«Si muero, / dejad el balcón abierto. / El niño come naranjas / (desde mi balcón lo veo) / El segador siega el trigo / (desde mi balcón lo veo) / ¡Si muero, / dejad el balcón abierto!», gritó en un feroz poema de los años veinte Federico García Lorca. «Y el balcón del dormitorio de Federico, el primero a la izquierda de la fachada principal, está abierto esta tarde de verano de 1978», replicó en ABC Juan Ramírez de Lucas, que por entonces era redactor de Cultura especializado en Arquitectura. La descripción de Ramírez de Lucas formaba parte de un reportaje exclusivo desde La huerta de San Vicente, la casa de Federico García Lorca en Granada. «Hasta ahora, y por las poderosas razones que cualquiera puede comprender, la familia García Lorca se había negado a autorizar la presencia de fotógrafos. Ese documento de hoy es un privilegio», publicó junto a unas preciosas fotos de Carchenilla. Lo que los lectores no podían imaginar entonces es que Juan Ramírez de Lucas fue el último amante de Lorca, una relación que, a diferencia de la tumultuosa con Rafael Rodríguez Rapún (que inspiró ‘Sonetos del amor oscuro’), fue plácida y luminosa. Tanto es así que la última carta que el poeta granadino envió fue a Ramírez de Lucas, antes de que sus asesinos lo alcanzaran en agosto de 1936.El texto de esa carta, junto a muchísimo más material original e inédito, forma parte del documental ‘La voz quebrada’, un exhaustivo trabajo de Manuel Menchón que lleva a la pantalla con sensibilidad y talento. Una «película-documento» fascinante por muchos motivos y repleta de escenas de verdadera emoción y gran cine. Como cuando aparece en pantalla Federico García Lorca en el escenario de La Barraca vestido de La Noche en la obra ‘La vida es sueño’. Fue la única vez que se subió a un escenario. Mientras el rostro del poeta aparece en pantalla entre velos, se escuchan las palabras que el poeta Luis Rosales, falangista y amigo de Lorca, escribió de él en una semblanza: «Ahí, en medio del escenario, estaba Federico, vestido de oscuridad, de noche. Él era anterior al mundo. Y por lo tanto se encontraba solo». Todo lo que aparece en ‘La voz quebrada’ es original, tanto lo que se ve en pantalla como lo que se escucha. Palabras y escritos que Manuel Menchón ha respetado escrupulosamente. Incluyendo las erratas. «H. G. Wells mandó un escrito a los golpistas preguntando por el paradero de Federico García Lorca, y lo que aparece en pantalla es el texto manuscrito», presume Menchón para fijar la puntillez con la que ha trabajado. Y pone otro ejemplo. Se escucha a Lorca –al que da voz y sombra el popular actor de Álvaro Morte– hacer un juego coqueto sobre su fecha de nacimiento, quitándose años. «Es el literal de una entrevista, por eso lo mantengo, como guía, para que el espectador sepa que todo lo que dicen los personajes lo dijeron sus protagonistas».Además de las últimas letras que escribió Lorca antes de su muerte, ‘La voz quebrada’ también deja una sorpresa más. Se escucha por primera vez una composición musical del propio Lorca, amante del piano al que el mismísimo Manuel de Falla dio clase. La pieza, titulada ‘Canción de invierno’, nunca antes se había grabado. «Lorca quería ser músico antes que poeta o escritor. Era un gran pianista y esta composición pertenece a sus tiempos mozos antes de ir a la Residencia de estudiantes. Y es muy bonito porque la firma como Federico García, antes de esa conciencia de autor que tenía», explica Menchón. Esa banda sonora, que da el tono a la película, dibuja un Lorca más íntimo, más vulnerable. Es la música que pudo haber sonado en la casa de La huerta de San Vicente, una finca familiar a la que, por cierto, Juan Ramírez de Lucas pudo acceder de nuevo en 1978 por las gestiones de la sobrina de