Chema Alonso fundó su primera compañía a los veintiséis años. Creció en el Móstoles de los años ochenta, cuando sólo existían dos canales de televisión. Curtido por el ejemplo de sus padres, comenzó a trabajar desde muy joven. Con apenas 15 fue becario en una empresa informática y también impartía clases. Entonces ya era un lector avezado de cómics y de Julio Verne. Hoy es una eminencia en temas de ciberseguridad y un nombre clave en los grandes proyectos tecnológicos globales.Fue el primer universitario de su familia. Sacó el grado técnico en informática, luego la carrera de Ingeniero en esa materia por la Universidad Rey Juan Carlos, así como la de Ingeniero Técnico Informático de Sistemas por la Universidad Politécnica de Madrid. Es doctor, imparte conferencias vestido de superhéroe y se pasea con un gorro de tela por los despachos más importantes. Ha sido responsable tecnológico de las mayores empresas, desde Telefónica hasta Cloudfare, una gran red global de la que hoy es alto directivo.Lo singular de este experto en datos no es su inteligencia ni su capacidad para contar de forma sencilla los asuntos más complejos. El verdadero atributo de este ingeniero que parece salido de la Seattle de los años noventa -viste siempre zapatillas, playeras y vaqueros- es su humildad, en todos los sentidos. Para saber descifrar hay que aprender a leer, ya sean números o capítulos de una novela, de ahí la afición de Chema Alonso a la literatura de Mary Shelley, Aldous Huxley o Isaac Asimov, así como su interés no sólo por los últimos avances en robótica, sino también, y sobre todo, por las personas. —¿De qué hablamos cuando hablamos de remontada?—En el caso de la tecnología, la mayor remontada es innovar, aprender y desaprender. Es una decisión dura porque sabes que tienes que desaprender todo lo que habías aprendido para aprender algo nuevo. Hoy lo estamos viviendo con los programadores tras la llegada de la inteligencia artificial. Era una profesión muy demandada, con altos salarios, con mucho crecimiento y, de repente, muchas empresas están empezando a prescindir de ellos. Eso exige desmontar una carrera profesional y construirla de nuevo. —¿Cómo convences a alguien de que es necesario aprender algo que no conoce?—Yo he construido toda mi carrera sobre algo que no existía. Cuando nosotros empezamos en ciberseguridad, la profesión se estaba construyendo. En el año 1999, que es el siglo pasado. A lo largo del tiempo, la profesión fue cogiendo madurez y relevancia. Con la llegada de la inteligencia artificial ha surgido una nueva etapa de disrupción. Para nosotros, los que vivimos en el mundo de la tecnología, aceptar que tenemos que aprender lo que no sabemos y que tenemos que desaprender lo que ya sabemos es algo parte de nuestro trabajo.—Comenzó muy joven y trabaja con equipos jóvenes. ¿Por qué?—Empecé con los ordenadores a los 12 años, no tenía nada que desaprender. Todo estaba por hacerse. Cuando vemos a los chavales que están empezando en el mundo de la inteligencia artificial, para ellos es normal. No tienen que desaprender los sistemas de desarrollo de tecnología que usábamos antes. Es fundamental tener gente que no viene con las barreras, con los techos de cristal que te vas poniendo tú mismo cuando sabes algo. Es fundamental tener gente con sangre fresca. —¿Cuál será la siguiente remontada tecnológica que debamos emprender de aquí a cinco años?—Tengo el sesgo de ser un lector de ciencia ficción. Creo que dentro de aquí a cinco años llegaremos a ver los robots sociales que leíamos en las novelas de Asimov en los años 50. Hablo de robots con el cerebro positrónico, que nada tiene que ver con la inteligencia artificial. Será algo de gran impacto. Espero que podamos verlo en cinco años.—Ha liderado varias innovaciones tecnológicas. ¿Cuál ha sido la más difícil de asumir? ¿Cuál le ha dado mayores satisfacciones?