¿Fue un cataclismo el que llevó a los moradores de Casas del Turuñuelo (Guareña, Badajoz) a sacrificar medio centenar de animales en busca del favor de sus divinidades y a sepultar después ritualmente el edificio en el siglo V a.C.? ¿Sufrieron una invasión de otros pueblos y se vieron obligados a huir precipitadamente? ¿O un cambio en el clima empujó a sus habitantes a buscar otros territorios más prósperos para sobrevivir? El último hallazgo de una mitad de un carro ceremonial de bronce , roto intencionadamente como las primeras representaciones humanas en piedra de Tarteso descubiertas en este yacimiento o los pies de una estatua de mármol griega, vuelve a evidenciar un enigma al que todavía los arqueólogos no han hallado respuesta. ¿Qué ocurrió en el siglo V a.C. en las comunidades tartésicas de la actual Extremadura para que tanto el edificio monumental del Turuñuelo, como el santuario de Cancho Roano (Zalamea de la Serena), la casa señorial de La Mata (Campanario) y otros túmulos junto al Guadiana se abandonaran al mismo tiempo, tras ser incendiados y ocultados bajo tierra en un trabajoso ritual?Tradicionalmente se ha creído que las conquistas de los pueblos celtas del norte podían haber obligado a desplazarse a los moradores de estos territorios, pero en los yacimientos que colapsaron en esta época no se han encontrado rastros de violencia : ni armas ni restos de víctimas humanas. Tampoco se explican los arqueólogos que, en un contexto bélico, dedicaran su valioso tiempo en sellar ritualmente sus edificios monumentales antes de huir. «No sabemos cuánto tiempo tardaron, pero debieron de emplear semanas », señala Esther Rodríguez, codirectora de las investigaciones en el Turuñuelo, junto a Sebastián Celestino.Los pobladores de este yacimiento celebraron un banquete en la habitación principal de la planta superior. Después sacrificaron a medio centenar de equinos y colocaron sus cuerpos con cuidado en el patio del piso inferior. A continuación, incendiaron el edificio y tras arrojar y romper estatuas, objetos rituales y enseres, sepultaron todo bajo un gran túmulo de tierra. Noticia relacionada general No No Hallan un «botafumeiro rodante» del siglo VI a.C. en el Turuñuelo Mónica ArrizabalagaLa complejidad de esta ceremonia de clausura, en la que ofrendaron caballos de valor, no parece casar con la idea de una huida precipitada ante un temido enemigo. Además, de haber ocurrido una conquista, los invasores habrían ocupado probablemente el territorio abandonado y habrían dejado su huella. Sin embargo, los datos arqueológicos apuntan a que en los años posteriores «hay muy poco poblamiento en la zona, parece que sus habitantes se van, que se diluyen», según explica Rodríguez. Tras su abandono, este territorio «no volverá a brillar hasta la conquista romana, más de doscientos años después», constatan los codirectores del Turuñuelo en su libro ‘ Tarteso ‘ (Espasa).Un cambio en el climaEstos investigadores no descartan la idea de que alguna epidemia pudo haber mermado a la población, aunque tampoco han dado con ningún indicio. «Necesitaríamos realizar un estudio del ADN de los restos humanos de las necrópolis para comprobarlo», indica la arqueóloga. Hasta ahora, la hipótesis que más convence a Rodríguez y Celestino es que un cambio climático provocó el abandono de estos territorios. «No hay que pensar necesariamente en un cataclismo. Hace 2.500 años, que no lloviera un año o que lloviera mucho suponía una catástrofe social porque la gente dependía de las cosechas y se moría de hambre», subraya.Vista aérea del yacimiento, los pies de la escultura del Pentélico y un fragmento de marfil IAM-CSICEl equipo de ‘ Construyendo Tarteso ‘ realizó un estudio del comportamiento del río en esta zona y los modelos predictivos permitieron observar que, antes de las canalizaciones del Guadiana, una crecida de agua inundaba los enclaves donde están situados los túmulos cada 500 años. En el patio del Turuñuelo donde encontraron la hecatombe animal han detectado indicios de una inundación, pero no hay evidencias en otras estancias situadas a cotas más bajas. Esto les lleva a pensar que tal vez subió el nivel freático y las aguas subterráneas desbordaron el canal que atraviesa ese espacio. Para averiguar si un cambio climático pudo ser uno de los motivos del cierre ritual del edificio del Turuñuelo se acaba de incorporar a la