Evoca Fernando Villalón en ‘Taurofilia racial’ la figura del ‘taurarius’ ibero, diestro en la lucha con toros salvajes en el circo romano. Armados con espada corta y chuzo, y empuñando un trozo de púrpura como engaño, estos turdetanos fueron los pioneros de la tauromaquia. Enumera asimismo Villalón a aquellos antiguos «paisanos de ‘Guerrita’ y de Belmonte» a los que Roma honró: emperadores, cónsules, filósofos, poetas… Se diría que al nombrar juntos a taurarios aguerridos y hombres insignes estuviera pensando en ese otro «andaluz tan claro, tan rico de aventura», a quien García Lorca cantó en su ‘Llanto’.Ignacio Sánchez Mejías fue agonista en lides sin número. Llevó el sentido de la tauromaquia a todos los ámbitos de la vida y del arte. En todos pisó los terrenos del toro. «Corajudo y sin sombra de contemporizaciones» (Cossío), se batió dentro y fuera de los ruedos. Véase su feroz rivalidad con Rodolfo Gaona. O su conflicto con los empresarios taurinos cuando, censurado en los carteles, salta al albero sevillano elegantemente trajeado y pone dos incontestables pares de banderillas. O su empeño como presidente del Real Betis . Y siempre su generosidad inmensa, su genio de anfitrión.En 1929 toma por segunda vez los trastos periodísticos, ahora para contender en la defensa de la fiesta de toros . Piensa que la supuesta crueldad que se le achaca a la Fiesta en realidad es prueba de fina sensibilidad. Son los «nuevos sentimentales» los auténticos bárbaros que ignoran que el toro es una fiera que «solo sirve para dar vida a las creaciones artísticas que se verifican en una lidia». Espíritu liberal, lo imaginamos hoy ironizando sobre su propio ostracismo cultural.En 1930, en la conferencia impartida en el Instituto de las Españas de la Universidad de Columbia, reflexiona sobre el cara a cara con la muerte, sobre Don Quijote , «perfección suma de la tauromaquia», sobre «la emoción que salta por encima de la sangre hacia la belleza». Como una transverberación. «El toreo es la ciencia de la vida: saber torear es saber vivir». Evoca Fernando Villalón en ‘Taurofilia racial’ la figura del ‘taurarius’ ibero, diestro en la lucha con toros salvajes en el circo romano. Armados con espada corta y chuzo, y empuñando un trozo de púrpura como engaño, estos turdetanos fueron los pioneros de la tauromaquia. Enumera asimismo Villalón a aquellos antiguos «paisanos de ‘Guerrita’ y de Belmonte» a los que Roma honró: emperadores, cónsules, filósofos, poetas… Se diría que al nombrar juntos a taurarios aguerridos y hombres insignes estuviera pensando en ese otro «andaluz tan claro, tan rico de aventura», a quien García Lorca cantó en su ‘Llanto’.Ignacio Sánchez Mejías fue agonista en lides sin número. Llevó el sentido de la tauromaquia a todos los ámbitos de la vida y del arte. En todos pisó los terrenos del toro. «Corajudo y sin sombra de contemporizaciones» (Cossío), se batió dentro y fuera de los ruedos. Véase su feroz rivalidad con Rodolfo Gaona. O su conflicto con los empresarios taurinos cuando, censurado en los carteles, salta al albero sevillano elegantemente trajeado y pone dos incontestables pares de banderillas. O su empeño como presidente del Real Betis . Y siempre su generosidad inmensa, su genio de anfitrión.En 1929 toma por segunda vez los trastos periodísticos, ahora para contender en la defensa de la fiesta de toros . Piensa que la supuesta crueldad que se le achaca a la Fiesta en realidad es prueba de fina sensibilidad. Son los «nuevos sentimentales» los auténticos bárbaros que ignoran que el toro es una fiera que «solo sirve para dar vida a las creaciones artísticas que se verifican en una lidia». Espíritu liberal, lo imaginamos hoy ironizando sobre su propio ostracismo cultural.En 1930, en la conferencia impartida en el Instituto de las Españas de la Universidad de Columbia, reflexiona sobre el cara a cara con la muerte, sobre Don Quijote , «perfección suma de la tauromaquia», sobre «la emoción que salta por encima de la sangre hacia la belleza». Como una transverberación. «El toreo es la ciencia de la vida: saber torear es saber vivir».
Evoca Fernando Villalón en ‘Taurofilia racial’ la figura del ‘taurarius’ ibero, diestro en la lucha con toros salvajes en el circo romano. Armados con espada corta y chuzo, y empuñando un trozo de púrpura como engaño, estos turdetanos fueron los pioneros de la … tauromaquia. Enumera asimismo Villalón a aquellos antiguos «paisanos de ‘Guerrita’ y de Belmonte» a los que Roma honró: emperadores, cónsules, filósofos, poetas… Se diría que al nombrar juntos a taurarios aguerridos y hombres insignes estuviera pensando en ese otro «andaluz tan claro, tan rico de aventura», a quien García Lorca cantó en su ‘Llanto’.
Ignacio Sánchez Mejías fue agonista en lides sin número. Llevó el sentido de la tauromaquia a todos los ámbitos de la vida y del arte. En todos pisó los terrenos del toro. «Corajudo y sin sombra de contemporizaciones» (Cossío), se batió dentro y fuera de los ruedos. Véase su feroz rivalidad con Rodolfo Gaona. O su conflicto con los empresarios taurinos cuando, censurado en los carteles, salta al albero sevillano elegantemente trajeado y pone dos incontestables pares de banderillas. O su empeño como presidente del Real Betis. Y siempre su generosidad inmensa, su genio de anfitrión.
En 1929 toma por segunda vez los trastos periodísticos, ahora para contender en la defensa de la fiesta de toros. Piensa que la supuesta crueldad que se le achaca a la Fiesta en realidad es prueba de fina sensibilidad. Son los «nuevos sentimentales» los auténticos bárbaros que ignoran que el toro es una fiera que «solo sirve para dar vida a las creaciones artísticas que se verifican en una lidia». Espíritu liberal, lo imaginamos hoy ironizando sobre su propio ostracismo cultural.
En 1930, en la conferencia impartida en el Instituto de las Españas de la Universidad de Columbia, reflexiona sobre el cara a cara con la muerte, sobre Don Quijote, «perfección suma de la tauromaquia», sobre «la emoción que salta por encima de la sangre hacia la belleza». Como una transverberación. «El toreo es la ciencia de la vida: saber torear es saber vivir».
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