Pese a su juventud, Rubén (24) ya es todo un emprendedor: ostenta una empresa de turismo interpretado en la Serranía de Cuenca, donde, además de enseñar la naturaleza, divulga la historia y la etnografía de la zona. También es una persona muy popular en su pueblo, Carrascosa de la Sierra. No en vano, se trata de un municipio de 35 habitantes… y él es el tercero más joven.Si la curiosa biografía del soltero, que acudió a ‘First Dates’ este jueves 13 de agosto, había sorprendido a Carlos Sobera, el presentador terminó de quedar asombrado cuando Rubén desveló otro importante hito de su currículum: fue alcalde de su municipio. «Al final, es ayudar al vecino que ves todos los días. Es un trato mucho más cercano y lo que priman son las personas», reflexionaba el joven a su llegada al restaurante.En el amor, sin embargo, se le complica lo de ligar. Su media naranja no se encuentra ni en su localidad, ni en las vecinas. «No llegamos a dos habitantes por kilómetro cuadrado, entonces nos conocemos todos», le explicó a Sobera. Por esa razón, decidió ampliar horizontes y recurrir a los celestinos del ‘dating show’ para encontrar con una chica activa, habladora y con inquietudes.La elegida se llamaba Idoya (25), llegaba desde Barcelona y era una profesora de carácter fuerte. «Soy un poco borde», reconoció en su presentación, donde también mencionó su pasión aventurera y trotamundos.Al verse, y aunque sobre el papel podrían encajar, experimentaron unas primeras impresiones diametralmente opuestas. Mientras que a él le pareció «una chavala bastante mona», a ella le faltaron adjetivos para expresar lo que le había parecido la forma de vestir de su cita. «Me espanta, me atormenta, me perturba… La camisa, el pantalón de traje… Ya no le he visto ni los zapatos. He dicho, ya no miro más», sentenciaba en privado.En la mesa rompieron el hielo hablando de sus profesiones. A propósito, Idoya planteó sobre la mesa la posibilidad de que Rubén alguna vez abandonara su pueblo. Él no se cierra, pero siempre manteniendo los lazos que lo unen a sus raíces. Mencionó para apoyar su relato ‘El camino’ de Miguel Delibes, con cuyo protagonista se siente identificado. Los jóvenes continuaron con el hilo natural de la conversación, hablando de la España vaciada. Y en ese momento, el conquense especificó el número exacto de habitantes de Carrascosa de la Sierra. «Me he quedado tiesa», reaccionaba la soltera.La caza siembra la discordia entre los solteros Ahí surgió la primera gran diferencia entre los dos. Idoya se declaró «playadependiente» y por ahora no baraja abandonar Barcelona. A Rubén la playa ni le va ni le viene, pues es más de montaña. Tampoco compartían gustos seriéfilos, ni literarios, ni musicales… Y mucho menos gastronómicos. La soltera no estaba muy por la labor de probar el morteruelo, el plato típico de la zona de su cita.Una cosa llevó a la otra y acabaron debatiendo sobre la caza y la tauromaquia, dos prácticas que la profesora tiene vetadas. Rubén intentó hacerle ver que la primera está muy juzgada porque se desconoce el trasfondo de la misma y puso de relieve que en las zonas rurales supone un motor económico muy importante. «A la gente normalmente no le gusta la caza porque no sabe en qué consiste», defendió.El momento de la decisión final (MEDIASET)La charla terminó de enquistarse cuando Idoya puso sobre la mesa la contradicción que, a su juicio, existía entre la afición por los animales y la práctica de la caza. «¿Si tanto te gustan los animales, por qué los matas?», le preguntó directamente. Rubén respondió con su propia lógica y dejando poco margen al debate: «También me los como».Para la profesora, sin embargo, la diferencia de opiniones iba mucho más allá de una simple discrepancia. «Para mí, alguien que cace es una red flag», apuntaba en los totales. No hizo falta esperar a la decisión final para que los dos descartaran por completo otra cita. Idoya lo resumió con una frase que le soltó a su pretendiente y con la que él estuvo completamente de acuerdo: «Somos incompatibles, como el agua y el aceite». Pese