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  Arte  Sacan a flote por primera vez en España un barco romano entero
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Sacan a flote por primera vez en España un barco romano entero

30 de junio de 2026
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«Estamos cansados, pero muy satisfechos», confiesa el arqueólogo Darío Bernal. Tras cuatro intensos meses de trabajos en los que el mar se resistía en ocasiones a dejar escapar su presa, el equipo de Arqueomallornauta ha concluido con éxito la extracción del pecio Ses Fontanelles que naufragó en el siglo IV a solo 65 metros de la playa de Can Pastilla, en Palma de Mallorca.«Ha sido una operación complicada desde el punto de vista técnico, pero estamos muy contentos porque es la primera vez que se saca un barco romano entero en España y el caudal de información que ha aportado para conocer el comercio y el tráfico marítimo en esta zona del Mediterráneo a inicios de la Antigüedad Tardía es inagotable», comenta el catedrático de Arqueología de la Universidad de Cádiz, que codirige las investigaciones junto a Miguel Ángel Cau-Ontiveros (ICREA, Universidad de Barcelona), Enrique García Riaza (Universidad de las Islas Baleares) y Jaume Cardell (Consell de Mallorca).Con la extracción de la última porción del casco este lunes, concluía una campaña intensa en la que quince investigadores, con la colaboración de buzos de la Armada, han ido sacando tabla a tabla la embarcación, en camas de fibra de vidrio que fraguaban a medida bajo el agua. Solo al final, los dos últimos conjuntos del costado de babor y del de estribor pudieron ser extraídos en dos únicas maniobras, trasladándolos bajo el agua hasta el puerto e izándolos con grúas. Según explica Bernal, en total se han recuperado « más de seiscientas piezas , entre maderas y elementos del cargamento». Noticia relacionada general No No El pulso al mar para rescatar un mercante romano del siglo IV en Mallorca Mónica ArrizabalagaDe unos 12 metros de eslora por 5 de manga, este mercante de época romana partió de la región de Cartagena hace unos 1.700 años con más de 300 ánforas de salsas fermentadas de pescado, aceite y vino. Se dirigía a algún puerto principal, quizá a Roma, pero en la bahía de Palma le debió de sorprender una fuerte tempestad y se hundió en la zona llamada Ses Fontanelles. Sus restos quedaron ocultos por la arena durante siglos, hasta que en 2019 otro temporal removió el fondo marino y un buceador vislumbró por casualidad los cuellos de unas ánforas.El pecio de Ses Fontanelles antes de su extracción, con sus ánforas aún in situ y el crismón de uno de los sellos que quedó grabado en una concreción de arena. José Moya / ArqueomallornautaA solo dos metros de profundidad, bajo las aguas donde se bañan los turistas, los arqueólogos del proyecto Arqueomallornauta recuperaron tres centenares de ánforas que aún conservaban, en muchos casos, sus tapones sellados, restos de su contenido y un sorprendente número de anotaciones en la cerámica. Gracias a estos ‘tituli picti’, los investigadores han podido conocer los nombres de Alumnio y Ausonio, sus posibles ‘mercatores’ (o agentes comerciales), que siete escribas rotularon las vasijas o, por el término ‘rationis’, que existía algún tipo de sistema fiscal vinculado a la carga. «Es el barco hundido de época romana con más inscripciones pintadas de todo el Mediterráneo», señaló Bernal a ABC cuando este periódico acompañó a los arqueólogos en una jornada de extracción del pecio en mayo. Un paño de la vela de la embarcaciónAsí como un temporal destapó sus restos hace siete años, otro podía destruirlos si no se actuaba a tiempo. Las labores de rescate comenzaron el pasado marzo y han deparado «hallazgos muy espectaculares», según avanza Miguel Ángel Cau, otro codirector del proyecto. Se ha recuperado un paño enorme de la vela de la embarcación, algo insólito en España. Ha sido «una sorpresa mayúscula porque es algo muy extraño», asegura Cau. «No se suelen conservar, sólo tenemos en el puerto romano de Berenike , en Egipto», corrobora el arqueólogo Carlos de Juan, experto en arquitectura naval de la Universidad de Valencia que ha formado parte de la investigación. Junto al casco del barco, han encontrado cuatro anclas que cayeron de la cubierta cuando se produjo el hundimiento. También se han recuperado dos cestas enteras y numerosos restos de la jarcia y la cabuyería del barco, así como más ánforas del cargamento y elementos de la vida cotidiana «que nos permiten entender mucho mejor y poder reconstruir en el futuro cómo fue esta embarcación», añade Bernal.Estos últimos hallazgos se suman al del primer mando de un timón de espadilla que se ha