investigación el geólogo Andrés Díez, del Instituto Geológico y Minero de España; Francisco José Jiménez Espejo y Concepción Jiménez de Cisneros, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, Jordi López Fernández y Belén Martrat, del Department of Environmental Chemistry Institute of Environmental Assessment and Water Studies ( IDAEA-CSIC ) y Francisco Javier Sierro Sánchez, de la Universidad de Salamanca.El carro votivo de bronce del siglo V a.C. del Turuñuelo. CSIC De Etruria, Egipto o la isla de Mármara hasta la actual Badajoz El descubrimiento de parte de un carro votivo de bronce en Casas del Turuñuelo ha vuelto a poner de relieve la compleja red comercial que desde el Mediterráneo llegaba al interior peninsular, hasta la actual Guareña, en Badajoz, en los siglos VI y V a.C.. Las primeras interpretaciones apuntan a que este «botafumeiro rodante» decorado con la divinidad Aqueloo y con grifos, según lo describió Sebastián Celestino a ABC, pudo proceder de la antigua Etruria, en la actual Italia. En la última campaña de excavaciones se recuperaron también unas asas terminadas en palmetas de un recipiente llamado ‘podanipter’. Esta especie de palangana ritual se utilizaba en la antigua Grecia para lavarse los pies y formaba parte de un mismo envío con un ‘louterion’ , un altar con forma de columna, procedente del Proconeso, la actual isla turca de Mármara, que fue colonia griega en la Antigüedad. «Podríamos denominar a esta campaña el año de las importaciones», señaló Esther Rodríguez en la presentación de resultados del Turuñuelo, porque se sumaron más piezas a la nutrida colección de cerámica ática procedentes de Grecia, así como un alabastrón egipcio y cientos de fragmentos de marfiles de Fenicia o Egipto. De la conexión del Mediterráneo oriental con los territorios del Guadiana se tenía constancia por otras piezas, como el alabastrón egipcio que se encontró en Cancho Roano, o por los pies de una escultura de mármol griego del Pentélico hallados en el Turuñuelo junto a los cuencos de vidrio macedónico, los ungüentarios y cuentas de pasta vítrea fenicias, un escarabeo…La idea de una inundación catastrófica o un tsunami, difundida en redes sociales, «es imposible», a juicio de Rodríguez, porque hubiera arrasado por completo el edificio de adobe. «Se hubiera desecho, no quedaría nada en pie y no habríamos encontrado los caballos colocados así, sino aplastados contra un muro», comenta la arqueóloga. A pesar de que la idea de una prolongada sequía o una excesiva humedad sigue teniendo más peso, a ojos de los arqueólogos, el descubrimiento de los rostros de piedra en 2023 en la estancia de las gradas indica un ensañamiento, una ‘damnatio memoriae’ que suscita muchas preguntas. ¿Pudieron huir por un ataque, en el que sus enemigos rompieran con saña sus representaciones, y regresar posteriormente a sellar el edificio? Qué ocurrió hace 2.500 años en el Turuñuelo de Guareña sigue siendo un misterio. ¿Fue un cataclismo el que llevó a los moradores de Casas del Turuñuelo (Guareña, Badajoz) a sacrificar medio centenar de animales en busca del favor de sus divinidades y a sepultar después ritualmente el edificio en el siglo V a.C.? ¿Sufrieron una invasión de otros pueblos y se vieron obligados a huir precipitadamente? ¿O un cambio en el clima empujó a sus habitantes a buscar otros territorios más prósperos para sobrevivir? El último hallazgo de una mitad de un carro ceremonial de bronce , roto intencionadamente como las primeras representaciones humanas en piedra de Tarteso descubiertas en este yacimiento o los pies de una estatua de mármol griega, vuelve a evidenciar un enigma al que todavía los arqueólogos no han hallado respuesta. ¿Qué ocurrió en el siglo V a.C. en las comunidades tartésicas de la actual Extremadura para que tanto el edificio monumental del Turuñuelo, como el santuario de Cancho Roano (Zalamea de la Serena), la casa señorial de La Mata (Campanario) y otros túmulos junto al Guadiana se abandonaran al mismo tiempo, tras ser incendiados y ocultados bajo tierra en un trabajoso ritual?Tradicionalmente se ha creído que las conquistas de los pueblos celtas del norte podían haber obligado a desplazarse a los moradores de estos territorios, pero en los yacimientos que colapsaron en esta época no se han encontrado rastros de violencia : ni armas ni restos de víctimas humanas. Tampoco se explican