a su juventud, Rubén (24) ya es todo un emprendedor: ostenta una empresa de turismo interpretado en la Serranía de Cuenca, donde, además de enseñar la naturaleza, divulga la historia y la etnografía de la zona. También es una persona muy popular en su pueblo, Carrascosa de la Sierra. No en vano, se trata de un municipio de 35 habitantes… y él es el tercero más joven.Si la curiosa biografía del soltero, que acudió a ‘First Dates’ este jueves 13 de agosto, había sorprendido a Carlos Sobera, el presentador terminó de quedar asombrado cuando Rubén desveló otro importante hito de su currículum: fue alcalde de su municipio. «Al final, es ayudar al vecino que ves todos los días. Es un trato mucho más cercano y lo que priman son las personas», reflexionaba el joven a su llegada al restaurante.En el amor, sin embargo, se le complica lo de ligar. Su media naranja no se encuentra ni en su localidad, ni en las vecinas. «No llegamos a dos habitantes por kilómetro cuadrado, entonces nos conocemos todos», le explicó a Sobera. Por esa razón, decidió ampliar horizontes y recurrir a los celestinos del ‘dating show’ para encontrar con una chica activa, habladora y con inquietudes.La elegida se llamaba Idoya (25), llegaba desde Barcelona y era una profesora de carácter fuerte. «Soy un poco borde», reconoció en su presentación, donde también mencionó su pasión aventurera y trotamundos.Al verse, y aunque sobre el papel podrían encajar, experimentaron unas primeras impresiones diametralmente opuestas. Mientras que a él le pareció «una chavala bastante mona», a ella le faltaron adjetivos para expresar lo que le había parecido la forma de vestir de su cita. «Me espanta, me atormenta, me perturba… La camisa, el pantalón de traje… Ya no le he visto ni los zapatos. He dicho, ya no miro más», sentenciaba en privado.En la mesa rompieron el hielo hablando de sus profesiones. A propósito, Idoya planteó sobre la mesa la posibilidad de que Rubén alguna vez abandonara su pueblo. Él no se cierra, pero siempre manteniendo los lazos que lo unen a sus raíces. Mencionó para apoyar su relato ‘El camino’ de Miguel Delibes, con cuyo protagonista se siente identificado. Los jóvenes continuaron con el hilo natural de la conversación, hablando de la España vaciada. Y en ese momento, el conquense especificó el número exacto de habitantes de Carrascosa de la Sierra. «Me he quedado tiesa», reaccionaba la soltera.La caza siembra la discordia entre los solteros Ahí surgió la primera gran diferencia entre los dos. Idoya se declaró «playadependiente» y por ahora no baraja abandonar Barcelona. A Rubén la playa ni le va ni le viene, pues es más de montaña. Tampoco compartían gustos seriéfilos, ni literarios, ni musicales… Y mucho menos gastronómicos. La soltera no estaba muy por la labor de probar el morteruelo, el plato típico de la zona de su cita.Una cosa llevó a la otra y acabaron debatiendo sobre la caza y la tauromaquia, dos prácticas que la profesora tiene vetadas. Rubén intentó hacerle ver que la primera está muy juzgada porque se desconoce el trasfondo de la misma y puso de relieve que en las zonas rurales supone un motor económico muy importante. «A la gente normalmente no le gusta la caza porque no sabe en qué consiste», defendió.El momento de la decisión final (MEDIASET)La charla terminó de enquistarse cuando Idoya puso sobre la mesa la contradicción que, a su juicio, existía entre la afición por los animales y la práctica de la caza. «¿Si tanto te gustan los animales, por qué los matas?», le preguntó directamente. Rubén respondió con su propia lógica y dejando poco margen al debate: «También me los como».Para la profesora, sin embargo, la diferencia de opiniones iba mucho más allá de una simple discrepancia. «Para mí, alguien que cace es una red flag», apuntaba en los totales. No hizo falta esperar a la decisión final para que los dos descartaran por completo otra cita. Idoya lo resumió con una frase que le soltó a su pretendiente y con la que él estuvo completamente de acuerdo: «Somos incompatibles, como el agua y el aceite».
