«Hablamos más de la figura de Lorca de lo que leemos su obra». Lo asegura, tajante, Eduardo Vasco , director del Teatro Español y director del montaje de ‘ Yerma ‘ que levanta el telón esta semana en su escenario. «Seamos sinceros: a Lorca no se lo lee tanto. Se habla mucho de él , se lamenta su fatalidad, el asesinato y la irracionalidad de quienes lo mataron y la de aquella época, pero su obra no se lee tanto. Afortunadamente, tenemos esos benditos profesores de instituto que todavía siguen llevando esa bandera y van contagiando a los niños y a los jóvenes… Hay que recordar que no solo existe la tragedia del poeta, sino su obra también».De hecho, la obra de Lorca es su legado y el teatro ocupa en ella un lugar fundamental, con ‘Yerma’ como una de sus piezas más destacadas. Se estrenó, precisamente, en el propio Teatro Español, protagonizada por Margarita Xirgu, el 29 de diciembre de 1934 . Desde entonces, dice Vasco, «no ha vuelto a representarse; se hizo una lectura dramatizada con actores estupendos en los años ochenta, pero un montaje escenificado no había vuelto a ponerse en pie en este teatro. Y no podemos contar la historia como si no hubieran pasado 92 años, como si Margarita no hubiera sido exiliada, como si Cipriano de Rivas Cherif -su director entonces- no hubiera pasado muchos años en la prisión de El Dueso, como si Federico no hubiera sido asesinado, etcétera, etcétera. Para nosotros es importante sentarnos en los mismos sillones que aquella compañía, recorrer los mismos pasillos, entrar en los mismos camerinos… El espectador que venga a ver ‘Yerma’ ahora ha de saber lo que pasó aquí».Ese espectador se va a encontrar con un reparto que incluye a Lara Grube, Francisco Ortiz, Yolanda Arestegui, María Isasi, Toni Agustí, Elena Rayos, Silvia de Pé, Ana Veganzones, Lucía Bravo, Luzzía Manuela, Cristina Salvador y Lidia Guillem. Estos doce intérpretes cuentan «una historia muy sencilla», define Vasco. « La historia de una mujer que encuentra en la maternidad su única posibilidad de realización . Vive en un entorno muy cerrado, en un pueblo en el que la comunicación es algo muy cruel… Que es un infierno de comentarios, vaya… Hay un paralelismo claro con nuestros días, y son las redes sociales, mucho más coartantes y crueles porque permiten el anonimato, y desde luego más multitudinarias de lo que plantea Lorca».Es un paralelismo, sigue el director, tan obvio para el público que no necesita subrayarlo. « No necesito sacar a Yerma con un smartphone . Cuando el espectador hace el ejercicio de unir épocas el director no necesita explicarlo. Uno de los grandes problemas de los últimos veinte años es que los artistas nos creamos que tenemos una capacidad de opinar y adoctrinar mayor de la que el espectador necesita. Hoy el espectador tiene acceso a la información, contrasta y puede hacer sus propias ecuaciones morales, políticas, éticas… ¿Por qué tenemos que tergiversar eso?»Maternidad y presión socialLa primera lectura de ‘Yerma’, explica, «tiene que ver con la maternidad y la presión social. Los dos siguen vigentes; habla con cualquier mujer que conozcas de 40 años y te contará el nivel de presión que tiene sobre ese asunto concreto. Para las mujeres es algo que todavía no está normalizado y e s fácil que se pueda identificar de alguna manera con Yerma ».Eduardo Vasco, que se autodefine como «un apasionado del teatro clásico», ha establecido en su puesta en escena « un paralelismo muy claro entre Lorca y Lope en todo este torrente de música popular, de romances, que Lorca maneja y que viene directamente de Lope. Para mí es como estar en casa, porque lo que te encuentras en Lorca es ese tipo de dramaturgia cuajada de lírica, y es una maravilla. Además, ha habido que reescribir toda la música porque se ha perdido y ha sido un viaje de investigación maravilloso también; había que averiguar lo que Lorca quería, porque él no sitúa la obra en Andalucía, sino en un pueblo cualquiera. No tiene por qué ser folclore andaluz; todo lo contrario, él se fija mucho en las romerías del norte de España, estuvo en Cuba viendo una ceremonia de ñáñigos que le dejó muy impresionado… Y hemos tratado de hacer algo que responda a eso y, sobre todo, a la intención formal, que es una tragedia clásica con coro en un pueblo vestida con ropajes modernos. Esa frase ya indica la dirección concreta de hacia dónde hay que