los arqueólogos que, en un contexto bélico, dedicaran su valioso tiempo en sellar ritualmente sus edificios monumentales antes de huir. «No sabemos cuánto tiempo tardaron, pero debieron de emplear semanas », señala Esther Rodríguez, codirectora de las investigaciones en el Turuñuelo, junto a Sebastián Celestino.Los pobladores de este yacimiento celebraron un banquete en la habitación principal de la planta superior. Después sacrificaron a medio centenar de equinos y colocaron sus cuerpos con cuidado en el patio del piso inferior. A continuación, incendiaron el edificio y tras arrojar y romper estatuas, objetos rituales y enseres, sepultaron todo bajo un gran túmulo de tierra. Noticia relacionada general No No Hallan un «botafumeiro rodante» del siglo VI a.C. en el Turuñuelo Mónica ArrizabalagaLa complejidad de esta ceremonia de clausura, en la que ofrendaron caballos de valor, no parece casar con la idea de una huida precipitada ante un temido enemigo. Además, de haber ocurrido una conquista, los invasores habrían ocupado probablemente el territorio abandonado y habrían dejado su huella. Sin embargo, los datos arqueológicos apuntan a que en los años posteriores «hay muy poco poblamiento en la zona, parece que sus habitantes se van, que se diluyen», según explica Rodríguez. Tras su abandono, este territorio «no volverá a brillar hasta la conquista romana, más de doscientos años después», constatan los codirectores del Turuñuelo en su libro ‘ Tarteso ‘ (Espasa).Un cambio en el climaEstos investigadores no descartan la idea de que alguna epidemia pudo haber mermado a la población, aunque tampoco han dado con ningún indicio. «Necesitaríamos realizar un estudio del ADN de los restos humanos de las necrópolis para comprobarlo», indica la arqueóloga. Hasta ahora, la hipótesis que más convence a Rodríguez y Celestino es que un cambio climático provocó el abandono de estos territorios. «No hay que pensar necesariamente en un cataclismo. Hace 2.500 años, que no lloviera un año o que lloviera mucho suponía una catástrofe social porque la gente dependía de las cosechas y se moría de hambre», subraya.Vista aérea del yacimiento, los pies de la escultura del Pentélico y un fragmento de marfil IAM-CSICEl equipo de ‘ Construyendo Tarteso ‘ realizó un estudio del comportamiento del río en esta zona y los modelos predictivos permitieron observar que, antes de las canalizaciones del Guadiana, una crecida de agua inundaba los enclaves donde están situados los túmulos cada 500 años. En el patio del Turuñuelo donde encontraron la hecatombe animal han detectado indicios de una inundación, pero no hay evidencias en otras estancias situadas a cotas más bajas. Esto les lleva a pensar que tal vez subió el nivel freático y las aguas subterráneas desbordaron el canal que atraviesa ese espacio. Para averiguar si un cambio climático pudo ser uno de los motivos del cierre ritual del edificio del Turuñuelo se acaba de incorporar a la investigación el geólogo Andrés Díez, del Instituto Geológico y Minero de España; Francisco José Jiménez Espejo y Concepción Jiménez de Cisneros, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, Jordi López Fernández y Belén Martrat, del Department of Environmental Chemistry Institute of Environmental Assessment and Water Studies ( IDAEA-CSIC ) y Francisco Javier Sierro Sánchez, de la Universidad de Salamanca.El carro votivo de bronce del siglo V a.C. del Turuñuelo. CSIC De Etruria, Egipto o la isla de Mármara hasta la actual Badajoz El descubrimiento de parte de un carro votivo de bronce en Casas del Turuñuelo ha vuelto a poner de relieve la compleja red comercial que desde el Mediterráneo llegaba al interior peninsular, hasta la actual Guareña, en Badajoz, en los siglos VI y V a.C.. Las primeras interpretaciones apuntan a que este «botafumeiro rodante» decorado con la divinidad Aqueloo y con grifos, según lo describió Sebastián Celestino a ABC, pudo proceder de la antigua Etruria, en la actual Italia. En la última campaña de excavaciones se recuperaron también unas asas terminadas en palmetas de un recipiente llamado ‘podanipter’. Esta especie de palangana ritual se utilizaba en la antigua Grecia para lavarse los pies y formaba parte de un mismo envío con un ‘louterion’ , un altar con forma de columna, procedente del Proconeso, la actual isla turca de Mármara, que fue colonia griega en la