Falla, Maribel.Material original de ‘La voz quebrada’. Arriba, Lorca en la furgoneta cuyo nitrato original encontró Manuel Menchón; abajo, vestido de La Noche en la obra ‘La vida es sueño’. En vertical, Lorca en una fotografíaY así regresamos al que fue último amante de Lorca. Juan Ramírez de Lucas murió en 2010 y no fue hasta su muerte que autorizó que su historia se contara. De hecho, el 17 de marzo de 1984, cuando ABC publicó en exclusiva mundial los ‘Sonetos del amor oscuro’, el propio Ramírez de Lucas entró en el despacho del director Luis María Anson para contarle su historia con el poeta. Anson le guardó el secreto, como le hizo prometer. Un secreto que venía cargado también con algo parecido a un injusto sentimiento de culpa, ya que Ramírez de Lucas debía haber acompañado a Federico a México en un viaje que tenían programado en el verano de 1936. Finalmente no viajaron porque por entonces tenía 19 años, lo que para la época significaba ser menor de edad, y no podía salir de España sin el permiso de su padre. El padre de Ramírez de Lucas, claro, no le autorizó a viajar con Lorca. Si ese viaje se hubiera producido, el Golpe de Estado de julio de 1936 les hubiera sorprendido al poeta al otro lado del Atlántico y su destino hubiera sido otro. Pero su destino estaba sellado: «Un instante de felicidad vale una vida», había dejado escrito.Reportaje fotográfico publicado en ABC en 1978 en La huerta de San Vicente, finca de veraneo de la familia de Federico García Lorca. En la imagen principal, un retrato del poeta cuando vivía en la Residencia de Estudiantes, por Toledo; en la segunda imagen, la familia del poeta en la casa. En último lugar, la chimenea con un retrato de la hermana del poeta, Isabel, de adolescente Ángel Carchenilla (Archivo ABC)Un Lorca sin vozEl mayor misterio de Lorca sigue siendo su voz. No hay grabación del poeta. Por eso es emocionante escuchar a Álvaro Morte recitar frases del escritor con acento granadino. El intérprete algecireño estudió en Granada y firma una interpretación llena de matices y encanto. Y es que el director Manuel Menchón no quería hacer un retrato documental al uso, y con tanto material documental (no solo escritos y fotografías, también grabaciones inéditas de aquellos años en Granada incluso los nitratos originales en los que se ve a Lorca en un coche) se corría el riesgo de distanciarse de su figura. «España y toda la gente que habla español ama a Federico. Pero se le ama como a una escultura o como a un icono. Y una estatua es fría y un icono es algo vacío por dentro. Y es importante humanizar a Federico porque parte de su humanidad es lo que le llevó a ser víctima, a que lo asesinasen», sentencia el director. «Si muero, / dejad el balcón abierto. / El niño come naranjas / (desde mi balcón lo veo) / El segador siega el trigo / (desde mi balcón lo veo) / ¡Si muero, / dejad el balcón abierto!», gritó en un feroz poema de los años veinte Federico García Lorca. «Y el balcón del dormitorio de Federico, el primero a la izquierda de la fachada principal, está abierto esta tarde de verano de 1978», replicó en ABC Juan Ramírez de Lucas, que por entonces era redactor de Cultura especializado en Arquitectura. La descripción de Ramírez de Lucas formaba parte de un reportaje exclusivo desde La huerta de San Vicente, la casa de Federico García Lorca en Granada. «Hasta ahora, y por las poderosas razones que cualquiera puede comprender, la familia García Lorca se había negado a autorizar la presencia de fotógrafos. Ese documento de hoy es un privilegio», publicó junto a unas preciosas fotos de Carchenilla. Lo que los lectores no podían imaginar entonces es que Juan Ramírez de Lucas fue el último amante de Lorca, una relación que, a diferencia de la tumultuosa con