¡Holita, Julito!He de confesar que intento buscar las mejores palabras de mi generación para poder sorprenderte, y aunque mi intento de que adaptes tu vocabulario al mío siempre se queda en vano, me he dado cuenta de que estoy en una constante intención de ‘Flexeo’, en este caso, de vocabulario.Porque sí, Julio: flexear no es otra cosa que presumir. Pero claro, presumir ya no sirve porque suena a señor que enseña con orgullo la barbacoa nueva a los vecinos. El flexeo tiene otro matiz, otro color incluso. No consiste en enseñar algo que tienes, es construir una puesta en escena para que los demás entiendan que tú tienes eso; es una exhibición cuidadosamente coreografiada. Postureo, vaya.Un flexeo puede ser subir una foto desde la sala VIP de un aeropuerto sin mencionar que el vuelo salió con cuatro horas de retraso. También enseñar el café de especialidad con un libro de Dostoyevski abierto por la misma página desde hace tres semanas. O publicar un vídeo diciendo «no suelo enseñar estas cosas», justo antes de enseñar exactamente esas cosas. Una de las normas del flexeo es fingir que no estás flexeando. Nunca puede parecer intencionado; si se nota demasiado, pierde prestigio. Hay que envolverlo en una falsa naturalidad. Todo lo mencionado anteriormente está envuelto en el lazo de «Se me había olvidado subir estas fotos» y «Un café antes del trabajo». Todo debe transmitir la sensación de que esa vida extraordinaria es, en realidad, tu martes cualquiera. Cuanto más casual parezca, más exitoso el flexeo.El flexeo, además, ha democratizado el lujo. Antes había que tener un yate para presumir, ahora basta con encontrar un restaurante donde sirvan mantequilla en forma de vela o conseguir entradas para el concierto del momento antes de que se agoten. Incluso madrugar un domingo para hacer ocho kilómetros de cola por un matcha puede convertirse en un flexeo si la historia de Instagram está bien editada.Y aquí llega la parte interesante. Porque como sucedió con ‘Charca’, todos criticamos el flexeo… hasta que nos toca. En cuanto hacemos una foto bonita de las vacaciones, enseñamos qué película vemos o le hacemos una foto a esa tarta de queso que nos comemos de postre, una vocecita interior nos susurra: «Venga, súbelo». El flexeo es el primo moderno del «que se enteren», solo que con mejor iluminación y música de fondo.Así que ahora te devuelvo la pelota, Julio. Sé sincero. En vuestra época no existía Instagram, pero seguro que también había formas de flexear. ¿Cuál era el equivalente boomer? ¿Aparcar un coche nuevo en la puerta del bar? ¿Enseñar el radiocasete del coche a todo el barrio? ¿O dejar las llaves encima de la mesa para que alguien preguntara de qué coche eran?Espero tu respuesta con ilusión, como siempre. ¡Un abrazote de tu Zeta!CarmenQuerida Carmen:Antes de nada, hoy quiero confesar, como Isabel Pantoja –cita boomer, incluso de primera generación–, que estoy enamorado… de esta correspondencia, que me está abriendo un mundo nuevo y me hace pensar en algunas ocasiones que hablamos idiomas distintos, de manera que es todo un milagro que nos entendamos.Hoy, Carmen, me lo has puesto fácil. Por tu descriptiva explicación de la palabra ‘flexeo’ o ‘flexear’, deduzco que los boomer teníamos un término similar: ‘fardar’. Creo que básicamente significa lo mismo. La RAE la define como «presumir, jactarse, alardear» o también como «servir para alardear, por lo vistoso o aparente». Las dos son de uso coloquial, porque el significado verdadero de ‘fardar’, una palabra con más de tres siglos de antigüedad, es «surtir y abastecer a alguien, especialmente de ropa y vestidos»; de ahí pasó a significar «vestir bien o lucir» y posteriormente derivó como sinónimo de ‘presumir’.Te he de reconocer que a mí no me ha gustado nunca la palabra ‘fardar’, sobre todo porque en nuestro idioma hay sinónimos tan sonoros y hermosos (así lo creo yo) como jactarse o alardear. Fardar siempre me ha parecido a mí un término bastante vulgar, pero lo he usado, lo uso y lo usaré, por supuesto. La degradación del lenguaje y su abaratamiento no es algo de ahora, los ‘boomer’ hemos tenido mucha responsabilidad en ello . ¿Tú te imaginas a alguien diciendo de su vecino: «ese está jactándose de coche»?He echado de menos en