Las estadísticas son frías y a la vez implacables. Y tenía que pasar. En las últimas tres ferias de Burgos, Juan Pedro Domecq ha indultado dos toros y se ha llevado un premio al triunfador. Antes de comenzar la corrida recibió el trofeo de los veterinarios. Dice la ciencia de los datos, medias, medianas y resultados, que un año más era difícil compromiso, que en cualquier momento podría llegar la juampedrada. Y llegó, vaya si llegó. Primero la mala, y también la tabla de salvación.Dicen que las matemáticas son exactas. Pues no, la tarde iba cuesta abajo y sin frenos. Los de Domecq estaban aguando el festejo hasta límites de cabreo. Pero llegó el quinto, el de no hay quinto malo, y fue una isla, el flotador de una corrida insufrible. Cosas de la ciencia, de la genética y de las matemáticas. Y del pañuelo naranja del indulto, pero eso a su tiempo.Los tres primeros llegaron en formato jibarizado, sobre todo si ponemos la vista en los pitones. Hombre, Juan Pedro, con lo bien que le han tratado a usted por esta tierra una cosita un poco más aparente sí que podía haber embarcado para Burgos.Noticia relacionada general No No La Misericordia paralizada y el Pilar en el aire: nuevo revés judicial a la Diputación de Zaragoza Ángel González AbadLo que llevaban dentro ya es otra cosa. Y la cosa comenzó regular, bueno mal, tremendamente mal con un primero, al que sólo le faltaba dar un volatín para quedar más que aplomado. Con la capa apuntó Morante un par de verónicas solemnes, y ahí quedó todo. La decepción de los tendidos con el ‘No hay billetes’ en las taquillas, comenzó en forma de pitos que se fueron recrudeciendo conforme el animalillo rodaba por la arena, para acabar en sonora bronca. Aguantada con torerísimas formas, todo hay que decirlo.Emilio de Justo, con los máximos trofeos simbólicos, da la vuelta al ruedo con Juan Pedro DomecqAl segundo lo recibió Emilio de Justo con el capote a una mano y el de Juan Pedro ya comenzó a buscar las tablas. No salió de allí, huyendo como alma que lleva el diablo, sin un ápice de entrega. De Justo se empeñó en sacarle faena y la verdad es que corrió más detrás del toro que delante, como dicen que prefería Rafael El Gallo, en una de sus irónicas genialidades. Todo el redondel corrieron con el empeño de robarle un puñado de muletazos con una y otra mano y matarlo por arriba con guapeza, lo que le valió un trofeo.Se fue Jarocho a recibir a portagayola al tercero, que no fue el toro que necesitaba el chaval para triunfar ante los paisanos. Gazapeando, sin pasar y pegando hachazos. Una prenda con la que hizo lo que pudo, que fue más bien poco. Con el otro lo dio todo con un toro a la contra.Y tras el tercero, Morante pide orden. Hay que arreglar el ruedo, tractor y rastrillo, a trabajar para dejar la arena como un tapiz en un rato que duró casi media hora. El cuarto era tan bondadoso como manso y apagado. Buen recuerdo dejaron las verónicas y el quite por delantales. Un puñado de estatuarios rematados por una trincherilla, un molinete y un kikirikí. Ahí queda eso, y el público ya entregado en una faena de apuntes, del mejor aroma morantista, pero con un animal sin celo al que liquidó de un espadazo desprendido.Feria de Burgos Plaza de toros del Plantío Martes, 30 de junio de 2026. Tercera corrida. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Juan Pedro Domecq, los tres primeros impresentables, mansos y descastados, excepto el 5º, un toro excelente que fue indultado. Morante de la Puebla, de noche y oro. Dos pinchazos y descabello (bronca). Estocada desprendida (oreja). Emilio de Justo, de fucsia y oro. Estocada (oreja). En el quinto, indultado, los maximos trofeos simbólicos. Salió a hombros. Jarocho, de ribera y oro. Cuatro pinchazos y estocada (silencio). Pinchazo y estocada (silencio).Así iba la tarde hasta que salió Zarandador, que fue la isla de bravura en una insufrible corrida. El juampedro embistió con alegría, incansable y largo. Un gran toro al que Emilio de Justo le cogió el aire ya con el capote. La faena resultó una ilusionante explosión para unos tendidos entumecidos. Por uno y otro pitón se sucedieron las series con mando sobre las bravas arrancadas. Rompió todo como con un chispazo con una tanda de naturales a derechas que el toro tomó con clase superlativa. Ahí comenzó el lío del indulto. De Justo montaba la espada y la gente gritaba que no lo matara, y otra serie, cada vez más entregado el juampedro. Y otro intento y otra bronca, así hasta que la presidenta se vio acorralada y no tuvo más remedio que sacar el pañuelo naranja. Toro indultado, un gran toro, el tercero de Juan Pedro al que le salvan la vida en esta plaza en cuatro años. Demasiado éxtasis, pero si todos están contentos… Las estadísticas son frías y a la vez implacables. Y tenía que pasar. En las últimas tres ferias de Burgos, Juan Pedro Domecq ha indultado dos toros y se ha llevado un premio al triunfador. Antes de comenzar la corrida recibió el trofeo de los