Libros escritos con la solvencia y la calidad estilística de este alimentan el espanto sobre la fase actual de la revolución digital de forma mucho más eficiente que cualquier tuit abracadabrante. La fría sucesión de datos sobre contratos, beneficios, inversiones, ayudas públicas, cuotas de mercado, declaraciones públicas, alianzas empresariales y fuentes fiables es el mejor método para describir críticamente y reprobar militantemente la actual dependencia estructural que el mundo tiene de las empresas de Elon Musk, auténtico genio contemporáneo (no lo dicen ellos, pero a mí me lo parece, aunque sea un genio del mal), progresivamente decantado hacia la ultraderecha ultraracista pero sobre todo modelado sobre una fantasía de dominio global que está hoy mismo en sus manos.
Libros escritos con la solvencia y la calidad estilística de este alimentan el espanto sobre la fase actual de la revolución digital de forma mucho más eficiente que cualquier tuit abracadabrante. La fría sucesión de datos sobre contratos, beneficios, inversiones, ayudas públicas, cuotas de mercado, declaraciones públicas, alianzas empresariales y fuentes fiables es el mejor método para describir críticamente y reprobar militantemente la actual dependencia estructural que el mundo tiene de las empresas de Elon Musk, auténtico genio contemporáneo (no lo dicen ellos, pero a mí me lo parece, aunque sea un genio del mal), progresivamente decantado hacia la ultraderecha ultraracista pero sobre todo modelado sobre una fantasía de dominio global que está hoy mismo en sus manos. Seguir leyendo
Libros escritos con la solvencia y la calidad estilística de este alimentan el espanto sobre la fase actual de la revolución digital de forma mucho más eficiente que cualquier tuit abracadabrante. La fría sucesión de datos sobre contratos, beneficios, inversiones, ayudas públicas, cuotas de mercado, declaraciones públicas, alianzas empresariales y fuentes fiables es el mejor método para describir críticamente y reprobar militantemente la actual dependencia estructural que el mundo tiene de las empresas de Elon Musk, auténtico genio contemporáneo (no lo dicen ellos, pero a mí me lo parece, aunque sea un genio del mal), progresivamente decantado hacia la ultraderecha ultraracista pero sobre todo modelado sobre una fantasía de dominio global que está hoy mismo en sus manos.
Lo sintetiza así este libro hacia el final (descartadas unas débiles Conclusiones en forma de profecía apocalíptica): “Su carrera ha consistido en fabricar los módulos de ese superconjunto [que poco a poco integraría el mundo en su seno]: en forma de cohetes que coloquen satélites en el cielo, en forma de implantes cerebrales que amplíen el ancho de banda de nuestra interfaz con el colectivco cibernético, y en forma de modelos de inteligencia artificial y algoritmos de redes sociales”. Alude a solo algunas de las empresas centrales que ha fundado Musk —SpaceX, Starlink, Neuralink, Tesla, Grok, es decir, la versión MAGA de ChatGPT—, siempre en simbiosis con el Estado y por tanto los fondos públicos multimillonarios, con la consecuencia efectiva y práctica de haberse convertido para gobiernos y personas simplemente en “indispensable”.
La traducción elemental de este diagnóstico es que seguirá estando ahí, y sus empresas seguirán actuando en el corazón del globo en el futuro, aunque no siga ya en la cocina de la Casa Blanca tras haber renunciado, quizá por prematuro, al objetivo de centralizar en un solo órgano, el DOGE, toda la información y los datos, sensibles o no, públicos y privados, de la Administración estadounidense y de su población. El fin era salir a la caza de imperfecciones, irregularidades, disonancias, por supuseto todas dictadas por sistemas de IA sin comprobación humana, y a una velocidad supersónica ejecutada por ACE: el infierno de la eficiencia y la impunidad llevado a un extremo hasta hoy desconocido en nuestras democracias occidentales .
Si lo digo yo suena a verborrea, lo sé, pero esta es la síntesis real de este ensayo y los autores —Quin Slobodian y Ben Tarnoff— tampoco rebajan en nada la gravedad de la situación aunque prefieren desplegar con minucia y sin prisas cada paso, cada motivación, cada contrato y cada operación de un empresario/ ingeniero diabólicamente inteligente y también sin escrúpulos. El muskismo del título, a imitación del fordismo, sería su patrón de conducta: nunca contra el Estado, siempre en simbiosis con el Estado (y los fondos del Estado) porque el objetivo final es colonizarlo y ponerlo al servicio de la empresa privada y su propia estrategia de intereses económicos y dominio político y militar.
De la misma manera que en 2025 su empresa SpaceX era responsable del 95% de los lanzamientos orbitales en Estados Unidos (y la mitad en el resto del mundo), el mismo año dos tercios de todos lo satélites activos son de Starlink, propiedad de Elon Musk: es literalmente el dueño “del mercado aeroespacial” del globo. Los Estados lo necesitan sí o sí, mientras Twitter convertido en X favoreció la “resonancia límbica”, es decir, emocional, para propiciar la interacción del usuario, la descarnada derechización del discurso y la reconversión de lo woke en el diabólico enemigo: “un virus mental” dispuesto a derribar la civilización occidental, como ha repetido Elon Musk tantas veces. Compró Twitter porque su peligro de infección era alto, así que mejor aplicar la profilaxis de invertir su dirección a partir de X, tras despedir al 80% de la plantilla de la empresa y readmitir a centenares de cuentas de ultraderecha, incluida Qanon (y Donald Trump, obviamente). En 2024, de los 60 tuits diarios de media de Elon Musk, más de 1.300 estuvieron dirigidos contra la inmigración y la denuncia del fraude en las elecciones, “vistos unas 10.000 millones de veces en total.”
Entre lo más asombroso del libro está el recuento de decenas de citas literales de sus conferencias, declaraciones, tuits. Ha ido comunicando de forma casi explícita cada uno de los pasos que va a dar
Entre lo más asombroso del libro está el recuento de decenas de citas literales de sus conferencias, declaraciones, tuits. Ha ido comunicando de forma casi explícita cada uno de los pasos que va a dar, sin demasiado disimulo ni retórica, e interactuando a menudo de forma frenética en X con interlocutores comunes y muchas otras veces estratégicos. Los hilos invisibles que atan a la figura humana a su historia profesional están muy bien traídos —la raíz sudafricana, la afición a la ciencia ficción, la obsesión con algunos videojuegos, la fijación con algunos libros y personajes—, como la explicación del éxito de lo que los autores llaman su “fabulismo financiero”: grandes expectativas de negocio fundadas en lo que por aquí llamaríamos don de gentes… En efecto, es una excelente Guide for the Perplexed, como dice el subtítulo original del libro.
La peor y más creíble de las conclusiones para incrédulos es así de descorazonadora pero creíble tras el “sueño de una tecnocracia reaccionaria” que fue su paso DOGE: “El sirviente público es una especie transitoria. La reforma del Estado es el puente hacia un nuevo régimen de soberanía algorítmica en el que la regularidad del Gobierno de las máquinas reemplaza al consenso y la legitimidad”. ¿Democracia? ¿Qué democracia?

Ben Tarnoff y Quinn Slobodian
Traducción de Raquel Marqués García
Taurus, 2026
256 páginas. 19,85 euros
EL PAÍS
