve a entrenar cuando ya había aprendido que no siempre hace falta ganar para haber ganado. Y también la televisión sentencia esta vez que un partido que terminó no tiene por qué ser el último. Pocas alegrías televisivas hay mayores que dar por hecho que una serie ha terminado y descubrir, un buen día, que no era verdad. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con ‘Ted Lasso’. El entrenador más optimista, campechano y probablemente menos preparado para ejercer que haya pisado nunca un banquillo regresa a Apple TV con una cuarta temporada, y lo hace después de que su despedida pareciera definitiva. Al final de la tercera temporada, Ted regresaba a Kansas para estar junto a su hijo, Henry, mientras AFC Richmond continuaba su camino en Inglaterra. Había dejado atrás el equipo, pero no exactamente su legado: Roy Kent asumía el puesto de entrenador, Nate recuperaba su lugar en el cuerpo técnico…. Había llegado a Inglaterra huyendo de una vida que se había roto y terminaba aceptando que no podía ganar ningún partido si para hacerlo tenía que perderse la infancia de su hijo. Su última imagen en aquella temporada era precisamente junto a Henry, viendo un partido y recordándole aquello de ‘Be a goldfish’, olvidar rápidamente el error y seguir adelante. Parecía un final bastante perfecto. Hasta que alguien, tres años después, volvió a abrir la puerta del vestuario.El final no era ninguna estrategia de marketing porque ‘Ted Lasso’ estaba concebida desde el principio como una historia de tres temporada. Jason Sudeikis, creador, protagonista y alma del proyecto, explicó ya en 2021 que tenía en mente un arco de tres temporadas y que esa era la historia que quería contar. Un año después, Brett Goldstein, guionista además de intérprete de Roy Kent, insistía en que la serie había sido planteada desde el principio como una historia de tres actos.Su vuelta, decían sus creadores, no era tanto una forma de resucitar una serie porque funciona, algo que es frecuente en la televisión, sino más bien preguntarse qué puede contar todavía un personaje cuyo arco ya había terminado. Y la respuesta ha sido cambiar el terreno de juego, literalmente. La cuarta temporada devuelve a Ted a Richmond, pero no al antiguo equipo masculino: ahora se enfrenta al reto de entrenar a las Lady Greyhounds, un nuevo conjunto femenino de segunda división. La serie además conserva a figuras como Rebecca, Keeley, Roy, Beard y Higgins, pero incorpora también una nueva generación de personajes alrededor del equipo.La nueva temporada parte precisamente de esa contradicción. Ted había descubierto que su sitio estaba en Kansas, junto a Henry, pero tampoco parece capaz de dejar definitivamente atrás aquello que aprendió en Richmond. Después de tres años en Estados Unidos, vuelve a Inglaterra para hacerse cargo de un equipo que, sobre el papel, parece una nueva versión de aquella misión imposible que ya conocemos: un grupo de personas que necesita mucho más que instrucciones tácticas. La diferencia es que ahora Ted no tiene que demostrar que sabe de fútbol, algo que nunca fue exactamente su fuerte, sino enfrentarse a una pregunta bastante más incómoda: si puede volver a ser entrenador sin volver a convertirse en el hombre que se marchó de casa. Vuelve el entrenador, pero no vuelve exactamente la misma persona.El arte de dar vida a la publicidadHacer que un personaje que nació como una broma publicitaria terminara teniendo una vida propia es un arte, y si no, que se lo digan a Jason Sudeikis. Porque Ted Lasso apareció originalmente en unos anuncios de NBC Sports para promocionar la Premier League. Sudeikis y Brendan Hunt habían empezado a imaginar al personaje años antes, cuando trabajaban con la compañía de improvisación Boom Chicago en Ámsterdam y se aficionaron al FIFA después de descubrir el fútbol a través del videojuego. El primer Ted, de hecho, era bastante más antipático, no era más que una caricatura del estadounidense que llega a Inglaterra convencido de saberlo todo. Para la serie, Sudeikis decidió darle la vuelta. En lugar de hacer de la ignorancia una forma de arrogancia, convirtió al personaje en alguien cuya verdadera inteligencia consiste en escuchar, preguntar y conseguir que los demás crean que pueden ser mejores de lo que creen. Sudeikis pasó de interpretar a un personaje que podría haber resultado insoportable a convertirlo en alguien que millones de espectadores quieren tener cerca. Además, en una televisión de plataformas donde algunas series pueden acumular excelentes críticas sin salir nunca demasiado de su propia burbuja, Ted Lasso consiguió convertirse en un fenómeno reconocible incluso para quienes no tenían demasiado interés en el deporte.Esa ha sido también su otra victoria, conseguir que el fútbol importara incluso a quienes no tenían ninguna intención de interesarse por él. Los aficionados encontraron en vestuarios, rivalidades, tácticas, egos, supersticiones, prensa, hinchadas y una mezcla muy británica que hace de un partido de fútbol en una cuestión de Estado. Y los que jamás han sabido distinguir un fuera de juego de una alineación encontraron personajes a los que querer y un entrenador que parece haber confundido un banquillo de la Premier League con una sesión de terapia. El fútbol era un escenario, no necesariamente el tema y el punto era encontrar un equilibrio entre una serie que respetaba el espíritu del deporte, pero donde la historia hablaba, sobre todo, de personas. Y por eso Ted Lasso vuelve a entrenar cuando ya había aprendido que no siempre hace falta ganar para haber ganado. Y también la televisión sentencia esta vez que un partido que terminó no tiene por qué ser el último.