—En el mundo de la ciberseguridad, el hacking y la ciberinteligencia se han dado todos esos factores. Por un lado, es emocionante entender cómo una persona remotamente a 5.000 kilómetros es capaz de saltarse las protecciones de un sistema. Al comienzo, cuando estudiaba las técnicas de hacking y las ponía en práctica era como magia. En mis primeras conferencias, cuando yo hacía las demostraciones, la gente pensaba «¿cómo la has hecho?». Esa parte del hacking ha sido superbonita. Luego, cuando hemos visto que eso se ha utilizado para para dañar a personas, cometer extorsiones, o fraude, pues ha sido bastante triste. —Los softwares no se van de vacaciones. ¿Y usted?—Yo tampoco me desconecto. Para los que amamos la tecnología y trabajamos en esto, el verano es un momento donde se disfruta aún más. Ese tiempo que normalmente dedicas a reuniones lo dedicas a aprender, a leerte aquel ‘paper’ que no te habías leído, a hacer esas pruebas que no habías podido hacer.—¿Dónde trabaja mejor: en grandes estructuras o fuera de ellas?—Yo empecé en Informática 64, una empresa pequeñita. Luego, en Telefónica, y ahora en Cloudflare, una multinacional. Cuando trabajas en equipos con personas, lo que tiene que ser importante es cómo hacer que esas personas tengan un entorno de trabajo feliz que les permita brillar y alcanzar los objetivos. Yo creo que eso no cambia mucho, en ninguna empresa, ni en la pequeña, ni en la grande.—Si tuviera que empezar de cero, ¿qué conocimientos priorizaría?—Hay muchas cosas que he aprendido a lo largo de mi vida que ya no sirven para nada. Me refiero a la tecnología. Sin embargo, creo que el periodo de educación te da otro tipo de cosas que tienes que crear dentro de ti. Tengo dos hijas, una de ellas está entrando en la universidad. El otro día ella me preguntó: ¿para qué me sirve francés? Para que te demuestres a ti que tienes un reto y lo tienes que superar. La resolución de problemas, la gestión de las emociones, la gestión de la frustración, la rabia…—Lo más humano, sin duda.— Yo creo que eso lo trabajamos poco en la vida y en el mundo profesional es muy relevante. Controlar tus emociones para sacar lo máximo de ti y sacar lo máximo del ambiente. Luego, trabajar en equipo, el valorar a las personas, dejarlas hablar, escucharlas y entender lo que te quieren decir más allá de las palabras. Nada de eso tiene que ver con aprendizajes tecnológicos. Y, sin embargo, creo que es lo más valioso para tener una vida exitosa.—¿Hay algún fracaso que agradece haber vivido?—Cuando me echaron de mi trabajo como profesor de Word. Lo hice fatal.—¿Profesor de Word? ¿Cómo es eso?—Estaba empezando. Sabía muchísimo de tecnología y cuando iba a las clases, iba a demostrar lo listo que era, no iba preocupado de que ellos aprendieran. Los alumnos se quejaron y me echaron. Entonces descubrí que la labor de un comunicador no es demostrar cuán listo eres, sino que los demás aprendan. Eso me vino muy bien.—¿Toda remontada empieza cuando…?—Las remontadas comienzan mucho antes, cuando uno se prepara para los momentos duros. Chema Alonso fundó su primera compañía a los veintiséis años. Creció en el Móstoles de los años ochenta, cuando sólo existían dos canales de televisión. Curtido por el ejemplo de sus padres, comenzó a trabajar desde muy joven. Con apenas 15 fue becario en una empresa informática y también impartía clases. Entonces ya era un lector avezado de cómics y de Julio Verne. Hoy es una eminencia en temas de ciberseguridad y un nombre clave en los grandes proyectos tecnológicos globales.Fue el primer universitario de su familia. Sacó el grado técnico en informática, luego la carrera de Ingeniero en esa materia por la Universidad Rey Juan Carlos, así como la de Ingeniero Técnico Informático de Sistemas por la Universidad Politécnica de Madrid. Es doctor, imparte conferencias vestido de superhéroe y se pasea con un gorro de tela por los despachos más importantes. Ha sido responsable tecnológico de las mayores empresas, desde Telefónica hasta Cloudfare, una gran red global de la que hoy es alto directivo.Lo singular de este experto en datos no es su inteligencia ni su capacidad para contar de forma sencilla los asuntos más complejos. El verdadero atributo de este ingeniero que parece salido de la Seattle de los años noventa -viste siempre zapatillas, playeras y vaqueros- es su humildad, en todos los sentidos. Para saber descifrar hay que aprender a leer, ya sean números o capítulos de una novela, de ahí la afición de Chema Alonso a la literatura de Mary Shelley, Aldous Huxley o Isaac Asimov, así como su interés no sólo por los últimos avances en robótica, sino también, y sobre todo, por las personas. —¿De qué hablamos cuando hablamos de remontada?