Hacía treinta y un años había tomado la alternativa Víctor Puerto en ese mismo ruedo, y este jueves se despedía. Toda una vida dedicada al toro , y que continuará enseñando en la escuela taurina, como venía haciendo. Sus alumnos poblaban los tendidos del coso ciudadrealeño. Cuántos recuerdos le vendrían al madrileño durante el paseíllo, en el que no podía evitar sonreír tras cada paso… Con la ilusión de un chaval recibió con templadas verónicas al primero, que brindó a sus padres. El abreplaza hizo las cosas bien los primeros tercios, y aquello prometía. Pero el toro pisó mal en el inicio, y se lastimó la mano derecha. Tanto que no podía ni apoyarla.Con sólo una bala se despidió, pues, Puerto. Bala que les dedicó a su tío, el que también fuera torero, Sánchez Puerto y su hijo, Víctor, y que también intenta abrirse camino en esta profesión. Y en esta ocasión le correspondió el mejor toro del encierro, un Garrafón que colocaba la cara, tenía prontitud, nobleza y temple. El mismo que le imprimió el torero en una faena basada en la mano de los dineros, con muletazos francamente bonitos, bajo los sones de Cielo Andaluz. Una lástima que al animal le faltara final. Aunque la plaza quiso premiar al torero en su última tarde con el doble trofeo, que paseó en una emotiva vuelta al ruedo. Pero, como pasa siempre en la vida, mientras unos se van, otros llegan. Aunque Navalón ha llegado para quedarse, y así lo muestra cada tarde. Y en Ciudad Real no iba a ser menos. Tres orejas se metió en el esportón el valenciano, que estuvo templadísimo de capa durante toda la tarde. Un trofeo cortó a Chirimbolo, manseó todo lo que pudo en el primer tercio, y fue parado hasta el final. Pero porque no quería ir, porque fuerza tenía. Y por alto comenzó Samuel, yendo el toro muy brusco. Así que por bajo le exigió el de Ayora en la primera serie, crujiéndolo, para enseñarle quién mandaba. El de Araúz transmitía, y, cuando iba, lo hacía con todo, aunque a veces se lo pensaba dos veces, y no se sabía si iba a elegir por el torero o por el trapo. Pese a eso, ante la firmeza de Navalón no tenía más que tragar y tomar la muleta. Aunque también tragaba el torero…. menudas miraditas, parones y gañafones le pegaba el animal, que iba incierto. Pero para Samuel como si no. Con un valor sin alardes, técnicamente perfecto, sacó lo que no tenía el desclasado animal. Cuando salió el sexto, sus compañeros ya se habían asegurado una Puerta Grande que él tenía medio abierta. Pero Navalón nunca está dispuesto a dejarse ganar la pelea. No dispuesto a salir a pie, no ya por no ser el único, sino porque no esta acostumbrado, comenzó de hinojos en el tercio ante un toro que fue bien al caballo, pero después duró poquito. Ya recuperada la vertical, se descalzó el torero en los medios, y le dejó la muleta puesta en una emocionante primera serie por la diestra, en la que obligó al toro a embestir. Se lo pensaba dos veces a veces el animal después al verse podido, pero el valenciano le daba el toque preciso y un tiempecito entre tanda y tanda perfecto. Así, logró sacarle unos templados muletazos antes de acabar metido entre los pitones con el animal cada vez más tardo, siempre dejándole la muleta en la cara. Al igual que en su primero, se tiró perfecto en la suerte suprema, y a sus manos fueron las dos orejas de Locuelo.Muy distraído salió Galante, que o reponía o salía desentendido del capote de Luque. De aquella manera embistió en el caballo, y se le vino por dentro en alguna ocasión al buen capote de Juan Contreras en la brega. Con el torero solamente, pareció centrarse más, gracias también a la consabida y prodigiosa técnica de Luque, que dejó una bonita trincherilla en el inicio. El de Gerena se fue inventando la faena haciendo al toro: de primeras, lo aliviaba al final del muletazo, para al final apretarle más. Un cambio de mano fue eterno, soberbio, ya bajándole la mano y alargando el viaje del Araúz. Logró exprimir hasta el final al animal, terminando metido entre los pitones