Paolo Virzì (Livorno, 1964) es un hombre que conoce bien los engranajes de la industria cinematográfica. Un tipo que empezó trabajando en Italia siendo un crío y que, a lo largo de su ancha carrera, ha paseado por el Festival de Venecia, ha ganado varios David di Donatello (los Goya de Italia) y ha representado a su país en los Oscar. Llevaba tiempo sin pasear por nuestro país, y eso que aquí gozaron de buen recorrido títulos suyos como ‘El viaje de sus vidas’, ‘Locas de alegría’ o ‘El capital humano’, todas antes de la pandemia que redefinió los éxitos del cine de autor europeo en las salas patrias. Ahora regresa con ‘Cinco segundos’, una película llena de luz en medio de un drama horroroso sobre el que pasa de manera elegante, sin dedos en la llaga ni nudos en los estómagos de los espectadores. Una película en la que habla de la paternidad, del duelo y la pérdida, pero también de amor infinito y de las segundas oportunidades. La película se centra en una idea que atraviesa todo el metraje: la figura del padre. «Y la película ofrece una respuesta: sí, se necesita un padre, pero no necesariamente tiene que ser biológico», asegura. Hasta llegar a ese punto, lo que encuentra el espectador es la figura de un hombre que quiere huir del mundo, recluido en los establos de un viejo palacio abandonado que hace algún tiempo albergó la gloria. Pronto descubrimos que algo así le ha pasado al protagonista, también en ruinas y abandonado, pese a que hasta hace pocas semanas era director de un prestigioso bufete de abogados. Mientras Adriano Sereni (que así se llama el protagonista) se oculta del mundo en esa vieja mansión, una comunidad de jóvenes hippies ocupa la villa de al lado para hacer vino ecológico y vivir del campo. Le trastocan sus planes, en especial cuando ve a la líder de los chavales, la nieta del último conde Guelfi, quien trabajó con su abuelo en los viñedos. El propio cineasta cuenta que él mismo ha sentido alguna vez la tentación de huir, de esconderse; más con una profesión tan expuesta como la suya. Aunque su incursión en esta «moda» post pandemia de que el cine enseñe la vuelta de la ciudad al campo como algo aspiracional nace de una historia real: «Durante los confinamientos, mi hija Octavia y sus amigos se fueron a los montes de Abruzzo y crearon una comunidad parecida a la de la película. Me inspiró tanto por su ecologismo como por su idea de una familia más libre y menos convencional, donde todos se sienten hermanos y primos. Fue una visión que me fascinó».Escenas de ‘Cinco segundos’Hay más cosas inspiradas en la vida real en la película, y alguna que, pese a todo, no lo es. Como el nombre de la familia noble de la heredera hippie de la comuna hippie. «Buscaba nombres verosímiles y elegí Guelfi Camaiani. Investigué y vi que era una familia de nobles del siglo XVIII, pero subestimé el hecho de que todavía existía un heredero: un conde, presidente de un instituto heráldico, que nos demandó. Pidió que se bloqueara la distribución y una indemnización por haber dañado el nombre de su familia», detalla. El caso terminó hace dos meses: la jueza de Florencia rechazó la demanda, ganando el equipo de la película y ridiculizando la pretensión del aristócrata. «Es una historia muy italiana», resume Virzì. «Entiendo que te sientas orgulloso de tu linaje, pero si tienes que intentar quitarme dinero, mejor que no», dice, y ríe con chanza italiana. También ‘Cinco segundos’ tiene su origen en otra obra, aunque se trata de un guion original escrito por el propio director junto a su hermano. De hecho, ni el mismo Virzì sabía que el origen de la película tiene raíces en el subconsciente hasta que alguien le dijo que tenía una deuda con ‘París Texas’. «He amado mucho la película de Wim Wenders, y debe ser que la tenía guardada en el interior», explica. La conexión es clara: el hombre solo, el descuido físico y emocional, el descubrimiento lento de la tragedia y el reencuentro final. «Sam Shepard está presente en la película, aunque, reconozco, no lo había pensado cuando escribía».El cine europeo y sus entrañasVirzì, uno de los nombres interesantes del cine de autor «comercial» en Europa», lamenta la