Harry Halbreich sostenía, en su célebre análisis para L’Avant-Scène Opéra, que Falstaff es la única ópera de Giuseppe Verdi cuya verdadera estrella, descontado el protagonista, se sienta en el foso. La velocidad del discurso, la filigrana orquestal y la complejidad de los concertantes hacen que una producción se juzgue antes por la batuta que por las gargantas. Por eso hablamos del Falstaff de Toscanini, Karajan o Giulini antes que del de Valdengo, Gobbi o Bruson. Pocas veces se confirmó tanto ese juicio como el pasado jueves en el Liceu, donde Josep Pons se despidió, tras 14 años como director musical, con la misma partitura que Verdi eligió para despedirse de la escena.
Josep Pons cierra catorce años como director musical del teatro barcelonés con la última ópera de Verdi, en la teatral producción de Laurent Pelly y con Luca Salsi al frente de un reparto donde brilló el cuarteto femenino
Harry Halbreich sostenía, en su célebre análisis para L’Avant-Scène Opéra, que Falstaff es la única ópera de Giuseppe Verdi cuya verdadera estrella, descontado el protagonista, se sienta en el foso. La velocidad del discurso, la filigrana orquestal y la complejidad de los concertantes hacen que una producción se juzgue antes por la batuta que por las gargantas. Por eso hablamos del Falstaff de Toscanini, Karajan o Giulini antes que del de Valdengo, Gobbi o Bruson. Pocas veces se confirmó tanto ese juicio como el pasado jueves en el Liceu, donde Josep Pons se despidió, tras 14 años como director musical, con la misma partitura que Verdi eligió para despedirse de la escena.
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