La periodización tiene esos inconvenientes: hay etapas culturales que se quedan huérfanas, quizas por no haber sido bautizadas a tiempo. Suelen ser puentes entre movimientos estéticos más fácilmente reconocibles, ya me entienden, esos picos de visibilidad que terminan eclipsando los momentos menos mediáticos. El nuevo libro de Edi Clavo se titula Suite Nueva Ola (Silex) y cubre desde el semiclandestino Rollo, mapeado en tiempo real por Jesús Ordovás en Disco Expres, al despegue de la ubérrima Movida, hoy tan manoseada.
Edi Clavo rememora los años en que “Barcelona se miraba al ombligo mientras Madrid se teñía los pelos de la dehesa”
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Edi Clavo rememora los años en que “Barcelona se miraba al ombligo mientras Madrid se teñía los pelos de la dehesa”


La periodización tiene esos inconvenientes: hay etapas culturales que se quedan huérfanas, quizas por no haber sido bautizadas a tiempo. Suelen ser puentes entre movimientos estéticos más fácilmente reconocibles, ya me entienden, esos picos de visibilidad que terminan eclipsando los momentos menos mediáticos. El nuevo libro de Edi Clavo se titula Suite Nueva Ola (Silex) y cubre desde el semiclandestino Rollo, mapeado en tiempo real por Jesús Ordovás en Disco Expres, al despegue de la ubérrima Movida, hoy tan manoseada.
Gloria bendita tener a un músico culto retratando sus vivencias a finales de los setenta en Madrid (con un exordio en la Republica Federal de Alemania). El futuro baterista de Gabinete Caligari y Malevaje, entonces con Christina Rosenvinge en Ella y los Neumáticos, tiene suficiente arte para rescatar cómo se vivía, lo que sonaba, qué suponía actuar en un pub supuestamente ibicenco como El Escalón o arriesgarse a acudir a un concierto al Pabellón Deportivo del Real Madrid entre filas de grises agresivos. Edi evita la tentación de fabulación con una laboriosa acumulación de detalles que hoy pueden parecer alucinaciones: Lou Reed actuando en un campo de fútbol en Usera (¡y los Ramones en la plaza de toros de Vista Alegre!), el surgimiento casi simultáneo de: Pedro Almodóvar y Fernando Trueba, el combustible de los solisombras combinados con el anfetamínico minilip.
Edi tiene un verbo acerado: los Sex Pistols “desprendían un tufo hype típicamente anglo”, Bryan Ferry “siempre parece que esté oliendo algo desagradable”, “Londres era tan guarro como Madrid”. La revolución pop en la capital española fue cosa de minorías: calcula el número de implicados en 400 personas, una mínima fracción de las 20.000 que acudieron al festival de la Noche Roja. Aunque no pone la mano el fuego por esas cifras: en los eventos al aire libre se practicaba masivamente en salto a la valla, sin olvidar las entradas falsificadas a partir de fotocopias que luego se coloreaban.
Hay pinceladas reveladoras: los escasos pisos francos juveniles contenían discos de rock suave para acelerar cualquier posible intento de seducción, los propietarios de los primeros locales eran viejos largartos procedentes de la farándula de las vedettes (¡Espectáculos Padilla!), la muerte de John Lennon era resumida en la prensa como “un hawaiano le disparó tres tiros en el pecho”. Solo falta aquí un locus tan peculiar como la tienda de Discoplay, en los famosos sótanos de la Gran Vía.
Todo era cutre pero, milímetro a milímetro, Madrid se inventaba una cierta modernidad mientras Barcelona se ensimismaba con el disseny retro. Brujuleaban zascandiles como los hermanos Auserón, que bajo el seudónimo de Corazones Automáticos radiografiaron sin piedad el festival Canet Rock de 1978. Fernando Márquez El Zurdo, pionero con Kaka de Luxe, preconizaba el asalto a las radio fórmulas para lograr que “Camilo Sesto desaparezca y que Miguel Bosé se lo replantee”. Brotaban bares musicales en Malasaña y los modernos se vestían con ropa pillada en El Rastro o en Saldos Arias, donde vendían “los restos de serie de los sesenta que ya nadie quería”.
Todo ello, que conste, sin apoyo institucional. Dejando aparte el Concurso de Rock Provincia de Madrid, que permitió a Ella y los Neumáticos debutar en Las Ventas, tras una semifinal en Ciempozuelos. No triunfaron.
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