tu explicación de ‘flexeo’ que me contaras el origen de esta palabra. ¿Tiene que ver con los flexos que se pueden orientar para iluminar algo en concreto? De ser así, tendría cierto sentido, pero si puedes en tu próximo texto sorpréndeme… Me preguntas si en mi época -esta también es mi época, sigo en el mundo de los vivos, pero entiendo a lo que te refieres- pre-instagram también ‘flexeábamos’. Naturalmente, querida Carmen; presumir -con o sin razón- y aparentar -con o sin razón- es propio de la condición humana. Y los boomer también somos víctimas del postureo amplificado que son las redes. Lo que ocurre es que ‘en nuestra época’ lo hacíamos a pequeña escala, para un público más reducido (y a menudo sin público, lo que no tiene ningún sentido, ahora que lo pienso). Y ya que me pides ejemplos, te daré uno muy concreto: durante un viaje que hice hace casi cuarenta años a Miami (en el Concorde, por cierto), me llevaron un día en una lujosa limusina, y yo me fotografié tanto en su interior como en su exterior (con la mujer uniformada) que lo conducía. No sé por qué lo hice, porque esa foto la deben de haber visto como mucho cinco o seis personas, que saben todas que no conduzco ni tengo dinero para permitirme viajar en limusina (era un viaje de trabajo). ¿Qué te parece este ‘flexeo’ dentro de otro ‘flexeo’?Recibe un abrazo cariñoso de tu ‘boomer’Julio ¡Holita, Julito!He de confesar que intento buscar las mejores palabras de mi generación para poder sorprenderte, y aunque mi intento de que adaptes tu vocabulario al mío siempre se queda en vano, me he dado cuenta de que estoy en una constante intención de ‘Flexeo’, en este caso, de vocabulario.Porque sí, Julio: flexear no es otra cosa que presumir. Pero claro, presumir ya no sirve porque suena a señor que enseña con orgullo la barbacoa nueva a los vecinos. El flexeo tiene otro matiz, otro color incluso. No consiste en enseñar algo que tienes, es construir una puesta en escena para que los demás entiendan que tú tienes eso; es una exhibición cuidadosamente coreografiada. Postureo, vaya.Un flexeo puede ser subir una foto desde la sala VIP de un aeropuerto sin mencionar que el vuelo salió con cuatro horas de retraso. También enseñar el café de especialidad con un libro de Dostoyevski abierto por la misma página desde hace tres semanas. O publicar un vídeo diciendo «no suelo enseñar estas cosas», justo antes de enseñar exactamente esas cosas. Una de las normas del flexeo es fingir que no estás flexeando. Nunca puede parecer intencionado; si se nota demasiado, pierde prestigio. Hay que envolverlo en una falsa naturalidad. Todo lo mencionado anteriormente está envuelto en el lazo de «Se me había olvidado subir estas fotos» y «Un café antes del trabajo». Todo debe transmitir la sensación de que esa vida extraordinaria es, en realidad, tu martes cualquiera. Cuanto más casual parezca, más exitoso el flexeo.El flexeo, además, ha democratizado el lujo. Antes había que tener un yate para presumir, ahora basta con encontrar un restaurante donde sirvan mantequilla en forma de vela o conseguir entradas para el concierto del momento antes de que se agoten. Incluso madrugar un domingo para hacer ocho kilómetros de cola por un matcha puede convertirse en un flexeo si la historia de Instagram está bien editada.Y aquí llega la parte interesante. Porque como sucedió con ‘Charca’, todos criticamos el flexeo… hasta que nos toca. En cuanto hacemos una foto bonita de las vacaciones, enseñamos qué película vemos o le hacemos una foto a esa tarta de queso que nos comemos de postre, una vocecita interior nos susurra: «Venga, súbelo». El flexeo es el primo moderno del «que se enteren», solo que con mejor iluminación y música de fondo.Así que ahora te devuelvo la pelota, Julio. Sé sincero. En vuestra época no existía Instagram, pero seguro que también había formas de flexear. ¿Cuál era el equivalente boomer? ¿Aparcar un coche nuevo en la puerta del bar? ¿Enseñar el radiocasete del coche a todo el barrio? ¿O dejar las llaves encima de la mesa para que alguien preguntara de qué coche eran?Espero tu respuesta con ilusión, como siempre. ¡Un abrazote de tu Zeta!CarmenQuerida Carmen:Antes de nada, hoy quiero confesar, como Isabel Pantoja –cita boomer, incluso de