completamente. Aunque la espada quedó ligeramente defectuosa -por lo que el toro tardó en caer-, la ejecución fue perfecta. Feria de la Virgen del Prado Plaza de toros de Ciudad Real. Jueves, 20 de agosto de 2026. Más de ¾ de entrada. Toros de Araúz de Robles. Víctor Puerto, de grana y oro. Estocada arriba (silencio). Pinchazo y pinchazo hondo (dos orejas). Daniel Luque, de azul marino y oro. Estocada traserita y tendida (oreja). Estocada caída (oreja). Samuel Navalón, de blanco y oro. Estocada atravesada y dos descabellos (oreja). Estocada contraria (dos orejas)Y una oreja le arrancó a un quinto con el que hizo un esfuerzo, en una faena que brindó a Víctor Puerto. Ya en banderillas puso en varias ocasiones en apuros a los subalternos, y fue muy desagradecido en la muleta. Embestía (por decir algo) feo, y el problema fundamental era que no iba. Era un completo marmorillo. Pese a eso, se inventó algunos muletazos por la zurda, aguantó parones y volvió a mostrar la firmeza que ya se había visto en el segundo de la tarde.El viento estuvo este jueves recorriendo toda España, y Ciudad Real no fue una excepción. La tarde fue más que agradable en el tendido, pero en el ruedo molestó en más de un momento, aunque casi no se notó gracias a la firmeza de los tres toreros, que abandonaron en volandas el coso tras una tarde para el recuerdo. Hacía treinta y un años había tomado la alternativa Víctor Puerto en ese mismo ruedo, y este jueves se despedía. Toda una vida dedicada al toro , y que continuará enseñando en la escuela taurina, como venía haciendo. Sus alumnos poblaban los tendidos del coso ciudadrealeño. Cuántos recuerdos le vendrían al madrileño durante el paseíllo, en el que no podía evitar sonreír tras cada paso… Con la ilusión de un chaval recibió con templadas verónicas al primero, que brindó a sus padres. El abreplaza hizo las cosas bien los primeros tercios, y aquello prometía. Pero el toro pisó mal en el inicio, y se lastimó la mano derecha. Tanto que no podía ni apoyarla.Con sólo una bala se despidió, pues, Puerto. Bala que les dedicó a su tío, el que también fuera torero, Sánchez Puerto y su hijo, Víctor, y que también intenta abrirse camino en esta profesión. Y en esta ocasión le correspondió el mejor toro del encierro, un Garrafón que colocaba la cara, tenía prontitud, nobleza y temple. El mismo que le imprimió el torero en una faena basada en la mano de los dineros, con muletazos francamente bonitos, bajo los sones de Cielo Andaluz. Una lástima que al animal le faltara final. Aunque la plaza quiso premiar al torero en su última tarde con el doble trofeo, que paseó en una emotiva vuelta al ruedo. Pero, como pasa siempre en la vida, mientras unos se van, otros llegan. Aunque Navalón ha llegado para quedarse, y así lo muestra cada tarde. Y en Ciudad Real no iba a ser menos. Tres orejas se metió en el esportón el valenciano, que estuvo templadísimo de capa durante toda la tarde. Un trofeo cortó a Chirimbolo, manseó todo lo que pudo en el primer tercio, y fue parado hasta el final. Pero porque no quería ir, porque fuerza tenía. Y por alto comenzó Samuel, yendo el toro muy brusco. Así que por bajo le exigió el de Ayora en la primera serie, crujiéndolo, para enseñarle quién mandaba. El de Araúz transmitía, y, cuando iba, lo hacía con todo, aunque a veces se lo pensaba dos veces, y no se sabía si iba a elegir por el torero o por el trapo. Pese a eso, ante la firmeza de Navalón no tenía más que tragar y tomar la muleta. Aunque también tragaba el torero…. menudas miraditas, parones y gañafones le pegaba el animal, que iba incierto. Pero para Samuel como si no. Con un valor sin alardes, técnicamente perfecto, sacó lo que no tenía el desclasado animal. Cuando salió el sexto, sus compañeros ya se habían asegurado una Puerta Grande que él tenía medio abierta. Pero Navalón nunca está dispuesto a dejarse ganar la pelea. No dispuesto a salir a pie, no ya por no ser el único, sino porque no esta acostumbrado, comenzó de hinojos en el tercio ante un