Pocas alegrías televisivas hay mayores que dar por hecho que una serie ha terminado y descubrir, un buen día, que no era verdad. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con ‘Ted Lasso’. El entrenador más optimista, campechano y probablemente menos preparado para … ejercer que haya pisado nunca un banquillo regresa a Apple TV con una cuarta temporada, y lo hace después de que su despedida pareciera definitiva. Al final de la tercera temporada, Ted regresaba a Kansas para estar junto a su hijo, Henry, mientras AFC Richmond continuaba su camino en Inglaterra. Había dejado atrás el equipo, pero no exactamente su legado: Roy Kent asumía el puesto de entrenador, Nate recuperaba su lugar en el cuerpo técnico…. Había llegado a Inglaterra huyendo de una vida que se había roto y terminaba aceptando que no podía ganar ningún partido si para hacerlo tenía que perderse la infancia de su hijo. Su última imagen en aquella temporada era precisamente junto a Henry, viendo un partido y recordándole aquello de ‘Be a goldfish’, olvidar rápidamente el error y seguir adelante. Parecía un final bastante perfecto. Hasta que alguien, tres años después, volvió a abrir la puerta del vestuario.
El final no era ninguna estrategia de marketing porque ‘Ted Lasso’ estaba concebida desde el principio como una historia de tres temporada. Jason Sudeikis, creador, protagonista y alma del proyecto, explicó ya en 2021 que tenía en mente un arco de tres temporadas y que esa era la historia que quería contar. Un año después, Brett Goldstein, guionista además de intérprete de Roy Kent, insistía en que la serie había sido planteada desde el principio como una historia de tres actos.
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Lucía Cabanelas
Su vuelta, decían sus creadores, no era tanto una forma de resucitar una serie porque funciona, algo que es frecuente en la televisión, sino más bien preguntarse qué puede contar todavía un personaje cuyo arco ya había terminado. Y la respuesta ha sido cambiar el terreno de juego, literalmente. La cuarta temporada devuelve a Ted a Richmond, pero no al antiguo equipo masculino: ahora se enfrenta al reto de entrenar a las Lady Greyhounds, un nuevo conjunto femenino de segunda división. La serie además conserva a figuras como Rebecca, Keeley, Roy, Beard y Higgins, pero incorpora también una nueva generación de personajes alrededor del equipo.
La nueva temporada parte precisamente de esa contradicción. Ted había descubierto que su sitio estaba en Kansas, junto a Henry, pero tampoco parece capaz de dejar definitivamente atrás aquello que aprendió en Richmond. Después de tres años en Estados Unidos, vuelve a Inglaterra para hacerse cargo de un equipo que, sobre el papel, parece una nueva versión de aquella misión imposible que ya conocemos: un grupo de personas que necesita mucho más que instrucciones tácticas. La diferencia es que ahora Ted no tiene que demostrar que sabe de fútbol, algo que nunca fue exactamente su fuerte, sino enfrentarse a una pregunta bastante más incómoda: si puede volver a ser entrenador sin volver a convertirse en el hombre que se marchó de casa. Vuelve el entrenador, pero no vuelve exactamente la misma persona.
El arte de dar vida a la publicidad
Hacer que un personaje que nació como una broma publicitaria terminara teniendo una vida propia es un arte, y si no, que se lo digan a Jason Sudeikis. Porque Ted Lasso apareció originalmente en unos anuncios de NBC Sports para promocionar la Premier League. Sudeikis y Brendan Hunt habían empezado a imaginar al personaje años antes, cuando trabajaban con la compañía de improvisación Boom Chicago en Ámsterdam y se aficionaron al FIFA después de descubrir el fútbol a través del videojuego. El primer Ted, de hecho, era bastante más antipático, no era más que una caricatura del estadounidense que llega a Inglaterra convencido de saberlo todo.
Para la serie, Sudeikis decidió darle la vuelta. En lugar de hacer de la ignorancia una forma de arrogancia, convirtió al personaje en alguien cuya verdadera inteligencia consiste en escuchar, preguntar y conseguir que los demás crean que pueden ser mejores de lo que creen. Sudeikis pasó de interpretar a un personaje que podría haber resultado insoportable a convertirlo en alguien que millones de espectadores quieren tener cerca. Además, en una televisión de plataformas donde algunas series pueden acumular excelentes críticas sin salir nunca demasiado de su propia burbuja, Ted Lasso consiguió convertirse en un fenómeno reconocible incluso para quienes no tenían demasiado interés en el deporte.
Esa ha sido también su otra victoria, conseguir que el fútbol importara incluso a quienes no tenían ninguna intención de interesarse por él. Los aficionados encontraron en vestuarios, rivalidades, tácticas, egos, supersticiones, prensa, hinchadas y una mezcla muy británica que hace de un partido de fútbol en una cuestión de Estado. Y los que jamás han sabido distinguir un fuera de juego de una alineación encontraron personajes a los que querer y un entrenador que parece haber confundido un banquillo de la Premier League con una sesión de terapia. El fútbol era un escenario, no necesariamente el tema y el punto era encontrar un equilibrio entre una serie que respetaba el espíritu del deporte, pero donde la historia hablaba, sobre todo, de personas. Y por eso Ted Lasso vuelve a entrenar cuando ya había aprendido que no siempre hace falta ganar para haber ganado. Y también la televisión sentencia esta vez que un partido que terminó no tiene por qué ser el último.
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