encontrado en España, un brazo de madera que llega hasta el ‘gubernator’ o piloto del barco y se suele perder en un naufragio. Y a otros raros descubrimientos de campañas anteriores, como el de un tipo de ánfora desconocida hasta la fecha, que ha sido bautizada como Ses Fontanelles 1, o como el de un conjunto de tapones de ánforas sellados con un crismón , que permitió datar el cargamento con posterioridad al Edicto de Milán del año 313 d.C. Una moneda colocada en la carlinga, la cavidad donde se asentaba el mástil, durante un ritual de bautismo de la embarcación, afinó después dicha cronología, pues fue acuñada en la ciudad de Síscia (actual Sisak, Croacia) en el 320 d.C. Completada con éxito la extracción, se inicia ahora la primera fase de conservación de las maderas y materiales del barco en el campamento habilitado en el castillo de San Carlos de Palma de Mallorca. Allí permanecerán al menos un año, antes de ser trasladadas a las instalaciones de ARQUAtec , en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena. Una vez finalizados los tratamientos de restauración, se prevé que el Ses Fontanelles se exponga en un futuro en el nuevo Centro de Arqueología que el gobierno mallorquín planea construir junto al yacimiento romano de Pollentia, cerca del puerto de Alcudia. De momento, el Museo Nacional de Arqueología Subacuática prepara la exposición en otoño de una de las ánforas con ‘titulus pictus’ y un sello con crismón, dentro del proyecto de la pieza invitada. «Al terminar, integraremos las piezas en la exposición permanente, al menos por cinco años», avanza Rafael Sabio, director de Arqua. En la playa de Can Pastilla, apenas queda realizar un último repaso con la manguera de succión por si queda algún cabo olvidado. El equipo de Arqueomallornauta respira hoy complacido. Han sorteado muchas dificultades, pero han logrado su objetivo. Ahora se les presenta el desafío de examinar al detalle el Ses Fontanelles en tierra. «Hay un cambio muy importante entre hacer un estudio in situ, debajo del agua, donde solamente ves la cara interior de la embarcación, a tener todo el barco, encima éste muy conservado en sus formas, completo fuera del agua y con acceso también a las caras ocultas de las carpinterías», explica Carlos de Juan. Aunque «hay mucho trabajo», este especialista está convencido de que el estudio del primer barco romano extraído en España deparará resultados «increíbles por conocimiento de carpinterías, de los procesos constructivos y de las formas precisas del barco». «Estamos cansados, pero muy satisfechos», confiesa el arqueólogo Darío Bernal. Tras cuatro intensos meses de trabajos en los que el mar se resistía en ocasiones a dejar escapar su presa, el equipo de Arqueomallornauta ha concluido con éxito la extracción del pecio Ses Fontanelles que naufragó en el siglo IV a solo 65 metros de la playa de Can Pastilla, en Palma de Mallorca.«Ha sido una operación complicada desde el punto de vista técnico, pero estamos muy contentos porque es la primera vez que se saca un barco romano entero en España y el caudal de información que ha aportado para conocer el comercio y el tráfico marítimo en esta zona del Mediterráneo a inicios de la Antigüedad Tardía es inagotable», comenta el catedrático de Arqueología de la Universidad de Cádiz, que codirige las investigaciones junto a Miguel Ángel Cau-Ontiveros (ICREA, Universidad de Barcelona), Enrique García Riaza (Universidad de las Islas Baleares) y Jaume Cardell (Consell de Mallorca).Con la extracción de la última porción del casco este lunes, concluía una campaña intensa en la que quince investigadores, con la colaboración de buzos de la Armada, han ido sacando tabla a tabla la embarcación, en camas de fibra de vidrio que fraguaban a medida bajo el agua. Solo al final, los dos últimos conjuntos del costado de babor y del de estribor pudieron ser extraídos en dos únicas maniobras, trasladándolos bajo el agua hasta el puerto e izándolos con grúas. Según explica Bernal, en total se han recuperado « más de seiscientas piezas , entre maderas y elementos del cargamento». Noticia relacionada general No No El pulso al mar para rescatar un mercante romano del siglo IV en Mallorca Mónica ArrizabalagaDe unos 12 metros de eslora por 5 de manga, este mercante de época romana partió de la región de Cartagena hace unos 1.700 años con más de 300 ánforas de salsas fermentadas de pescado, aceite y vino. Se dirigía a algún puerto principal, quizá a Roma, pero en la bahía de Palma le debió de sorprender una fuerte tempestad y se hundió en la zona llamada Ses Fontanelles. Sus restos quedaron ocultos por la arena durante siglos, hasta que en 2019 otro temporal removió el fondo marino y un buceador vislumbró por