ir». «Hablamos más de la figura de Lorca de lo que leemos su obra». Lo asegura, tajante, Eduardo Vasco , director del Teatro Español y director del montaje de ‘ Yerma ‘ que levanta el telón esta semana en su escenario. «Seamos sinceros: a Lorca no se lo lee tanto. Se habla mucho de él , se lamenta su fatalidad, el asesinato y la irracionalidad de quienes lo mataron y la de aquella época, pero su obra no se lee tanto. Afortunadamente, tenemos esos benditos profesores de instituto que todavía siguen llevando esa bandera y van contagiando a los niños y a los jóvenes… Hay que recordar que no solo existe la tragedia del poeta, sino su obra también».De hecho, la obra de Lorca es su legado y el teatro ocupa en ella un lugar fundamental, con ‘Yerma’ como una de sus piezas más destacadas. Se estrenó, precisamente, en el propio Teatro Español, protagonizada por Margarita Xirgu, el 29 de diciembre de 1934 . Desde entonces, dice Vasco, «no ha vuelto a representarse; se hizo una lectura dramatizada con actores estupendos en los años ochenta, pero un montaje escenificado no había vuelto a ponerse en pie en este teatro. Y no podemos contar la historia como si no hubieran pasado 92 años, como si Margarita no hubiera sido exiliada, como si Cipriano de Rivas Cherif -su director entonces- no hubiera pasado muchos años en la prisión de El Dueso, como si Federico no hubiera sido asesinado, etcétera, etcétera. Para nosotros es importante sentarnos en los mismos sillones que aquella compañía, recorrer los mismos pasillos, entrar en los mismos camerinos… El espectador que venga a ver ‘Yerma’ ahora ha de saber lo que pasó aquí».Ese espectador se va a encontrar con un reparto que incluye a Lara Grube, Francisco Ortiz, Yolanda Arestegui, María Isasi, Toni Agustí, Elena Rayos, Silvia de Pé, Ana Veganzones, Lucía Bravo, Luzzía Manuela, Cristina Salvador y Lidia Guillem. Estos doce intérpretes cuentan «una historia muy sencilla», define Vasco. « La historia de una mujer que encuentra en la maternidad su única posibilidad de realización . Vive en un entorno muy cerrado, en un pueblo en el que la comunicación es algo muy cruel… Que es un infierno de comentarios, vaya… Hay un paralelismo claro con nuestros días, y son las redes sociales, mucho más coartantes y crueles porque permiten el anonimato, y desde luego más multitudinarias de lo que plantea Lorca».Es un paralelismo, sigue el director, tan obvio para el público que no necesita subrayarlo. « No necesito sacar a Yerma con un smartphone . Cuando el espectador hace el ejercicio de unir épocas el director no necesita explicarlo. Uno de los grandes problemas de los últimos veinte años es que los artistas nos creamos que tenemos una capacidad de opinar y adoctrinar mayor de la que el espectador necesita. Hoy el espectador tiene acceso a la información, contrasta y puede hacer sus propias ecuaciones morales, políticas, éticas… ¿Por qué tenemos que tergiversar eso?»Maternidad y presión socialLa primera lectura de ‘Yerma’, explica, «tiene que ver con la maternidad y la presión social. Los dos siguen vigentes; habla con cualquier mujer que conozcas de 40 años y te contará el nivel de presión que tiene sobre ese asunto concreto. Para las mujeres es algo que todavía no está normalizado y e s fácil que se pueda identificar de alguna manera con Yerma ».Eduardo Vasco, que se autodefine como «un apasionado del teatro clásico», ha establecido en su puesta en escena « un paralelismo muy claro entre Lorca y Lope en todo este torrente de música popular, de romances, que Lorca maneja y que viene directamente de Lope. Para mí es como estar en casa, porque lo que te encuentras en Lorca es ese tipo de dramaturgia cuajada de lírica, y es una maravilla. Además, ha habido que reescribir toda la música porque se ha perdido y ha sido un viaje de investigación maravilloso también; había que averiguar lo que Lorca quería, porque él no sitúa la obra en Andalucía, sino en un pueblo cualquiera. No tiene por qué ser folclore andaluz; todo lo contrario, él se fija mucho en las romerías del norte de España, estuvo en Cuba viendo una ceremonia de ñáñigos que le dejó muy impresionado… Y hemos tratado de hacer algo que responda a eso y, sobre todo, a la intención formal, que es una tragedia clásica con coro en un pueblo vestida con ropajes modernos. Esa frase ya indica la dirección concreta de hacia dónde hay que ir».
