Si al movimiento feminista hubiera que ponerle una cara, tendría una melena rubia partida por la mitad y unas gafas de aviador. Esa era la imagen inconfundible de Gloria Steinem , la figura más popular e influyente de la lucha por la liberación de las mujeres. La activista, autora y periodista falleció este miércoles en su apartamento de Manhattan, en Nueva York.Steinem ha muerto a los 92 años , después de más de medio siglo en el candelero y sin abandonar su activismo hasta el último minuto. Su compromiso fue audaz y frenético. Su presencia, ubicua. Excesiva para algunas figuras dentro y fuera de su movimiento, incómodas con que Steinem – guapa, elegante, magnética – personificara esa lucha.Steinem nació en Toledo (Ohio) y poco en su infancia apuntaba a que acabara convirtiéndose en una voz de peso en un movimiento -el de la liberación femenina- central en la segunda mitad del siglo XX en todo el mundo. Creció en una familia itinerante, con un padre soñador, que alternaba trabajos y que recorría EE.UU. vendiendo antigüedades. No iba al colegio, aprendió a leer mirando las señales en la carretera. Sus padres se separaron cuando tenía diez años y ella tuvo que ocuparse de su madre, atormentada por la depresión y crisis emocionales. Quizá el crecer encadenada a su madre fue el origen de la liberación que buscó después. Su primer acto de rebeldía fue dejar plantado al novio con el que se había comprometido a casarse. Se marchó a Inglaterra y, tras conocer que estaba embarazada, optó por el aborto . Steinem se hizo pasar por ‘conejita’ Playboy en el club de Hugh Hefner en Nueva York. ABCSu compromiso con el activismo, sin embargo, no llegó hasta entrada la treintena. Para entonces, se había consolidado como periodista en Nueva York. El primer reportaje con el que ganó notoriedad fue hacerse pasar por ‘conejita’ Playboy en el club de Hugh Hefner en Nueva York. El objetivo era exponer la degradación y el sexismo con el que convivían aquellas chicas. Siempre se arrepintió de aquello. «Fue un desastre en lo personal y en lo profesional. A corto plazo, hizo que me costara más conseguir encargos», aseguró en 2011 a la agencia Associated Press sobre un momento en el que se buscaba la vida como colaboradora. «A largo plazo se ha utilizado para ridiculizarme», añadió Steinem, que muchas veces era presentada como una «exconejita Playboy».Para 1969 ya tenía una carrera establecida en la revista ‘New York’, de la que fue una de las fundadores, con columnas políticas mensuales. Ese año cubrió un encuentro con mujeres que habían sido perseguidas penalmente por tener abortos. Ella nunca había hablado de su propio aborto. Fue el momento que cambió su vida. Se zambulló de lleno en el activismo . Poco después escribió su primer ensayo feminista, ‘Tras el ‘Black Power’, la liberación femenina’. Tras la década dominada por la lucha por los derechos civiles de la minoría negra, era el momento de la liberación y de la igualdad para las mujeres. Más allá del acceso al voto, conseguido por el feminismo de la primera ola (el de las sufragistas de principios del siglo XX), Steinem y sus compañeras exigían autonomía -sobre su dinero, sobre su cuerpo- e igualdad real, desde oportunidades laborales a compartir las tareas del hogar.Steinem fundó el Caucus Político Femenino Nacional, con activistas como Betty Friedan -con la que acabó enfrentada, en parte por los celos de esta última a su protagonismo-, Shirley Chisholm y Bella Abzug. Y poco después, como ella misma definió, se convirtió en una «emprendedora del cambio social»: fundó la ‘Ms. Magazine’ , una revista femenina, hecha por mujeres, para mujeres.Desde entonces, Steinem no paró. Recorrió EE.UU. y el mundo de punta a punta, en charlas en universidades, conferencias, protestas, apoyando las causas que le interesaban. Reconoció que lo que más le costó fue superar su timidez, su pavor a hablar en público. Siempre dijo que su melena sobre la cara y sus gafas tenían un objetivo claro: «Ocultarme».La activista fue galardonada con la Medalla de la Libertad por el presidente norteamericano Barack Obama en 2013. ReutersPero su vida en las siguientes décadas fue cualquier cosa menos oculta. Se convirtió en una habitual de todo tipo de saraos, dentro y fuera del activismo, y tuvo romances de alto perfil, desde el director Mike Nichols hasta el magnate Mort Zuckerman. Defendió que tener hijos debía ser una «elección» de las mujeres y ella eligió no tenerlos. Solo se casó en una ocasión, con el activista sudafricano David Bale (padre del actor Christian Bale), para que consiguiera la residencia permanente en EE.UU.Cumplidos los noventa, seguía publicando tribunas y con presencia en los medios. Su último libro, unas memorias, se publican este mismo mes . Su muerte llega en un momento en el que su activismo ha encajado derrotas, como la sentencia del Tribunal Supremo que eliminó el derecho al aborto a nivel federal en EE.UU. «Me siento orgullosa y también se me llevan los demonios», dijo sobre sus décadas de activismo en una entrevista con ‘The New York Times’ en 2022, cuando llegó esa decisión judicial. «Seguimos enfrentadas a los mismos problemas». Si