casualidad los cuellos de unas ánforas.El pecio de Ses Fontanelles antes de su extracción, con sus ánforas aún in situ y el crismón de uno de los sellos que quedó grabado en una concreción de arena. José Moya / ArqueomallornautaA solo dos metros de profundidad, bajo las aguas donde se bañan los turistas, los arqueólogos del proyecto Arqueomallornauta recuperaron tres centenares de ánforas que aún conservaban, en muchos casos, sus tapones sellados, restos de su contenido y un sorprendente número de anotaciones en la cerámica. Gracias a estos ‘tituli picti’, los investigadores han podido conocer los nombres de Alumnio y Ausonio, sus posibles ‘mercatores’ (o agentes comerciales), que siete escribas rotularon las vasijas o, por el término ‘rationis’, que existía algún tipo de sistema fiscal vinculado a la carga. «Es el barco hundido de época romana con más inscripciones pintadas de todo el Mediterráneo», señaló Bernal a ABC cuando este periódico acompañó a los arqueólogos en una jornada de extracción del pecio en mayo. Un paño de la vela de la embarcaciónAsí como un temporal destapó sus restos hace siete años, otro podía destruirlos si no se actuaba a tiempo. Las labores de rescate comenzaron el pasado marzo y han deparado «hallazgos muy espectaculares», según avanza Miguel Ángel Cau, otro codirector del proyecto. Se ha recuperado un paño enorme de la vela de la embarcación, algo insólito en España. Ha sido «una sorpresa mayúscula porque es algo muy extraño», asegura Cau. «No se suelen conservar, sólo tenemos en el puerto romano de Berenike , en Egipto», corrobora el arqueólogo Carlos de Juan, experto en arquitectura naval de la Universidad de Valencia que ha formado parte de la investigación. Junto al casco del barco, han encontrado cuatro anclas que cayeron de la cubierta cuando se produjo el hundimiento. También se han recuperado dos cestas enteras y numerosos restos de la jarcia y la cabuyería del barco, así como más ánforas del cargamento y elementos de la vida cotidiana «que nos permiten entender mucho mejor y poder reconstruir en el futuro cómo fue esta embarcación», añade Bernal.Estos últimos hallazgos se suman al del primer mando de un timón de espadilla que se ha encontrado en España, un brazo de madera que llega hasta el ‘gubernator’ o piloto del barco y se suele perder en un naufragio. Y a otros raros descubrimientos de campañas anteriores, como el de un tipo de ánfora desconocida hasta la fecha, que ha sido bautizada como Ses Fontanelles 1, o como el de un conjunto de tapones de ánforas sellados con un crismón , que permitió datar el cargamento con posterioridad al Edicto de Milán del año 313 d.C. Una moneda colocada en la carlinga, la cavidad donde se asentaba el mástil, durante un ritual de bautismo de la embarcación, afinó después dicha cronología, pues fue acuñada en la ciudad de Síscia (actual Sisak, Croacia) en el 320 d.C. Completada con éxito la extracción, se inicia ahora la primera fase de conservación de las maderas y materiales del barco en el campamento habilitado en el castillo de San Carlos de Palma de Mallorca. Allí permanecerán al menos un año, antes de ser trasladadas a las instalaciones de ARQUAtec , en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena. Una vez finalizados los tratamientos de restauración, se prevé que el Ses Fontanelles se exponga en un futuro en el nuevo Centro de Arqueología que el gobierno mallorquín planea construir junto al yacimiento romano de Pollentia, cerca del puerto de Alcudia. De momento, el Museo Nacional de Arqueología Subacuática prepara la exposición en otoño de una de las ánforas con ‘titulus pictus’ y un sello con crismón, dentro del proyecto de la pieza invitada. «Al terminar, integraremos las piezas en la exposición permanente, al menos por cinco años», avanza Rafael Sabio, director de Arqua. En la playa de Can Pastilla, apenas queda realizar un último repaso con la manguera de succión por si queda algún cabo olvidado. El equipo de Arqueomallornauta respira hoy complacido. Han sorteado muchas dificultades, pero han logrado su objetivo. Ahora se les presenta el desafío de examinar al detalle el Ses Fontanelles en tierra. «Hay un cambio muy importante entre hacer un estudio in situ, debajo del agua, donde solamente ves la cara interior de la embarcación, a tener todo el barco, encima éste muy conservado en sus formas, completo fuera del agua y con acceso también a las caras ocultas de las carpinterías», explica Carlos de Juan. Aunque «hay mucho trabajo», este especialista está convencido de que el estudio del primer barco romano extraído en España deparará resultados «increíbles por conocimiento de carpinterías, de los procesos constructivos y de las formas precisas del barco».  