«Hablamos más de la figura de Lorca de lo que leemos su obra». Lo asegura, tajante, Eduardo Vasco, director del Teatro Español y director del montaje de ‘Yerma‘ que levanta el telón esta semana en su escenario. «Seamos sinceros: a Lorca no … se lo lee tanto. Se habla mucho de él, se lamenta su fatalidad, el asesinato y la irracionalidad de quienes lo mataron y la de aquella época, pero su obra no se lee tanto. Afortunadamente, tenemos esos benditos profesores de instituto que todavía siguen llevando esa bandera y van contagiando a los niños y a los jóvenes… Hay que recordar que no solo existe la tragedia del poeta, sino su obra también».
De hecho, la obra de Lorca es su legado y el teatro ocupa en ella un lugar fundamental, con ‘Yerma’ como una de sus piezas más destacadas. Se estrenó, precisamente, en el propio Teatro Español, protagonizada por Margarita Xirgu, el 29 de diciembre de 1934. Desde entonces, dice Vasco, «no ha vuelto a representarse; se hizo una lectura dramatizada con actores estupendos en los años ochenta, pero un montaje escenificado no había vuelto a ponerse en pie en este teatro. Y no podemos contar la historia como si no hubieran pasado 92 años, como si Margarita no hubiera sido exiliada, como si Cipriano de Rivas Cherif -su director entonces- no hubiera pasado muchos años en la prisión de El Dueso, como si Federico no hubiera sido asesinado, etcétera, etcétera. Para nosotros es importante sentarnos en los mismos sillones que aquella compañía, recorrer los mismos pasillos, entrar en los mismos camerinos… El espectador que venga a ver ‘Yerma’ ahora ha de saber lo que pasó aquí».
Ese espectador se va a encontrar con un reparto que incluye a Lara Grube, Francisco Ortiz, Yolanda Arestegui, María Isasi, Toni Agustí, Elena Rayos, Silvia de Pé, Ana Veganzones, Lucía Bravo, Luzzía Manuela, Cristina Salvador y Lidia Guillem. Estos doce intérpretes cuentan «una historia muy sencilla», define Vasco. «La historia de una mujer que encuentra en la maternidad su única posibilidad de realización. Vive en un entorno muy cerrado, en un pueblo en el que la comunicación es algo muy cruel… Que es un infierno de comentarios, vaya… Hay un paralelismo claro con nuestros días, y son las redes sociales, mucho más coartantes y crueles porque permiten el anonimato, y desde luego más multitudinarias de lo que plantea Lorca».
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Es un paralelismo, sigue el director, tan obvio para el público que no necesita subrayarlo. «No necesito sacar a Yerma con un smartphone. Cuando el espectador hace el ejercicio de unir épocas el director no necesita explicarlo. Uno de los grandes problemas de los últimos veinte años es que los artistas nos creamos que tenemos una capacidad de opinar y adoctrinar mayor de la que el espectador necesita. Hoy el espectador tiene acceso a la información, contrasta y puede hacer sus propias ecuaciones morales, políticas, éticas… ¿Por qué tenemos que tergiversar eso?»
Maternidad y presión social
La primera lectura de ‘Yerma’, explica, «tiene que ver con la maternidad y la presión social. Los dos siguen vigentes; habla con cualquier mujer que conozcas de 40 años y te contará el nivel de presión que tiene sobre ese asunto concreto. Para las mujeres es algo que todavía no está normalizado y es fácil que se pueda identificar de alguna manera con Yerma».
Eduardo Vasco, que se autodefine como «un apasionado del teatro clásico», ha establecido en su puesta en escena «un paralelismo muy claro entre Lorca y Lope en todo este torrente de música popular, de romances, que Lorca maneja y que viene directamente de Lope. Para mí es como estar en casa, porque lo que te encuentras en Lorca es ese tipo de dramaturgia cuajada de lírica, y es una maravilla. Además, ha habido que reescribir toda la música porque se ha perdido y ha sido un viaje de investigación maravilloso también; había que averiguar lo que Lorca quería, porque él no sitúa la obra en Andalucía, sino en un pueblo cualquiera. No tiene por qué ser folclore andaluz; todo lo contrario, él se fija mucho en las romerías del norte de España, estuvo en Cuba viendo una ceremonia de ñáñigos que le dejó muy impresionado… Y hemos tratado de hacer algo que responda a eso y, sobre todo, a la intención formal, que es una tragedia clásica con coro en un pueblo vestida con ropajes modernos. Esa frase ya indica la dirección concreta de hacia dónde hay que ir».
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