Bad Bunny, Residente, Kany García, Young Miko y otros reconocidos artistas puertorriqueños están reunidos en una misma sala. Sus retratos, que permanecen colgados en la pared, observan a los boricuas que buscan atravesar el portal. “Debo tirar más fotos hoy y aquí”, se lee en el letrero de dos metros de altura que está a la entrada de El Antillano, un café-bar ubicado en La Latina, en pleno corazón de Madrid. “Aquí mucha gente descubre que en Puerto Rico eran vecinos, y eso es lo mejor”, dice Gadiel Soto, de 39 años, uno de los tres propietarios. Este músico y productor reconoce que el auge global del “conejo malo”, que ya ha vendido 600.000 entradas para sus shows de mayo y junio en España, ha dado mayor visibilidad a Puerto Rico. Ahora, Bad Bunny ofrecerá 12 conciertos en el país como parte de su gira internacional: dos en el Estadio Olímpico de Barcelona y 10 en el Estadio Metropolitano de Madrid.
La cafetería bar de La Latina es el punto de reunión de los puertorriqueños en la capital, el lugar donde el artista se sentiría como en casa tras su maratón de 10 conciertos
Bad Bunny, Residente, Kany García, Young Miko y otros reconocidos artistas puertorriqueños están reunidos en una misma sala. Sus retratos, que permanecen colgados en la pared, observan a los boricuas que buscan atravesar el portal. “Debo tirar más fotos hoy y aquí”, se lee en el letrero de dos metros de altura que está a la entrada de El Antillano, un café-bar ubicado en La Latina, en pleno corazón de Madrid. “Aquí mucha gente descubre que en Puerto Rico eran vecinos, y eso es lo mejor”, dice Gadiel Soto, de 39 años, uno de los tres propietarios. Este músico y productor reconoce que el auge global del “conejo malo”, que ya ha vendido 600.000 entradas para sus shows de mayo y junio en España, ha dado mayor visibilidad a Puerto Rico. Ahora, Bad Bunny ofrecerá 12 conciertos en el país como parte de su gira internacional: dos en el Estadio Olímpico de Barcelona y 10 en el Estadio Metropolitano de Madrid.
La comunidad boricua —el gentilicio proviene de Borikén, el nombre indígena taíno con el que se identifica a los puertorriqueños— en Madrid no es muy grande. Según el INE —que agrupa a Puerto Rico dentro de “otros países de Centroamérica y el Caribe”— hay 534 personas registradas, aunque Soto calcula que entre 100 y 150 son boricuas. La idea del bar nació en 2017, durante el huracán María, mientras recolectaban ayudas para la isla. “Nos dimos cuenta de que éramos más”, recuerda. Aunque el lugar es visitado por otros latinos y extranjeros, “el bar se creó en 2025 para que los boris tengan un sitio donde hablar con gente de aquí y de allá”, explica.
Pensar en un santuario —con capacidad de apenas 44 personas— para una comunidad tan pequeña fue todo un reto. Pero la recompensa se materializa cuando algunos esperan afuera para poder entrar en este local, en calle de Tabernillas, 15. «Bad Bunny ha logrado para Puerto Rico lo que Bob Marley logró en su momento para Jamaica“, asegura. Cantarle a la justicia social, a los derechos humanos y a la migración también los une.

Sentada frente a una pantalla que ocupa casi toda la pared, Sara Rivera Figueroa escucha con atención a un hombre de pelo rizado que está a punto de hablarle: “Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio. Y si hoy estoy aquí en el Super Bowl 60 es porque nunca dejé de creer en mí. Tú también deberías creer en ti. Vales más de lo que piensas”. La mujer de 28 años seca las lágrimas que caen por sus mejillas. “Yo me identifico con venir desde abajo. Que alguien como Benito salga de una isla que es tan chiquita y se convierta en este icono gigante que supera todas las escalas… eso me ha quitado el miedo, me ha borrado los límites”.
