Hay expertos que dan el cine de superhéroes por amortizado. Se apoyan, por ejemplo, en las cifras catastróficas de la reciente Supergirl o de algunos de los estrenos de Marvel. El exceso de series que han llegado estos años a las plataformas tampoco ha ayudado. Los superhéroes seguirán muertos en la mente de esos analistas al menos hasta que este miércoles llegue la inminente Spider-Man: Brand New Day, dispuesta a arrasar y marcar nuevos récords en taquilla. Pero, mientras tanto, hay una serie que está haciendo semana a semana un alegato de por qué el género todavía tiene cosas que decir: se llama X-men ‘97 y su éxito creativo ha sido una de las mayores sorpresas que ha dado la televisión de los últimos años.
Gracias a unos buenos guionistas que conocían a los personajes y los amaban, el resultado de esta idea nostálgica y mercantil ha sido mucho mejor de lo esperado
Hay expertos que dan el cine de superhéroes por amortizado. Se apoyan, por ejemplo, en las cifras catastróficas de la reciente Supergirl o de algunos de los estrenos de Marvel. El exceso de series que han llegado estos años a las plataformas tampoco ha ayudado. Los superhéroes seguirán muertos en la mente de esos analistas al menos hasta que este miércoles llegue la inminente Spider-Man: Brand New Day, dispuesta a arrasar y marcar nuevos récords en taquilla. Pero, mientras tanto, hay una serie que está haciendo semana a semana un alegato de por qué el género todavía tiene cosas que decir: se llama X-men ‘97 y su éxito creativo ha sido una de las mayores sorpresas que ha dado la televisión de los últimos años.
Esta serie animada, de la que Disney+ está emitiendo cada miércoles un episodio de su segunda temporada, nació en realidad como una simple revisión nostálgica ideada por puro negocio. Su cometido era continuar la clásica serie de la Patrulla X que en los noventa dio a conocer a muchos niños a los mutantes odiados y perseguidos de Marvel. Y, sin embargo, gracias a unos buenos guionistas que conocían a los personajes y los amaban, su resultado ha sido mucho mejor de lo esperado.
Las nuevas tramas del equipo de mutantes rezuman cariño por etapas del cómic clásicas como las de Chris Claremont (patriarca mutante), pero también otras modernas como las de Joss Whedon, Rick Remender y Grant Morrison, que mezclan con inteligencia pese a lo complicado de sus argumentos entretejidos en el tiempo y el espacio. Hasta mejoran etapas del tebeo en los noventa que sería mejor mantener olvidadas. Porque sabían que en el fondo los X-men son simplemente un culebrón largo sobre un grupo de compañeros que se sienten unidos por ser diferentes al resto, algo siempre de actualidad y de moda, ya fuera en su origen con la lucha por los derechos civiles (el conflicto entre Xavier y Magneto representa la diferente manera de ver el mundo de Martin Luther King y Malcolm X), en las películas de Bryan Singer como metáfora LGTBIQ+ u hoy con todo eso más el miedo a los inmigrantes o el excesivo control gubernamental de la seguridad.
Un buen equipo de guionistas mejora cualquier encargo por constreñido que sea, y así lo hicieron. Al contrario que en la serie original, más infantil y básica, la actual continúa su maremagnum de tramas episodio a episodio (no se puede entender un episodio suelto). Hay complicados árboles familiares, cambios de estatus y muertes de personajes sin parar, imposibles viajes en el tiempo (desde el antiguo Egipto dominado por Apocalipsis hasta distopías mutantes)… Todo es muy complicado, pero está explicado a la perfección, porque aunque X-men ’97 tenga una veintena de personajes protagonistas pululando, los va desarrollando y haciendo evolucionar con mimo, cada uno con su propia personalidad y no solo centrándose en Lobezno, Cíclope y el resto de famosos. Así, cuando llega un momento crucial, nos importa lo que le pase, y pronto podrán seguir presentando más personajes de extraños poderes.

En solo una veintena de episodios, el equipo logra resumir argumentos y héroes y villanos llegados de los 50 años que el cómic lleva a la venta. Crean grupos diversos cada uno con sus particularidades, e incluso cambian las cabeceras para adaptarlas al equipo en cuestión. Hay también cameos de héroes del universo Marvel, aunque lo que importa aquí siempre es la reunión de marginados de diferentes generaciones con complicados problemas que trata hacerse un hueco entre una humanidad que los repele, sea conviviendo o creando su propio Estado.
Un buen momento para la animación para adultos
X-men ‘97 destaca en un momento en el que las series animadas para adultos están creando —aunque no siempre con la audiencia necesaria para continuar— algunas de las propuestas más originales de la televisión, gracias seguramente al empuje del anime a nivel global. Hace tres años, Netflix lanzó la bellísima Samurái de ojos azules y HBO Max acertó con Scavengers Reign, que de momento no se ha podido ver en España. Amazon Prime Video, a su vez, triunfa cada año con Invencible, una serie de superhéroes con vísceras pero también con un desarrollo de personajes y continuidad que la hace única, pese a haber luchado en el mundo real con las constricciones presupuestarias, recortando su equipo de animadores. Incluso Star Wars ha logrado una de sus mejores apuestas de los últimos años (el nivel estaba bajo) en animación con Maul – Señor de las sombras.

Este verano es especialmente pródigo con el estreno de la segunda temporada deBatman: el cruzado enmarcarado, que convierte a Bruce Wayne en un justiciero de un noir de la década de los cuarenta; el spin-off de Rick y Morty, Presidente Curtis o lo nuevo de Ricky Gervais en Gatos callejeros, además de nuevas temporadas para decanos del humor como King of the Hill y Futurama. Desde la animación llegan propuestas para los más diversos públicos.
Los mutantes de Marvel regresarán pronto al cine. Es el gran plan de la compañía para vigorizar su universo y a su audiencia después de Vengadores: Doomsday (donde regresan los actores veteranos de la antigua franquicia). Ojalá quien los herede en acción real tenga el mismo conocimiento y cariño que el que tiene X-men ‘97 por personajes a los que se toma muy en serio. Esa simple receta puede ser suficiente para que no matemos todavía el cine y las series de superhéroes.
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