—En el caso de la tecnología, la mayor remontada es innovar, aprender y desaprender. Es una decisión dura porque sabes que tienes que desaprender todo lo que habías aprendido para aprender algo nuevo. Hoy lo estamos viviendo con los programadores tras la llegada de la inteligencia artificial. Era una profesión muy demandada, con altos salarios, con mucho crecimiento y, de repente, muchas empresas están empezando a prescindir de ellos. Eso exige desmontar una carrera profesional y construirla de nuevo. —¿Cómo convences a alguien de que es necesario aprender algo que no conoce?—Yo he construido toda mi carrera sobre algo que no existía. Cuando nosotros empezamos en ciberseguridad, la profesión se estaba construyendo. En el año 1999, que es el siglo pasado. A lo largo del tiempo, la profesión fue cogiendo madurez y relevancia. Con la llegada de la inteligencia artificial ha surgido una nueva etapa de disrupción. Para nosotros, los que vivimos en el mundo de la tecnología, aceptar que tenemos que aprender lo que no sabemos y que tenemos que desaprender lo que ya sabemos es algo parte de nuestro trabajo.—Comenzó muy joven y trabaja con equipos jóvenes. ¿Por qué?—Empecé con los ordenadores a los 12 años, no tenía nada que desaprender. Todo estaba por hacerse. Cuando vemos a los chavales que están empezando en el mundo de la inteligencia artificial, para ellos es normal. No tienen que desaprender los sistemas de desarrollo de tecnología que usábamos antes. Es fundamental tener gente que no viene con las barreras, con los techos de cristal que te vas poniendo tú mismo cuando sabes algo. Es fundamental tener gente con sangre fresca. —¿Cuál será la siguiente remontada tecnológica que debamos emprender de aquí a cinco años?—Tengo el sesgo de ser un lector de ciencia ficción. Creo que dentro de aquí a cinco años llegaremos a ver los robots sociales que leíamos en las novelas de Asimov en los años 50. Hablo de robots con el cerebro positrónico, que nada tiene que ver con la inteligencia artificial. Será algo de gran impacto. Espero que podamos verlo en cinco años.—Ha liderado varias innovaciones tecnológicas. ¿Cuál ha sido la más difícil de asumir? ¿Cuál le ha dado mayores satisfacciones?—En el mundo de la ciberseguridad, el hacking y la ciberinteligencia se han dado todos esos factores. Por un lado, es emocionante entender cómo una persona remotamente a 5.000 kilómetros es capaz de saltarse las protecciones de un sistema. Al comienzo, cuando estudiaba las técnicas de hacking y las ponía en práctica era como magia. En mis primeras conferencias, cuando yo hacía las demostraciones, la gente pensaba «¿cómo la has hecho?». Esa parte del hacking ha sido superbonita. Luego, cuando hemos visto que eso se ha utilizado para para dañar a personas, cometer extorsiones, o fraude, pues ha sido bastante triste. —Los softwares no se van de vacaciones. ¿Y usted?—Yo tampoco me desconecto. Para los que amamos la tecnología y trabajamos en esto, el verano es un momento donde se disfruta aún más. Ese tiempo que normalmente dedicas a reuniones lo dedicas a aprender, a leerte aquel ‘paper’ que no te habías leído, a hacer esas pruebas que no habías podido hacer.—¿Dónde trabaja mejor: en grandes estructuras o fuera de ellas?—Yo empecé en Informática 64, una empresa pequeñita. Luego, en Telefónica, y ahora en Cloudflare, una multinacional. Cuando trabajas en equipos con personas, lo que tiene que ser importante es cómo hacer que esas personas tengan un entorno de trabajo feliz que les permita brillar y alcanzar los objetivos. Yo creo que eso no cambia mucho, en ninguna empresa, ni en la pequeña, ni en la grande.—Si tuviera que empezar de cero, ¿qué conocimientos priorizaría?