al movimiento feminista hubiera que ponerle una cara, tendría una melena rubia partida por la mitad y unas gafas de aviador. Esa era la imagen inconfundible de Gloria Steinem , la figura más popular e influyente de la lucha por la liberación de las mujeres. La activista, autora y periodista falleció este miércoles en su apartamento de Manhattan, en Nueva York.Steinem ha muerto a los 92 años , después de más de medio siglo en el candelero y sin abandonar su activismo hasta el último minuto. Su compromiso fue audaz y frenético. Su presencia, ubicua. Excesiva para algunas figuras dentro y fuera de su movimiento, incómodas con que Steinem – guapa, elegante, magnética – personificara esa lucha.Steinem nació en Toledo (Ohio) y poco en su infancia apuntaba a que acabara convirtiéndose en una voz de peso en un movimiento -el de la liberación femenina- central en la segunda mitad del siglo XX en todo el mundo. Creció en una familia itinerante, con un padre soñador, que alternaba trabajos y que recorría EE.UU. vendiendo antigüedades. No iba al colegio, aprendió a leer mirando las señales en la carretera. Sus padres se separaron cuando tenía diez años y ella tuvo que ocuparse de su madre, atormentada por la depresión y crisis emocionales. Quizá el crecer encadenada a su madre fue el origen de la liberación que buscó después. Su primer acto de rebeldía fue dejar plantado al novio con el que se había comprometido a casarse. Se marchó a Inglaterra y, tras conocer que estaba embarazada, optó por el aborto . Steinem se hizo pasar por ‘conejita’ Playboy en el club de Hugh Hefner en Nueva York. ABCSu compromiso con el activismo, sin embargo, no llegó hasta entrada la treintena. Para entonces, se había consolidado como periodista en Nueva York. El primer reportaje con el que ganó notoriedad fue hacerse pasar por ‘conejita’ Playboy en el club de Hugh Hefner en Nueva York. El objetivo era exponer la degradación y el sexismo con el que convivían aquellas chicas. Siempre se arrepintió de aquello. «Fue un desastre en lo personal y en lo profesional. A corto plazo, hizo que me costara más conseguir encargos», aseguró en 2011 a la agencia Associated Press sobre un momento en el que se buscaba la vida como colaboradora. «A largo plazo se ha utilizado para ridiculizarme», añadió Steinem, que muchas veces era presentada como una «exconejita Playboy».Para 1969 ya tenía una carrera establecida en la revista ‘New York’, de la que fue una de las fundadores, con columnas políticas mensuales. Ese año cubrió un encuentro con mujeres que habían sido perseguidas penalmente por tener abortos. Ella nunca había hablado de su propio aborto. Fue el momento que cambió su vida. Se zambulló de lleno en el activismo . Poco después escribió su primer ensayo feminista, ‘Tras el ‘Black Power’, la liberación femenina’. Tras la década dominada por la lucha por los derechos civiles de la minoría negra, era el momento de la liberación y de la igualdad para las mujeres. Más allá del acceso al voto, conseguido por el feminismo de la primera ola (el de las sufragistas de principios del siglo XX), Steinem y sus compañeras exigían autonomía -sobre su dinero, sobre su cuerpo- e igualdad real, desde oportunidades laborales a compartir las tareas del hogar.Steinem fundó el Caucus Político Femenino Nacional, con activistas como Betty Friedan -con la que acabó enfrentada, en parte por los celos de esta última a su protagonismo-, Shirley Chisholm y Bella Abzug. Y poco después, como ella misma definió, se convirtió en una «emprendedora del cambio social»: fundó la ‘Ms. Magazine’ , una revista femenina, hecha por mujeres, para mujeres.Desde entonces, Steinem no paró. Recorrió EE.UU. y el mundo de punta a punta, en charlas en universidades, conferencias, protestas, apoyando las causas que le interesaban. Reconoció que lo que más le costó fue superar su timidez, su pavor a hablar en público. Siempre dijo que su melena sobre la cara y sus gafas tenían un objetivo claro: «Ocultarme».La activista fue galardonada con la Medalla de la Libertad por el presidente norteamericano Barack Obama en 2013. ReutersPero su vida en las siguientes décadas fue cualquier cosa menos oculta. Se convirtió en una habitual de todo tipo de saraos, dentro y fuera del activismo, y tuvo romances de alto perfil, desde el director Mike Nichols hasta el magnate Mort Zuckerman. Defendió que tener hijos debía ser una «elección» de las mujeres y ella eligió no tenerlos. Solo se casó en una ocasión, con el activista sudafricano David Bale (padre del actor Christian Bale), para que consiguiera la residencia permanente en EE.UU.Cumplidos los noventa, seguía publicando tribunas y con presencia en los medios. Su último libro, unas memorias, se publican este mismo mes . Su muerte llega en un momento en el que su activismo ha encajado derrotas, como la sentencia del Tribunal Supremo que eliminó el derecho al aborto a nivel federal en EE.UU. «Me siento orgullosa y también se me llevan los demonios», dijo sobre sus décadas de activismo en una entrevista con ‘The New York Times’ en 2022, cuando llegó esa decisión judicial. «Seguimos enfrentadas a los mismos problemas».