«Estamos cansados, pero muy satisfechos», confiesa el arqueólogo Darío Bernal. Tras cuatro intensos meses de trabajos en los que el mar se resistía en ocasiones a dejar escapar su presa, el equipo de Arqueomallornauta ha concluido con éxito la extracción del pecio Ses Fontanelles … que naufragó en el siglo IV a solo 65 metros de la playa de Can Pastilla, en Palma de Mallorca.

«Ha sido una operación complicada desde el punto de vista técnico, pero estamos muy contentos porque es la primera vez que se saca un barco romano entero en España y el caudal de información que ha aportado para conocer el comercio y el tráfico marítimo en esta zona del Mediterráneo a inicios de la Antigüedad Tardía es inagotable», comenta el catedrático de Arqueología de la Universidad de Cádiz, que codirige las investigaciones junto a Miguel Ángel Cau-Ontiveros (ICREA, Universidad de Barcelona), Enrique García Riaza (Universidad de las Islas Baleares) y Jaume Cardell (Consell de Mallorca).

Con la extracción de la última porción del casco este lunes, concluía una campaña intensa en la que quince investigadores, con la colaboración de buzos de la Armada, han ido sacando tabla a tabla la embarcación, en camas de fibra de vidrio que fraguaban a medida bajo el agua. Solo al final, los dos últimos conjuntos del costado de babor y del de estribor pudieron ser extraídos en dos únicas maniobras, trasladándolos bajo el agua hasta el puerto e izándolos con grúas. Según explica Bernal, en total se han recuperado «más de seiscientas piezas, entre maderas y elementos del cargamento».