toro que fue bien al caballo, pero después duró poquito. Ya recuperada la vertical, se descalzó el torero en los medios, y le dejó la muleta puesta en una emocionante primera serie por la diestra, en la que obligó al toro a embestir. Se lo pensaba dos veces a veces el animal después al verse podido, pero el valenciano le daba el toque preciso y un tiempecito entre tanda y tanda perfecto. Así, logró sacarle unos templados muletazos antes de acabar metido entre los pitones con el animal cada vez más tardo, siempre dejándole la muleta en la cara. Al igual que en su primero, se tiró perfecto en la suerte suprema, y a sus manos fueron las dos orejas de Locuelo.Muy distraído salió Galante, que o reponía o salía desentendido del capote de Luque. De aquella manera embistió en el caballo, y se le vino por dentro en alguna ocasión al buen capote de Juan Contreras en la brega. Con el torero solamente, pareció centrarse más, gracias también a la consabida y prodigiosa técnica de Luque, que dejó una bonita trincherilla en el inicio. El de Gerena se fue inventando la faena haciendo al toro: de primeras, lo aliviaba al final del muletazo, para al final apretarle más. Un cambio de mano fue eterno, soberbio, ya bajándole la mano y alargando el viaje del Araúz. Logró exprimir hasta el final al animal, terminando metido entre los pitones completamente. Aunque la espada quedó ligeramente defectuosa -por lo que el toro tardó en caer-, la ejecución fue perfecta. Feria de la Virgen del Prado Plaza de toros de Ciudad Real. Jueves, 20 de agosto de 2026. Más de ¾ de entrada. Toros de Araúz de Robles. Víctor Puerto, de grana y oro. Estocada arriba (silencio). Pinchazo y pinchazo hondo (dos orejas). Daniel Luque, de azul marino y oro. Estocada traserita y tendida (oreja). Estocada caída (oreja). Samuel Navalón, de blanco y oro. Estocada atravesada y dos descabellos (oreja). Estocada contraria (dos orejas)Y una oreja le arrancó a un quinto con el que hizo un esfuerzo, en una faena que brindó a Víctor Puerto. Ya en banderillas puso en varias ocasiones en apuros a los subalternos, y fue muy desagradecido en la muleta. Embestía (por decir algo) feo, y el problema fundamental era que no iba. Era un completo marmorillo. Pese a eso, se inventó algunos muletazos por la zurda, aguantó parones y volvió a mostrar la firmeza que ya se había visto en el segundo de la tarde.El viento estuvo este jueves recorriendo toda España, y Ciudad Real no fue una excepción. La tarde fue más que agradable en el tendido, pero en el ruedo molestó en más de un momento, aunque casi no se notó gracias a la firmeza de los tres toreros, que abandonaron en volandas el coso tras una tarde para el recuerdo.
Hacía treinta y un años había tomado la alternativa Víctor Puerto en ese mismo ruedo, y este jueves se despedía. Toda una vida dedicada al toro, y que continuará enseñando en la escuela taurina, como venía haciendo. Sus alumnos poblaban los tendidos del coso … ciudadrealeño. Cuántos recuerdos le vendrían al madrileño durante el paseíllo, en el que no podía evitar sonreír tras cada paso… Con la ilusión de un chaval recibió con templadas verónicas al primero, que brindó a sus padres. El abreplaza hizo las cosas bien los primeros tercios, y aquello prometía. Pues el toro pisó mal en el inicio, y se lastimó la mano derecha. Tanto que no podía ni apoyarla.
Con sólo una bala se despidió, pues, Puerto. Bala que les dedicó a su tío, el que también fuera torero, Sánchez Puerto y su hijo, Víctor, y que también intenta abrirse camino en esta profesión. Y en esta ocasión le correspondió el mejor toro del encierro, un Garrafón que colocaba la cara, tenía prontitud, nobleza y temple. El mismo que le imprimió el torero en una faena basada en la mano de los dineros, con muletazos francamente bonitos, bajo los sones de Cielo Andaluz. Una lástima que al animal le faltara final. Aunque la plaza quiso premiar al torero en su última tarde, premiándole con el doble trofeo, que paseó en una emotiva vuelta al ruedo.