—Hay muchas cosas que he aprendido a lo largo de mi vida que ya no sirven para nada. Me refiero a la tecnología. Sin embargo, creo que el periodo de educación te da otro tipo de cosas que tienes que crear dentro de ti. Tengo dos hijas, una de ellas está entrando en la universidad. El otro día ella me preguntó: ¿para qué me sirve francés? Para que te demuestres a ti que tienes un reto y lo tienes que superar. La resolución de problemas, la gestión de las emociones, la gestión de la frustración, la rabia…—Lo más humano, sin duda.— Yo creo que eso lo trabajamos poco en la vida y en el mundo profesional es muy relevante. Controlar tus emociones para sacar lo máximo de ti y sacar lo máximo del ambiente. Luego, trabajar en equipo, el valorar a las personas, dejarlas hablar, escucharlas y entender lo que te quieren decir más allá de las palabras. Nada de eso tiene que ver con aprendizajes tecnológicos. Y, sin embargo, creo que es lo más valioso para tener una vida exitosa.—¿Hay algún fracaso que agradece haber vivido?—Cuando me echaron de mi trabajo como profesor de Word. Lo hice fatal.—¿Profesor de Word? ¿Cómo es eso?—Estaba empezando. Sabía muchísimo de tecnología y cuando iba a las clases, iba a demostrar lo listo que era, no iba preocupado de que ellos aprendieran. Los alumnos se quejaron y me echaron. Entonces descubrí que la labor de un comunicador no es demostrar cuán listo eres, sino que los demás aprendan. Eso me vino muy bien.—¿Toda remontada empieza cuando…?—Las remontadas comienzan mucho antes, cuando uno se prepara para los momentos duros.
Chema Alonso fundó su primera compañía a los veintiséis años. Creció en el Móstoles de los años ochenta, cuando sólo existían dos canales de televisión. Curtido por el ejemplo de sus padres, comenzó a trabajar desde muy joven. Con apenas 15 fue becario en una … empresa informática y también impartía clases. Entonces ya era un lector avezado de cómics y de Julio Verne. Hoy es una eminencia en temas de ciberseguridad y un nombre clave en los grandes proyectos tecnológicos globales.
Fue el primer universitario de su familia. Sacó el grado técnico en informática, luego la carrera de Ingeniero en esa materia por la Universidad Rey Juan Carlos, así como la de Ingeniero Técnico Informático de Sistemas por la Universidad Politécnica de Madrid. Es doctor, imparte conferencias vestido de superhéroe y se pasea con un gorro de tela por los despachos más importantes. Ha sido responsable tecnológico de las mayores empresas, desde Telefónica hasta Cloudfare, una gran red global de la que hoy es alto directivo.
Lo singular de este experto en datos no es su inteligencia ni su capacidad para contar de forma sencilla los asuntos más complejos. El verdadero atributo de este ingeniero que parece salido de la Seattle de los años noventa -viste siempre zapatillas, playeras y vaqueros- es su humildad, en todos los sentidos. Para saber descifrar hay que aprender a leer, ya sean números o capítulos de una novela, de ahí la afición de Chema Alonso a la literatura de Mary Shelley, Aldous Huxley o Isaac Asimov, así como su interés no sólo por los últimos avances en robótica, sino también, y sobre todo, por las personas.
—¿De qué hablamos cuando hablamos de remontada?
—En el caso de la tecnología, la mayor remontada es innovar, aprender y desaprender. Es una decisión dura porque sabes que tienes que desaprender todo lo que habías aprendido para aprender algo nuevo. Hoy lo estamos viviendo con los programadores tras la llegada de la inteligencia artificial. Era una profesión muy demandada, con altos salarios, con mucho crecimiento y, de repente, muchas empresas están empezando a prescindir de ellos. Eso exige desmontar una carrera profesional y construirla de nuevo.
—¿Cómo convences a alguien de que es necesario aprender algo que no conoce?
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—Yo he construido toda mi carrera sobre algo que no existía. Cuando nosotros empezamos en ciberseguridad, la profesión se estaba construyendo. En el año 1999, que es el siglo pasado. A lo largo del tiempo, la profesión fue cogiendo madurez y relevancia. Con la llegada de la inteligencia artificial ha surgido una nueva etapa de disrupción. Para nosotros, los que vivimos en el mundo de la tecnología, aceptar que tenemos que aprender lo que no sabemos y que tenemos que desaprender lo que ya sabemos es algo parte de nuestro trabajo.