veterinarios. Dice la ciencia de los datos, medias, medianas y resultados, que un año más era difícil compromiso, que en cualquier momento podría llegar la juampedrada. Y llegó, vaya si llegó. Primero la mala, y también la tabla de salvación.Dicen que las matemáticas son exactas. Pues no, la tarde iba cuesta abajo y sin frenos. Los de Domecq estaban aguando el festejo hasta límites de cabreo. Pero llegó el quinto, el de no hay quinto malo, y fue una isla, el flotador de una corrida insufrible. Cosas de la ciencia, de la genética y de las matemáticas. Y del pañuelo naranja del indulto, pero eso a su tiempo.Los tres primeros llegaron en formato jibarizado, sobre todo si ponemos la vista en los pitones. Hombre, Juan Pedro, con lo bien que le han tratado a usted por esta tierra una cosita un poco más aparente sí que podía haber embarcado para Burgos.Noticia relacionada general No No La Misericordia paralizada y el Pilar en el aire: nuevo revés judicial a la Diputación de Zaragoza Ángel González AbadLo que llevaban dentro ya es otra cosa. Y la cosa comenzó regular, bueno mal, tremendamente mal con un primero, al que sólo le faltaba dar un volatín para quedar más que aplomado. Con la capa apuntó Morante un par de verónicas solemnes, y ahí quedó todo. La decepción de los tendidos con el ‘No hay billetes’ en las taquillas, comenzó en forma de pitos que se fueron recrudeciendo conforme el animalillo rodaba por la arena, para acabar en sonora bronca. Aguantada con torerísimas formas, todo hay que decirlo.Emilio de Justo, con los máximos trofeos simbólicos, da la vuelta al ruedo con Juan Pedro DomecqAl segundo lo recibió Emilio de Justo con el capote a una mano y el de Juan Pedro ya comenzó a buscar las tablas. No salió de allí, huyendo como alma que lleva el diablo, sin un ápice de entrega. De Justo se empeñó en sacarle faena y la verdad es que corrió más detrás del toro que delante, como dicen que prefería Rafael El Gallo, en una de sus irónicas genialidades. Todo el redondel corrieron con el empeño de robarle un puñado de muletazos con una y otra mano y matarlo por arriba con guapeza, lo que le valió un trofeo.Se fue Jarocho a recibir a portagayola al tercero, que no fue el toro que necesitaba el chaval para triunfar ante los paisanos. Gazapeando, sin pasar y pegando hachazos. Una prenda con la que hizo lo que pudo, que fue más bien poco. Con el otro lo dio todo con un toro a la contra.Y tras el tercero, Morante pide orden. Hay que arreglar el ruedo, tractor y rastrillo, a trabajar para dejar la arena como un tapiz en un rato que duró casi media hora. El cuarto era tan bondadoso como manso y apagado. Buen recuerdo dejaron las verónicas y el quite por delantales. Un puñado de estatuarios rematados por una trincherilla, un molinete y un kikirikí. Ahí queda eso, y el público ya entregado en una faena de apuntes, del mejor aroma morantista, pero con un animal sin celo al que liquidó de un espadazo desprendido.Feria de Burgos Plaza de toros del Plantío Martes, 30 de junio de 2026. Tercera corrida. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Juan Pedro Domecq, los tres primeros impresentables, mansos y descastados, excepto el 5º, un toro excelente que fue indultado. Morante de la Puebla, de noche y oro. Dos pinchazos y descabello (bronca). Estocada desprendida (oreja). Emilio de Justo, de fucsia y oro. Estocada (oreja). En el quinto, indultado, los maximos trofeos simbólicos. Salió a hombros. Jarocho, de ribera y oro. Cuatro pinchazos y estocada (silencio). Pinchazo y estocada (silencio).Así iba la tarde hasta que salió Zarandador, que fue la isla de bravura en una insufrible corrida. El juampedro embistió con alegría, incansable y largo. Un gran toro al que Emilio de Justo le cogió el aire ya con el capote. La faena resultó una ilusionante explosión para unos tendidos entumecidos. Por uno y otro pitón se sucedieron las series con mando sobre las bravas arrancadas. Rompió todo como con un chispazo con una tanda de naturales a derechas que el toro tomó con clase superlativa. Ahí comenzó el lío del indulto. De Justo montaba la espada y la gente gritaba que no lo matara, y otra serie, cada vez más entregado el juampedro. Y otro intento y otra bronca, así hasta que la presidenta se vio acorralada y no tuvo más remedio que sacar el pañuelo naranja. Toro indultado, un gran toro, el tercero de Juan Pedro al que le salvan la vida en esta plaza en cuatro años. Demasiado éxtasis, pero si todos están contentos…
Las estadísticas son frías y a la vez implacables. Y tenía que pasar. En las últimas tres ferias de Burgos, Juan Pedro Domecq ha indultado dos toros y se ha llevado un premio al triunfador. Antes de comenzar la corrida recibió el trofeo … de los veterinarios. Dice la ciencia de los datos, medias, medianas y resultados, que un año más era difícil compromiso, que en cualquier momento podría llegar la juampedrada. Y llegó, vaya si llegó. Primero la mala, y también la tabla de salvación.