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El pecio de Ses Fontanelles antes de su extracción, con sus ánforas aún in situ y el crismón de uno de los sellos que quedó grabado en una concreción de arena..
(José Moya / Arqueomallornauta)

A solo dos metros de profundidad, bajo las aguas donde se bañan los turistas, los arqueólogos del proyecto Arqueomallornauta recuperaron tres centenares de ánforas que aún conservaban, en muchos casos, sus tapones sellados, restos de su contenido y un sorprendente número de anotaciones en la cerámica. Gracias a estos ‘tituli picti’, los investigadores han podido conocer los nombres de Alumnio y Ausonio, sus posibles ‘mercatores’ (o agentes comerciales), que siete escribas rotularon las vasijas o, por el término ‘rationis’, que existía algún tipo de sistema fiscal vinculado a la carga. «Es el barco hundido de época romana con más inscripciones pintadas de todo el Mediterráneo», señaló Bernal a ABC cuando este periódico acompañó a los arqueólogos en una jornada de extracción del pecio en mayo.

Un paño de la vela de la embarcación

Así como un temporal destapó sus restos hace siete años, otro podía destruirlos si no se actuaba a tiempo. Las labores de rescate comenzaron el pasado marzo y han deparado «hallazgos muy espectaculares», según avanza Miguel Ángel Cau, otro codirector del proyecto. Se ha recuperado un paño enorme de la vela de la embarcación, algo insólito en España. Ha sido «una sorpresa mayúscula porque es algo muy extraño», asegura Cau. «No se suelen conservar, sólo tenemos en el puerto romano de Berenike, en Egipto», corrobora el arqueólogo Carlos de Juan, experto en arquitectura naval de la Universidad de Valencia que ha formado parte de la investigación.

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Junto al casco del barco, han encontrado cuatro anclas que cayeron de la cubierta cuando se produjo el hundimiento. También se han recuperado dos cestas enteras y numerosos restos de la jarcia y la cabuyería del barco, así como más ánforas del cargamento y elementos de la vida cotidiana «que nos permiten entender mucho mejor y poder reconstruir en el futuro cómo fue esta embarcación», añade Bernal.

Estos últimos hallazgos se suman al del primer mando de un timón de espadilla que se ha encontrado en España, un brazo de madera que llega hasta el ‘gubernator’ o piloto del barco y se suele perder en un naufragio. Y a otros raros descubrimientos de campañas anteriores, como el de un tipo de ánfora desconocida hasta la fecha, que ha sido bautizada como Ses Fontanelles 1, o como el de un conjunto de tapones de ánforas sellados con un crismón, que permitió datar el cargamento con posterioridad al Edicto de Milán del año 313 d.C. Una moneda colocada en la carlinga, la cavidad donde se asentaba el mástil, durante un ritual de bautismo de la embarcación, afinó después dicha cronología, pues fue acuñada en la ciudad de Síscia (actual Sisak, Croacia) en el 320 d.C.

Completada con éxito la extracción, se inicia ahora la primera fase de conservación de las maderas y materiales del barco en el campamento habilitado en el castillo de San Carlos de Palma de Mallorca. Allí permanecerán al menos un año, antes de ser trasladadas a las instalaciones de ARQUAtec, en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena. Una vez finalizados los tratamientos de restauración, se prevé que el Ses Fontanelles se exponga en un futuro en el nuevo Centro de Arqueología que el gobierno mallorquín planea construir junto al yacimiento romano de Pollentia, cerca del puerto de Alcudia.

De momento, el Museo Nacional de Arqueología Subacuática prepara la exposición en otoño de una de las ánforas con ‘titulus pictus’ y un sello con crismón, dentro del proyecto de la pieza invitada. «Al terminar, integraremos las piezas en la exposición permanente, al menos por cinco años», avanza Rafael Sabio, director de Arqua.

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