En el principio, fue una librería. Tomás Espresate, un editor catalán que había llegado a México a finales de los años treinta exiliado de la dictadura, tenía una tienda de libros en el centro del entonces Distrito Federal. Por aquel lugar se pasaban sus hijos y otros jóvenes españoles para repartir propaganda antifranquista, que imprimían en una pequeña imprenta asociada también a la librería. Hasta que el 5 de agosto de 1960, uno de aquellos veinteañeros propuso utilizar la imprenta para publicar también libros importantes. Así, nació Era, un nombre doble, que remitía tanto a los grandes ciclos de la historia, como al acrónimo de sus jóvenes fundadores: Espresate, Rojo y Azorín. Una editorial que durante décadas cumplió con su ambicioso nombre, contribuyendo a modernizar la cultura estética y política de un país en transformación: del PRI más duro a la apertura generacional, del muralismo folklorizante a la ruptura abstracta, de la novela rural a la poesía y el modernismo urbano abierto al mundo.
Fundado por exiliados españoles, el sello cierra tras 66 años modelando la cultura estética y política de un país en transformación con autores ya canónicos como Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco o Sergio Pitol
En el principio, fue una librería. Tomás Espresate, un editor catalán que había llegado a México a finales de los años treinta exiliado de la dictadura, tenía una tienda de libros en el centro del entonces Distrito Federal. Por aquel lugar se pasaban sus hijos y otros jóvenes españoles para repartir propaganda antifranquista, que imprimían en una pequeña imprenta asociada también a la librería. Hasta que el 5 de agosto de 1960, uno de aquellos veinteañeros propuso utilizar la imprenta para publicar también libros importantes. Así, nació Era, un nombre doble, que remitía tanto a los grandes ciclos de la historia, como al acrónimo de sus jóvenes fundadores: Espresate, Rojo y Azorín. Una editorial que durante décadas cumplió con su ambicioso nombre, contribuyendo a modernizar la cultura estética y política de un país en transformación: del PRI más duro a la apertura generacional, del muralismo folklorizante a la ruptura abstracta, de la novela rural a la poesía y el modernismo urbano abierto al mundo.
EL PAÍS
