La Real Academia Española ha salido este martes en defensa de ‘La gran aventura de la lengua española’, el documental de La 2 conducido por Iñaki Gabilondo, después de que Junts per Catalunya exigiera a RTVE la retirada del programa y acusara a sus responsables de «falsear la realidad histórica» por negar «la imposición del castellano a los pueblos americanos durante la conquista». La institución, en un comunicado fechado este martes, sostiene que los datos históricos «no son opinables» y reconstruye casi tres siglos de política lingüística que desmienten el relato de la imposición temprana.Según expone la Academia, la monarquía española intentó desde los primeros años del Descubrimiento que los indígenas fueran adoctrinados en castellano, pero el propósito resultó inviable: no había maestros suficientes para una población dispersa, buena parte de la cual ni siquiera llegó a estar bajo dominio efectivo español. Fueron las órdenes religiosas (franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas) las que asumieron la tarea evangelizadora, inicialmente con el mandato de Carlos V de enseñar también «lengua castellana» . Pero ya en 1550 la legislación admitió la dificultad de explicar los «misterios de la fe» en español, y los misioneros optaron por aprender las lenguas originarias.El texto de la RAE detalla una labor que califica de «prodigiosa»: la elaboración de gramáticas y vocabularios para lenguas amerindias que hasta entonces carecían de forma escrita. « La conservación de las lenguas indígenas fue un prodigioso esfuerzo de los religiosos españoles desplazados a Indias. En México la preferencia se inclinó por el náhuatl, que era la lengua más general, pero el número de lenguas que tenían que aprender los diferentes grupos religiosos dependía del territorio que les hubiera tocado. Los agustinos llevaron la peor parte porque había frailes que por fuerza tenían que hablar náhuatl, otomí, tarasco, huasteco, pirinda, omatlatzinca, totonaco, mixteco, chichimeco, tlapaneco y ocuiteco. Fueron expertos en náhuatl Luis de Fuensalida, Francisco de Jiménez, Juan Forcher, Alonso de Molina y Bernardino de Sahagún. Maturino Gilberti fue el que mejor conoció el tarasco, y fue especialista en matlatzinca. Ninguno de estos misioneros tuvo la menor intención de castellanizar a los indios».Noticia relacionada general No No Junts exige retirar un programa de RTVE por negar la «imposición del castellano» en América África AlbaláEl texto rescata el testimonio del jurista Juan de Solórzano y Pereira, quien en su Política indiana (1648) lamentaba no haber obligado a los indígenas a aprender castellano desde el principio. Más de un siglo después, en 1769, el arzobispo de México, Francisco Antonio de Lorenzana, denunciaba ante el rey que los propios párrocos presumían de dominar las lenguas nativas y que incluso se castigaba a los indígenas que hablaban español. La presión eclesiástica derivó en una real cédula de 1770 que ordenaba «desterrar» las lenguas indígenas, una medida que, según la RAE, llegó demasiado tarde: el estallido independentista estaba a punto de estallar.De hecho, fueron los gobiernos republicanos surgidos tras la independencia, no la Corona española. « Los nuevos gobiernos eligieron como lengua de sus naciones la más comúnmente utilizada por los grupos política, social y económicamente dominantes. Aunque sólo un pequeño porcentaje de la población hablaba castellano por entonces. Los gobiernos republicanos iniciaron un proceso de castellanización muy intenso y muy eficaz, no sólo porque convirtieron el castellano en la lengua de la nación, sino porque la impusieron no sólo a los indios que estaban próximos a las estancias y ciudades creadas en el tiempo de los virreinatos, sino porque consiguieron someter también a los indios que llamaban ‘bravos’ o ‘no domesticados’ que habían vivido con separación de las comunidades y pueblos de indios creados durante la etapa de la gobernación española».Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, está ampliamente vinculado con este asunto. Es el principal asesor histórico de la serie de La 2 de RTVE, además, es autor de ‘Hablamos la misma lengua’, un ensayo que obtuvo el premio Nacional de Historia de España 2018 y donde demuestra que fueron las repúblicas emancipadas del siglo XIX las que implantaron el español por obligación a todos los pueblos indígenas. La Real Academia Española ha salido este martes en defensa de ‘La gran aventura de la lengua española’, el documental de La 2 conducido por Iñaki Gabilondo, después de que Junts per Catalunya exigiera a RTVE la retirada del programa y acusara a sus responsables de «falsear la realidad histórica» por negar «la imposición del castellano a los pueblos americanos durante la conquista». La institución, en un comunicado fechado este martes, sostiene que los datos históricos «no son opinables» y reconstruye casi tres siglos de política lingüística que desmienten el relato de la imposición temprana.Según expone la Academia, la monarquía española intentó desde los primeros años del Descubrimiento que los indígenas fueran adoctrinados en castellano, pero el propósito resultó inviable: no había maestros suficientes para una población dispersa, buena parte de la cual ni siquiera llegó a estar bajo dominio efectivo español. Fueron las órdenes religiosas (franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas) las que asumieron la tarea evangelizadora, inicialmente con el mandato de Carlos V de enseñar también «lengua castellana» . Pero ya en 1550 la legislación admitió la dificultad de explicar los «misterios de la fe» en español, y los misioneros optaron por aprender las lenguas originarias.El texto de la RAE detalla una labor que califica de «prodigiosa»: la elaboración de gramáticas y vocabularios para lenguas amerindias que hasta entonces carecían de forma escrita. « La conservación de las lenguas indígenas fue un prodigioso esfuerzo de los religiosos españoles desplazados a Indias. En México la preferencia se inclinó por el náhuatl, que era la lengua más general, pero el número de lenguas que tenían que aprender los diferentes grupos religiosos dependía del territorio que les hubiera tocado. Los agustinos llevaron la peor parte porque había frailes que por fuerza tenían que hablar náhuatl, otomí, tarasco, huasteco, pirinda, omatlatzinca, totonaco, mixteco, chichimeco, tlapaneco y ocuiteco. Fueron expertos en náhuatl Luis de Fuensalida, Francisco de Jiménez, Juan Forcher, Alonso de Molina y Bernardino de Sahagún. Maturino Gilberti fue el que mejor conoció el tarasco, y fue especialista en matlatzinca. Ninguno de estos misioneros tuvo la menor intención de castellanizar a los indios».Noticia relacionada general No No Junts exige retirar un programa de RTVE por negar la «imposición del castellano» en América África AlbaláEl texto rescata el testimonio del jurista Juan de Solórzano y Pereira, quien en su Política indiana (1648) lamentaba no haber obligado a los indígenas a aprender castellano desde el principio. Más de un siglo después, en 1769, el arzobispo de México, Francisco Antonio de Lorenzana, denunciaba ante el rey que los propios párrocos presumían de dominar las lenguas nativas y que incluso se castigaba a los indígenas que hablaban español. La presión eclesiástica derivó en una real cédula de 1770 que ordenaba «desterrar» las lenguas indígenas, una medida que, según la RAE, llegó demasiado tarde: el estallido independentista estaba a punto de estallar.De hecho, fueron los gobiernos republicanos surgidos tras la independencia, no la Corona española. « Los nuevos gobiernos eligieron como lengua de sus naciones la más comúnmente utilizada por los grupos política, social y económicamente dominantes. Aunque sólo un pequeño porcentaje de la población hablaba castellano por entonces. Los gobiernos republicanos iniciaron un proceso de castellanización muy intenso y muy eficaz, no sólo porque convirtieron el castellano en la lengua de la nación, sino porque la impusieron no sólo a los indios que estaban próximos a las estancias y ciudades creadas en el tiempo de los virreinatos, sino porque consiguieron someter también a los indios que llamaban ‘bravos’ o ‘no domesticados’ que habían vivido con separación de las comunidades y pueblos de indios creados durante la etapa de la gobernación española».Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, está ampliamente vinculado con este asunto. Es el principal asesor histórico de la serie de La 2 de RTVE, además, es autor de ‘Hablamos la misma lengua’, un ensayo que obtuvo el premio Nacional de Historia de España 2018 y donde demuestra que fueron las repúblicas emancipadas del siglo XIX las que implantaron el español por obligación a todos los pueblos indígenas.