Rafael Rodríguez Rapún (que inspiró ‘Sonetos del amor oscuro’), fue plácida y luminosa. Tanto es así que la última carta que el poeta granadino envió fue a Ramírez de Lucas, antes de que sus asesinos lo alcanzaran en agosto de 1936.El texto de esa carta, junto a muchísimo más material original e inédito, forma parte del documental ‘La voz quebrada’, un exhaustivo trabajo de Manuel Menchón que lleva a la pantalla con sensibilidad y talento. Una «película-documento» fascinante por muchos motivos y repleta de escenas de verdadera emoción y gran cine. Como cuando aparece en pantalla Federico García Lorca en el escenario de La Barraca vestido de La Noche en la obra ‘La vida es sueño’. Fue la única vez que se subió a un escenario. Mientras el rostro del poeta aparece en pantalla entre velos, se escuchan las palabras que el poeta Luis Rosales, falangista y amigo de Lorca, escribió de él en una semblanza: «Ahí, en medio del escenario, estaba Federico, vestido de oscuridad, de noche. Él era anterior al mundo. Y por lo tanto se encontraba solo». Todo lo que aparece en ‘La voz quebrada’ es original, tanto lo que se ve en pantalla como lo que se escucha. Palabras y escritos que Manuel Menchón ha respetado escrupulosamente. Incluyendo las erratas. «H. G. Wells mandó un escrito a los golpistas preguntando por el paradero de Federico García Lorca, y lo que aparece en pantalla es el texto manuscrito», presume Menchón para fijar la puntillez con la que ha trabajado. Y pone otro ejemplo. Se escucha a Lorca –al que da voz y sombra el popular actor de Álvaro Morte– hacer un juego coqueto sobre su fecha de nacimiento, quitándose años. «Es el literal de una entrevista, por eso lo mantengo, como guía, para que el espectador sepa que todo lo que dicen los personajes lo dijeron sus protagonistas».Además de las últimas letras que escribió Lorca antes de su muerte, ‘La voz quebrada’ también deja una sorpresa más. Se escucha por primera vez una composición musical del propio Lorca, amante del piano al que el mismísimo Manuel de Falla dio clase. La pieza, titulada ‘Canción de invierno’, nunca antes se había grabado. «Lorca quería ser músico antes que poeta o escritor. Era un gran pianista y esta composición pertenece a sus tiempos mozos antes de ir a la Residencia de estudiantes. Y es muy bonito porque la firma como Federico García, antes de esa conciencia de autor que tenía», explica Menchón. Esa banda sonora, que da el tono a la película, dibuja un Lorca más íntimo, más vulnerable. Es la música que pudo haber sonado en la casa de La huerta de San Vicente, una finca familiar a la que, por cierto, Juan Ramírez de Lucas pudo acceder de nuevo en 1978 por las gestiones de la sobrina de Falla, Maribel.Material original de ‘La voz quebrada’. Arriba, Lorca en la furgoneta cuyo nitrato original encontró Manuel Menchón; abajo, vestido de La Noche en la obra ‘La vida es sueño’. En vertical, Lorca en una fotografíaY así regresamos al que fue último amante de Lorca. Juan Ramírez de Lucas murió en 2010 y no fue hasta su muerte que autorizó que su historia se contara. De hecho, el 17 de marzo de 1984, cuando ABC publicó en exclusiva mundial los ‘Sonetos del amor oscuro’, el propio Ramírez de Lucas entró en el despacho del director Luis María Anson para contarle su historia con el poeta. Anson le guardó el secreto, como le hizo prometer. Un secreto que venía cargado también con algo parecido a un injusto sentimiento de culpa, ya que Ramírez de Lucas debía haber acompañado a Federico a México en un viaje que tenían programado en el verano de 1936. Finalmente no viajaron porque por entonces tenía 19 años, lo que para la época significaba ser menor de edad, y no podía salir de España sin el permiso de su padre. El padre de Ramírez de