situación actual del cine. «En mi época, la estructura industrial era más fuerte y estaba más viva; ahora parece obsoleta», sostiene. Para el director, se ha cumplido el sueño de Cesare Zavattini —teórico del neorrealismo—, quien decía que cada ciudadano debería tener una cámara para contar su historia. «Hoy cualquiera tiene una cámara en el bolsillo, pero la industria es hoy más floja. En mi época había una estructura industrial un poco más fuerte, más viva. No habían destruido completamente la industria».A pesar de este diagnóstico, Virzì no es derrotista. Observa con interés la llegada de una nueva generación de directores, especialmente mujeres, lo cual califica como un cambio necesario en un país como Italia, con una cultura «todavía muy machista». «A los jóvenes les diría que aprovechen la tecnología. Estamos en años de crisis, sí, pero también de renacimiento».La gran batalla, explica el cineasta, está en lo comercial. «Es cierto que lo que se pide hoy es el remake de algo que ya tuvo éxito. Es la apuesta segura del mercado. Pero si tienes coraje y estructura, todavía hay posibilidades de hacer las cosas a tu manera». Así termina Paolo Virzì su reflexión: entre la exigencia de mantener una voz propia y la realidad de una industria que, aunque más fragmentada, sigue ofreciendo rendijas. Paolo Virzì (Livorno, 1964) es un hombre que conoce bien los engranajes de la industria cinematográfica. Un tipo que empezó trabajando en Italia siendo un crío y que, a lo largo de su ancha carrera, ha paseado por el Festival de Venecia, ha ganado varios David di Donatello (los Goya de Italia) y ha representado a su país en los Oscar. Llevaba tiempo sin pasear por nuestro país, y eso que aquí gozaron de buen recorrido títulos suyos como ‘El viaje de sus vidas’, ‘Locas de alegría’ o ‘El capital humano’, todas antes de la pandemia que redefinió los éxitos del cine de autor europeo en las salas patrias. Ahora regresa con ‘Cinco segundos’, una película llena de luz en medio de un drama horroroso sobre el que pasa de manera elegante, sin dedos en la llaga ni nudos en los estómagos de los espectadores. Una película en la que habla de la paternidad, del duelo y la pérdida, pero también de amor infinito y de las segundas oportunidades. La película se centra en una idea que atraviesa todo el metraje: la figura del padre. «Y la película ofrece una respuesta: sí, se necesita un padre, pero no necesariamente tiene que ser biológico», asegura. Hasta llegar a ese punto, lo que encuentra el espectador es la figura de un hombre que quiere huir del mundo, recluido en los establos de un viejo palacio abandonado que hace algún tiempo albergó la gloria. Pronto descubrimos que algo así le ha pasado al protagonista, también en ruinas y abandonado, pese a que hasta hace pocas semanas era director de un prestigioso bufete de abogados. Mientras Adriano Sereni (que así se llama el protagonista) se oculta del mundo en esa vieja mansión, una comunidad de jóvenes hippies ocupa la villa de al lado para hacer vino ecológico y vivir del campo. Le trastocan sus planes, en especial cuando ve a la líder de los chavales, la nieta del último conde Guelfi, quien trabajó con su abuelo en los viñedos. El propio cineasta cuenta que él mismo ha sentido alguna vez la tentación de huir, de esconderse; más con una profesión tan expuesta como la suya. Aunque su incursión en esta «moda» post pandemia de que el cine enseñe la vuelta de la ciudad al campo como algo aspiracional nace de una historia real: «Durante los confinamientos, mi hija Octavia y sus amigos se fueron a los montes de Abruzzo y crearon una comunidad parecida a la de la película. Me inspiró tanto por su ecologismo como por su idea de una familia más libre y menos convencional, donde todos se sienten hermanos y primos. Fue una visión que me fascinó».Escenas de ‘Cinco segundos’Hay más cosas inspiradas en la vida real en la película, y alguna que, pese a todo, no lo es. Como el nombre de la familia noble de la heredera hippie de la comuna hippie. «Buscaba nombres verosímiles y elegí Guelfi Camaiani. Investigué y vi que era una familia de nobles del siglo XVIII, pero subestimé el hecho de