Ubú ha sido terreno abonado para el exceso desde el día que Alfred Jarry lo estrenó en el L’Oeuvre parisino a finales de 1896. Aquel «Ubú rey» rompía con buena parte de lo conocido y dibujaba las bases del surrealismo, el dadaísmo y el absurdo a partir de un ser innoble como Monsieur Ubú. «Y por eso mismo se parece bastante (de ombligo para abajo) a nosotros mismos», firmaba su autor. Un mundo en el que reina la parodia, el disparate y la celebración de un mundo al revés.
Ahora, este texto rupturista llega a Nave 10 (Matadero) pasado por el filtro «leal pero libre» de María Folguera –responsable de la versión– y Hugo Nieto –director– para demostrar (una vez más) que no hemos cambiado tanto. Si en el original se cuenta la historia de un señor que se propone conquistar Polonia a costa de todo y lo consigue, aunque luego gestiona de manera horrible su mandato, enriqueciéndose de manera vergonzosa y huye antes de que lo atrapen; en esta ocasión se maquina desde el interior de un partido político. Papi Ubú y Mami Ubú, movidos por la codicia, se lanzan a una intriga de pasillos y despachos que acabará devorando las calles. Aviones de oro, zarinas rencorosas, leones imaginarios y un Papi Ubú «más bruto que un jabalí, empeñado en ser gran estadista», presenta una Folguera que invita al juego: «¿Qué podría salir mal?».
Del Siglo XIX al XXI
El salto del siglo XIX al XXI es natural. «Comienza con una ficción, pero rápidamente el espectador se va a dar cuenta de que no hay tanta ficción. Vemos la codicia y el lado grotesco de la vida. Convive con nosotros en lo cotidiano, en lo político y en lo mediático», explican de una función con un reparto formado por Antonio Pagudo, Cristina Gallego/Marta Guerras, Dani Llull, Eduardo Mayo y Elena Lombao.
Para la autora, es imposible no ver esa parodia a Macbeth que ideó Jarry y, al mismo tiempo, traerlo a la política del momento: «Cada época va a relacionar su versión de “Ubú” con unas figuras determinadas. Dentro de diez años seguramente nos hable de otra cosa. Nos sirve de reflejo del estado de cachiporra diaria en el que vivimos, aunque sea un espejo deformante». Folguera traza paralelismos entre este clásico de la patafísica con otros referentes habituales, como Valle-Inclán o el cuento de Andersen de «El rey desnudo», donde, puntualiza, «los adultos se meten en una espiral de falsedad por miedo a señalar lo que están viendo. Nadie es capaz de dar un paso adelante y romper la convención».
Jarry disparó con bala para burlarse de toda esa Francia «civilizada» y de su historia; y con este montaje, Folguera y Nieto aspiran a que la traslación a nuestro tiempo sea «inmediata»: «Las conspiraciones ya no son secretas, sino que da la sensación de que son visibles, de que estamos en un espectáculo diario de pugnas por un poder que es tremendamente inestable –desarrolla Folguera–. No sé si hay un cuestionamiento de los valores institucionales, pero sí estamos ante una crisis muy fuerte con el mercadeo de la atención. Se recompensa el ataque, la grosería, el abuso, el individualismo… Lo que en un político es insólito. Nos encontramos con personas alardeando de que no les interesa el bien común».
Responder al caos
«Ubú» se presenta de este modo en Nave 10 con el reto de «responder al caos», añade la autora, y «al Estado bufonesco que han impuesto desde los atrios. En el Congreso y en el Senado existe un teatro que engaña; prometen una cosa y ocultan otra. Se han cambiado las normas del juego». Sin embargo, este, «Ubú» ficticio «ni va a invadir ningún país, ni desmontar ninguna ley social, ni enmascarar un genocidio», sentencia de una pieza de repertorio para entender la sociedad actual. «A nuestro alrededor somos capaces de distinguir varios patanes con ansias de poder y sin ningún escrúpulo. No cambiamos de problemas, pero seguimos riendo de la misma manera», expone el teatro en su página web.
Nieto inscribe al montaje dentro de «una tradición de teatro que incomoda, que rompe la cotidianidad desde el juego, desde el exceso, desde la risa. Porque la comedia siempre ha sido la forma más precisa de revelar el drama contemporáneo, el lugar donde poner un espejo que refleja aquello que no queremos mirar. Quizá Ubú no es un monstruo excepcional sino una posibilidad constante, quizá no esté en el escenario y la farsa no sea una representación, igual la farsa es un sistema. Y nosotros… su eco». E incide en ese espejo deformante al que hacía referencia Folguera, «pero reconocible, donde el disparate político y mediático que vivimos diariamente aparece llevado hasta sus últimas consecuencias».
- Dónde: Nave 10 Matadero, Madrid. Cuándo: hasta el 21 de junio. Cuánto: desde 15,75 euros.
