Una divisa negra prendía en el morrillo de los Fuente Ymbro en señal de luto por Alfonso Vázquez, su mayoral. Aquella cinta luctuosa no solo recordaba a un hombre, honraba una forma de entender el campo bravo. Cuatreña al completo vino una corrida con opciones en la muleta, sin ser fácil, con los matices de la casta de la que hicieron gala los ‘jandillas’ criados en los Romerales, con el recuerdo de su guardián latiendo en cada embestida. Adulador era el bautismo del más completo, un fuenteymbro de triunfo. Era el del regreso de Fernando Adrián a Madrid veinticuatro horas después de su cuarta Puerta Grande. Y hasta quienes lo increpaban apostaban por la quinta dominical. De sombrerazo fueron los pares de Ángel Otero, que se la jugó y se desmonteró. En pie se puso la Monumental mientras se partía las palmas con una ovación de gala. A Adrián, al que muchos tenían entre ceja y ceja por su reciente salida a hombros, lo midieron con escuadra y cartabón. Lo sabía el madrileño y demostró una versión más elevada con este bravo toro, aunque se echó en falta que se lo sacara más a los medios. Anduvo con un aire más relajado, aprovechando la clase, la repetición y la humillación de Adulador. Fue la última serie diestra la más redonda y aplastante, con cuajo. Sonó un aviso antes de entrar a matar, pero igual le dio: allá que siguió con un torero cierre por abajo. El pinchazo frenó la pañolada presentida y saludó una ovación.Cuando comenzaban a llover mensajes sobre la ‘baraka’ de Adrián -desde «sus bolitas dan más suerte que la tripa de una embarazada» al «hay que echar la lotería con él»-, asomó el pañuelo verde en el sexto. En los corrales aguardaba un sobrero del hierro titular, un toro estratosférico, de hechuras pamplonicas. A pies juntos, por alto, por delante y por detrás, arrancó su labor al tanque de Fuente Ymbro. De pasar un mal rato cuando se paraba, pensándoselo mucho y tardeando. Para meterse por dentro y derrotar después. Levantisco no solo pesaba en la báscula (621 kilos), sino para estar delante. No se alargó el torero, salvo con el desatinado descabello.taurina_0639Cuando dobló el segundo apareció un viejo conocido de los ruedos, el holandés antitaurino , con su torso al descubierto y su enésimo mensaje animaloide. Traía este Infortunado un bautismo de indulto, como aquel de Escribano en Calatayud, pero con una seriedad pavorosa. Un trago pasó la cuadrilla en banderillas: ¿no le hubiese venido bien un mayor castigo en varas para ahormarlo? No hubo brindis de Ureña, que se dirigió con gesto serio al toro tras hacer gestos en el callejón de que Infortunado andaba reparado de la vista. Miraditas lanzaba al de Lorca, que comenzó doblándose en terrenos del 7 y trazó una faena de extraordinaria actitud, con emoción en esos derechazos de compás abierto y la tela a rastras. Había que dejarle la muleta puesta en un toma y daca de tendidos en vilo. A saltos iba por el zurdo, pitón al que robaría meritorios naturales. Con entrega regresó a la mano de la cuchara. Enfrontilado y queriendo en una labor en la que expuso con sinceridad. Tuvo sus opciones el buen quinto, que lo demandaba por abajo. Hubo muletazos de mucho asiento en una faena que prometía, pero Laminado no tenía el mismo ritmo por el izquierdo y aquello vino a menos.Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Domingo, 17 de mayo de 2026. Novena corrida. Cartel de ‘No hay billetes. Toros de Fuente Ymbro (incluido 6º bis, el peor), bien presentados y encastados, de juego variado; destacó el gran 3º. Miguel Ángel Perera, de verde y oro: estocada corta tendida y desprendida y descabello (silencio tras aviso); dos pinchazos y estocada muy trasera tendida (silencio tras aviso). Paco Ureña, de azul marino y oro: pinchazo tendido y estocada (saludos tras aviso); estocada baja (silencio tras aviso). Fernando Adrián de celeste y plata: pinchazo y estocada corta (petición y saludos tras aviso); estocada atravesada y varios descabellos (silencio tras aviso).Regresaba Perera tras quedar prácticamente inédito con la de La Quinta. Y otra vez pasó en blanco, pese a que en el noble y buen cuarto ilusionó. Chicuelinas y altaneras había combinado con Trasmallo, en el que Duarte clavó un par en todo lo alto. Con los colores de Extremadura, como el verde del vestido de la figura pacense. Brindó al público y se plantó en los medios con dos pases pendulares, tan de su cosecha. Concedió distancia media con temple, pero faltaría más transmisión en el conjunto. Y, también, alma. Se había movido mucho el primer Vinazo, a medio camino entre la casta y el genio. Fue un toro áspero, con tela que pulir. Enfrente tenía a un especialista en gobierno, pero el viento no colaboró y el esfuerzo no fue suficiente. No ha sido la feria de Miguel Ángel, espléndido ‘Tallista’ en Sevilla. Una