que todavía existía un heredero: un conde, presidente de un instituto heráldico, que nos demandó. Pidió que se bloqueara la distribución y una indemnización por haber dañado el nombre de su familia», detalla. El caso terminó hace dos meses: la jueza de Florencia rechazó la demanda, ganando el equipo de la película y ridiculizando la pretensión del aristócrata. «Es una historia muy italiana», resume Virzì. «Entiendo que te sientas orgulloso de tu linaje, pero si tienes que intentar quitarme dinero, mejor que no», dice, y ríe con chanza italiana. También ‘Cinco segundos’ tiene su origen en otra obra, aunque se trata de un guion original escrito por el propio director junto a su hermano. De hecho, ni el mismo Virzì sabía que el origen de la película tiene raíces en el subconsciente hasta que alguien le dijo que tenía una deuda con ‘París Texas’. «He amado mucho la película de Wim Wenders, y debe ser que la tenía guardada en el interior», explica. La conexión es clara: el hombre solo, el descuido físico y emocional, el descubrimiento lento de la tragedia y el reencuentro final. «Sam Shepard está presente en la película, aunque, reconozco, no lo había pensado cuando escribía».El cine europeo y sus entrañasVirzì, uno de los nombres interesantes del cine de autor «comercial» en Europa», lamenta la situación actual del cine. «En mi época, la estructura industrial era más fuerte y estaba más viva; ahora parece obsoleta», sostiene. Para el director, se ha cumplido el sueño de Cesare Zavattini —teórico del neorrealismo—, quien decía que cada ciudadano debería tener una cámara para contar su historia. «Hoy cualquiera tiene una cámara en el bolsillo, pero la industria es hoy más floja. En mi época había una estructura industrial un poco más fuerte, más viva. No habían destruido completamente la industria».A pesar de este diagnóstico, Virzì no es derrotista. Observa con interés la llegada de una nueva generación de directores, especialmente mujeres, lo cual califica como un cambio necesario en un país como Italia, con una cultura «todavía muy machista». «A los jóvenes les diría que aprovechen la tecnología. Estamos en años de crisis, sí, pero también de renacimiento».La gran batalla, explica el cineasta, está en lo comercial. «Es cierto que lo que se pide hoy es el remake de algo que ya tuvo éxito. Es la apuesta segura del mercado. Pero si tienes coraje y estructura, todavía hay posibilidades de hacer las cosas a tu manera». Así termina Paolo Virzì su reflexión: entre la exigencia de mantener una voz propia y la realidad de una industria que, aunque más fragmentada, sigue ofreciendo rendijas.
F. Muñoz
Paolo Virzì (Livorno, 1964) es un hombre que conoce bien los engranajes de la industria cinematográfica. Un tipo que empezó trabajando en Italia siendo un crío y que, a lo largo de su ancha carrera, ha paseado por el Festival de Venecia, ha ganado varios David di Donatello (los Goya de Italia) y ha representado a su país en los Oscar. Llevaba tiempo sin pasear por nuestro país, y eso que aquí gozaron de buen recorrido títulos suyos como ‘El viaje de sus vidas’, ‘Locas de alegría’ o ‘El capital humano’, todas antes de la pandemia que redefinió los éxitos del cine de autor europeo en las salas patrias. Ahora regresa con ‘Cinco segundos’, una película llena de luz en medio de un drama horroroso sobre el que pasa de manera elegante, sin dedos en la llaga ni nudos en los estómagos de los espectadores. Una película en la que habla de la paternidad, del duelo y la pérdida, pero también de amor infinito y de las segundas oportunidades.
La película se centra en una idea que atraviesa todo el metraje: la figura del padre. «Y la película ofrece una respuesta: sí, se necesita un padre, pero no necesariamente tiene que ser biológico», asegura. Hasta llegar a ese punto, lo que encuentra el espectador es la figura de un hombre que quiere huir del mundo, recluido en los establos de un viejo palacio abandonado que hace algún tiempo albergó la gloria. Pronto descubrimos que algo así le ha pasado al protagonista, también en ruinas y abandonado, pese a que hasta hace pocas semanas era director de un prestigioso bufete de abogados.