María Folguera versiona en Nave 10 el clásico de Alfred Jarry. Aunque la trama ya no mira hacia Polonia, sino que recorre los pasillos de un partido político
Ubú ha sido terreno abonado para el exceso desde el día que Alfred Jarry lo estrenó en el L’Oeuvre parisino a finales de 1896. Aquel «Ubú rey» rompía con buena parte de lo conocido y dibujaba las bases del surrealismo, el dadaísmo y el absurdo a partir de un ser innoble como Monsieur Ubú. «Y por eso mismo se parece bastante (de ombligo para abajo) a nosotros mismos», firmaba su autor. Un mundo en el que reina la parodia, el disparate y la celebración de un mundo al revés.
Ahora, este texto rupturista llega a Nave 10 (Matadero) pasado por el filtro «leal pero libre» de María Folguera –responsable de la versión– y Hugo Nieto –director– para demostrar (una vez más) que no hemos cambiado tanto. Si en el original se cuenta la historia de un señor que se propone conquistar Polonia a costa de todo y lo consigue, aunque luego gestiona de manera horrible su mandato, enriqueciéndose de manera vergonzosa y huye antes de que lo atrapen; en esta ocasión se maquina desde el interior de un partido político. Papi Ubú y Mami Ubú, movidos por la codicia, se lanzan a una intriga de pasillos y despachos que acabará devorando las calles. Aviones de oro, zarinas rencorosas, leones imaginarios y un Papi Ubú «más bruto que un jabalí, empeñado en ser gran estadista», presenta una Folguera que invita al juego: «¿Qué podría salir mal?».
Del Siglo XIX al XXI
El salto del siglo XIX al XXI es natural. «Comienza con una ficción, pero rápidamente el espectador se va a dar cuenta de que no hay tanta ficción. Vemos la codicia y el lado grotesco de la vida. Convive con nosotros en lo cotidiano, en lo político y en lo mediático», explican de una función con un reparto formado por Antonio Pagudo, Cristina Gallego/Marta Guerras, Dani Llull, Eduardo Mayo y Elena Lombao.
Para la autora, es imposible no ver esa parodia a Macbeth que ideó Jarry y, al mismo tiempo, traerlo a la política del momento: «Cada época va a relacionar su versión de “Ubú” con unas figuras determinadas. Dentro de diez años seguramente nos hable de otra cosa. Nos sirve de reflejo del estado de cachiporra diaria en el que vivimos, aunque sea un espejo deformante». Folguera traza paralelismos entre este clásico de la patafísica con otros referentes habituales, como Valle-Inclán o el cuento de Andersen de «El rey desnudo», donde, puntualiza, «los adultos se meten en una espiral de falsedad por miedo a señalar lo que están viendo. Nadie es capaz de dar un paso adelante y romper la convención».
Jarry disparó con bala para burlarse de toda esa Francia «civilizada» y de su historia; y con este montaje, Folguera y Nieto aspiran a que la traslación a nuestro tiempo sea «inmediata»: «Las conspiraciones ya no son secretas, sino que da la sensación de que son visibles, de que estamos en un espectáculo diario de pugnas por un poder que es tremendamente inestable –desarrolla Folguera–. No sé si hay un cuestionamiento de los valores institucionales, pero sí estamos ante una crisis muy fuerte con el mercadeo de la atención. Se recompensa el ataque, la grosería, el abuso, el individualismo… Lo que en un político es insólito. Nos encontramos con personas alardeando de que no les interesa el bien común».
Responder al caos
«Ubú» se presenta de este modo en Nave 10 con el reto de «responder al caos», añade la autora, y «al Estado bufonesco que han impuesto desde los atrios. En el Congreso y en el Senado existe un teatro que engaña; prometen una cosa y ocultan otra. Se han cambiado las normas del juego». Sin embargo, este, «Ubú» ficticio «ni va a invadir ningún país, ni desmontar ninguna ley social, ni enmascarar un genocidio», sentencia de una pieza de repertorio para entender la sociedad actual. «A nuestro alrededor somos capaces de distinguir varios patanes con ansias de poder y sin ningún escrúpulo. No cambiamos de problemas, pero seguimos riendo de la misma manera», expone el teatro en su página web.
Nieto inscribe al montaje dentro de «una tradición de teatro que incomoda, que rompe la cotidianidad desde el juego, desde el exceso, desde la risa. Porque la comedia siempre ha sido la forma más precisa de revelar el drama contemporáneo, el lugar donde poner un espejo que refleja aquello que no queremos mirar. Quizá Ubú no es un monstruo excepcional sino una posibilidad constante, quizá no esté en el escenario y la farsa no sea una representación, igual la farsa es un sistema. Y nosotros… su eco». E incide en ese espejo deformante al que hacía referencia Folguera, «pero reconocible, donde el disparate político y mediático que vivimos diariamente aparece llevado hasta sus últimas consecuencias».
- Dónde: Nave 10 Matadero, Madrid. Cuándo: hasta el 21 de junio. Cuánto: desde 15,75 euros.
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