primera generación–, que estoy enamorado… de esta correspondencia, que me está abriendo un mundo nuevo y me hace pensar en algunas ocasiones que hablamos idiomas distintos, de manera que es todo un milagro que nos entendamos.Hoy, Carmen, me lo has puesto fácil. Por tu descriptiva explicación de la palabra ‘flexeo’ o ‘flexear’, deduzco que los boomer teníamos un término similar: ‘fardar’. Creo que básicamente significa lo mismo. La RAE la define como «presumir, jactarse, alardear» o también como «servir para alardear, por lo vistoso o aparente». Las dos son de uso coloquial, porque el significado verdadero de ‘fardar’, una palabra con más de tres siglos de antigüedad, es «surtir y abastecer a alguien, especialmente de ropa y vestidos»; de ahí pasó a significar «vestir bien o lucir» y posteriormente derivó como sinónimo de ‘presumir’.Te he de reconocer que a mí no me ha gustado nunca la palabra ‘fardar’, sobre todo porque en nuestro idioma hay sinónimos tan sonoros y hermosos (así lo creo yo) como jactarse o alardear. Fardar siempre me ha parecido a mí un término bastante vulgar, pero lo he usado, lo uso y lo usaré, por supuesto. La degradación del lenguaje y su abaratamiento no es algo de ahora, los ‘boomer’ hemos tenido mucha responsabilidad en ello . ¿Tú te imaginas a alguien diciendo de su vecino: «ese está jactándose de coche»?He echado de menos en tu explicación de ‘flexeo’ que me contaras el origen de esta palabra. ¿Tiene que ver con los flexos que se pueden orientar para iluminar algo en concreto? De ser así, tendría cierto sentido, pero si puedes en tu próximo texto sorpréndeme… Me preguntas si en mi época -esta también es mi época, sigo en el mundo de los vivos, pero entiendo a lo que te refieres- pre-instagram también ‘flexeábamos’. Naturalmente, querida Carmen; presumir -con o sin razón- y aparentar -con o sin razón- es propio de la condición humana. Y los boomer también somos víctimas del postureo amplificado que son las redes. Lo que ocurre es que ‘en nuestra época’ lo hacíamos a pequeña escala, para un público más reducido (y a menudo sin público, lo que no tiene ningún sentido, ahora que lo pienso). Y ya que me pides ejemplos, te daré uno muy concreto: durante un viaje que hice hace casi cuarenta años a Miami (en el Concorde, por cierto), me llevaron un día en una lujosa limusina, y yo me fotografié tanto en su interior como en su exterior (con la mujer uniformada) que lo conducía. No sé por qué lo hice, porque esa foto la deben de haber visto como mucho cinco o seis personas, que saben todas que no conduzco ni tengo dinero para permitirme viajar en limusina (era un viaje de trabajo). ¿Qué te parece este ‘flexeo’ dentro de otro ‘flexeo’?Recibe un abrazo cariñoso de tu ‘boomer’Julio
He de confesar que intento buscar las mejores palabras de mi generación para poder sorprenderte, y aunque mi intento de que adaptes tu vocabulario al mío siempre se queda en vano, me he dado cuenta de que estoy en una constante intención de ‘Flexeo’, en … este caso, de vocabulario.
Porque sí, Julio: flexear no es otra cosa que presumir. Pero claro, presumir ya no sirve porque suena a señor que enseña con orgullo la barbacoa nueva a los vecinos. El flexeo tiene otro matiz, otro color incluso. No consiste en enseñar algo que tienes, es construir una puesta en escena para que los demás entiendan que tú tienes eso; es una exhibición cuidadosamente coreografiada. Postureo, vaya.
Un flexeo puede ser subir una foto desde la sala VIP de un aeropuerto sin mencionar que el vuelo salió con cuatro horas de retraso. También enseñar el café de especialidad con un libro de Dostoyevski abierto por la misma página desde hace tres semanas. O publicar un vídeo diciendo «no suelo enseñar estas cosas», justo antes de enseñar exactamente esas cosas.
Una de las normas del flexeo es fingir que no estás flexeando. Nunca puede parecer intencionado; si se nota demasiado, pierde prestigio. Hay que envolverlo en una falsa naturalidad. Todo lo mencionado anteriormente está envuelto en el lazo de «Se me había olvidado subir estas fotos» y «Un café antes del trabajo». Todo debe transmitir la sensación de que esa vida extraordinaria es, en realidad, tu martes cualquiera. Cuanto más casual parezca, más exitoso el flexeo.