Lucas, claro, no le autorizó a viajar con Lorca. Si ese viaje se hubiera producido, el Golpe de Estado de julio de 1936 les hubiera sorprendido al poeta al otro lado del Atlántico y su destino hubiera sido otro. Pero su destino estaba sellado: «Un instante de felicidad vale una vida», había dejado escrito.Reportaje fotográfico publicado en ABC en 1978 en La huerta de San Vicente, finca de veraneo de la familia de Federico García Lorca. En la imagen principal, un retrato del poeta cuando vivía en la Residencia de Estudiantes, por Toledo; en la segunda imagen, la familia del poeta en la casa. En último lugar, la chimenea con un retrato de la hermana del poeta, Isabel, de adolescente Ángel Carchenilla (Archivo ABC)Un Lorca sin vozEl mayor misterio de Lorca sigue siendo su voz. No hay grabación del poeta. Por eso es emocionante escuchar a Álvaro Morte recitar frases del escritor con acento granadino. El intérprete algecireño estudió en Granada y firma una interpretación llena de matices y encanto. Y es que el director Manuel Menchón no quería hacer un retrato documental al uso, y con tanto material documental (no solo escritos y fotografías, también grabaciones inéditas de aquellos años en Granada incluso los nitratos originales en los que se ve a Lorca en un coche) se corría el riesgo de distanciarse de su figura. «España y toda la gente que habla español ama a Federico. Pero se le ama como a una escultura o como a un icono. Y una estatua es fría y un icono es algo vacío por dentro. Y es importante humanizar a Federico porque parte de su humanidad es lo que le llevó a ser víctima, a que lo asesinasen», sentencia el director.
«Si muero, / dejad el balcón abierto. / El niño come naranjas / (desde mi balcón lo veo) / El segador siega el trigo / (desde mi balcón lo veo) / ¡Si muero, / dejad el balcón abierto!», gritó en un feroz poema de los años veinte Federico García Lorca. «Y … el balcón del dormitorio de Federico, el primero a la izquierda de la fachada principal, está abierto esta tarde de verano de 1978», replicó en ABC Juan Ramírez de Lucas, que por entonces era redactor de Cultura especializado en Arquitectura. La descripción de Ramírez de Lucas formaba parte de un reportaje exclusivo desde La huerta de San Vicente, la casa de Federico García Lorca en Granada. «Hasta ahora, y por las poderosas razones que cualquiera puede comprender, la familia García Lorca se había negado a autorizar la presencia de fotógrafos. Ese documento de hoy es un privilegio», publicó junto a unas preciosas fotos de Carchenilla. Lo que los lectores no podían imaginar entonces es que Juan Ramírez de Lucas fue el último amante de Lorca, una relación que, a diferencia de la tumultuosa con Rafael Rodríguez Rapún (que inspiró ‘Sonetos del amor oscuro’), fue plácida y luminosa. Tanto es así que la última carta que el poeta granadino envió fue a Ramírez de Lucas, antes de que sus asesinos lo alcanzaran en agosto de 1936.
El texto de esa carta, junto a muchísimo más material original e inédito, forma parte del documental ‘La voz quebrada’, un exhaustivo trabajo de Manuel Menchón que lleva a la pantalla con sensibilidad y talento. Una «película-documento» fascinante por muchos motivos y repleta de escenas de verdadera emoción y gran cine. Como cuando aparece en pantalla Federico García Lorca en el escenario de La Barraca vestido de La Noche en la obra ‘La vida es sueño’. Fue la única vez que se subió a un escenario. Mientras el rostro del poeta aparece en pantalla entre velos, se escuchan las palabras que el poeta Luis Rosales, falangista y amigo de Lorca, escribió de él en una semblanza: «Ahí, en medio del escenario, estaba Federico, vestido de oscuridad, de noche. Él era anterior al mundo. Y por lo tanto se encontraba solo».