Hija de una docente de inglés que ha trabajado sin descanso para mantener sola a sus cuatro hijos, Rivera se dio cuenta de que en Puerto Rico “estaba buscando oportunidades que no veía”. En 2023 decidió emigrar de Mayagüez —ciudad costera del oeste de Puerto Rico— a Madrid para hacer una maestría en planificación y gestión de destinos turísticos. Lo más difícil empezó en la búsqueda de empleo: “Cuando eres inmigrante te limitan. Te dicen que te tienes que hacer chiquita. Ancestralmente te repiten que estás para servir”. Para ella, Bad Bunny ha roto esa idea de cómo deben ser los latinos y hasta dónde pueden llegar, especialmente al convertirse en el primer artista en colocar un álbum completamente en español en el número uno de la lista Billboard. “No soy artista, pero yo vine aquí a crecer”, afirma.
Esa convicción la acompañó hasta que consiguió trabajo en una organización internacional, donde hoy lidera como experta en turismo sostenible. Cuando camina por los pasillos de la empresa, sus compañeros reconocen de inmediato su acento caribeño. Ese acento que se negó a perder y que la hace sentir orgullosa. “Yo no me fui por falta de amor, me fui tratando de ser un puente para mi familia”, dice.

Al abrir la puerta no está el olor a mar salado, ni a coco dulce. Tampoco el sonido de las ranitas coquí que la arrullaba cuando era solo una niña, pero sí está un sabor embotellado. La isla ha producido algunos de los rones más reconocidos del mundo durante siglos. Rivera, cliente frecuente del bar, toma un sorbo de esa bebida que es historia y disfruta algunas de sus canciones favoritas como 25/8, El apagón y Acho PR.En su cuello cuelga un collar que lo resume todo: “Un pedazo de mi corazón está en Puerto Rico”. Antes de El Antillano, conectar con otros boricuas era mucho más difícil; ahora, ese lugar en el que pueden hablar de política y janguear —bailar, salir a pasar el rato y divertirse— se ha convertido en una segunda casa. “En PR todos somos familia”, dice.
El musicólogo de la Escuela Superior de Música de Cataluña Rubén López-Cano explica que las personas migrantes suelen adaptar su forma de hablar y su lenguaje cotidiano. Espacios como este les permiten “dejar de sentir la presión habitual” y “desnaturalizar un sentimiento de culpa” asociada a ocupar un espacio distinto al que se les asigna. En estos entornos, dice, los roles se invierten y los migrantes pueden sentirse seguros. López distingue entre prototipos —modelos diversos— y estereotipos —modelos fijos y únicos—, y señala que cuando surge un estereotipo positivo, como el que representa Bad Bunny, “se abre la puerta para conocer la diversidad de Puerto Rico”. Aunque muchos se acerquen primero por la imagen del reguetón, añade, ese punto de entrada permite descubrir que la isla es mucho más amplia, compleja y rica que un solo género musical.
Después de 15 días en la ciudad, una mujer busca desde su teléfono “lugares puertorriqueños en Madrid”. Ha decidido cerrar su viaje en ese bar que descubrió en un reel. Otra se detiene frente al muro donde cuelgan varias placas con nombres de municipios de Puerto Rico, el que es invitado a Fitur 2027 como país socio.
—Hacen falta varios pueblos —comenta Rosalía Lebrón.
Desde la barra, Soto le pregunta de dónde es y, al escuchar que viene de Levittown, un hombre sentado en otra mesa grita: “¡Yo también vengo de por ahí!”. “Son vecinos”, celebra Soto.
Esta turista de 45 años ha decidido buscar en sus viajes proyectos de boricuas para apoyarlos. Pide una piña colada y recorre con la mirada las frases que los visitantes han escrito en las paredes, junto a las firmas de artistas como Yandel. Las pequeñas pavas —sombreros tradicionales— hechas con hojas secas de palma de cogollo que decoran el bar y los juegos de dominó, para muchos, son la forma de atravesar, como la casa de Toñita en Nueva York, el portal que los lleva de vuelta a la isla.
EL PAÍS