Antigüedad. «Podríamos denominar a esta campaña el año de las importaciones», señaló Esther Rodríguez en la presentación de resultados del Turuñuelo, porque se sumaron más piezas a la nutrida colección de cerámica ática procedentes de Grecia, así como un alabastrón egipcio y cientos de fragmentos de marfiles de Fenicia o Egipto. De la conexión del Mediterráneo oriental con los territorios del Guadiana se tenía constancia por otras piezas, como el alabastrón egipcio que se encontró en Cancho Roano, o por los pies de una escultura de mármol griego del Pentélico hallados en el Turuñuelo junto a los cuencos de vidrio macedónico, los ungüentarios y cuentas de pasta vítrea fenicias, un escarabeo…La idea de una inundación catastrófica o un tsunami, difundida en redes sociales, «es imposible», a juicio de Rodríguez, porque hubiera arrasado por completo el edificio de adobe. «Se hubiera desecho, no quedaría nada en pie y no habríamos encontrado los caballos colocados así, sino aplastados contra un muro», comenta la arqueóloga. A pesar de que la idea de una prolongada sequía o una excesiva humedad sigue teniendo más peso, a ojos de los arqueólogos, el descubrimiento de los rostros de piedra en 2023 en la estancia de las gradas indica un ensañamiento, una ‘damnatio memoriae’ que suscita muchas preguntas. ¿Pudieron huir por un ataque, en el que sus enemigos rompieran con saña sus representaciones, y regresar posteriormente a sellar el edificio? Qué ocurrió hace 2.500 años en el Turuñuelo de Guareña sigue siendo un misterio.
¿Fue un cataclismo el que llevó a los moradores de Casas del Turuñuelo (Guareña, Badajoz) a sacrificar medio centenar de animales en busca del favor de sus divinidades y a sepultar después ritualmente el edificio en el siglo V a.C.? ¿Sufrieron una invasión … de otros pueblos y se vieron obligados a huir precipitadamente? ¿O un cambio en el clima empujó a sus habitantes a buscar otros territorios más prósperos para sobrevivir? El último hallazgo de una mitad de un carro ceremonial de bronce, roto intencionadamente como las primeras representaciones humanas en piedra de Tarteso descubiertas en este yacimiento o los pies de una estatua de mármol griega, vuelve a evidenciar un enigma al que todavía los arqueólogos no han hallado respuesta. ¿Qué ocurrió en el siglo V a.C. en las comunidades tartésicas de la actual Extremadura para que tanto el edificio monumental del Turuñuelo, como el santuario de Cancho Roano (Zalamea de la Serena), la casa señorial de La Mata (Campanario) y otros túmulos junto al Guadiana se abandonaran al mismo tiempo, tras ser incendiados y ocultados bajo tierra en un trabajoso ritual?
Tradicionalmente se ha creído que las conquistas de los pueblos celtas del norte podían haber obligado a desplazarse a los moradores de estos territorios, pero en los yacimientos que colapsaron en esta época no se han rastros de violencia: ni armas ni restos de víctimas humanas. Tampoco se explican los arqueólogos que, en un contexto bélico, dedicaran su valioso tiempo en sellar ritualmente sus edificios monumentales antes de huir. «No sabemos cuánto tiempo tardaron, pero debieron de emplear semanas», señala Esther Rodríguez, codirectora de las investigaciones en el Turuñuelo, junto a Sebastián Celestino.
Los pobladores de este yacimiento celebraron un banquete en la habitación principal de la planta superior. Después sacrificaron a medio centenar de equinos y colocaron sus cuerpos con cuidado en el patio del piso inferior. A continuación, incendiaron el edificio y tras arrojar y romper estatuas, objetos rituales y enseres, sepultaron todo bajo un gran túmulo de tierra.
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Mónica Arrizabalaga
La complejidad de esta ceremonia de clausura, en la que ofrendaron caballos de valor, no parece casar con la idea de una huida precipitada ante un temido enemigo. Además, de haber ocurrido una conquista, los invasores habrían ocupado probablemente el territorio abandonado y habrían dejado su huella. Sin embargo, los datos arqueológicos apuntan a que en los años posteriores «hay muy poco poblamiento en la zona, parece que sus habitantes se van, que se diluyen», según explica Rodríguez. Tras su abandono, este territorio «no volverá a brillar hasta la conquista romana, más de doscientos años después», constatan los codirectores del Turuñuelo en su libro ‘Tarteso‘ (Espasa).