divisa negra prendía en el morrillo de los Fuente Ymbro en señal de luto por Alfonso Vázquez, su mayoral. Aquella cinta luctuosa no solo recordaba a un hombre, honraba una forma de entender el campo bravo. Cuatreña al completo vino una corrida con opciones en la muleta, sin ser fácil, con los matices de la casta de la que hicieron gala los ‘jandillas’ criados en los Romerales, con el recuerdo de su guardián latiendo en cada embestida. Adulador era el bautismo del más completo, un fuenteymbro de triunfo. Era el del regreso de Fernando Adrián a Madrid veinticuatro horas después de su cuarta Puerta Grande. Y hasta quienes lo increpaban apostaban por la quinta dominical. De sombrerazo fueron los pares de Ángel Otero, que se la jugó y se desmonteró. En pie se puso la Monumental mientras se partía las palmas con una ovación de gala. A Adrián, al que muchos tenían entre ceja y ceja por su reciente salida a hombros, lo midieron con escuadra y cartabón. Lo sabía el madrileño y demostró una versión más elevada con este bravo toro, aunque se echó en falta que se lo sacara más a los medios. Anduvo con un aire más relajado, aprovechando la clase, la repetición y la humillación de Adulador. Fue la última serie diestra la más redonda y aplastante, con cuajo. Sonó un aviso antes de entrar a matar, pero igual le dio: allá que siguió con un torero cierre por abajo. El pinchazo frenó la pañolada presentida y saludó una ovación.Cuando comenzaban a llover mensajes sobre la ‘baraka’ de Adrián -desde «sus bolitas dan más suerte que la tripa de una embarazada» al «hay que echar la lotería con él»-, asomó el pañuelo verde en el sexto. En los corrales aguardaba un sobrero del hierro titular, un toro estratosférico, de hechuras pamplonicas. A pies juntos, por alto, por delante y por detrás, arrancó su labor al tanque de Fuente Ymbro. De pasar un mal rato cuando se paraba, pensándoselo mucho y tardeando. Para meterse por dentro y derrotar después. Levantisco no solo pesaba en la báscula (621 kilos), sino para estar delante. No se alargó el torero, salvo con el desatinado descabello.taurina_0639Cuando dobló el segundo apareció un viejo conocido de los ruedos, el holandés antitaurino , con su torso al descubierto y su enésimo mensaje animaloide. Traía este Infortunado un bautismo de indulto, como aquel de Escribano en Calatayud, pero con una seriedad pavorosa. Un trago pasó la cuadrilla en banderillas: ¿no le hubiese venido bien un mayor castigo en varas para ahormarlo? No hubo brindis de Ureña, que se dirigió con gesto serio al toro tras hacer gestos en el callejón de que Infortunado andaba reparado de la vista. Miraditas lanzaba al de Lorca, que comenzó doblándose en terrenos del 7 y trazó una faena de extraordinaria actitud, con emoción en esos derechazos de compás abierto y la tela a rastras. Había que dejarle la muleta puesta en un toma y daca de tendidos en vilo. A saltos iba por el zurdo, pitón al que robaría meritorios naturales. Con entrega regresó a la mano de la cuchara. Enfrontilado y queriendo en una labor en la que expuso con sinceridad. Tuvo sus opciones el buen quinto, que lo demandaba por abajo. Hubo muletazos de mucho asiento en una faena que prometía, pero Laminado no tenía el mismo ritmo por el izquierdo y aquello vino a menos.Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Domingo, 17 de mayo de 2026. Novena corrida. Cartel de ‘No hay billetes. Toros de Fuente Ymbro (incluido 6º bis, el peor), bien presentados y encastados, de juego variado; destacó el gran 3º. Miguel Ángel Perera, de verde y oro: estocada corta tendida y desprendida y descabello (silencio tras aviso); dos pinchazos y estocada muy trasera tendida (silencio tras aviso). Paco Ureña, de azul marino y oro: pinchazo tendido y estocada (saludos tras aviso); estocada baja (silencio tras aviso). Fernando Adrián de celeste y plata: pinchazo y estocada corta (petición y saludos tras aviso); estocada atravesada y varios descabellos (silencio tras aviso).Regresaba Perera tras quedar prácticamente inédito con la de La Quinta. Y otra vez pasó en blanco, pese a que en el noble y buen cuarto ilusionó. Chicuelinas y altaneras había combinado con Trasmallo, en el que Duarte clavó un par en todo lo alto. Con los colores de Extremadura, como el verde del vestido de la figura pacense. Brindó al público y se plantó en los medios con dos pases pendulares, tan de su cosecha. Concedió distancia media con temple, pero faltaría más transmisión en el conjunto. Y, también, alma. Se había movido mucho el primer Vinazo, a medio camino entre la casta y el genio. Fue un toro áspero, con tela que pulir. Enfrente tenía a un especialista en gobierno, pero el viento no colaboró y el esfuerzo no fue suficiente. No ha sido la feria de Miguel Ángel, espléndido ‘Tallista’ en Sevilla.
