‘Leonora’ pasó por Madrid como un meteorito. Apenas fueron tres tardes de octubre en el Condeduque, pero su estela, su recuerdo, dejó huella; tanta como para que La Abadía apostase por ella para abrir temporada once meses después de su estreno absoluto. Los elementos pocos, aunque de calidad: un autor-director, Alberto Conejero; una actriz, Natalia Huarte; y un personaje sobre el que pivotar, Leonora Carrington. El resultado, un éxito: la crítica, entregada; y el público, al asalto de la taquilla hasta agotar entradas en un pispás.
Con estos antecedentes se presenta de nuevo la ‘Leonora’ de Conejero en Madrid. Un proyecto en el que el dramaturgo se rinde a su actriz: «Es portentosa, prodigiosa… Es la gran artífice y responsable de todo esto que nos está ocurriendo. Sus propuestas durante los ensayos, la confianza que depositó en mí… No es solo una intérprete, es una creadora con una intuición escénica de primera. Tiene una precisión volcánica. Es muy difícil encontrar a alguien con una técnica tan alta y con un instinto escénico tan indócil».
Algo muy poderoso
Asegura el autor de Vilches (Jaén) que ya en los ensayos «sentía que estaba ante algo muy poderoso», aunque fue durante una simple lectura dramatizada en el Círculo de Bellas Artes cuando se dio cuenta de lo que tenía entre manos. «A mí me pasó lo mismo», añade Huarte. Lo que iba a ser una colaboración esporádica se convirtió en un encuentro fundamental para ambos artistas. Fue la forja de una pareja que se promete amor eterno ante LA RAZÓN.
No habrá secuela de ‘Leonora’. Ni Huarte ni Conejero se subirán a ese barco que la lleve a hacer las Américas, que es donde termina la pieza, cuando ella se declara pintora, pero el director andaluz lanza el guante para el futuro: «Ansío volver a trabajar con Natalia. Es muy difícil renunciar a una actriz así, por lo que confío en que la vida nos vuelva a juntar». Y la navarra recoge el guante: «Siempre está el pudor a decirle a alguien que quieres volver a trabajar con él y que se note que hay honestidad. Y esto es real. Quiero volver a trabajar con Alberto», sentencia.
La cara B de la vida
Todo el amor que se muestra fuera del escenario encuentra una cara B sobre las tablas. ‘Leonora’ huye de la romantización de la que fuera «musa de Max Ernst». De hecho, se busca por tierra, mar y aire desmontar esa etiqueta. «Es Leonora quien ilumina ahora toda la constelación de nombres que observaron su obra con indiferencia y condescendencia», explica la actriz sobre una figura «inabarcable». «Hay muchas Leonoras en Leonora Carrington y todas son apasionantes -continúa Huarte-. Al final encuentras siempre a esa mujer libre y sublime, con su lucidez, con su deseo puesto en pie y enclavijada en el misterio, como si hubiera escapado de mil muertes y, a la vez, hubiera conservado intacta su alegría de niña». Carrington fue violada y encerrada en un psiquiátrico y la función no quiere enmascarar nada. «Debemos ser más valientes nombrando las cosas. Sufrió mucho, tuvo una herida de por vida, y ejercieron una violencia sobre ella que a cualquier otra persona la hubiera destrozado. Ella, gracias a su fuerza, a su impulso vital y a su pintura consiguió transformar aquel sufrimiento en algo activo, luminoso y por lo tanto más verdadero», celebra Huarte.
La pintora británica es la protagonista absoluta de un poema escénico en el que Conejero mezcla la poesía con la humanidad para huir del género biográfico: «Es admirable cómo Leonora Carrington se deshizo de todas las tutelas, de todas las imposiciones, de todas las violencias, para convertirse en una mujer creadora. Su cuerpo fue testigo y testimonio de lo que significaba ser una mujer y artista en esa Europa llena de fantasmas y de militares. Y al final está Leonora y su obra, como una victoria de la dignidad y de la imaginación, del deseo y de la igualdad», desarrolla el dramaturgo.