Si al movimiento feminista hubiera que ponerle una cara, tendría una melena rubia partida por la mitad y unas gafas de aviador. Esa era la imagen inconfundible de Gloria Steinem, la figura más popular e influyente de la lucha por la liberación de … las mujeres. La activista, autora y periodista falleció este miércoles en su apartamento de Manhattan, en Nueva York.
Steinem ha muerto a los 92 años, después de más de medio siglo en el candelero y sin abandonar su activismo hasta el último minuto. Su compromiso fue audaz y frenético. Su presencia, ubicua. Excesiva para algunas figuras dentro y fuera de su movimiento, incómodas con que Steinem –guapa, elegante, magnética– personificara esa lucha.
Steinem nació en Toledo (Ohio) y poco en su infancia apuntaba a que acabara convirtiéndose en una voz de peso en un movimiento -el de la liberación femenina- central en la segunda mitad del siglo XX en todo el mundo. Creció en una familia itinerante, con un padre soñador, que alternaba trabajos y que recorría EE.UU. vendiendo antigüedades. No iba al colegio, aprendió a leer mirando las señales en la carretera. Sus padres se separaron cuando tenía diez años y ella tuvo que ocuparse de su madre, atormentada por la depresión y crisis emocionales. Quizá el crecer encadenada a su madre fue el origen de la liberación que buscó después. Su primer acto de rebeldía fue dejar plantado al novio con el que se había comprometido a casarse. Se marchó a Inglaterra y, tras conocer que estaba embarazada, optó por el aborto.

(ABC)
Su compromiso con el activismo, sin embargo, no llegó hasta entrada la treintena. Para entonces, se había consolidado como periodista en Nueva York. El primer reportaje con el que ganó notoriedad fue hacerse pasar por ‘conejita’ Playboy en el club de Hugh Hefner en Nueva York. El objetivo era exponer la degradación y el sexismo con el que convivían aquellas chicas. Siempre se arrepintió de aquello. «Fue un desastre en lo personal y en lo profesional. A corto plazo, hizo que me costara más conseguir encargos», aseguró en 2011 a la agencia Associated Press sobre un momento en el que se buscaba la vida como colaboradora. «A largo plazo se ha utilizado para ridiculizarme», añadió Steinem, que muchas veces era presentada como una «exconejita Playboy».
Para 1969 ya tenía una carrera establecida en la revista ‘New York’, de la que fue una de las fundadores, con columnas políticas mensuales. Ese año cubrió un encuentro con mujeres que habían sido perseguidas penalmente por tener abortos. Ella nunca había hablado de su propio aborto. Fue el momento que cambió su vida. Se zambulló de lleno en el activismo. Poco después escribió su primer ensayo feminista, ‘Tras el ‘Black Power’, la liberación femenina’. Tras la década dominada por la lucha por los derechos civiles de la minoría negra, era el momento de la liberación y de la igualdad para las mujeres. Más allá del acceso al voto, conseguido por el feminismo de la primera ola (el de las sufragistas de principios del siglo XX), Steinem y sus compañeras exigían autonomía -sobre su dinero, sobre su cuerpo- e igualdad real, desde oportunidades laborales a compartir las tareas del hogar.
Steinem fundó el Caucus Político Femenino Nacional, con activistas como Betty Friedan -con la que acabó enfrentada, en parte por los celos de esta última a su protagonismo-, Shirley Chisholm y Bella Abzug. Y poco después, como ella misma definió, se convirtió en una «emprendedora del cambio social»: fundó la ‘Ms. Magazine’, una revista femenina, hecha por mujeres, para mujeres.
Desde entonces, Steinem no paró. Recorrió EE.UU. y el mundo de punta a punta, en charlas en universidades, conferencias, protestas, apoyando las causas que le interesaban. Reconoció que lo que más le costó fue superar su timidez, su pavor a hablar en público. Siempre dijo que su melena sobre la cara y sus gafas tenían un objetivo claro: «Ocultarme».
(Reuters)
Pero su vida en las siguientes décadas fue cualquier cosa menos oculta. Se convirtió en una habitual de todo tipo de saraos, dentro y fuera del activismo, y tuvo romances de alto perfil, desde el director Mike Nichols hasta el magnate Mort Zuckerman. Defendió que tener hijos debía ser una «elección» de las mujeres y ella eligió no tenerlos. Solo se casó en una ocasión, con el activista sudafricano David Bale (padre del actor Christian Bale), para que consiguiera la residencia permanente en EE.UU.
Cumplidos los noventa, seguía publicando tribunas y con presencia en los medios. Su último libro, unas memorias, se publican este mismo mes. Su muerte llega en un momento en el que su activismo ha encajado derrotas, como la sentencia del Tribunal Supremo que eliminó el derecho al aborto a nivel federal en EE.UU. «Me siento orgullosa y también se me llevan los demonios», dijo sobre sus décadas de activismo en una entrevista con ‘The New York Times’ en 2022, cuando llegó esa decisión judicial. «Seguimos enfrentadas a los mismos problemas».
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