El flexeo, además, ha democratizado el lujo. Antes había que tener un yate para presumir, ahora basta con encontrar un restaurante donde sirvan mantequilla en forma de vela o conseguir entradas para el concierto del momento antes de que se agoten. Incluso madrugar un domingo para hacer ocho kilómetros de cola por un matcha puede convertirse en un flexeo si la historia de Instagram está bien editada.
Y aquí llega la parte interesante. Porque como sucedió con ‘Charca’, todos criticamos el flexeo… hasta que nos toca. En cuanto hacemos una foto bonita de las vacaciones, enseñamos qué película vemos o le hacemos una foto a esa tarta de queso que nos comemos de postre, una vocecita interior nos susurra: «Venga, súbelo». El flexeo es el primo moderno del «que se enteren», solo que con mejor iluminación y música de fondo.
Así que ahora te devuelvo la pelota, Julio. Sé sincero. En vuestra época no existía Instagram, pero seguro que también había formas de flexear. ¿Cuál era el equivalente boomer? ¿Aparcar un coche nuevo en la puerta del bar? ¿Enseñar el radiocasete del coche a todo el barrio? ¿O dejar las llaves encima de la mesa para que alguien preguntara de qué coche eran?
Espero tu respuesta con ilusión, como siempre. ¡Un abrazote de tu Zeta!
Carmen
Querida Carmen:
Antes de nada, hoy quiero confesar, como Isabel Pantoja –cita boomer, incluso de primera generación–, que estoy enamorado… de esta correspondencia, que me está abriendo un mundo nuevo y me hace pensar en algunas ocasiones que hablamos idiomas distintos, de manera que es todo un milagro que nos entendamos.
Hoy, Carmen, me lo has puesto fácil. Por tu descriptiva explicación de la palabra ‘flexeo’ o ‘flexear’, deduzco que los boomer teníamos un término similar: ‘fardar’. Creo que básicamente significa lo mismo. La RAE la define como «presumir, jactarse, alardear» o también como «servir para alardear, por lo vistoso o aparente». Las dos son de uso coloquial, porque el significado verdadero de ‘fardar’, una palabra con más de tres siglos de antigüedad, es «surtir y abastecer a alguien, especialmente de ropa y vestidos»; de ahí pasó a significar «vestir bien o lucir» y posteriormente derivó como sinónimo de ‘presumir’.
Te he de reconocer que a mí no me ha gustado nunca la palabra ‘fardar’, sobre todo porque en nuestro idioma hay sinónimos tan sonoros y hermosos (así lo creo yo) como jactarse o alardear. Fardar siempre me ha parecido a mí un término bastante vulgar, pero lo he usado, lo uso y lo usaré, por supuesto. La degradación del lenguaje y su abaratamiento no es algo de ahora, los ‘boomer’ hemos tenido mucha responsabilidad en ello. ¿Tú te imaginas a alguien diciendo de su vecino: «ese está jactándose de coche»?
He echado de menos en tu explicación de ‘flexeo’ que me contaras el origen de esta palabra. ¿Tiene que ver con los flexos que se pueden orientar para iluminar algo en concreto? De ser así, tendría cierto sentido, pero si puedes en tu próximo texto sorpréndeme… Me preguntas si en mi época -esta también es mi época, sigo en el mundo de los vivos, pero entiendo a lo que te refieres- pre-instagram también ‘flexeábamos’. Naturalmente, querida Carmen; presumir -con o sin razón- y aparentar -con o sin razón- es propio de la condición humana. Y los boomer también somos víctimas del postureo amplificado que son las redes.
Lo que ocurre es que ‘en nuestra época’ lo hacíamos a pequeña escala, para un público más reducido (y a menudo sin público, lo que no tiene ningún sentido, ahora que lo pienso). Y ya que me pides ejemplos, te daré uno muy concreto: durante un viaje que hice hace casi cuarenta años a Miami (en el Concorde, por cierto), me llevaron un día en una lujosa limusina, y yo me fotografié tanto en su interior como en su exterior (con la mujer uniformada) que lo conducía. No sé por qué lo hice, porque esa foto la deben de haber visto como mucho cinco o seis personas, que saben todas que no conduzco ni tengo dinero para permitirme viajar en limusina (era un viaje de trabajo). ¿Qué te parece este ‘flexeo’ dentro de otro ‘flexeo’?
Recibe un abrazo cariñoso de tu ‘boomer’
Julio
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