Leía la afición el orden de lidia de los toros y se le iluminaba la mirada como si recitasen el Gordo de la Lotería, pero con letras: de Frenoso a Curioso, de Ebanista a Jaceno…. Nombres que ya en la pila bautismal, por su reata, invitaban a soñar. Pero hasta una figura ganadera como don Victoriano del Río echa alguna vez un borrón. Inservible como la telaraña de un rincón la corrida, mansa, rajada, sin fondo, sin casta, sin bravura en definitiva…Hasta que salió el quinto, fiel al refrán de que no lo hay malo. Se llamaba Cantaor el de las embestidas de triunfo. No fue un ejemplar extraordinario, pero sí de buena condición y con un notable fondo para que Emilio de Justo se sintiera en una faena de puerta grande, con unidad de terrenos: en el tercio se desarrolló, entre los burladeros de empresa y de prensa. Locos estaban los tendidos por ver algo tras el petardo absoluto de los cuatro capítulos anteriores. Asentía desde el callejón Carlos de Jacoba, el guitarrista al que había dedicado el segundo. Para el de Motril, como para toda la plaza, fue el brindis de Cantaor, de humilladora intención, aunque alzaba la cara si tocaba las telas. Sin grandes estrecheces en los inicios, el cacereño trató de alargar el viaje, con tres cuartos de recorrido, pero con la durabilidad suficiente para que el cacereño fuera afianzando una laureada obra, en la que se gustó, puro sentimiento en el dibujo de varios naturales con enjundia y categoría. Y sin espada, en esa versión diestra en la que se recrea, elevó un intenso epílogo. Atrás quedaba un hondo pase de pecho hasta la hombrera contraria. La estocada desató con ímpetu los pañuelos que solicitaban los dos trofeos. Concedidas fueron, que hasta el palco andaba raro con eso de que no asomase ni un triste moquero orejero. Natural de Roca Rey al sexto TauroemociónMáxima entrega de Roca Rey en el Curioso sexto, como el de Beneficencia. Oxigenándolo con listeza, resplandecieron unos suaves naturales, pero soseó tanto el noblón animal que tuvo que recurrir a las cercanías. Más cerca todavía, con pases en todas las direcciones. Media estocada bastó. Abrió plaza un Frenoso, como el de Valencia, como el de vacas de Madrid, como el bautismo de los elegidos. Largo su cuello, pero corta la esperanza por su comportamiento en los inicios. Con un pitón empujó en varas mientras le tapaban la salida. Se frenaba y dudaba a la hora de acudir a las telas y dudaba Alejandro Talavante. Y así lo mató: sin convicción. Emilio de Justo, que se lentificó en las chicuelinas a aquel Frenoso, buscó el lucimiento en su primero. Más ganas de jubilarse que algún funcionario tenía el tal Jubilado, que brindó al mencionado músico. Poca flamencura pudo tener su labor: sin apretarlo mucho lo condujo sobre la derecha; en cuanto cambió de rumbo, el de Victoriano, que no tenía mal aire, se piró a tablas entre la decepción. Con dos pares en lo alto devolvieron al flojito tercero. A punto estuvo de arrollar a Roca Rey el sobrero, que se vino recto, con peores maneras que el titular. Aun así, no perdió su turno de quites Talavante, con suavidad, y se desmonteró Viruta. Cuando la figura peruana se dirigía a los medios para el brindis, Ebanista se estrelló contra el burladero y se escobilló un pitón. Total, para lo que le iba a servir: ¡si no quería embestir! Un dos en uno el prólogo de Roca, por estatuarios y espaldinas. Y otro más, con firmeza de plantas. Hubo rotundidad en las dos series diestras, pero nada más coger la zocata se desentendió, cantando la gallina. Otro animal sin fondo ni casta. Y ya iban tres. Qué chasco.Feria de Málaga Coso de la Malagueta Miércoles, 19 de agosto de 2026. Lleno. Toros de Victoriano del Río (incluido el 3º bis), correctos de presencia y muy deslucidos, mansos y rajados; destacó el buen 5º. Alejandro Talavante, de lila y oro: dos pinchazos y estocada caída (silencio); pinchazo y estocada (pitos). Emilio de Justo, de noche y oro: media (leve petición y saludos); estocada trasera (dos orejas). Sale a hombros. Roca Rey, de pizarra y oro: pinchazo y estocada (petición y saludos); media (ovación de despedida).Ojo, que faltaba otro, un cuarto en el que un apático Talavante dejó la lidia en manos de Javier Ambel. Y ya ahí cacareó su mansurrona y geniuda condición. Le quitó dos veces las moscas, huyó Jaceno hasta de su sombra, y aquí paz y después gloria. La de Emilio de Justo y Cantaor, que pusieron luz a la espesa tarde, en la que la gente se acordó de los del Parralejo mientras una voz daba la nota, sin ton sin son, con un fandango a destiempo. Leía