Una divisa negra prendía en el morrillo de los Fuente Ymbro en señal de luto por Alfonso Vázquez, su mayoral. Aquella cinta luctuosa no solo recordaba a un hombre, honraba una forma de entender el campo bravo. Cuatreña al completo vino una corrida con opciones … en la muleta, sin ser fácil, con los matices de la casta de la que hicieron gala los ‘jandillas’ criados en los Romerales, con el recuerdo de su guardián latiendo en cada embestida.
Adulador era el bautismo del más completo, un fuenteymbro de triunfo. Era el del regreso de Fernando Adrián a Madrid veinticuatro horas después de su cuarta Puerta Grande. Y hasta quienes lo increpaban apostaban por la quinta dominical. De sombrerazo fueron los pares de Ángel Otero, que se la jugó y se desmonteró. En pie se puso la Monumental mientras se partía las palmas con una ovación de gala. A Adrián, al que muchos tenían entre ceja y ceja por su reciente salida a hombros, lo midieron con escuadra y cartabón. Lo sabía el madrileño y demostró una versión más elevada con este bravo toro, aunque se echó en falta que se lo sacara más a los medios. Anduvo con un aire más relajado, aprovechando la clase, la repetición y la humillación de Adulador. Fue la última serie diestra la más redonda y aplastante, con cuajo. Sonó un aviso antes de entrar a matar, pero igual le dio: allá que siguió con un torero cierre por abajo. El pinchazo frenó la pañolada presentida y saludó una ovación.
Cuando comenzaban a llover mensajes sobre la ‘baraka’ de Adrián -desde «sus bolitas dan más suerte que la tripa de una embarazada» al «hay que echar la lotería con él»-, asomó el pañuelo verde en el sexto. En los corrales aguardaba un sobrero del hierro titular, un toro estratosférico, de hechuras pamplonicas. A pies juntos, por alto, por delante y por detrás, arrancó su labor al tanque de Fuente Ymbro. De pasar un mal rato cuando se paraba, pensándoselo mucho y tardeando. Para meterse por dentro y derrotar después. Levantisco no solo pesaba en la báscula (621 kilos), sino para estar delante. No se alargó el torero, salvo con el desatinado descabello.
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Cuando dobló el segundo apareció un viejo conocido de los ruedos, el holandés antitaurino, con su torso al descubierto y su enésimo mensaje animaloide. Traía este Infortunado un bautismo de indulto, como aquel de Escribano en Calatayud, pero con una seriedad pavorosa. Un trago pasó la cuadrilla en banderillas: ¿no le hubiese venido bien un mayor castigo en varas para ahormarlo? No hubo brindis de Ureña, que se dirigió con gesto serio al toro tras hacer gestos en el callejón de que Infortunado andaba reparado de la vista. Miraditas lanzaba al de Lorca, que comenzó doblándose en terrenos del 7 y trazó una faena de extraordinaria actitud, con emoción en esos derechazos de compás abierto y la tela a rastras. Había que dejarle la muleta puesta en un toma y daca de tendidos en vilo. A saltos iba por el zurdo, pitón al que robaría meritorios naturales. Con entrega regresó a la mano de la cuchara. Enfrontilado y queriendo en una labor en la que expuso con sinceridad. Tuvo sus opciones el buen quinto, que lo demandaba por abajo. Hubo muletazos de mucho asiento en una faena que prometía, pero Laminado no tenía el mismo ritmo por el izquierdo y aquello vino a menos.
Feria de San Isidro
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Monumental de las Ventas
Domingo, 17 de mayo de 2026. Novena corrida. Cartel de ‘No hay billetes. Toros de Fuente Ymbro (incluido 6º bis, el peor), bien presentados y encastados, de juego variado; destacó el gran 3º.
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Miguel Ángel Perera,
de verde y oro: estocada corta tendida y desprendida y descabello (silencio tras aviso); dos pinchazos y estocada muy trasera tendida (silencio tras aviso). -
Paco Ureña,
de azul marino y oro: pinchazo tendido y estocada (saludos tras aviso); estocada baja (silencio tras aviso). -
Fernando Adrián
de celeste y plata: pinchazo y estocada corta (petición y saludos tras aviso); estocada atravesada y varios descabellos (silencio tras aviso).
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Regresaba Perera tras quedar prácticamente inédito con la de La Quinta. Y otra vez pasó en blanco, pese a que en el noble y buen cuarto ilusionó. Chicuelinas y altaneras había combinado con Trasmallo, en el que Duarte clavó un par en todo lo alto. Con los colores de Extremadura, como el verde del vestido de la figura pacense. Brindó al público y se plantó en los medios con dos pases pendulares, tan de su cosecha. Concedió distancia media con temple, pero faltaría más transmisión en el conjunto. Y, también, alma. Se había movido mucho el primer Vinazo, a medio camino entre la casta y el genio. Fue un toro áspero, con tela que pulir. Enfrente tenía a un especialista en gobierno, pero el viento no colaboró y el esfuerzo no fue suficiente. No ha sido la feria de Miguel Ángel, espléndido ‘Tallista’ en Sevilla.
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