Mientras Adriano Sereni (que así se llama el protagonista) se oculta del mundo en esa vieja mansión, una comunidad de jóvenes hippies ocupa la villa de al lado para hacer vino ecológico y vivir del campo. Le trastocan sus planes, en especial cuando ve a la líder de los chavales, la nieta del último conde Guelfi, quien trabajó con su abuelo en los viñedos.
El propio cineasta cuenta que él mismo ha sentido alguna vez la tentación de huir, de esconderse; más con una profesión tan expuesta como la suya. Aunque su incursión en esta «moda» post pandemia de que el cine enseñe la vuelta de la ciudad al campo como algo aspiracional nace de una historia real: «Durante los confinamientos, mi hija Octavia y sus amigos se fueron a los montes de Abruzzo y crearon una comunidad parecida a la de la película. Me inspiró tanto por su ecologismo como por su idea de una familia más libre y menos convencional, donde todos se sienten hermanos y primos. Fue una visión que me fascinó».
Hay más cosas inspiradas en la vida real en la película, y alguna que, pese a todo, no lo es. Como el nombre de la familia noble de la heredera hippie de la comuna hippie. «Buscaba nombres verosímiles y elegí Guelfi Camaiani. Investigué y vi que era una familia de nobles del siglo XVIII, pero subestimé el hecho de que todavía existía un heredero: un conde, presidente de un instituto heráldico, que nos demandó. Pidió que se bloqueara la distribución y una indemnización por haber dañado el nombre de su familia», detalla. El caso terminó hace dos meses: la jueza de Florencia rechazó la demanda, ganando el equipo de la película y ridiculizando la pretensión del aristócrata. «Es una historia muy italiana», resume Virzì. «Entiendo que te sientas orgulloso de tu linaje, pero si tienes que intentar quitarme dinero, mejor que no», dice, y ríe con chanza italiana.
También ‘Cinco segundos’ tiene su origen en otra obra, aunque se trata de un guion original escrito por el propio director junto a su hermano. De hecho, ni el mismo Virzì sabía que el origen de la película tiene raíces en el subconsciente hasta que alguien le dijo que tenía una deuda con ‘París Texas’. «He amado mucho la película de Wim Wenders, y debe ser que la tenía guardada en el interior», explica. La conexión es clara: el hombre solo, el descuido físico y emocional, el descubrimiento lento de la tragedia y el reencuentro final. «Sam Shepard está presente en la película, aunque, reconozco, no lo había pensado cuando escribía».
El cine europeo y sus entrañas
Virzì, uno de los nombres interesantes del cine de autor «comercial» en Europa», lamenta la situación actual del cine. «En mi época, la estructura industrial era más fuerte y estaba más viva; ahora parece obsoleta», sostiene. Para el director, se ha cumplido el sueño de Cesare Zavattini —teórico del neorrealismo—, quien decía que cada ciudadano debería tener una cámara para contar su historia. «Hoy cualquiera tiene una cámara en el bolsillo, pero la industria es hoy más floja. En mi época había una estructura industrial un poco más fuerte, más viva. No habían destruido completamente la industria».
A pesar de este diagnóstico, Virzì no es derrotista. Observa con interés la llegada de una nueva generación de directores, especialmente mujeres, lo cual califica como un cambio necesario en un país como Italia, con una cultura «todavía muy machista». «A los jóvenes les diría que aprovechen la tecnología. Estamos en años de crisis, sí, pero también de renacimiento».
La gran batalla, explica el cineasta, está en lo comercial. «Es cierto que lo que se pide hoy es el remake de algo que ya tuvo éxito. Es la apuesta segura del mercado. Pero si tienes coraje y estructura, todavía hay posibilidades de hacer las cosas a tu manera». Así termina Paolo Virzì su reflexión: entre la exigencia de mantener una voz propia y la realidad de una industria que, aunque más fragmentada, sigue ofreciendo rendijas.
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