la afición el orden de lidia de los toros y se le iluminaba la mirada como si recitasen el Gordo de la Lotería, pero con letras: de Frenoso a Curioso, de Ebanista a Jaceno…. Nombres que ya en la pila bautismal, por su reata, invitaban a soñar. Pero hasta una figura ganadera como don Victoriano del Río echa alguna vez un borrón. Inservible como la telaraña de un rincón la corrida, mansa, rajada, sin fondo, sin casta, sin bravura en definitiva…Hasta que salió el quinto, fiel al refrán de que no lo hay malo. Se llamaba Cantaor el de las embestidas de triunfo. No fue un ejemplar extraordinario, pero sí de buena condición y con un notable fondo para que Emilio de Justo se sintiera en una faena de puerta grande, con unidad de terrenos: en el tercio se desarrolló, entre los burladeros de empresa y de prensa. Locos estaban los tendidos por ver algo tras el petardo absoluto de los cuatro capítulos anteriores. Asentía desde el callejón Carlos de Jacoba, el guitarrista al que había dedicado el segundo. Para el de Motril, como para toda la plaza, fue el brindis de Cantaor, de humilladora intención, aunque alzaba la cara si tocaba las telas. Sin grandes estrecheces en los inicios, el cacereño trató de alargar el viaje, con tres cuartos de recorrido, pero con la durabilidad suficiente para que el cacereño fuera afianzando una laureada obra, en la que se gustó, puro sentimiento en el dibujo de varios naturales con enjundia y categoría. Y sin espada, en esa versión diestra en la que se recrea, elevó un intenso epílogo. Atrás quedaba un hondo pase de pecho hasta la hombrera contraria. La estocada desató con ímpetu los pañuelos que solicitaban los dos trofeos. Concedidas fueron, que hasta el palco andaba raro con eso de que no asomase ni un triste moquero orejero. Natural de Roca Rey al sexto TauroemociónMáxima entrega de Roca Rey en el Curioso sexto, como el de Beneficencia. Oxigenándolo con listeza, resplandecieron unos suaves naturales, pero soseó tanto el noblón animal que tuvo que recurrir a las cercanías. Más cerca todavía, con pases en todas las direcciones. Media estocada bastó. Abrió plaza un Frenoso, como el de Valencia, como el de vacas de Madrid, como el bautismo de los elegidos. Largo su cuello, pero corta la esperanza por su comportamiento en los inicios. Con un pitón empujó en varas mientras le tapaban la salida. Se frenaba y dudaba a la hora de acudir a las telas y dudaba Alejandro Talavante. Y así lo mató: sin convicción. Emilio de Justo, que se lentificó en las chicuelinas a aquel Frenoso, buscó el lucimiento en su primero. Más ganas de jubilarse que algún funcionario tenía el tal Jubilado, que brindó al mencionado músico. Poca flamencura pudo tener su labor: sin apretarlo mucho lo condujo sobre la derecha; en cuanto cambió de rumbo, el de Victoriano, que no tenía mal aire, se piró a tablas entre la decepción. Con dos pares en lo alto devolvieron al flojito tercero. A punto estuvo de arrollar a Roca Rey el sobrero, que se vino recto, con peores maneras que el titular. Aun así, no perdió su turno de quites Talavante, con suavidad, y se desmonteró Viruta. Cuando la figura peruana se dirigía a los medios para el brindis, Ebanista se estrelló contra el burladero y se escobilló un pitón. Total, para lo que le iba a servir: ¡si no quería embestir! Un dos en uno el prólogo de Roca, por estatuarios y espaldinas. Y otro más, con firmeza de plantas. Hubo rotundidad en las dos series diestras, pero nada más coger la zocata se desentendió, cantando la gallina. Otro animal sin fondo ni casta. Y ya iban tres. Qué chasco.Feria de Málaga Coso de la Malagueta Miércoles, 19 de agosto de 2026. Lleno. Toros de Victoriano del Río (incluido el 3º bis), correctos de presencia y muy deslucidos, mansos y rajados; destacó el buen 5º. Alejandro Talavante, de lila y oro: dos pinchazos y estocada caída (silencio); pinchazo y estocada (pitos). Emilio de Justo, de noche y oro: media (leve petición y saludos); estocada trasera (dos orejas). Sale a hombros. Roca Rey, de pizarra y oro: pinchazo y estocada (petición y saludos); media (ovación de despedida).Ojo, que faltaba otro, un cuarto en el que un apático Talavante dejó la lidia en manos de Javier Ambel. Y ya ahí cacareó su mansurrona y geniuda condición. Le quitó dos veces las moscas, huyó Jaceno hasta de su sombra, y aquí paz y después gloria. La de Emilio de Justo y Cantaor, que pusieron luz a la espesa tarde, en la que la gente se acordó de los del Parralejo mientras una voz daba la nota, sin ton sin son, con un fandango a destiempo.