Todo lo que aparece en ‘La voz quebrada’ es original, tanto lo que se ve en pantalla como lo que se escucha. Palabras y escritos que Manuel Menchón ha respetado escrupulosamente. Incluyendo las erratas. «H. G. Wells mandó un escrito a los golpistas preguntando por el paradero de Federico García Lorca, y lo que aparece en pantalla es el texto manuscrito», presume Menchón para fijar la puntillez con la que ha trabajado. Y pone otro ejemplo. Se escucha a Lorca –al que da voz y sombra el popular actor de Álvaro Morte– hacer un juego coqueto sobre su fecha de nacimiento, quitándose años. «Es el literal de una entrevista, por eso lo mantengo, como guía, para que el espectador sepa que todo lo que dicen los personajes lo dijeron sus protagonistas».
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Además de las últimas letras que escribió Lorca antes de su muerte, ‘La voz quebrada’ también deja una sorpresa más. Se escucha por primera vez una composición musical del propio Lorca, amante del piano al que el mismísimo Manuel de Falla dio clase. La pieza, titulada ‘Canción de invierno’, nunca antes se había grabado. «Lorca quería ser músico antes que poeta o escritor. Era un gran pianista y esta composición pertenece a sus tiempos mozos antes de ir a la Residencia de estudiantes. Y es muy bonito porque la firma como Federico García, antes de esa conciencia de autor que tenía», explica Menchón. Esa banda sonora, que da el tono a la película, dibuja un Lorca más íntimo, más vulnerable. Es la música que pudo haber sonado en la casa de La huerta de San Vicente, una finca familiar a la que, por cierto, Juan Ramírez de Lucas pudo acceder de nuevo en 1978 por las gestiones de la sobrina de Falla, Maribel.
Y así regresamos al que fue último amante de Lorca. Juan Ramírez de Lucas murió en 2010 y no fue hasta su muerte que autorizó que su historia se contara. De hecho, el 17 de marzo de 1984, cuando ABC publicó en exclusiva mundial los ‘Sonetos del amor oscuro’, el propio Ramírez de Lucas entró en el despacho del director Luis María Anson para contarle su historia con el poeta. Anson le guardó el secreto, como le hizo prometer. Un secreto que venía cargado también con algo parecido a un injusto sentimiento de culpa, ya que Ramírez de Lucas debía haber acompañado a Federico a México en un viaje que tenían programado en el verano de 1936. Finalmente no viajaron porque por entonces tenía 19 años, lo que para la época significaba ser menor de edad, y no podía salir de España sin el permiso de su padre. El padre de Ramírez de Lucas, claro, no le autorizó a viajar con Lorca. Si ese viaje se hubiera producido, el Golpe de Estado de julio de 1936 les hubiera sorprendido al poeta al otro lado del Atlántico y su destino hubiera sido otro. Pero su destino estaba sellado: «Un instante de felicidad vale una vida», había dejado escrito.
(Ángel Carchenilla (Archivo ABC))
Un Lorca sin voz
El mayor misterio de Lorca sigue siendo su voz. No hay grabación del poeta. Por eso es emocionante escuchar a Álvaro Morte recitar frases del escritor con acento granadino. El intérprete algecireño estudió en Granada y firma una interpretación llena de matices y encanto. Y es que el director Manuel Menchón no quería hacer un retrato documental al uso, y con tanto material documental (no solo escritos y fotografías, también grabaciones inéditas de aquellos años en Granada incluso los nitratos originales en los que se ve a Lorca en un coche) se corría el riesgo de distanciarse de su figura. «España y toda la gente que habla español ama a Federico. Pero se le ama como a una escultura o como a un icono. Y una estatua es fría y un icono es algo vacío por dentro. Y es importante humanizar a Federico porque parte de su humanidad es lo que le llevó a ser víctima, a que lo asesinasen», sentencia el director.
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