Pese a su juventud, Rubén (24) ya es todo un emprendedor: ostenta una empresa de turismo interpretado en la Serranía de Cuenca, donde, además de enseñar la naturaleza, divulga la historia y la etnografía de la zona. También es una persona muy popular en su … pueblo, Carrascosa de la Sierra. No en vano, se trata de un municipio de 35 habitantes… y él es el tercero más joven.
Si la curiosa biografía del soltero, que acudió a ‘First Dates’ este jueves 13 de agosto, había sorprendido a Carlos Sobera, el presentador terminó de quedar asombrado cuando Rubén desveló otro importante hito de su currículum: fue alcalde de su municipio. «Al final, es ayudar al vecino que ves todos los días. Es un trato mucho más cercano y lo que priman son las personas», reflexionaba el joven a su llegada al restaurante.
En el amor, sin embargo, se le complica lo de ligar. Su media naranja no se encuentra ni en su localidad, ni en las vecinas. «No llegamos a dos habitantes por kilómetro cuadrado, entonces nos conocemos todos», le explicó a Sobera. Por esa razón, decidió ampliar horizontes y recurrir a los celestinos del ‘dating show’ para encontrar con una chica activa, habladora y con inquietudes.
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First Dates
María Robert
La elegida se llamaba Idoya (25), llegaba desde Barcelona y era una profesora de carácter fuerte. «Soy un poco borde», reconoció en su presentación, donde también mencionó su pasión aventurera y trotamundos.
Al verse, y aunque sobre el papel podrían encajar, experimentaron unas primeras impresiones diametralmente opuestas. Mientras que a él le pareció «una chavala bastante mona», a ella le faltaron adjetivos para expresar lo que le había parecido la forma de vestir de su cita. «Me espanta, me atormenta, me perturba… La camisa, el pantalón de traje… Ya no le he visto ni los zapatos. He dicho, ya no miro más», sentenciaba en privado.
En la mesa rompieron el hielo hablando de sus profesiones. A propósito, Idoya planteó sobre la mesa la posibilidad de que Rubén alguna vez abandonara su pueblo. Él no se cierra, pero siempre manteniendo los lazos que lo unen a sus raíces. Mencionó para apoyar su relato ‘El camino’ de Miguel Delibes, con cuyo protagonista se siente identificado. Los jóvenes continuaron con el hilo natural de la conversación, hablando de la España vaciada. Y en ese momento, el conquense especificó el número exacto de habitantes de Carrascosa de la Sierra. «Me he quedado tiesa», reaccionaba la soltera.
La caza siembra la discordia entre los solteros
Ahí surgió la primera gran diferencia entre los dos. Idoya se declaró «playadependiente» y por ahora no baraja abandonar Barcelona. A Rubén la playa ni le va ni le viene, pues es más de montaña. Tampoco compartían gustos seriéfilos, ni literarios, ni musicales… Y mucho menos gastronómicos. La soltera no estaba muy por la labor de probar el morteruelo, el plato típico de la zona de su cita.
Una cosa llevó a la otra y acabaron debatiendo sobre la caza y la tauromaquia, dos prácticas que la profesora tiene vetadas. Rubén intentó hacerle ver que la primera está muy juzgada porque se desconoce el trasfondo de la misma y puso de relieve que en las zonas rurales supone un motor económico muy importante. «A la gente normalmente no le gusta la caza porque no sabe en qué consiste», defendió.

((MEDIASET))
La charla terminó de enquistarse cuando Idoya puso sobre la mesa la contradicción que, a su juicio, existía entre la afición por los animales y la práctica de la caza. «¿Si tanto te gustan los animales, por qué los matas?», le preguntó directamente. Rubén respondió con su propia lógica y dejando poco margen al debate: «También me los como».
Para la profesora, sin embargo, la diferencia de opiniones iba mucho más allá de una simple discrepancia. «Para mí, alguien que cace es una red flag», apuntaba en los totales. No hizo falta esperar a la decisión final para que los dos descartaran por completo otra cita. Idoya lo resumió con una frase que le soltó a su pretendiente y con la que él estuvo completamente de acuerdo: «Somos incompatibles, como el agua y el aceite».
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