La Real Academia Española ha salido este martes en defensa de ‘La gran aventura de la lengua española’, el documental de La 2 conducido por Iñaki Gabilondo, después de que Junts per Catalunya exigiera a RTVE la retirada del programa y acusara a sus responsables … de «falsear la realidad histórica» por negar «la imposición del castellano a los pueblos americanos durante la conquista». La institución, en un comunicado fechado este martes, sostiene que los datos históricos «no son opinables» y reconstruye casi tres siglos de política lingüística que desmienten el relato de la imposición temprana.
Según expone la Academia, la monarquía española intentó desde los primeros años del Descubrimiento que los indígenas fueran adoctrinados en castellano, pero el propósito resultó inviable: no había maestros suficientes para una población dispersa, buena parte de la cual ni siquiera llegó a estar bajo dominio efectivo español. Fueron las órdenes religiosas (franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas) las que asumieron la tarea evangelizadora, inicialmente con el mandato de Carlos V de enseñar también «lengua castellana». Pero ya en 1550 la legislación admitió la dificultad de explicar los «misterios de la fe» en español, y los misioneros optaron por aprender las lenguas originarias.
El texto de la RAE detalla una labor que califica de «prodigiosa»: la elaboración de gramáticas y vocabularios para lenguas amerindias que hasta entonces carecían de forma escrita. «La conservación de las lenguas indígenas fue un prodigioso esfuerzo de los religiosos españoles desplazados a Indias. En México la preferencia se inclinó por el náhuatl, que era la lengua más general, pero el número de lenguas que tenían que aprender los diferentes grupos religiosos dependía del territorio que les hubiera tocado. Los agustinos llevaron la peor parte porque había frailes que por fuerza tenían que hablar náhuatl, otomí, tarasco, huasteco, pirinda, omatlatzinca, totonaco, mixteco, chichimeco, tlapaneco y ocuiteco. Fueron expertos en náhuatl Luis de Fuensalida, Francisco de Jiménez, Juan Forcher, Alonso de Molina y Bernardino de Sahagún. Maturino Gilberti fue el que mejor conoció el tarasco, y fue especialista en matlatzinca. Ninguno de estos misioneros tuvo la menor intención de castellanizar a los indios».
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El texto rescata el testimonio del jurista Juan de Solórzano y Pereira, quien en su Política indiana (1648) lamentaba no haber obligado a los indígenas a aprender castellano desde el principio. Más de un siglo después, en 1769, el arzobispo de México, Francisco Antonio de Lorenzana, denunciaba ante el rey que los propios párrocos presumían de dominar las lenguas nativas y que incluso se castigaba a los indígenas que hablaban español. La presión eclesiástica derivó en una real cédula de 1770 que ordenaba «desterrar» las lenguas indígenas, una medida que, según la RAE, llegó demasiado tarde: el estallido independentista estaba a punto de estallar.
De hecho, fueron los gobiernos republicanos surgidos tras la independencia, no la Corona española. «Los nuevos gobiernos eligieron como lengua de sus naciones la más comúnmente utilizada por los grupos política, social y económicamente dominantes. Aunque sólo un pequeño porcentaje de la población hablaba castellano por entonces. Los gobiernos republicanos iniciaron un proceso de castellanización muy intenso y muy eficaz, no sólo porque convirtieron el castellano en la lengua de la nación, sino porque la impusieron no sólo a los indios que estaban próximos a las estancias y ciudades creadas en el tiempo de los virreinatos, sino porque consiguieron someter también a los indios que llamaban ‘bravos’ o ‘no domesticados’ que habían vivido con separación de las comunidades y pueblos de indios creados durante la etapa de la gobernación española».
Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, está ampliamente vinculado con este asunto. Es el principal asesor histórico de la serie de La 2 de RTVE, además, es autor de ‘Hablamos la misma lengua’, un ensayo que obtuvo el premio Nacional de Historia de España 2018 y donde demuestra que fueron las repúblicas emancipadas del siglo XIX las que implantaron el español por obligación a todos los pueblos indígenas.
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