Leía la afición el orden de lidia de los toros y se le iluminaba la mirada como si recitasen el Gordo de la Lotería, pero con letras: de Frenoso a Curioso, de Ebanista a Jaceno…. Nombres que ya en la pila bautismal, por su reata, … invitaban a soñar. Pero hasta una figura ganadera como don Victoriano del Río echa alguna vez un borrón. Inservible como la telaraña de un rincón la corrida, mansa, rajada, sin fondo, sin casta, sin bravura en definitiva…
Hasta que salió el quinto, fiel al refrán de que no lo hay malo. Se llamaba Cantaor el de las embestidas de triunfo. No fue un ejemplar extraordinario, pero sí de buena condición y con un notable fondo para que Emilio de Justo se sintiera en una faena de puerta grande, con unidad de terrenos: en el tercio se desarrolló, entre los burladeros de empresa y de prensa. Locos estaban los tendidos por ver algo tras el petardo absoluto de los cuatro capítulos anteriores. Asentía desde el callejón Carlos de Jacoba, el guitarrista al que había dedicado el segundo. Para el de Motril, como para toda la plaza, fue el brindis de Cantaor, de humilladora intención, aunque alzaba la cara si tocaba las telas. Sin grandes estrecheces en los inicios, el cacereño trató de alargar el viaje, con tres cuartos de recorrido, pero con la durabilidad suficiente para que el cacereño fuera afianzando una laureada obra, en la que se gustó, puro sentimiento en el dibujo de varios naturales con enjundia y categoría. Y sin espada, en esa versión diestra en la que se recrea, elevó un intenso epílogo. Atrás quedaba un hondo pase de pecho hasta la hombrera contraria. La estocada desató con ímpetu los pañuelos que solicitaban los dos trofeos. Concedidas fueron, que hasta el palco andaba raro con eso de que no asomase ni un triste moquero orejero.

(Tauroemoción)
Máxima entrega de Roca Rey en el Curioso sexto, como el de Beneficencia. Oxigenándolo con listeza, resplandecieron unos suaves naturales, pero soseó tanto el noblón animal que tuvo que recurrir a las cercanías. Más cerca todavía, con pases en todas las direcciones. Media estocada bastó.
Abrió plaza un Frenoso, como el de Valencia, como el de vacas de Madrid, como el bautismo de los elegidos. Largo su cuello, pero corta la esperanza por su comportamiento en los inicios. Con un pitón empujó en varas mientras le tapaban la salida. Se frenaba y dudaba a la hora de acudir a las telas y dudaba Alejandro Talavante. Y así lo mató: sin convicción.
Emilio de Justo, que se lentificó en las chicuelinas a aquel Frenoso, buscó el lucimiento en su primero. Más ganas de jubilarse que algún funcionario tenía el tal Jubilado, que brindó al mencionado músico. Poca flamencura pudo tener su labor: sin apretarlo mucho lo condujo sobre la derecha; en cuanto cambió de rumbo, el de Victoriano, que no tenía mal aire, se piró a tablas entre la decepción.
Con dos pares en lo alto devolvieron al flojito tercero. A punto estuvo de arrollar a Roca Rey el sobrero, que se vino recto, con peores maneras que el titular. Aun así, no perdió su turno de quites Talavante, con suavidad, y se desmonteró Viruta. Cuando la figura peruana se dirigía a los medios para el brindis, Ebanista se estrelló contra el burladero y se escobilló un pitón. Total, para lo que le iba a servir: ¡si no quería embestir! Un dos en uno el prólogo de Roca, por estatuarios y espaldinas. Y otro más, con firmeza de plantas. Hubo rotundidad en las dos series diestras, pero nada más coger la zocata se desentendió, cantando la gallina. Otro animal sin fondo ni casta. Y ya iban tres. Qué chasco.
Feria de Málaga
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Coso de la Malagueta
Miércoles, 19 de agosto de 2026. Lleno. Toros de Victoriano del Río (incluido el 3º bis), correctos de presencia y muy deslucidos, mansos y rajados; destacó el buen 5º.
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Alejandro Talavante,
de lila y oro: dos pinchazos y estocada caída (silencio); pinchazo y estocada (pitos). -
Emilio de Justo,
de noche y oro: media (leve petición y saludos); estocada trasera (dos orejas). Sale a hombros. -
Roca Rey,
de pizarra y oro: pinchazo y estocada (petición y saludos); media (ovación de despedida).
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Ojo, que faltaba otro, un cuarto en el que un apático Talavante dejó la lidia en manos de Javier Ambel. Y ya ahí cacareó su mansurrona y geniuda condición. Le quitó dos veces las moscas, huyó Jaceno hasta de su sombra, y aquí paz y después gloria. La de Emilio de Justo y Cantaor, que pusieron luz a la espesa tarde, en la que la gente se acordó de los del Parralejo mientras una voz daba la nota, sin ton sin son, con un fandango a destiempo.
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