Un cambio en el clima
Estos investigadores no descartan la idea de que alguna epidemia pudo haber mermado a la población, aunque tampoco han dado con ningún indicio. «Necesitaríamos realizar un estudio del ADN de los restos humanos de las necrópolis para comprobarlo», indica la arqueóloga. Hasta ahora, la hipótesis que más convence a Rodríguez y Celestino es que un cambio climático provocó el abandono de estos territorios. «No hay que pensar necesariamente en un cataclismo. Hace 2.500 años, que no lloviera un año o que lloviera mucho suponía una catástrofe social porque la gente dependía de las cosechas y se moría de hambre», subraya.
(IAM-CSIC)
El equipo de ‘Construyendo Tarteso‘ realizó un estudio del comportamiento del río en esta zona y los modelos predictivos permitieron observar que, antes de las canalizaciones del Guadiana, una crecida de agua inundaba los enclaves donde están situados los túmulos cada 500 años. En el patio del Turuñuelo donde encontraron la hecatombe animal han detectado indicios de una inundación, pero no hay evidencias en otras estancias situadas a cotas más bajas. Esto les lleva a pensar que tal vez subió el nivel freático y las aguas subterráneas desbordaron el canal que atraviesa ese espacio.
Para averiguar si un cambio climático pudo ser uno de los motivos del cierre ritual del edificio del Turuñuelo se acaba de incorporar a la investigación el geólogo Andrés Díez, del Instituto Geológico y Minero de España; Francisco José Jiménez Espejo y Concepción Jiménez de Cisneros, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, Jordi López Fernández y Belén Martrat, del Department of Environmental Chemistry Institute of Environmental Assessment and Water Studies (IDAEA-CSIC) y Francisco Javier Sierro Sánchez, de la Universidad de Salamanca.

(CSIC)
De Etruria, Egipto o la isla de Mármara hasta la actual Badajoz
El descubrimiento de parte de un carro votivo de bronce en Casas del Turuñuelo ha vuelto a poner de relieve la compleja red comercial que desde el Mediterráneo llegaba al interior peninsular, hasta la actual Guareña, en Badajoz, en los siglos VI y V a.C.. Las primeras interpretaciones apuntan a que este «botafumeiro rodante» decorado con la divinidad Aqueloo y con grifos, según lo describió Sebastián Celestino a ABC, pudo proceder de la antigua Etruria, en la actual Italia. En la última campaña de excavaciones se recuperaron también unas asas terminadas en palmetas de un recipiente llamado ‘podanipter’. Esta especie de palangana ritual se utilizaba en la antigua Grecia para lavarse los pies y formaba parte de un mismo envío con
un ‘louterion’
, un altar con forma de columna, procedente del Proconeso, la actual isla turca de Mármara, que fue colonia griega en la Antigüedad. «Podríamos denominar a esta campaña el año de las importaciones», señaló Esther Rodríguez en la presentación de resultados del Turuñuelo, porque se sumaron más piezas a la nutrida colección de cerámica ática procedentes de Grecia, así como un alabastrón egipcio y cientos de fragmentos de marfiles de Fenicia o Egipto. De la conexión del Mediterráneo oriental con los territorios del Guadiana se tenía constancia por otras piezas, como el alabastrón egipcio que se encontró en Cancho Roano, o por
los pies de una escultura de mármol griego del Pentélico
hallados en el Turuñuelo junto a los cuencos de vidrio macedónico, los ungüentarios y cuentas de pasta vítrea fenicias, un escarabeo…
La idea de una inundación catastrófica o un tsunami, difundida en redes sociales, «es imposible», a juicio de Rodríguez, porque hubiera arrasado por completo el edificio de adobe. «Se hubiera desecho, no quedaría nada en pie y no habríamos encontrado los caballos colocados así, sino aplastados contra un muro», comenta la arqueóloga.
A pesar de que la idea de una prolongada sequía o una excesiva humedad sigue teniendo más peso, a ojos de los arqueólogos, el descubrimiento de los rostros de piedra en 2023 en la estancia de las gradas indica un ensañamiento, una ‘damnatio memoriae’ que suscita muchas preguntas. ¿Pudieron huir por un ataque, en el que sus enemigos rompieran con saña sus representaciones, y regresar posteriormente a sellar el edificio? Qué ocurrió hace 2.500 años en el Turuñuelo de Guareña sigue siendo un misterio.
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