Pero, como pasa siempre en la vida, mientras unos se van, otros llegan. Aunque Navalón ha llegado para quedarse, y así lo muestra cada tarde. Y en Ciudad Real no iba a ser menos. Tres orejas se metió en el esportón el valenciano, que estuvo templadísimo de capa durante toda la tarde. Un trofeo cortó a Chirimbolo, manseó todo lo que pudo en el primer tercio, y fue parado hasta el final. Pero porque no quería ir, porque fuerza tenía. Y por alto comenzó Samuel, yendo el toro muy brusco. Así que por bajo le exigió el de Ayora en la primera serie, crujiéndolo, para enseñarle quién mandaba. El de Araúz transmitía, y, cuando iba, lo hacía con todo, aunque a veces se lo pensaba dos veces, y no se sabía si iba a elegir por el torero o por el trapo. Pese a eso, ante la firmeza de Navalón no tenía más que tragar y tomar la muleta. Aunque también tragaba el torero…. menudas miraditas, parones y gañafones le pegaba el animal, que iba incierto. Pero para Samuel como si no. Con un valor sin alardes, técnicamente perfecto, sacó lo que no tenía el desclasado animal.
Noticia relacionada
Cuando salió el sexto, sus compañeros ya se habían asegurado una Puerta Grande que él tenía medio abierta. Pero Navalón nunca está dispuesto a dejarse ganar la pelea. No dispuesto a salir a pie, no ya por no ser el único, sino porque no esta acostumbrado, comenzó de hinojos en el tercio ante un toro que fue bien al caballo, pero después duró poquito. Ya recuperada la vertical, se descalzó el torero en los medios, y le dejó la muleta puesta en una emocionante primera serie por la diestra, en la que obligó al toro a embestir. Se lo pensaba dos veces a veces el animal después al verse podido, pero el valenciano le daba el toque preciso y un tiempecito entre tanda y tanda perfecto. Así, logró sacarle unos templados muletazos antes de acabar metido entre los pitones con el animal cada vez más tardo, siempre dejándole la muleta en la cara. Al igual que en su primero, se tiró perfecto en la suerte suprema, y a sus manos fueron las dos orejas de Locuelo.
Muy distraído salió Galante, que o reponía o salía desentendido del capote de Luque. De aquella manera embistió en el caballo, y se le vino por dentro en alguna ocasión al buen capote de Juan Contreras en la brega. Con el torero solamente, pareció centrarse más, gracias también a la consabida y prodigiosa técnica de Luque, que dejó una bonita trincherilla en el inicio. El de Gerena se fue inventando la faena haciendo al toro: de primeras, lo aliviaba al final del muletazo, para al final apretarle más. Un cambio de mano fue eterno, soberbio, ya bajándole la mano y alargando el viaje del Araúz. Logró exprimir hasta el final al animal, terminando metido entre los pitones completamente. Aunque la espada quedó ligeramente defectuosa -por lo que el toro tardó en caer-, la ejecución fue perfecta.
Feria de la Virgen del Prado
-
Plaza de toros de Ciudad Real.
Jueves, 20 de agosto de 2026. Más de ¾ de entrada. Toros de Araúz de Robles.
-
Víctor Puerto,
de grana y oro. Estocada arriba (silencio). Pinchazo y pinchazo hondo (dos orejas). -
Daniel Luque,
de azul marino y oro. Estocada traserita y tendida (oreja). Estocada caída (oreja). -
Samuel Navalón,
de blanco y oro. Estocada atravesada y dos descabellos (oreja). Estocada contraria (dos orejas)
-
Y una oreja le arrancó a un quinto con el que hizo un esfuerzo, en una faena que brindó a Víctor Puerto. Ya en banderillas puso en varias ocasiones en apuros a los subalternos, y fue muy desagradecido en la muleta. Embestía (por decir algo) feo, y el problema fundamental era que no iba. Era un completo marmorillo. Pese a eso, se inventó algunos muletazos por la zurda, aguantó parones y volvió a mostrar la firmeza que ya se había visto en el segundo de la tarde.
El viento estuvo este jueves recorriendo toda España, y Ciudad Real no fue una excepción. La tarde fue más que agradable en el tendido, pero en el ruedo molestó en más de un momento, aunque casi no se notó gracias a la firmeza de los tres toreros, que abandonaron en volandas el coso tras una tarde para el recuerdo.
RSS de noticias de cultura

