Curiosamente, esta película china relata una historia del mismo año, 1991, que la alemana que también se estrena hoy, ‘Este/Oeste’ , y refleja igualmente a un grupo humano afectado por los cambios sociales y políticos , aunque en este caso es una comunidad rural y que vive de sus labores en la tierra. Está filmada con enorme gusto visual y gran técnica en la composición, el color y el discurrir de las secuencias para contar la historia cotidiana de innumerables personajes, de varias generaciones que laboran juntas, desde nietos a bisabuelos, y que ven también como se juntan las viejas tradiciones, bueyes y arados, con el progreso de una China que empezaba a viajar en tractor hacia la cima.A pesar de las muchas cualidades técnicas y humanas de esta película, hay que advertir de algunos de sus inconvenientes: lo sustancial del relato, que se nos muestra casi todo a través de la mirada de un niño y su gran familia, es fácil de seguir, pero no es raro tropezarse en muchos de los hilos de la trama, en los diversos personajes secundarios y accesorios, en los aspectos más locales sobre agricultura, sociedad, costumbres y creencias; nombres, rostros, familias y situaciones que se le escapan vivos a la mirada occidental y actual. Y su duración, más de dos horas , tampoco ayuda a mantener la concentración sobre todo lo que nos cuenta el niño Chuang.Hay que combinar una evidente sensación de desconcierto con el encanto general y la deliciosa relación de ese niño con su bisabuela , un personaje magnífico y, desde luego, una bisabuela auténtica, como casi todos los actores que aparecen y algunos momentos captados de bodas o entierros que tienen igualmente la verdad escrita en sus imágenes. Curiosamente, esta película china relata una historia del mismo año, 1991, que la alemana que también se estrena hoy, ‘Este/Oeste’ , y refleja igualmente a un grupo humano afectado por los cambios sociales y políticos , aunque en este caso es una comunidad rural y que vive de sus labores en la tierra. Está filmada con enorme gusto visual y gran técnica en la composición, el color y el discurrir de las secuencias para contar la historia cotidiana de innumerables personajes, de varias generaciones que laboran juntas, desde nietos a bisabuelos, y que ven también como se juntan las viejas tradiciones, bueyes y arados, con el progreso de una China que empezaba a viajar en tractor hacia la cima.A pesar de las muchas cualidades técnicas y humanas de esta película, hay que advertir de algunos de sus inconvenientes: lo sustancial del relato, que se nos muestra casi todo a través de la mirada de un niño y su gran familia, es fácil de seguir, pero no es raro tropezarse en muchos de los hilos de la trama, en los diversos personajes secundarios y accesorios, en los aspectos más locales sobre agricultura, sociedad, costumbres y creencias; nombres, rostros, familias y situaciones que se le escapan vivos a la mirada occidental y actual. Y su duración, más de dos horas , tampoco ayuda a mantener la concentración sobre todo lo que nos cuenta el niño Chuang.Hay que combinar una evidente sensación de desconcierto con el encanto general y la deliciosa relación de ese niño con su bisabuela , un personaje magnífico y, desde luego, una bisabuela auténtica, como casi todos los actores que aparecen y algunos momentos captados de bodas o entierros que tienen igualmente la verdad escrita en sus imágenes.

Curiosamente, esta película china relata una historia del mismo año, 1991, que la alemana que también se estrena hoy, ‘Este/Oeste’, y refleja igualmente a un grupo humano afectado por los cambios sociales y políticos, aunque en este caso es una comunidad rural y … que vive de sus labores en la tierra. Está filmada con enorme gusto visual y gran técnica en la composición, el color y el discurrir de las secuencias para contar la historia cotidiana de innumerables personajes, de varias generaciones que laboran juntas, desde nietos a bisabuelos, y que ven también como se juntan las viejas tradiciones, bueyes y arados, con el progreso de una China que empezaba a viajar en tractor hacia la cima.
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Oti Rodríguez Marchante
A pesar de las muchas cualidades técnicas y humanas de esta película, hay que advertir de algunos de sus inconvenientes: lo sustancial del relato, que se nos muestra casi todo a través de la mirada de un niño y su gran familia, es fácil de seguir, pero no es raro tropezarse en muchos de los hilos de la trama, en los diversos personajes secundarios y accesorios, en los aspectos más locales sobre agricultura, sociedad, costumbres y creencias; nombres, rostros, familias y situaciones que se le escapan vivos a la mirada occidental y actual. Y su duración, más de dos horas, tampoco ayuda a mantener la concentración sobre todo lo que nos cuenta el niño Chuang.
Hay que combinar una evidente sensación de desconcierto con el encanto general y la deliciosa relación de ese niño con su bisabuela, un personaje magnífico y, desde luego, una bisabuela auténtica, como casi todos los actores que aparecen y algunos momentos captados de bodas o entierros que tienen igualmente la verdad escrita en sus imágenes.
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