«Con este proceso he sentido que me he armado como director»
Alberto Conejero
Alberto Conejero vuelve a apostar por el monólogo tras ‘En mitad de tanto fuego’ y ‘Laurencia’ con un montaje con el que reconoce que se ha terminado de «armar como director»: «Ya lo había hecho antes, pero con este proceso he sentido que me convertía en director. La fuerza de mi teatro está en el trabajo del intérprete y de su encuentro con el texto más allá de lo espectacular y las grandes escenografías. El monólogo es una escala propicia para mi teatro por el vínculo que se crea con los espectadores. Exige al público asumir una convención con quien está hablando. Le exige una escucha más atenta y generosa. Y, a su vez, el actor o la actriz está en sus manos porque no tiene la red del compañero o la compañera», asume el dramaturgo y director.
LA VIDA EXTRA DE ‘LA PIEDRA OSCURA’ CON LOS JAVIS
Detrás del éxito de Los Javis con ‘La bola negra’ (preseleccionada por la Academia de Cine para representar a España en los Oscar) aparece el nombre de Alberto Conejero. El dramaturgo está en la génesis de este proyecto lorquiano con el que fuera hace más de una década su primer gran éxito, ‘La piedra oscura’ (que afronta ya su 14.ª edición en papel). Un trabajo que, junto a su participación en el guion, se ha ido ramificando hasta convertirse en uno de los estrenos del año. Así, en el 90.º aniversario del asesinato de Lorca, Conejero reivindica al poeta: «Para conocer a Lorca hay que leer su teatro, su poesía, sus entrevistas, sus conferencias… Su legado es infinito. Con su desaparición perdimos todos, los unos y los otros, porque, primero, se perdió al hombre y, luego, todas las obras que un genio estaba por dar».
El monólogo de Alberto Conejero sobre los primeros años de la pintora británica regresa a Madrid con el cartel de «todo vendido»
‘Leonora’ pasó por Madrid como un meteorito. Apenas fueron tres tardes de octubre en el Condeduque, pero su estela, su recuerdo, dejó huella; tanta como para que La Abadía apostase por ella para abrir temporada once meses después de su estreno absoluto. Los elementos pocos, aunque de calidad: un autor-director, Alberto Conejero; una actriz, Natalia Huarte; y un personaje sobre el que pivotar, Leonora Carrington. El resultado, un éxito: la crítica, entregada; y el público, al asalto de la taquilla hasta agotar entradas en un pispás.
Con estos antecedentes se presenta de nuevo la ‘Leonora’ de Conejero en Madrid. Un proyecto en el que el dramaturgo se rinde a su actriz: «Es portentosa, prodigiosa… Es la gran artífice y responsable de todo esto que nos está ocurriendo. Sus propuestas durante los ensayos, la confianza que depositó en mí… No es solo una intérprete, es una creadora con una intuición escénica de primera. Tiene una precisión volcánica. Es muy difícil encontrar a alguien con una técnica tan alta y con un instinto escénico tan indócil».
Algo muy poderoso
Asegura el autor de Vilches (Jaén) que ya en los ensayos «sentía que estaba ante algo muy poderoso», aunque fue durante una simple lectura dramatizada en el Círculo de Bellas Artes cuando se dio cuenta de lo que tenía entre manos. «A mí me pasó lo mismo», añade Huarte. Lo que iba a ser una colaboración esporádica se convirtió en un encuentro fundamental para ambos artistas. Fue la forja de una pareja que se promete amor eterno ante LA RAZÓN.
