A Aurora Beltrán (Pamplona, 61 años) nunca le ha interesado demasiado pedir permiso. La mujer que lideró Tahúres Zurdos sigue defendiendo la misma independencia que la convirtió en una de las voces más singulares del rock español en los ochenta. Con motivo de su participación en el Festival de la Guitarra de Córdoba, conversamos con ella sobre la memoria de las rockeras, los peajes ocultos de la industria musical y el lugar que ocupan hoy las mujeres en la cultura. “Daría un consejo a los hombres: que también avancen. Porque estamos aquí para quedarnos”, afirma. Y lo dice con la autoridad de quien lleva más de cuarenta años demostrándolo.
A Aurora Beltrán (Pamplona, 61 años) nunca le ha interesado demasiado pedir permiso. La mujer que lideró Tahúres Zurdos sigue defendiendo la misma independencia que la convirtió en una de las voces más singulares del rock español en los ochenta. Con motivo de su participación en el Festival de la Guitarra de Córdoba, conversamos con ella sobre la memoria de las rockeras, los peajes ocultos de la industria musical y el lugar que ocupan hoy las mujeres en la cultura. “Daría un consejo a los hombres: que también avancen. Porque estamos aquí para quedarnos”, afirma. Y lo dice con la autoridad de quien lleva más de cuarenta años demostrándolo. Seguir leyendo
A Aurora Beltrán (Pamplona, 61 años) nunca le ha interesado demasiado pedir permiso. La mujer que lideró Tahúres Zurdos sigue defendiendo la misma independencia que la convirtió en una de las voces más singulares del rock español en los ochenta. Con motivo de su participación en el Festival de la Guitarra de Córdoba, conversamos con ella sobre la memoria de las rockeras, los peajes ocultos de la industria musical y el lugar que ocupan hoy las mujeres en la cultura. “Daría un consejo a los hombres: que también avancen. Porque estamos aquí para quedarnos”, afirma. Y lo dice con la autoridad de quien lleva más de cuarenta años demostrándolo.
Pregunta. En Córdoba compartió escenario con Luz Casal y Nat Simons, varias generaciones de rock español femenino reunidas.
Respuesta. Estoy muy feliz porque en la historia siempre nos hemos sentido bastante relegadas. Aunque todavía nos toca recordar que tenemos nuestro sitio y nuestra identidad. No podemos dar pasos atrás. Mientras las mujeres avanzamos a pasos de gigante, hay hombres que se han quedado un poco parados. Nos ven adelantarlos y eso molesta.
P. Dicen que los viejos rockeros nunca mueren. ¿Las rockeras tampoco o a ellas sí las dejamos desaparecer?
R. Yo considero que los hombres en el rock están muy sobrevalorados. Son como vacas sagradas. Y las mujeres que estamos ahí seguimos muchas veces relegadas a un segundo o tercer plano por parte de la industria e incluso por parte de los propios músicos.
P. Afirma que solo se pronunciará respecto al machismo sufrido en una industria un futuro libro. ¿Teme perder algo si habla?
R. Lo hago por prudencia, no tengo nada que perder. Me he encontrado en situaciones muy fuertes. Y lo peor es que, cuando pasan, las normalizas porque vives en un contexto donde parece normal que un tío te proponga cosas o te ofrezca dinero. Eso les ha pasado a muchas mujeres y, por desgracia, sigue pasándoles a las jóvenes.
P. ¿Se refiere a que alguien de una discográfica le ofreció dinero a cambio de acostarse con él?
R. Sí. Y además el hecho de no hacerlo tuvo consecuencias negativas después. Cuando no tragas con una historia así, tienes que pagar las consecuencias. De repente tu disco ya no es tan bueno como decían, hacerlo es demasiado caro, las críticas empiezan a ser malas… Hay que ser muy ingenuo para no pensar que lo que hiciste o, mejor dicho, lo que no hiciste, tuvo consecuencias después.
P. ¿La industria musical sigue siendo clasista? ¿Importa más el talento o el dinero?
R. Esto sigue funcionando a golpe de talonario. Antes eran las radiofórmulas; ahora tenemos plataformas y redes, pero el sistema es el mismo. Si primara el talento, habría mucha gente que hoy estaría fuera y mucha otra que estaría dentro. Es una industria clasista y llena de tiburones.
P. Muchos iconos de la Movida madrileña se identifican hoy con partidos políticos de derechas. ¿Le sorprende?
R. No, porque mucha de esa gente tenía un gran poder adquisitivo y se han acabado acercándose a posiciones que ya formaban parte de ellos. Nosotros éramos la voz de nuestros padres, decíamos lo que ellos no habían podido decir. Mientras tanto, la Movida parecía decir: “Estamos hartos de historias de abuelos y de sufrimiento; queremos divertirnos”. Dicen que los ochenta fueron una época maravillosa, pero había mucho atrezo.
P. ¿Por qué los jóvenes ya no sueñan con ser rockeros?
R. Tiene mucho que ver con la educación y con lo que encuentran en casa. Y también con la manipulación y con quien hace las listas. Ahora mismo se intentan ofrecer mensajes cortos, masticados y casi digeridos. Todo es cada vez más breve, más fácil y más consumible. Y eso es un problema, porque la gente necesita descubrir cosas. Cuando te lo dan todo hecho, no te da tiempo a reflexionar.
P. ¿De qué se siente más orgullosa: de lo que ha conseguido o de lo que ha rechazado?
R. De ambas cosas. Muchas veces el rechazo hace que te veas más pequeña de cara a los demás. Pero cuando consigues sacar la cabeza de ese pozo te sientes muy orgullosa. siempre he ido por la vida sin pedir permiso. Porque si hubiera tenido que pedirlo, me habría quedado en la primera planta.
P. Muchos músicos de su generación señalan la llegada de Operación Triunfo como un punto de inflexión para la industria. ¿Tahúres Zurdos también lo vivió así?
R. Cuando empezó OT, las grandes compañías vieron el negocio y comenzaron a fichar a esos artistas. Y para hacerles hueco empezaron a echar grupos como Tahúres. Al final todo termina girando alrededor del dinero. Esa es la conclusión más triste que he sacado después de tantos años. Pero confío en que llegará un momento en que la gente vuelva a buscar algo auténtico.
P. ¿Cómo es su relación con la guitarra después de tantos años?
P. Es una relación muy íntima. De hecho, todas mis guitarras tienen nombre. Las acústicas siempre las tengo a mano. Es parte de mis días coger una guitarra y conservar el callo, aunque no me salga nada nuevo. No podría vivir sin estar cerca de una guitarra.
P. En el Festival de la Guitarra de Córdoba conviven todo tipo de géneros. ¿Hay algún guitarrista flamenco que le haya emocionado especialmente?
R. Cuando era cría y empezaba con la guitarra eléctrica, quería ser desde Johnny Winter hasta Jimmy Page. Pero vi a Paco de Lucía en el 92 y tuve un impacto enorme. Le vi en un escenario y se me saltaban las lágrimas. Me emocioné muchísimo. Al margen del estilo que yo pueda tocar, me interesa todo lo que pueda salir de una guitarra.
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