—Comenzó muy joven y trabaja con equipos jóvenes. ¿Por qué?
—Empecé con los ordenadores a los 12 años, no tenía nada que desaprender. Todo estaba por hacerse. Cuando vemos a los chavales que están empezando en el mundo de la inteligencia artificial, para ellos es normal. No tienen que desaprender los sistemas de desarrollo de tecnología que usábamos antes. Es fundamental tener gente que no viene con las barreras, con los techos de cristal que te vas poniendo tú mismo cuando sabes algo. Es fundamental tener gente con sangre fresca.
—¿Cuál será la siguiente remontada tecnológica que debamos emprender de aquí a cinco años?
—Tengo el sesgo de ser un lector de ciencia ficción. Creo que dentro de aquí a cinco años llegaremos a ver los robots sociales que leíamos en las novelas de Asimov en los años 50. Hablo de robots con el cerebro positrónico, que nada tiene que ver con la inteligencia artificial. Será algo de gran impacto. Espero que podamos verlo en cinco años.
—Ha liderado varias innovaciones tecnológicas. ¿Cuál ha sido la más difícil de asumir? ¿Cuál le ha dado mayores satisfacciones?
—En el mundo de la ciberseguridad, el hacking y la ciberinteligencia se han dado todos esos factores. Por un lado, es emocionante entender cómo una persona remotamente a 5.000 kilómetros es capaz de saltarse las protecciones de un sistema. Al comienzo, cuando estudiaba las técnicas de hacking y las ponía en práctica era como magia. En mis primeras conferencias, cuando yo hacía las demostraciones, la gente pensaba «¿cómo la has hecho?». Esa parte del hacking ha sido superbonita. Luego, cuando hemos visto que eso se ha utilizado para para dañar a personas, cometer extorsiones, o fraude, pues ha sido bastante triste.
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—¿Dónde trabaja mejor: en grandes estructuras o fuera de ellas?
—Yo empecé en Informática 64, una empresa pequeñita. Luego, en Telefónica, y ahora en Cloudflare, una multinacional. Cuando trabajas en equipos con personas, lo que tiene que ser importante es cómo hacer que esas personas tengan un entorno de trabajo feliz que les permita brillar y alcanzar los objetivos. Yo creo que eso no cambia mucho, en ninguna empresa, ni en la pequeña, ni en la grande.
—Si tuviera que empezar de cero, ¿qué conocimientos priorizaría?
—Hay muchas cosas que he aprendido a lo largo de mi vida que ya no sirven para nada. Me refiero a la tecnología. Sin embargo, creo que el periodo de educación te da otro tipo de cosas que tienes que crear dentro de ti. Tengo dos hijas, una de ellas está entrando en la universidad. El otro día ella me preguntó: ¿para qué me sirve francés? Para que te demuestres a ti que tienes un reto y lo tienes que superar. La resolución de problemas, la gestión de las emociones, la gestión de la frustración, la rabia…
—Lo más humano, sin duda.
— Yo creo que eso lo trabajamos poco en la vida y en el mundo profesional es muy relevante. Controlar tus emociones para sacar lo máximo de ti y sacar lo máximo del ambiente. Luego, trabajar en equipo, el valorar a las personas, dejarlas hablar, escucharlas y entender lo que te quieren decir más allá de las palabras. Nada de eso tiene que ver con aprendizajes tecnológicos. Y, sin embargo, creo que es lo más valioso para tener una vida exitosa.
—¿Hay algún fracaso que agradece haber vivido?
—Cuando me echaron de mi trabajo como profesor de Word. Lo hice fatal.
—¿Profesor de Word? ¿Cómo es eso?
—Estaba empezando. Sabía muchísimo de tecnología y cuando iba a las clases, iba a demostrar lo listo que era, no iba preocupado de que ellos aprendieran. Los alumnos se quejaron y me echaron. Entonces descubrí que la labor de un comunicador no es demostrar cuán listo eres, sino que los demás aprendan. Eso me vino muy bien.
—¿Toda remontada empieza cuando…?
—Las remontadas comienzan mucho antes, cuando uno se prepara para los momentos duros.
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