Dicen que las matemáticas son exactas. Pues no, la tarde iba cuesta abajo y sin frenos. Los de Domecq estaban aguando el festejo hasta límites de cabreo. Pero llegó el quinto, el de no hay quinto malo, y fue una isla, el flotador de una corrida insufrible. Cosas de la ciencia, de la genética y de las matemáticas. Y del pañuelo naranja del indulto, pero eso a su tiempo.
Los tres primeros llegaron en formato jibarizado, sobre todo si ponemos la vista en los pitones. Hombre, Juan Pedro, con lo bien que le han tratado a usted por esta tierra una cosita un poco más aparente sí que podía haber embarcado para Burgos.
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Lo que llevaban dentro ya es otra cosa. Y la cosa comenzó regular, bueno mal, tremendamente mal con un primero, al que sólo le faltaba dar un volatín para quedar más que aplomado. Con la capa apuntó Morante un par de verónicas solemnes, y ahí quedó todo. La decepción de los tendidos con el ‘No hay billetes’ en las taquillas, comenzó en forma de pitos que se fueron recrudeciendo conforme el animalillo rodaba por la arena, para acabar en sonora bronca. Aguantada con torerísimas formas, todo hay que decirlo.

Al segundo lo recibió Emilio de Justo con el capote a una mano y el de Juan Pedro ya comenzó a buscar las tablas. No salió de allí, huyendo como alma que lleva el diablo, sin un ápice de entrega. De Justo se empeñó en sacarle faena y la verdad es que corrió más detrás del toro que delante, como dicen que prefería Rafael El Gallo, en una de sus irónicas genialidades. Todo el redondel corrieron con el empeño de robarle un puñado de muletazos con una y otra mano y matarlo por arriba con guapeza, lo que le valió un trofeo.
Se fue Jarocho a recibir a portagayola al tercero, que no fue el toro que necesitaba el chaval para triunfar ante los paisanos. Gazapeando, sin pasar y pegando hachazos. Una prenda con la que hizo lo que pudo, que fue más bien poco. Con el otro lo dio todo con un toro a la contra.
Y tras el tercero, Morante pide orden. Hay que arreglar el ruedo, tractor y rastrillo, a trabajar para dejar la arena como un tapiz en un rato que duró casi media hora. El cuarto era tan bondadoso como manso y apagado. Buen recuerdo dejaron las verónicas y el quite por delantales. Un puñado de estatuarios rematados por una trincherilla, un molinete y un kikirikí. Ahí queda eso, y el público ya entregado en una faena de apuntes, del mejor aroma morantista, pero con un animal sin celo al que liquidó de un espadazo desprendido.
Feria de Burgos
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Plaza de toros del Plantío
Martes, 30 de junio de 2026. Tercera corrida. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Juan Pedro Domecq, los tres primeros impresentables, mansos y descastados, excepto el 5º, un toro excelente que fue indultado.
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Morante de la Puebla,
de noche y oro. Dos pinchazos y descabello (bronca). Estocada desprendida (oreja). -
Emilio de Justo,
de fucsia y oro. Estocada (oreja). En el quinto, indultado, los maximos trofeos simbólicos. Salió a hombros. -
Jarocho,
de ribera y oro. Cuatro pinchazos y estocada (silencio). Pinchazo y estocada (silencio).
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Así iba la tarde hasta que salió Zarandador, que fue la isla de bravura en una insufrible corrida. El juampedro embistió con alegría, incansable y largo. Un gran toro al que Emilio de Justo le cogió el aire ya con el capote. La faena resultó una ilusionante explosión para unos tendidos entumecidos. Por uno y otro pitón se sucedieron las series con mando sobre las bravas arrancadas. Rompió todo como con un chispazo con una tanda de naturales a derechas que el toro tomó con clase superlativa. Ahí comenzó el lío del indulto. De Justo montaba la espada y la gente gritaba que no lo matara, y otra serie, cada vez más entregado el juampedro. Y otro intento y otra bronca, así hasta que la presidenta se vio acorralada y no tuvo más remedio que sacar el pañuelo naranja. Toro indultado, un gran toro, el tercero de Juan Pedro al que le salvan la vida en esta plaza en cuatro años. Demasiado éxtasis, pero si todos están contentos…
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