No habrá secuela de ‘Leonora’. Ni Huarte ni Conejero se subirán a ese barco que la lleve a hacer las Américas, que es donde termina la pieza, cuando ella se declara pintora, pero el director andaluz lanza el guante para el futuro: «Ansío volver a trabajar con Natalia. Es muy difícil renunciar a una actriz así, por lo que confío en que la vida nos vuelva a juntar». Y la navarra recoge el guante: «Siempre está el pudor a decirle a alguien que quieres volver a trabajar con él y que se note que hay honestidad. Y esto es real. Quiero volver a trabajar con Alberto», sentencia.
La cara B de la vida
Todo el amor que se muestra fuera del escenario encuentra una cara B sobre las tablas. ‘Leonora’ huye de la romantización de la que fuera «musa de Max Ernst». De hecho, se busca por tierra, mar y aire desmontar esa etiqueta. «Es Leonora quien ilumina ahora toda la constelación de nombres que observaron su obra con indiferencia y condescendencia», explica la actriz sobre una figura «inabarcable». «Hay muchas Leonoras en Leonora Carrington y todas son apasionantes -continúa Huarte-. Al final encuentras siempre a esa mujer libre y sublime, con su lucidez, con su deseo puesto en pie y enclavijada en el misterio, como si hubiera escapado de mil muertes y, a la vez, hubiera conservado intacta su alegría de niña». Carrington fue violada y encerrada en un psiquiátrico y la función no quiere enmascarar nada. «Debemos ser más valientes nombrando las cosas. Sufrió mucho, tuvo una herida de por vida, y ejercieron una violencia sobre ella que a cualquier otra persona la hubiera destrozado. Ella, gracias a su fuerza, a su impulso vital y a su pintura consiguió transformar aquel sufrimiento en algo activo, luminoso y por lo tanto más verdadero», celebra Huarte.
La pintora británica es la protagonista absoluta de un poema escénico en el que Conejero mezcla la poesía con la humanidad para huir del género biográfico: «Es admirable cómo Leonora Carrington se deshizo de todas las tutelas, de todas las imposiciones, de todas las violencias, para convertirse en una mujer creadora. Su cuerpo fue testigo y testimonio de lo que significaba ser una mujer y artista en esa Europa llena de fantasmas y de militares. Y al final está Leonora y su obra, como una victoria de la dignidad y de la imaginación, del deseo y de la igualdad», desarrolla el dramaturgo.
«Con este proceso he sentido que me he armado como director»
Alberto Conejero vuelve a apostar por el monólogo tras ‘En mitad de tanto fuego’ y ‘Laurencia’ con un montaje con el que reconoce que se ha terminado de «armar como director»: «Ya lo había hecho antes, pero con este proceso he sentido que me convertía en director. La fuerza de mi teatro está en el trabajo del intérprete y de su encuentro con el texto más allá de lo espectacular y las grandes escenografías. El monólogo es una escala propicia para mi teatro por el vínculo que se crea con los espectadores. Exige al público asumir una convención con quien está hablando. Le exige una escucha más atenta y generosa. Y, a su vez, el actor o la actriz está en sus manos porque no tiene la red del compañero o la compañera», asume el dramaturgo y director.
LA VIDA EXTRA DE ‘LA PIEDRA OSCURA’ CON LOS JAVIS
►Detrás del éxito de Los Javis con ‘La bola negra’ (preseleccionada por la Academia de Cine para representar a España en los Oscar) aparece el nombre de Alberto Conejero. El dramaturgo está en la génesis de este proyecto lorquiano con el que fuera hace más de una década su primer gran éxito, ‘La piedra oscura’ (que afronta ya su 14.ª edición en papel). Un trabajo que, junto a su participación en el guion, se ha ido ramificando hasta convertirse en uno de los estrenos del año. Así, en el 90.º aniversario del asesinato de Lorca, Conejero reivindica al poeta: «Para conocer a Lorca hay que leer su teatro, su poesía, sus entrevistas, sus conferencias… Su legado es infinito. Con su desaparición perdimos todos, los unos y los otros, porque, primero, se perdió al hombre y, luego, todas las obras que un genio estaba por dar».
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